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miércoles, 10 de noviembre de 2010

La Voz del Silencio




La Voz del Silencio 





Helena Blavatsky 



Dedicado a los pocos 





Fragmento primero 



La voz del silencio 



Las presentes instrucciones son para aquellos que ignoran los peligros de los IDDHI (1) inferiores. 



Aquel que pretenda oír la voz del Nada (2) «el Sonido insonoro», y comprenderla, tiene que enterarse de la naturaleza del Dâranâ. (3) 



Habiéndose vuelto indiferente a los objetos de percepción debe el discípulo ir en busca del Rajá (rey) de los sentidos, al Productor del pensamiento, aquel que despierta la ilusión. 



La Mente es el gran destructor de lo Real. 



Destruya el discípulo al Destructor. 



Porque: 



Cuando su propia forma le parezca ilusoria, como al despertar, todas las formas que en sueños ve. 



Cuando él haya cesado de oír los muchos sonidos, entonces podrás discernir el UNO, el sonido interno que mata el externo. 



Entonces únicamente, y no antes, abandonará la región de Asat, lo falso, para entrar en el reino de Sat, lo verdadero. 



Antes de que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la Armonía interior, y los ojos carnales han de estar cegados a toda ilusión. 



Antes de que el alma pueda oír, es menester que la imagen (hombre) se vuelva tan sorda a los rugidos como a los susurros; a los bramidos de los elefantes furiosos, como al zumbido argentino de la dorada mosca de fuego. 



Antes de que el alma sea capaz de comprender y recordar, debe estar unida con el Hablante silencioso, de igual modo que la forma en la cual se modela la arcilla, lo está al principio con la mente del alfarero. 



Porque entonces el alma oirá y recordará. 



Y entonces al oído interno hablará 



LA VOZ DEL SILENCIO, 



y dirá: 



Si tu alma sonríe mientras se baña en la luz del Sol de tu vida; si canta tu alma dentro de su crisálida de carne y materia; si llora en su castillo de ilusiones; si pugna por romper el hilo argentino que la une al MAESTRO (4) sabe, discípulo, que tu alma es de la tierra. 



Cuando tu alma en capullo (5) presta oído al bullicio mundanal; cuando responde a la rugiente voz de la Gran Ilusión; (6) cuando temerosa a la vista de las ardientes lágrimas de dolor, y ensordecida por los gritos de desolación, se refugia tu alma, a manera de cautelosa tortuga, dentro de la concha de la PERSONALIDAD, sabe, discípulo, que tu alma es altar indigno de su «Dios» silencioso. 



Cuando, ya más fortalecida, tu alma se desliza de su seguro refugio, y arrancándose del tabernáculo protector, extiende su hilo de plata y se lanza adelante; cuando al contemplar su imagen en las olas del Espacio, murmura: «Éste Soy yo», declara, discípulo, que tu alma está presa en las redes de la ilusión.(7) 



Esta tierra, discípulo, es la Mansión de dolor, en donde hay colocados, a lo ]argo del Sendero, de tremendas pruebas, diferentes lazos para recoger a tu YO, engañado con la ilusión llamada «Gran Herejía».(8) 



Esta tierra, oh ignorante discípulo, no es sino el sombrío vestíbulo por el cual uno se encamina al crepúsculo que precede al valle de la luz verdadera; luz que ningún viento puede extinguir; luz que arde sin pabilo ni combustible. 



Dice la gran Ley: «Para llegar a ser CONOCEDOR del YO ENTERO (9) debes primeramente ser conocedor del YO». Para lograr el conocimiento de tal YO, tienes que abandonar el Yo al No-Yo, el Ser al No-Ser, y entonces podrás tú responder entre las alas de la GRAN AVE. (10) Sí, dulce es el reposo entre las alas de aquello que no ha nacido ni muere, antes bien es el AUM a través de las eternidades (11) 



Monta en el Ave de Vida, si pretendes saber.(12) 



Abandona tu vida, si quieres vivir.(13) 



Tres Vestíbulos, oh fatigado peregrino, conducen al término de los penosos trabajos. Tres Vestíbulos, oh vencedor de Mara, te conducirán por tres diversos estados (14) al cuarto, (15) y de allí a los siete mundos, (16) a los mundos del Eterno Reposo. 



Si deseas saber sus nombres, oye y recuerda: 



El nombre del primer Vestíbulo es Ignorancia (Avidya). 



Es el Vestíbulo en que tú viste la luz, en que vives y en que morirás.(17) 



E] nombre del segundo es Vestíbulo de la Instrucrión.(18) En él encontrará tu alma las flores de vida, pero debajo de cada flor una serpiente enroscada. (19) 



El nombre del tercer Vestíbulo es Sabiduría, más allá de la cual se extienden las aguas sin orillas de AKSHARA, la fuente inagotable de Omnisciencia.(20) 



Si quieres cruzar seguro el primer Vestíbulo, haz que tu mente no tome por la Luz del Sol de Vida los fuegos de concupiscencia que allí arden. 



Si pretendes cruzar sano y salvo el segundo, no te detengas a aspirar el aletargador perfume de sus flores. Si de las cadenas kármicas quieres libertarte, no busques tu Gurú en aquellas mayávicas regiones. 



Los SABIOS no se detienen jamás en los jardines de recreo de los sentidos. 



Los SABIOS desoyen las halagadoras voces de la ilusión. 



Aquel que ha de darte nacimiento, (21) búscalo en el Vestíbulo de la Sabiduría, el Vestíbulo que está situado más allá, en donde son desconocidas todas las sombras y donde la luz de la verdad brilla con gloria inmarcesible. 



Aquello que es increado reside en ti, discípulo, como reside en aquel Vestíbulo. Si quieres llegar a él y fundir los dos en uno, debes despojarte de las negras vestiduras de la ilusión. Acalla la voz de la carne, no consientas que ninguna imagen de los sentidos se interponga entre su luz y la tuya, para que así las dos puedan confundirse en una. y tan pronto te hayas persuadido de tu propio Agnyana, (22) huye del Vestíbulo de la Instrucción. Este Vestíbulo, tan peligroso en su pérfida belleza es necesario sólo para tu prueba. cuidado, lanú, no sea que, deslumbrada por el resplandor ilusorio, se detenga tu alma, y en su engañosa luz quede presa. 



Esta luz radiante emana de la joya del Gran Engañador (Mara); (23) hechiza los sentidos, ciega la mente, y convierte al incauto en un náufrago desvalido. 



La pequeña mariposa, atraída por la deslumbradora luz de tu lámpara de noche, está condenada a perecer en el viscoso aceite. El alma imprudente que deja de luchar aferrarla con el demonio burlón de la ilusión, volverá a la tierra como esclava de Mara. 



Contempla las legiones de almas. Mira cómo se ciernen sobre el proceloso mar de la vida humana, y cómo exhaustas, perdiendo sangre, rotas las alas, caen una tras otra en las encrespadas olas. Sacudidas por los huracanes, acosadas por el furioso vendadal, precipítanse en los regolfos, y desaparecen abismadas en el primer gran vórtice. 



Si desde el Vestíbulo de la Sabiduría pretendes pasar al Valle de Bienaventuranza, cierra por completo tus sentidos, discípulo, a la grande y espantable herejía de separatividad que te aparta de los demás. 



No permitas que tú «nacido del Cielo», sumido en el mar de Maya, (24) se desprenda del Padre Universal (ALMA) , antes deja que el ígneo Poder (25) se retire al recinto más interno, la cámara del corazón (26) y morada de la Madre del Mundo.(27) 



Entonces, desde el corazón aquel Poder ascenderá a la región sexta, la región media, el lugar situado entre tus ojos, cuando se convierte en el aliento del ALMA UNA, la voz que todo la llena, la voz de tu Maestro. 



Sólo entonces podrás tú convertirte en «Paseante del Cielo», (28) que con su planta huella las auras sobre las olas, sin que a su paso los pies toquen las aguas. 



Antes de que puedas sentar el pie en el peldaño superior de la escala, la escala de los místicos sonidos, tienes que oír la voz de tu Dios interno (29) de siete modos distintos. 



Como la melodiosa voz del ruiseñor entonando un canto de despedida a su compañera, es el primero. 



Percíbese el segundo a la manera del sonido de un címbalo argentino de los Dhyanis, despertando las centelleantes estrellas. 



Suena el siguiente como el lamento melodioso del espíritu del océano aprisionado dentro de su concha. 



Y éste va seguido del canto de la Vina. (30) 



El quinto, a manera de flauta de bambú, suena vibrante en tu oído. 



Y luego se convierte en sonido de trompeta. 



El último vibra como el sordo retumbar de una nube tempestuosa. 



El séptimo absorbe todos los demás sonidos. Éstos se extinguen, y no se les vuelve a oír más. 



Cuando los seis (31) han sido muertos y abandonados a los pies del Maestro, entonces el discípulo está sumido en el UNO, (32) se convierte en este UNO, y en él vive. 



Antes de entrar en aquel sendero, debes destruir tu cuerpo lunar (33) expurgar tu cuerpo mental (34) y purificar tu corazón. 



Las puras aguas de eterna vida, claras y cristalinas, no pueden mezclarse con los cenagosos torrentes del tempestuoso monzón. 



La gota de rocío celeste que acariciada por el primer rayo de sol matutino, brilla en el seno del loto, una vez caída al suelo, conviértese en barro; mira: la perla es ahora una partícula de cieno. 



Lucha ron tus pensamientos impuros antes que ellos te dominen. Trátalos como pretenden ellos tratarte a ti, porque, si usando de tolerancia con ellos, arraigan y crecen, sábelo bien, estos pensamientos te subyugarán y matarán. Cuidado, discípulo, no permitas que ni aun la sombra de ellos se acerque a ti. Porque crecerá, aumentará en magnitud y poder, y entonces esta cosa de tinieblas absorberá tu ser antes que te hayas dado cuenta de la presencia del monstruo negro y abominable. 



Antes que el «místico Poder» (35) pueda hacer de ti un dios, oh lanú, debes haber adquirido la facultad de destruir a voluntad tu forma lunar. 



El YO material y el Yo espiritual jamás pueden estar juntos. Uno de los dos tiene que desaparecer: no hay lugar para entrambos. 



Antes de que la mente de tu alma pueda comprender, el capullo de la personalidad debe ser aplastado, y el gusano del sensualismo ha de ser aniquilado, sin resurrección posible. 



No puedes recorrer el Sendero antes de que tú te hayas convertido en el Sendero mismo.(36) 



Haz que tu alma preste oído a todo grito de dolor, de igual modo que descubre su corazón el loto para absorber los rayos del sol matutino. 



No permitas que el sol ardiente seque una sola lágrima de dolor, antes que tú mismo la hayas enjugado en el ojo del afligido. 



Pero deja que las ardientes lágrimas humanas caigan una por una en tu corazón, y que en él permanezcan sin enjugarlas, hasta que se haya desvanecido el dolor que las causara. 



Estas lágrimas, oh tú de corazón muy compasivo, ,son los arroyos que riegan los campos de caridad inmortal. En este suelo es donde crece la flor de la medianoche, la flor de Buddha,(37) más difícil de encontrar y más rara de ver que la flor del árbol Vogay. Es la semilla que libra del renacimiento al Arhat (38) a cubierto de toda lucha y concupiscencia, y le guía a través de las regiones del Ser a la paz y beatitud conocidas únicamente en la región del Silencio y del No-Ser. 



Mata el deseo; pero si lo matas, vigila atentamente, no sea que de entre los muertos se levante de nuevo. Mata el amor a la vida, pero si matas el tanha,(39) procura que no sea por la sed de vida eterna, sino para sustituir lo pasajero con la perdurable. 



Nada desees. No te irrites contra el Karma (40) ni contra las leyes inmutables de la Naturaleza. Lucha tan sólo contra lo personal, lo transitorio, efímero y perecedero. 



Ayuda a la Naturaleza y con ella trabaja, y la Naturaleza te considerará como uno de sus creadores y te prestará obediencia. 



Y ante ti abrirá de par en par las puertas de sus recintos secretos, y pondrá de manifiesto ante tus ojos los tesoros ocultos en las profundidades mismas de su seno puro y virginal. No contaminados por la mano de la materia, muestra ella sus tesoros únicamente al ojo del Espíritu, ojo que jamás se cierra, y para el cual no hay velo alguno en todos sus reinos. 



Entonces te indicará los medios y el camino, la puerta primera y la segunda y la tercera, hasta la misma séptima. y luego te mostrará la meta, más allá de la cual hay, bañadas en la luz del sol del Espíritu, glorias inefables, únicamente visibles para los ojos del alma. 



Sólo existe una vereda que conduzca al sendero; sólo al término de ella puede oírse la «Voz del Silencio». La escala por la cual asciende el candidato está formada por peldaños de sufrimiento y de dolor: éstos únicamente pueden ser acallados por la voz de la virtud. ¡Ay de ti, discípulo, si queda un solo vicio que no hayas dejado atrás! Porque entonces la escala cederá bajo tus plantas y te precipitará: su base descansa en el profundo cenegal de tus pecados y defectos, y antes que puedas aventurarte a cruzar este ancho abismo de materia, tienes que lavar tus pies en las aguas de la Renunciación. Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escala. ¡Ay de aquel que se atreva a ensuciar con sus pies fangosos un escalón tan solo! El cieno inmundo y pegajoso se secará, se hará tenaz, pegará sus pies en aquel sitio, y como el pájaro cogido en la liga del cazador astuto, quedará imposibilitado para un nuevo progreso. Sus vicios adquirirán forma, y le arrastrarán hasta el fondo. Sus pecados levantarán la voz, semejante a la risa ya! plañido del chacal después de la puesta del sol; sus pensamientos se convertirán en un ejército, y se lo llevarán tras sí como a un esclavo. 



Mata tus deseos, lanú; reduce tus vicios a la impotencia, antes de dar el primer paso en el solemne viaje. Ahoga tus pecados, enmudécelos para siempre, antes de levantar un pie para subir la escala. 



Aquieta tus pensamientos y fija toda la atención en tu Maestro, a quien todavía no ves, pero a quien tú sientes. 



Funde tus sentidos en un solo sentido, si quieres estar seguro contra el enemigo. Por medio de este sentido único, que está oculto en la concavidad de tu cerebro, es como puede mostrarse ante los ofuscados ojos de tu alma el escarpado sendero que a tu Maestro conduce. 



Largo y penoso es el camino que tienes ante ti, discípulo. Un solo pensamiento (41) acerca de lo pasado que dejaste en pos de ti, te arrastrará al fondo, y tendrás que emprender de nuevo la subida. 



Mata en ti mismo todo recuerdo de pasadas expe riencias. No mires atrás, o estás perdido. 



No creas que pueda extirparse la concupiscencia satisfaciéndola o saciándola, pues esto es una abominación inspirada por Mara. Alimentando al vicio es como se desarrolla y adquiere fuerza, a la manera del gusano que se ceba en el corazón de la flor. 



La rosa tiene que convertirse nuevamente en el capullo nacido de su tallo generador, antes que el parásito haya roído su corazón y chupado su savia vital. 



El árbol de oro produce las yemas preciosas antes que la tormenta haya maleado su tronco. 



El discípulo ha de recobrar el estado infantil que perdió, antes que el sonido primero pueda herir su oído. 



La luz del Maestro UNO, la luz áurea e inextinguible del Espíritu, lanza desde el principio mismo sus refulgentes rayos sobre el discípulo. Sus rayos pasan a través de las densas y oscuras nubes de la materia. 



Ora aquí, ora allí, estos rayos la iluminan, de igual modo que a través del espeso follaje de la selva los rayos del sol alumbran la tierra. Pero, a menos de ser pasiva la carne, fría la cabeza, y el alma tan firme y pura como deslumbrador diamante, sus irradiaciones no llegarán a la cámara,(42) sus rayos no calentarán el corazón, ni los místicos sonidos de las alturas Akásicas (43) llegarán al oído del discípulo, a pesar de todo su entusiasmo, en el grado inicial. 



A menos de oír, tú no puedes ver. 



A menos de ver, tú no puedes oír. Oír y ver: he aquí el segundo grado. 



Cuando el discípulo ve y oye, y cuando huele y gusta teniendo cerrados los ojos, los oídos, la boca y la nariz; cuando los cuatro sentidos se confunden y se hallan prestos a pasar al quinto, al del tacto interno, entonces ha pasado él al grado cuarto. 



Y en el quinto, oh matador de tus pensamientos, todos éstos tienen que ser muertos de nuevo sin esperanza alguna de reanimación.(44) 



Aparta tu mente de todos los objetos externos, de toda visión exterior. Aparta las imágenes internas, no sea que proyecten una negra sombra en la luz de tu alma. 



Tú estás ahora en el DHARANA, (45) el grado sexto. 



Una vez hayas pasado al séptimo, oh tú dichoso, no verás ya más el Tres sagrado,(46) porque tú mismo habrás venido a ser dicho Tres. Tú mismo y la mente, como gemelos en una línea, y la estrella, que es tu meta, ardiendo encima de tu cabeza. (47) Los tres que moran en la gloria y bienaventuranza inefables han perdido ahora sus nombres en el mundo de Maya. Se han convertido en una estrella única, el fuego que arde pero que no consume, aquel fuego que es el Upadhi (48) de la Llama. 



Y esto, oh Yogui afortunado, es lo que los hombres denominan Dhyâna (49) el precursor dírecto del Samâdhi. (50) Y ahora tu Yo se halla perdido en el YO, tú mismo en TI MISMO, sumido en AQUEL YO del cual tú emanaste primitivamente. 



¿En dónde está tú individualidad, lanú? ¿En dónde está el lanú mismo? Es la chispa perdida en el fuego, la gota en el océano, el rayo siempre presente convertido en el Radiación universal y eterna. 



Y ahora, lanú, tú eres el agente y el testigo, el radiador y la radiación, la Luz en el Sonido y el Sonido en la Luz. 



Conoces ya los cinco obstáculos, oh tú bienaventurado. Tú eres su vencedor, el Maestro del sexto, el expositor de los cuatro modos de Verdad. (51) La luz que sobre ellos se difunde, radia de ti mismo, oh tú, que fuiste discípulo y eres en la actualidad Maestro. 



Y en cuanto a estos modos de Verdad: 



¿No has pasado tú por el conocimiento de toda miseria, la Verdad primera? 



¿No has vencido al Rey de los Maras en Tsí, el pórtico de la asamblea, (52) la verdad segunda? 



¿No has exterminado el pecado en la tercera puerta, y adquirido la Verdad tercera? 



¿No has entrado en el Tau, el «Sendero» que conduce al conocimiento,(53) la verdad cuarta? 



Y ahora reposa bajo el árbol Bodhi, que es la perfección de todo conocimiento; porque sábelo, tú eres Maestro de SAMADHI. el estado de visión perfecta. ¡Mira! Tú has llegado a ser la Luz, tú te has convertido en el Sonido, tú eres tu Maestro y tu Dios. Tú eres TÚ MISMO, el objeto de tus investigaciones, la incesante VOZ que resuena a través de las eternidades, libre de cambio, exenta de pecado, los siete sonidos en uno, la VOZ DEL SILENCIO. 



OM TAT SAT 



Fragmento segundo 



Los dos senderos 



Y ahora, oh Maestro de Compasión, indica el camino a los demás hombres. Contempla a todos aquellos que, llamando para ser admitidos. esperan en la ignorancia y en las tinieblas ver abierta repentinamente la puerta de la ley suave. 



La voz de los candidatos: 



¿No revelarás tú, Maestro de tu propia clemencia, la Doctrina del Corazón? (1) ¿Rehusarás guiar a tus siervos al Sendero de Liberación? 



Dice el Maestro: 



Los Senderos son dos; las grandes Perfecciones, tres: 



seis son las Virtudes que trasforman el cuerpo en el Arbol del Conocimiento.(2) 



¿Quién se aproximará a ellos? 



¿Quién será el primero que en ellos entrará? 



¿Quién oirá primeramente la doctrina de los dos Senderos en uno, la verdad sin velo acerca del Corazón Secreto? (3) 



La ley que, rehuyendo el estudio, enseña la Sabiduría, revela una historia de angustias. 



¡Ah! Triste cosa es que todos los hombres posean Alaya, (4) que sean uno con la Alma grande, y que, poseyéndola, Alaya les aproveche tan poco. 



Contempla cómo, a semejanza de la luna que se refleja en las aguas tranquilas, Alaya es reflejada por lo pequeño y lo grande, se reverbera en los átomos más diminutos,. y sin embargo, no logra alcanzar el corazón de todos. ¡Ah, qué tan pocos hombres se aprovechen el don, del inapreciable beneficio de aprender la verdad, de lograr la verdadera percepción de las cosas existentes, el conocimiento de lo no existente! 



Dice el discípulo: 



Oh Maestro, ¿qué debo yo hacer para alcanzar la Sabiduría? 



Oh tú, sabio, ¿qué haré para obtener la perfección? 



Dice el Maestro: 



Ve en busca de los Senderos. Pero, oh lanú, sé limpio de corazón antes de emprender el viaje. Antes de dar el primer paso, aprende a discernir lo verdadero de lo falso, lo siempre fugaz de lo sempiterno. Aprende sobre todo a distinguir la Sabiduría de la Cabeza, de la Sabiduría del Alma; la doctrina del «Ojo», de la del «Corazón». 



Verdaderamente, la ignorancia se asemeja a un vaso cerrado y sin aire; el alma es como un pajarilla preso en su interior. No gorjea ni puede mover una pluma, mudo y aletargado queda el cantor, y exhausto muere. 



Pero aun la ignorancia misma es preferible a la Sabiduría de la Cabeza, si ésta no tiene la Sabiduría del Alma para iluminarla y dirigirla. 



Las semillas de Sabiduría no pueden germinar y desarrollarse en un espacio sin aire. Para vivir y cosechar experiencia, necesita la mente anchura y profundidad y fines que la atraigan al Alma-Diamante.(5) No busques tales fines en el reino de Maya; remóntate por encima de las ilusiones, busca al eterno e inmutable Sat,(6) desconfiado de las falsas sugestiones de la fantasía. 



Porque la mente es parecida a un espejo; cúbrese de polvo mientras refleja. (7) Ha menester de las suaves brisas de la Sabiduría del Alma para que arrebaten el polvo de nuestras ilusiones. Procura, principiante, fundir tu mente con tu Alma. 



Huye de la ignorancia, huye igualmente de la ilusión. Aparta tu faz de las decepciones mundanales; desconfía de tus sentidos, porque son falsos. Pero en lo interior de tu cuerpo, en el sagrario de tus sensaciones, busca en lo impersonal al «hombre eterno», (8) y una vez lo hayas encontrado, mira hacia dentro: eres Buddha. (9) 



Apártate del aplauso, oh tú, devoto. El aplauso conduce al engaño propio. Tu cuerpo no es el yo; tu YO existe por sí mismo independientemente del cuerpo, y no le afectan ni los elogios ni los vituperios. 



La propia alabanza, discípulo, es a manera de una torre elevada, a la cual ha subido un loco presuntuoso, que permanece allí en orgullosa soledad e inadvertido de todos, excepto de él mismo. 



El falso saber es desechado por el sabio y esparcido a los vientos por la buena ley. Su rueda gira para todos, así para el humilde como para el soberbio. La «Doctrina del Ojo» (10) es para la multitud; la «Doctrina del Corazón» es para los elegidos. Los primeros repiten con orgullo: «Ved, yo sé»; los segundos, aquellos que humildemente han recogido la cosecha, en voz baja dicen: «Así he oído yo».(11) 



«Gran Tamizador» es el nombre de la «Doctrina del Corazón», discípulo. 



La rueda de la buena ley se mueve rápidamente. Muele de noche y de día. Separa del dorado grano la despreciable cascarilla, y de la harina los desechos. 
La mano del Karma guía la rueda, y sus vueltas marcan los latidos del corazón kármico. 



El verdadero saber es la harina; la falsa ciencia es la cascarilla. Si quieres comer el pan de Sabiduría, tienes que amasar tu harina ron las límpidas aguas de Amrita; (12) pero si amasas tú escorias con el rocío de Maya no harás sino preparar alimento para las negras palomas de la muerte, para las aves de nacimiento, miseria y dolor. 



Si te dicen que, para convertirte en un Arhán (13) tienes que dejar de amar a todos los seres, diles que mienten. 



Si te dicen que, para conseguir la liberación, has de odiar a tu madre y desatender a tu hijo, negar a tu padre y llamare «amo de casa», (14) renunciar a toda compasión por el hombre y el animal, diles que su lengua es falaz. 



Esto enseñan los Tirthikas,(15) los incrédulos. 



Si te enseñan que el pecado nace de la acción, y la bienaventuranza de la inacción absoluta, diles entonces que yerran. La falta de continuidad de la acción humana; la liberación de la esclavitud de la mente por medio de la cesación del pecado y de los vicios, no son para «Yos-Deva».(16) Tal dice la «Doctrina del Corazón». 



El Dharma (17) del «Ojo» es la encarnación de lo externo y de lo no existente. 



El Dharma del «Corazón» es la encarnación de Bodhi; (18) lo Permanentemente y lo Sempiterno. 



La lámpara arde con brillantez cuando la mecha y el aceite son puros. Para purificarlos es menester un purificador. La llama no experimenta el proceso de purificación. «Las ramas de un árbol son sacudidas por el viento; el tronco permanece inmóvil». 



La acción e inacción pueden hallar juntas cabida en ti; agitado tu cuerpo, tranquila tu mente, tan nítida tu Alma como un lago de la montaña. 



¿Quieres tú convertirte en un Yogui del «Círculo del tiempo»? 



Entonces, oh lanú: 



No creas que viviendo en selvas sombrías, en orgulloso retiro y apartamiento de los hombres, no creas tú que alimentándote sólo con hierbas y raíces y mitigando la sed con la nieve de la gran Cordillera; (19) no creas tú, devoto, que todo esto pueda conducirte a la meta de la liberación final. 



No imagines que con quebrantar tus huesos y lacerar tus carnes te unas a tu «yo silencioso».(20) No pienses que una vez vencidos los pecados de tu forma grosera, oh Víctima de tus sombras (21) queden cumplidos tus deberes para con la Naturaleza y el hombre. 



Los bienaventurados han desdeñado obrar de tal suerte. El León de la Ley, el Señor de Misericordia (22) al descubrir la verdadera causa de la miseria humana, abandonó inmediatamente el dulce pero egoísta reposo de la selva tranquila. De Aranyaka (23) , pasó a ser Maestro de la humanidad. Después de haber Julai (24) entrado en el Nirvana, predicó en el monte y el llano, y pronunció discursos en las ciudades, a los Devas, a los hombres ya los dioses. (25) 



Siembra buenas acciones, y recogerás el fruto de ellas. La inacción en una obra de caridad, viene a ser acción en un pecado mortal. 



Así habla el Sabio: 



¿Te abstendrás de la acción? No es así como alcanzará tu alma su libertad. Para llegar al Nirvana, debe uno conseguir el conocimiento de Sí mismo; y el conocimiento de Sí mismo es hijo de las buenas obras. 



Ten paciencia, candidato, como aquel que no teme ningún fracaso, ni acaricia triunfo alguno. Fija la mirada de tu alma en la estrella cuyo rayo eres tú, (26) en la estrella flamígera que resplandece en los tenebrosos abismos del eterno Ser, en las regiones sin límites de lo Desconocido. 



Ten perseverancia, como aquel que resiste eterna mente. Tus sombras viven y se desvanecen; (27) aquello que en ti vivirá siempre, aquello que en ti conoce, porque es el conocimiento, (28) no está dotado de vida efímera, es el hombre que fue, es y será, y para quien jamás sonará la hora. 



Si pretendes lograr dulce paz y reposo, discípulo, siembra con las semillas del mérito los campos de las cosechas venideras. Acepta las miserias del nacimiento. 



Pasa de la luz del sol a la sombra para hacer más sitio a otros. Las lágrimas que riegan el árido suelo de dolores y tristezas, hacen brotar las flores y los frutos de retribución kármica. Del horno de la humana vida y de su negro humo elévanse llamas aladas, llamas puras, que remontándose más y más bajo el ojo kármico, tejen al fin la tela gloriosa de las tres vestiduras del Sendero.(29) 



Estas vestiduras son: Nirmânakâya, Sambhoga Kâya y Dharmakâya, la sublime vestidura. (30) 



La vestidura Shangna, (31) puede verdaderamente proporcionar la luz eterna. La vestidura Shangna sólo da el Nirvana de destrucción; pone término al renacimiento, pero, oh lanú, también mata la compasión. Los Buddhas perfectos que están revestidos de la gloria de Dharmakâya, no pueden ya coadyuvar a la salvación del hombre. ¡Ah!, ¿serán todos los YOS sacrificados al Yo; la humanidad al bienestar de Unidades? 



Sabe, principiante, que éste es el SENDERO patente, el camino que conduce a la bienaventuranza egoísta, despreciada por los Boddhisattvas del «Corazón Secreto», los Buddhas de Compasión. 



Vivir para el bien de la humanidad, es el primer paso. Practicar las seis virtudes gloriosas, (32) es el segundo. 



El tomar para sí la humilde vestidura del Nirmanakâya, es renunciar a la eterna felicidad de uno mismo, para contribuir a la salvación del hombre El obtener la bienaventuranza del Nirvana y renunciar luego a ella, es el paso final, supremo, el más alto en el Sendero de la Renunciación. 



Sabe, discípulo, que éste es el SENDERO secreto escogido por los Buddhas de Perfección que han sacrificado el YO a los Yos más débiles. 



Empero; si la «Doctrina del Corazón» es de un vuelo excesivamente elevado para ti; si has menester de auxilio para ti mismo y temes ofrecérselo a los demás, entonces, oh tú de corazón tímido, sábelo con tiempo, conténtate con la «Doctrina del Ojo» de la Ley. 



Espera, no obstante. Porque si el «Sendero secreto» es inaccesible para ti en este «día», estará a tu alcance «mañana».(33) No olvides que ningún esfuerzo, ni aun el más insignificante, así en buena como en mala dirección, puede desvanecerse del mundo de las causas. Ni aun el disipado humo queda sin huella. «Una palabra dura pronunciada en pasadas vidas, no es destruida, vuelve de nuevo».(34) No nacerán rosas del pimentero, ni la argentina estrella del perfumado jazmín se convertirá en una espina o un cardo. 



Puedes tú crear en este «día» las eventualidades para tu «mañana». En la «Gran Jornada», (35) las causas a cada hora sembradas llevan consigo, cada una de ellas, su cosecha de efectos, porque la inflexible Justicia rige el mundo. Con poderoso impulso de acción que jamás yerra, aporta a los mortales vidas de felicidad o de sufrimiento, progenie kármica de todos nuestros anteriores pensamientos y actos. 



Atesora, pues, por tanto mérito como hay en reserva para ti, oh tú de corazón paciente. Ten buen ánimo y conténtate con tu suerte. Tal es tu Karma, (36) el Karma del cielo de tus nacimientos, el destino de aquellos que en su dolor y tristeza, han nacido al mismo tiempo que tú, regocíjate y llora de vida en vida, encadenado a tus acciones pasadas. 



Trabaja para ellos «hoy», y ellos trabajarán para ti «mañana». 



De la yema de la Renuncia del Yo, brota el dulce fruto de la Liberación final. 



Condenado a perecer está aquel que, por miedo a Mara, se abstiene de ayudar al hombre, como no sea en provecho propio. El peregrino que ansía refrescar sus secos labios en las aguas vivas, y sin embargo no se atreve a lanzarse en ellas por temor a la corriente, se expone a sucumbir de calor. La inacción originada del miedo egoísta, no puede producir sino malos frutos. 



El devoto egoísta vive sin objeto alguno. El hombre que no desempeña la tarea que tiene asignada en la vida, ha vivido en vano. 



Sigue la rueda de la vida, sigue la rueda del deber para con la raza y la familia, el amigo y el enemigo, y cierra tu mente así a los placeres como a los dolores. Agota la ley de retribución kármica. Atesora Siddhis (37) para tu nacimiento venidero. 



Si no puedes tú ser sol, sé el planeta humilde. Si no te es dable resplandecer como el sol de mediodía sobre el monte nevado de la pureza eterna, entonces, oh neófito, elige una vía más humilde. 



Muestra el «Camino», siquiera lo hagas vagamente y confundido entre la multitud; como lo muestra la estrella vespertina a aquellos que siguen su ruta en medio de la oscuridad. 



Contempla como Migmar, (38) cubriendo su «Ojo» con su velo carmesí, pasa majestuosamente acariciando la tierra adormecida. Observa el aura ardiente de la «Mano» de Lhagpa (39) extendida en señal de amorosa protección sobre la cabeza de sus ascetas. Ambos son ahora servidores de Nyima, (40) o dejados en su ausencia como centinelas silenciosos durante la noche. Uno y otro fueron, sin embargo, en pasado Kalpas, Nyimas resplandecientes, y podrán en «días» venideros convertirse de nuevo en dos soles. Tales son las caídas y los encumbramientos de la ley kármica en la naturaleza. 



Sé como ellos, lanú. Da luz y refrigerio al agobiado peregrino, y busca a aquel que sabe todavía menos que tú; aquel que sumido en desolación cruel, detiénese hambriento dcl pan de Sabiduría y del pan que alimenta a la sombra, sin Maestro, sin esperanza ni suelo, y hazle oír la ley. 



Dile, candidato, que aquel que hace del orgullo y del amor propio unos esclavos de la devoción; que aquel que, aferrándose a la existencia, ofrece, no obstante, su conformidad y sumisión a la ley, como una fragante flor depositada a los pies de Shakya- Thubpa, (41) llega a ser un Srôtâpatti (42) en la presente encarnación. Los Siddhis de perfección pueden columbrarse a lo lejos muy lejos; pero se ha dado el primer paso, él ha entrado ya en la corriente, y puede adquirir la vista del águila de las montañas y el oído de la tímida corza. 



Dile, oh aspirante, que la verdadera devoción puede devolverle el conocimiento, aquel conocimiento que fue suyo de :remotas encarnaciones. La vista del Deva y el oído del Deva no se logran en una breve existencia. 



Sé humilde, si quieres alcanzar la Sabiduría. 



Sé más humilde aún, cuando de la Sabiduría seas dueño. 



Sé a manera del océano, que recibe todos los ríos y torrentes. La poderosa calma del mar permanece inalterable, sin sentirlos. 



Refrena tu yo inferior mediante tu Yo divino. 



Refrena lo Divino por medio de lo Eterno. 



Grande, en verdad, es aquel que aniquila el deseo. 



Más grande aún es aquel en quien el Yo divino ha destruido hasta la noción del deseo. 



Vigila lo Inferior, no sea que mancille lo Superior. 



El camino de la Liberación final está dentro de tu YO. 



Aquel camino empieza y termina más allá del YO. (43) 



Menospreciada de los hombres y humilde, a los ojos altaneros del Tirthika,(44) es la madre de todos los ríos; vacía la humana forma, a los ojos de los necios, aunque llena de las dulces aguas del Amrita. Con todo, el origen de los ríos sagrados es la región sagrada, (45) y aquel que posee la Sabiduría, es honrado por todos los hombres. 



Los Arhans y los Sabios de visión sin límites (46) son tan raros como la flor del árbol Udumbara. Nacen los Arhans a la hora de medianoche, al mismo tiempo que la sagrada planta de nueve y siete tallos, (47) la flor santa que se abre y despliega en las tinieblas surgiendo del límpido rocío y del lecho helado de las nevadas cumbres, no holladas por ningún pie pecador. 



Ningún Arhán, oh lanú, llega a serlo en aquella encarnación en que, por vez primera, empieza el Alma a suspirar por la Liberación final. Sin embargo, oh tú de corazón al1sioso, a ningún guerrero que voluntariamente se ofrezca a pelear en la fiera lucha entre los vivos y los muertos,(48) a ningún recluta se le puede negar el derecho de entrar en el sendero que conduce al campo de batalla. 



Porque, o vencerá, o sucumbirá. 



Si vence, el Nirvana será suyo. Antes que arroje la sombra de su envoltura mortal, aquella causa preñada de angustias y de dolor sin límites, venerarán los hombres en él un grande y santo Buddha. 



Y si sucumbe, entonces tampoco sucumbe en vano; los enemigos a quienes mató en el combate postrero, no volverán a la vida en su próximo nacimiento. 



Pero si quieres obtener el Nirvana, o desechar el premio,(49) no sea tu incentivo el fruto de la acción y de la inacción, oh tú de corazón intrépido. 



Sabe que al Bodhisattva que trueca la Liberación por la Renuncia, con el objeto de asumir las miserias de la «Vida Secreta», (50) se le califica de «tres veces Honrado»; oh tú, candidato al sufrimiento por espacio de los ciclos. 



El SENDERO es uno, discípulo; no obstante, a su término se divide en dos. Marcadas están sus etapas por cuatro y siete Portales. En uno de los extremos hay la bienaventuranza inmediata; en el otro, la bien­aventuranza diferida. Una y otra son la recompensa del mérito; la elección está en tu mano. 



El Sendero Uno se convierte en dos; el Patente y el Secreto. (51) El primero conduce a la meta; el segundo al sacrificio de sí mismo. 



Cuando a lo Permanente es sacrificado la Mutable, tuyo es el premio; la gota vuelve al punto de donde procedió. El SENDERO patente conduce al cambio sin cambios, al Nirvana, al estado glorioso de lo Absoluto, a la felicidad jnconcebible para el humano entendimiento. 



Así, pues, el primer Sendero es la LIBERACIÓN. 



Pero el Segundo Sendero es la RENUNCIACIÓN, y por esto se le llama «Sendero de Dolor». 



El Sendero secreto conduce al Arhán a sufrimientos mentales indecibles; sufrimientos por los Muertos vivientes, (52) y compasión impotente por los hombres que gimen en la kármica amargura; los Sabios no se atreven a suavizar el fruto del Karma. 



Porque, escrito está: «Enseña a evitar todas las causas; a la ondulación del efecto, lo mismo que a la grande oleada del aguaje, las dejarás seguir su curso». 



El «Sendero patente», no bien hayas llegado a su meta, te conducirá a desechar el cuerpo Boddisáttvico, y te hará entrar en el estado tres veces glorioso de Dharmakâya, (53) que es el olvido del mundo y de los hombres para siempre. 



El «Sendero secreto» conduce igualmente a la felicidad Paranirvánica, pero al fin de Kalpas sin cuento; de Nirvânas ganados y perdidos por piedad y compasión inmensa por el mundo de mortales engañados. 



Pero se ha dicho: «El último será el más grande»: Samyak Sambuddha, el Maestro de Perfección, abandonó su Yo para la salvación del Mundo, deteniéndose en los umbrales del Nirvana, el estado puro. 



Ahora posees ya el conocimiento acerca de los senderos. Día vendrá para tu elección, oh tú de alma ansiosa, cuando hayas llegado al fin y pasado los siete Portales. Tu mente está iluminada. Ya no te hallas perdido en el intrincado laberinto de pensamientos ilusorios, porque tú lo has aprendido todo. Ante ti está la Verdad sin velo, fijando en tu faz sus ojos severos. 



Ella dice: 



«Dulces son los frutos del Reposo y de la Liberación para el provecho del Yo; pero más dulces aún son los frutos de un duradero y amargo deber. Sí, la Renunciación en beneficio de los demás, de tus semejantes que sufren». 



Aquel que se convierte en Pratyêka-Buddha (54) presta obediencia sólo a su Yo. El Bodhisattva que ha ga­nado la batalla, que en su mano tiene el premio de la victoria y sin embargo, dice en su compasión divina: «En provecho de otros cedo este gran premio»; efectúa la mayor Renunciación. 



ES UN SALVADOR DEL MUNDO. 



¡Mira! La meta de la beatitud y el largo Sendero de Amargura están en el último extremo. ¡Puedes elegir la una o el otro, oh aspirante al Dolor, durante los ciclos venideros!... 



OM VAJRAPANI HUM 



Fragmento tercero 



Los siete portales 



“UPADRA”, (l) la elección está hecha; estoy sediento de Sabiduría. Ahora has rasgado el velo puesto ante el Sendero secreto, y me has enseñado el Llana (2) menor. He aquí tu siervo, dispuesto para que le guíes”. 



Bien está, Srâvaka. (3) Prepárate porque tendrás que viajar solo. El Maestro no puede hacer más que indicar el camino. El Sendero es uno solo para todos; los medios para llegar a la meta han de variar según los Peregrinos. 



¿Qué escogerás oh tú de corazón intrépido? ¿El Samtan (4) de la «Doctrina del Ojo», la cuádruple Dhyâna,(4) o bien seguir tu camino por las Pâramaitâs, (5) seis en número, nobles puertas de virtud que conducen a Bodhi y a Prajna, el séptimo escalón de la Sabiduría? 



El escabroso Sendero de la cuádruple Dhyâna va serpenteando hacia lo alto. Tres veces grande es aquel que sube hasta la empinada cumbre. 



Las Pâramíticas alturas encuéntranse cruzadas por un sendero más escarpado todavía. Tienes que luchar disputando tu camino a través de siete Portales, a través de siete fortalezas defendidas por astutos y crueles Poderes, las pasiones encarnadas. 



Ten buen ánimo, discípulo; acuérdate de la regla de oro. Una vez hayas pasado por la puerta Strôtâpatti,(6) «el que ha entrado en la corriente»; una vez haya hollado tu pie el lecho de la corriente Nirvánica, en ésta o en alguna vida venidera, no tienes más que otros siete nacimientos ante ti, oh tú de voluntad diamantina. 



Mira; ¿qué ves ante tus ojos; oh aspirante a la Sabiduria divina? 



«Sobre el abismo de la materia está el manto de tinieblas; entre sus pliegues yo lucho. Bajo la mirada mía vuélvese más denso, Señor; se disipa con el movimiento de tu mano. Una sombra se agita arrastrándose a semejanza de los anillos de la serpiente que se extiende. . . Se agranda, se hincha, y desaparece en las tinieblas». 



Es la sombra de ti mismo más allá del Sendero, proyectada en la lobreguez de tus pecados. 



«Si, Señor; yo veo el SENDERO; con su base en el cieno y sus cimas perdidas en la gloriosa luz Nirvánica. Y ahora contemplo los cada vez más angostos portales en el áspero y espinoso camino de Gnyana.» (7) 



Tú ves bien, lanú. Estos Portales conducen al aspirante, a través de las aguas, «a la otra orilla».(8) Cada Portal tiene una llave de oro que abre su puerta; estas llaves son: 



1. DANA, la llave de caridad y de amor inmortal. 



2. SHILA, la llave de la armonía en la palabra y acción, la llave que contrabalancea la causa y el efecto, y que no deja ya lugar a la acción kármica. 



3. KSHANTI, la dulce paciencia que nada puede alterar. 



4. VIRAG', la indiferencia al placer y al dolor, vencida la ilusión, percíbese la Verdad pura. 



5. VIRYA, la energía impertérrita, que desde el cenegal de las terrenas mentiras, lucha abriéndose paso hacia la VERDAD suprema. 



6. DHYANA, cuya puerta de oro una vez abierta, conduce al Narjol (9) hacia el reino del eterno Sat y su contemplación incesante. 



7. PRAJNA, cuya llave hace del hombre un dios, constituyéndole en Bôdhisattva, hijo de los Dhyânis. 



Tales son las llaves de oro de los Portales. 



Antes de que puedas acercarte al ultimo Portal, oh forjador de tu libertad, tienes que hacerte dueño de estas pâramitas de perfección, las virtudes trascendentales, en numero de seis y diez, a lo largo del penoso Sendero. 



Porque, oh, discípulo, antes que te halles en disposición de encontrarte con tu Preceptor cara a cara, con tu MAESTRO frente a frente, ¿qué se te ha dicho? 



Antes que puedas tu acercarte a la primera puerta, tienes que aprender a separar tu cuerpo de tu mente, a disipar la sombra, ya vivir en lo eterno. Para ello has de vivir y alentar en todo, como en ti alienta cuanto ves; has de sentirte residiendo en todas las cosas, ya todas las cosas en el Yo. 



No permitirás que tus sentidos hagan de tu mente un sitio de recreo. 



No separarás tu ser del SER y de los otros seres; antes sumirás el Océano en la gota, y la gota en el Océano. 



Así estarás en perfecta armonía con todo cuanto vive; amarás a los hombres, como si fuesen todos ellos tus compañeros y hermanos, discípulos de un mismo Maestro, hijos de una misma tierna madre. 



Los instructores son muchos, el ALMA-MAESTRO (10) es una Alaya, el Alma Universal. Vive en aquel MAESTRO, como SU rayo vive en ti. Vive en tus compañeros, como viven ellos en ÉL. 



Antes que puedas tu poner los pies en el umbral del Sendero; antes de cruzar la primera Puerta, tienes que fundir a los dos en el Uno y sacrificar lo personal al YO impersonal, destruyendo así el «sendero» que hay entre los dos: Antaskarana.(11) 



Debes hallarte preparado para responder al Dharma, la ley inflexible, cuya voz te preguntará al dar tu primer paso, tu paso inicial : 



«¿Te has conformado con todas las reglas, oh tú de esperanzas sublimes?» 



«¿Has puesto a tono tu corazón y tu mente, con la gran mente y el corazón de la humanidad entera? Porque así como en la rugiente voz del Río sagrado resuenan a manera de ecos los sonidos todos de la Naturaleza, (12) así también el corazón de aquel que pretenda entrar en la corriente, debe vibrar respondiendo a cada suspiro y pensamiento de todo cuanto vive y alienta. » 



Los discípulos pueden compararse a las cuerdas de la Vina, eco del alma; la humanidad a su caja armó nica; la mano que la pulsa, al soplo melodioso de la GRAN ALMA DEL MUNDO. La cuerda que no responde a la pulsación del Maestro, en dulce armonía con todas las demás, se rompe y se la arroja. Así deben ser las mentes colectivas de los Lanús-Sravakas. 



Tienen que estar acordes con la mente del Upadya, unificarse con la Super-Alma, o separarse de una vez 



Esto último es lo que hacen los «Hermanos de la Sombra», los destructores de sus almas, la espantable región de los Dag-Dugpa.(13) 



¿Has puesto a tono tu ser con el gran dolor de la Humanidad, oh candidato a la Luz? 



¿Sí...? Entonces puedes entrar. Sin embargo, antes de poner el pie en el triste Sendero de Dolor, es bien que conozcas primero las asechanzas dispuestas en tu camino. 



Armado con la llave de Caridad, de amor y tierna compasión, (14) seguro estás ante la puerta de Dâna, la puerta que haya la entrada del SENDERO. 



¡Mira, peregrino feliz! El portal que tienes frente ti es alto y anchuroso: parece de fácil acceso. El ca mino que lo atraviesa es recto, liso y lleno de verdor. Aseméjase a un claro de sol en las sombrías profun didades de la selva, es un punto de la tierra reflejado, el paraíso de Amitabha.(15) Ruiseñores de esperanza y aves de irisado plumaje trinan allí, en las verdes enramadas, cantando victoria a los intrépidos peregrinos. Cantan las cinco virtudes de los Bôdhissattvas, la quíntuple fuente del poder Bodhi y los siete escalones del Conocimiento. 



¡Pasa adelante! Pues contigo has traído la llave; tú estás seguro. 



Hacia la segunda puerta verdece también el camino. Pero es muy escabroso y va serpenteando hacia arriba; sí, hasta la roqueña cúspide. Nieblas grises se cernerán sobre su áspera y peñascosa cima, y más allá todo quedará oscuro. Según va ascendiendo el peregrino, resuena más y más débil en su corazón el canto de esperanza. El estremecimiento de la duda amenaza apoderarse de él; su paso es menos firme. 



¡Cuidado con ello, candidato! Precávete del pavor que va extendiéndose, a semejanza de las negras y silenciosas alas del murciélago de la medianoche, entre el claro de luna de tu alma y tu grandiosa meta que allá en lontananza se vislumbra. 



El temor, discípulo, mata la voluntad y paraliza toda acción. Si de la virtud Shîla (16) está falto, el peregrino tropieza y guijarros kármicos lastiman sus pies en el pedregoso sendero. 



Ten seguro el pie, candidato. Baña tu alma en la esencia del Kshanti (17) pues ya te acercas al portal de este nombre, la puerta de fortaleza y paciencia. 



No cierres los ojos, no apartes la vista del Dorje; (18) las saetas de Mara hieren siempre al hombre que no ha alcanzado el Virâga.(19) 



Guárdate de temblar. Con el hálito del miedo se enmohece la llave de Kshanti; la llave enmohecida resiste a abrir la cerradura. 



Cuanto más avances, tantos más lazos encontrarán tus pies. El sendero que a la meta conduce está iluminado por una luz única, la luz del arrojo, que arde en el corazón. Cuanto más osa uno, tanto más obtendrá. Cuanto más teme, tanto más palidecerá aquella luz, la única que puede guiarle. Porque así como el último rayo de sol que resplandece en la cumbre de una gran montaña, al desvanecerse va seguido de la negra noche, otro tanto acontece con la luz del corazón. Cuando ésta se extinga, una sombra negra y amenazadora caerá de tu propio corazón sobre el sendero, y el terror clavará en el suelo tus plantas. 



Precávete, discípulo, contra esta sombra letal. Ninguna luz irradiada del Espíritu es bastante para disipar las tinieblas del alma inferior, a menos que de ella haya desaparecido todo pensamiento egoísta, y que el peregrino diga: «yo he renunciado a esta forma pasajera; he destruido la causa; las sombras proyectadas, como efectos que son, no pueden existir ya más». Porque ahora ha estallado el grande y último combate, la lucha final entre el Yo Superior y el Inferior. Mira, el campo de batalla mismo se halla ahora absorbido en la gran guerra, y no existe ya. 



Pero una vez has pasado la puerta de Kshanti, está dado ya el tercer paso. Tu cuerpo es esclavo tuyo. Prepárate ahora para el cuarto, el Portal de tentaciones que tiende lazos al hombre interno. 



Antes que puedas aproximarte a la meta, antes de alzar la mano para levantar la aldaba de la cuarta puerta, tienes que haber dominado en tu yo todos los cambios mentales y matado al ejército de sensaciones y de pensamientos, que, sutiles e insidiosos, deslízanse inadvertidos dentro del radiante sagrario del alma. 



Si no quieres tú ser matado por ellas, debes hacer inofensivas tus propias creaciones, las hijas de tus pensamientos, invisibles, impalpables, que pululan en torno del género humano, progenie y herederos del hombre y de sus despojos terrenales. Has de considerar la vacuidad de lo aparentemente lleno, la plenitud de lo aparentemente vacío. Mira, intrépido aspirante, al fondo más recóndito de tu propio corazón, y responde. ¿Conoces los poderes del Yo, tú que percibes sombras exteriores? 



De no ser así, estás perdido. 



Porque en el cuarto Sendero la más leve brisa de pasión o deseo agitará la luz tranquila sobre los muros blancos y limpios del alma. La más ligera oscilación de anhelo o pesadumbre por los ilusorios dones de Maya, en el trayecto del Antaskarana -el sendero que hay entre tu Espíritu y tu yo, el camino real de las sensaciones, rudos despertadores del Ahankara-,(20) un pensamiento cualquiera, tan rápido como el rayo, te hará perder tus tres premios, los premios que has ganado. 



Pues sabe que lo ETERNO no conoce cambio alguno. 



«Aléjate para siempre de las ocho espantables miserias. De no hacerlo, con seguridad no puedes tú llegar a la sabiduría, ni aun a la liberación», dice el gran Señor, el Tathágata de perfección, «aquel que ha seguido las huellas de sus predecesores».(21) 



Rígida y exigente es la virtud del Virâga. Si su sendero quieres ganar, debes mantener tu mente y tus percepciones mucho más libres que antes de matar la acción. 



Tienes que saturarte de pura Alaya, llegar a identificarte con el Alma-Pensamiento de la Naturaleza. Aunado con ella, eres invencible; de ella separado, te conviertes en sitio de recreo del Samvriti,(22) origen de todas las ilusiones del mundo. 



Todo es impermanente en el hombre, excepto la pura y brillante esencia de Alaya. El hombre es su rayo cristalino; un rayo de luz inmaculada en lo interior, una forma de barro material en la superficie inferior. Aquel rayo es el guía de tu vida y tu verdadero Yo, el Vigilante y Pensador silencioso, la víctima de tu yo inferior. No puede tu alma ser herida sino a través de tu cuerpo sujeto al error; reprime y domina a los dos, y podrás cruzar seguro la cercana «Puerta de la Balanza». 



Ten buen ánimo, osado peregrino que «a la otra orilla» te diriges. No hagas caso de los murmullos de las legiones de Mara; ahuyenta a los tentadores, los aviesos espíritus, los envidiosos Lhamayin (23) del espacio sin límites. 



¡Mantente firme! Te acercas ya al Portal del centro, la puerta de Angustia, con sus diez mil asechanzas. 



Subyuga tus pensamientos, tú que luchas por la perfección, si pretendes atravesar sus umbrales. 



Subyuga tu alma, tú que vas en busca de verdades inmortales si a la meta quieres llegar . 



Concentra la mirada de tu alma en la Luz una y pura, en la Luz inmutable y haz uso de tu Llave de oro. 



Ha llegado a tu término la penosa tarea; tus trabajos han casi concluido. Muy poco falta para llegar al otro lado del inmenso abismo que abría sus fauces para tragarte. 



Has atravesado ya el foso que rodea la puerta de las humanas pasiones. Has vencido ya a Mara y su legión furiosa. 



Has extirpado de tu corazón la podredumbre y lo has sangrado de todo deseo impuro. Mas no ha concluido todavía tu tarea, glorioso combatiente. Construye alto, lanú, el muro que circundará la Isla Santa, (24) el dique que protegerá tu mente del orgullo y de la satisfacción, al pensar en la grande hazaña llevada a cabo. 



Un sentimiento de orgullo echaría a perder la obra. Sí, constrúyelo fuerte, no sea que, en su furioso embate, las olas que suben al asalto y baten la orilla desde el océano del gran Mundo de Maya, traguen al peregrino y la isla; sí, aun después de haber conseguido la victoria. 



Tu «Isla» es el ciervo, tus pensamientos los galgos que le fatigan y acosan en su carrera hacia la corriente de Vida. ¡Ay del ciervo que es alcanzado por los demonios ladradores antes de llegar al valle del Refugio -Dhyân Mârga- (25) llamado «sendero» del Conocimiento puro!» 



Antes que puedas establecerte en el Dhyân Mârga y llamarlo tuyo, tiene que llegar a ser tu alma como el mango maduro, tan dulce y suave como su dorada y brillante pulpa para los dolores ajenos, tan dura como el hueso del fruto para tus propios duelos e infortunios, oh conquistador de Felicidad y Miseria. 



Fortalece tu alma contra las asechanzas del Yo, hazla merecedora del nombre de «Alma Diamante».(26) 



Porque así como el diamante profundamente sepultado en el palpitante corazón de la tierra, no puede jamás reflejar las luces terrenas, así también tu mente y tu alma, una vez ha penetrado en el Dhyân Mârga, no deben reflejar cosa alguna del ilusorio reino de Maya. 



Una vez llegado tú a tal estado, los Portales que has de conquistar en el Sendero abren de par en par sus puertas para dejarte franco el paso, y los más formidables poderes de la Naturaleza no tienen fuerza ninguna para detener tu curso. Tú serás dueño del séptuplo Sendero; mas no antes de entonces, oh candidato a pruebas indecibles. 



Hasta entonces, te espera un trabajo mucho más arduo; tienes que sentirte a ti mismo TODO PENSAMIENTO, y sin embargo, tienes que desterrar todos los pensamientos de tu alma. 



Has de alcanzar una fijeza de mente tal, que ninguna brisa, ni aun el viento impetuoso, puedan lanzar en ella un pensamiento terreno. Así purificado, el sagrario debe estar vacío de toda acción, de todo sonido o luz mundanales; así como cae exánime la mariposa en el umbral, sorprendida por el cierzo helado, así también todos los pensamientos terrenos deben caer muertos ante el templo. 



Míralo escrito: 



«Antes que la llama de oro pueda arder con una luz inalterable, ha de permanecer la lámpara bien guardada en un lugar al abrigo de todo viento».(27) Expuesto a la variable brisa, oscilará el haz luminoso, y la trémula llama proyectará sombras engañosas, negras y siempre cambiantes sobre el blanco santuario del alma. 



Y entonces, oh tú, perseguidor de la Verdad, tu Mente-Alma vendrá a ser a manera de un elefante loco que se enfurece en la selva. Tomando los árboles por enemigos vivientes, perece al intentar herir las sombras siempre mudables, que danzan en el muro de rocas que el sol ilumina. 



Ten cuidado, no sea que, en su solicitud por el YO, resbale tu alma en el suelo del conocimiento Dévico. 



Ten cuidado, no sea que, dando al olvido el YO, pierda tu alma el dominio sobre su temblorosa mente y con ello el derecho al legítimo goce de sus triunfos. 



¡Ten cuidado con el cambio! Porque el cambio es tu gran enemigo. Este cambio te vencerá por completo, y te rechazará del Sendero que recorres, hundiéndote en los profundos y cenagosos pantanos de la duda. 



Prepárate, y está prevenido con tiempo. Si en la tentativa sucumbes, oh combatiente intrépido, no te descorazones a pesar de ello: sigue luchando, y vuelve de nuevo a la carga una y otra vez. 



El guerrero intrépido, perdiendo su preciosa vida con la sangre que fluye a borbotones de sus anchas y abiertas heridas, arremeterá aun contra el enemigo, le arrojará de su fortaleza, y le vencerá antes que él mismo expire. Obrad así, pues, todos vosotros, los que vísteis malograda vuestra empresa y sufrís; obrad como él, y de la fortaleza de vuestra alma arrojad todos vuestros enemigos -ambición, cólera, odio y hasta la sombra misma del deseo-, aun cuando hayáis sucumbido. 



No olvides, tú, que por la liberación del hombre peleas, (28) que cada fracaso es triunfo, que cada esfuerzo sincero alcanza con el tiempo su galardón. Los tallos de los santos gérmenes que brotan y se desarrollan invisibles en el alma del discípulo, se robustecen a cada nueva tentativa, dóblanse como juncos, pero jamás se quiebran, ni pueden nunca echarse a perder. Antes bien, florecen cuando llega la hora.(29) 



Pero si tú viniste preparado, no abrigues temor alguno. 



De aquí en adelante es enteramente recto tu cami no por la puerta Virya, el quinto de los siete Portales. Ahora estás en la vía que conduce al puerto de Dhyâna, el sexto, el portal Bodhi. 



La puerta Dhydna es como un vaso de alabastro, blanco y diáfano; arde en su interior un áureo fuego inalterable, la llama de Prajna, que emana del Atman. 



Tú eres aquel vaso. 



Tú, tú mismo te has apartado de los objetos de los sentidos; tú has viajado por el «Sendero de visión», por el «Sendero de audición», y te encuentras en la luz del Conocimiento. Tú has llegado ya al estado de Titiksha. (30) 



Oh Narjol, tú estás en salvo. 



Sabe tú, Conquistador de pecados, que en cuanto un Sowani (31) ha cruzado el séptimo Sendero, la Naturaleza entera se estremece de gozoso temor, y se siente subyugada. La estrella argentina comunica con su centelleo la nueva feliz a las flores nocturnas; el arroyuelo, con el rumor de sus ondas, trasmite la noticia a los guijarros; los bramidos de las oscuras olas del océano lo participarán a las rocas que la marea bate, cubriéndolas de espuma; las perfumadas brisas lo cantarán a los valles, y los majestuosos pinos murmurarán misteriosamente: «Ha aparecido un Maestro, un MAESTRO DEL DÍA».(32) 



Yérguese ahora él como blanca columna hacia el Occidente, y sobre su faz el sol naciente del pensa miento eterno derrama sus primeras y más gloriosas ondas. Su mente, parecida a un mar tranquilo y sin orillas, se extiende por el espacio sin límites. En su potente diestra tiene él la vida y la muerte. 



Sí, Él es poderoso. El poder viviente que ha quedado libre en él, aquel poder que es ÉL MISMO, puede elevar el tabernáculo de la ilusión por encima de los dioses, por encima del gran Brahma e Indra. ¡Ahora alcanzará él con seguridad su gran recompensa! 



¿No empleará acaso los dones que ésta le confiere, para su propio reposo y bienaventuranza, sus bien ganadas felicidad y gloria, él, el vencedor de la gran Ilusión? 



¡No, en manera alguna, oh tú, candidato al oculto saber de la Naturaleza! Si quiere uno seguir las huellas del santo Tathâgata, estos dones y poderes no son para sí mismo. 



¿Pretenderás acaso poner un dique a las aguas nacidas en el Sumerú? (33) ¿Torcerás la corriente en tu propio beneficio, o la harás retroceder a su fuente primitiva, a la largo de las sumidades de los ciclos? 



Si deseas tú que el raudal del penosamente ganado conocimiento, de la Sabiduría nacida del cielo, sea de aguas dulces y corrientes, no has de permitir que se convierta en cenagosa charca. 



Sabe que si quieres llegar a ser cooperador de Amitâbha, la «Edad sin fin», debes, a manera de los Bôdhisattvas gemelos, (34) difundir la luz adquirida sobre toda la extensión de los tres mundos.(35) 



Sabe que la corriente del conocimiento sobrehumano y de la sabiduría Dévica que has adquirido, debe, desde ti mismo, canal de Alaya, ser vertida en otro cauce. 



Sábelo, Narjol, tú del Sendero secreto: sus frescas y puras aguas tienen que servir para endulzar las olas amargas del océano, aquel inmenso mar de dolores formado de lágrimas humanas. 



¡Ah! Una vez hayas venido a ser como la estrella fija en los más altos cielos, desde las profundidades del espacio aquel astro celeste y refulgente ha de brillar para todos, menos para ti mismo: da luz a todos, pero no la tomes de nadie. 



¡Ah! En cuanto llegues a ser como la pura nieve de los valles de las montañas, fría e insensible con relación al tacto, cálida y protectora para la semilla que duerme profundamente bajo su seno..., esta es aquella nieve que ha de recibir la helada mordicante, las rachas del norte, protegiendo así de sus afilados y crueles dientes la tierra que guarda la esperada cosecha, la cosecha que alimentará al hambriento. 



Condenado por ti mismo a vivir durante los venideros Kalpas,(36) inadvertido para el hombre y sin que te lo agradezcan; incrustado a guisa de piedra entre las otras innumerables piedras que forman el «Muro protector», (37) tal es tu porvenir si pasas por la séptima puerta. Construido por las manos de numerosos Maestros de Compasión, levantado con sus tormentos, cimentado con su sangre, protege a la humanidad desde que el hombre es hombre, protegiéndola contra nuevas miserias y sufrimientos mucho mayores. 



Con todo, el hombre no lo ve, ni lo percibirá, ni querrá escuchar la palabra de la Sabiduría... porque no lo conoce. 



Pero tú lo has oído, tú lo sabes todo, oh tú de alma ansiosa y sincera... y tú has de escoger. Por lo tanto, atiende aún otra vez. 



En el Sendero del Sowán oh Srôtâpatti,(38) tú estás en seguridad. Sí, en aquel Marga (39) en donde no encuentra más que tinieblas el fatigado peregrino; en donde, desgarradas por los espinos y abrojos, las ma nos gotean sangre y los pies son heridos por enhiestos y agudos pedernales, y en donde Mara esgrime sus más poderosas armas, allí hay un gran galardón, inmediatamente más allá. 



Tranquilo e impasible, deslízase el peregrino siguiendo la corriente que conduce al Nirvana. Sabe él que, cuanto más sangren sus pies, tanto más limpio y purificado quedará. Sabe bien que, después de siete nacimientos breves y pasajeros, el Nirvana será suyo. 



Tal es el Sendero de Dhyana, el puerto del Yogui, la gloriosa meta anhelada por los Srôtâpattis. 



No es así cuando él ha cruzado y ganado el Sendero Aryahata.(40) 



Allí el K/esha (41) queda destruido para siempre, las raíces del Tanha (42) están arrancadas. Pero aguarda, discípulo...Una palabra todavía. ¿Puedes tú aniquilar COMPASIÓN divina? La compasión no es un atributo. Es la LEY de las LEYES, la Armonía eterna, el YO de Alaya; una esencia universal e infinita, la luz de la eterna Justicia y el concierto de todas las cosas, la ley del Amor perdurable. 



Cuanto más te identifiques con ella, fundiendo tu ser en su SER, cuanto más se una tu alma con aque llo que ES, tanto más te convertirás en COMPASIÓN ABSOLUTA.(43) 



Tal es el sendero de Arya, el sendero de los Budas de Perfección. 



Por otra parte, ¿cuál es el significado de los rollos de la Escritura sagrada, que te hacen decir las siguientes palabras? 



«¡OM! Yo creo que no todos los Arhats logran la dulce fruición del sendero Nirvánico». 



«¡OM! Yo creo que no todos los Buddhas (44) entran en el Nirvana-Dharma».(45) 



«Sí, en el Sendero Arya tú no eres ya un Srôtâpatti; eres un Bôdhisattva.(46) La corriente está ya atravesada. 



Verdad es que tú tienes derecho a la vestidura Dharmakaya; pero el Sambhogakaya es el más grande que el Nirvánico, y más grande aún es el Nirmanakaya, el Buddha de Compasión». (47) 



Ahora inclina la cabeza, y escucha atentamente, oh Bôdhisattva; habla la Compasión y dice: ¿Puede haber bienaventuranza cuando todo la que vive ha de sufrir? 



¿Te salvarás tú y oirás gemir al mundo entero?» 



Has oído ya lo que se ha dicho. 



Llegarás al séptimo escalón, y cruzarás la puerta del conocimiento final, pero será tan sólo para desposarte con el dolor: si deseas tú ser Tathagata, sigue las huellas de tu predecesor, muéstrate lleno de abnegación hasta el fin interminable. 



Estás ya iluminado. Elige tu camino. 



Contempla la suave luz que inunda el cielo de Oriente. Los cielos y la tierra entonan juntos himnos de alabanza. y de los cuádruples Poderes manifesta dos, elévase un canto de amor, así del Fuego flamígero, como del Agua fluente, y así de la Tierra de suave perfume, como el Aire impetuoso. 



¡Escucha!... Desde el vórtice profundo e insondable de aquella áurea luz en que se baña el Vencedor, elévase la inarticulada voz de la NATURALEZA ENTERA pregonando con mil acentos: 



REGOCIJÁOS, HOMBRES DE MYALBA. (48) 



UN PEREGRINO HA VUELTO «DE LA OTRA ORILLA» 



HA NACIDO UN NUEVO ARHÁN...(49) 



PAZ A TODOS LOS SERES. . .(50) 



NOTAS 



Fragmento primero 




La palabra pali Iddhi es sinónima de la voz sánscrita Siddhis, o facultades síquicas, los poderes anormales del hombre. Hay dos clases de Siddhis. Un grupo de ellos comprende las energías síquicas y mentales inferiores, groseras, el otro requiere la más elevada educación de los poderes espirituales. Dice Krishna en el Shrimad Bhagavad: «Aquel que vive consagrado a la práctica del Yoga, que ha subyugado sus sentidos y ha concentrado su mente en mí (Krishna) , es un yogui a quien todos los Siddhis están pronto a servir». 




La «Voz insonora», o la «Voz del Silencio». Literalmente, quizá debería leerse: «Voz en el Sonido espiritual» siendo Nada el término equivalente en sánscrito a la palabra Sen-zar. 




Dahranâ, la intensa y perfecta concentración de la mente en algún objeto interno, acompañada de una completa abstracción de todas las cosas pertenecientes al universo exterior o al mundo de los sentidos. 




«Gran Maestro» es la expresión usada por los lanús o chelas para indicar el «yo superior» de uno. Es el equivalente de Avalokitéswara, y lo mismo que el Adi-Buda de los ocultistas budistas, el ATMAN, el «Yo» (el Yo superior) de los brahmanes, y el CHRISTOS de los antiguos gnósticos. 




Alma se usa aquí para expresar el Yo humano o Manas, al que se hace referencia en nuestra división septenaria oculta, con el nombre de «Alma humana» (véase la Doctrina Secreta), para diferenciarla de las Almas espiritual y animal. 




«Gran Ilusión» (Maha Maya), el universo objetivo. 




La ilusión de la personalidad (Sakkáyaditti), la errónea idea de que «yo soy yo», un hombre o mujer de talo cual nombre, una entidad independiente, en lugar de ser una parte inseparable del Todo. 




Attavada, la herejía de la creencia en el Alma, o mejor dicho, en la separatividad del Alma o Yo, del Yo único, universal e infinito. 




El Tatwagyani es el «conocedor» o discernidor de los principios de la naturaleza y del hombre; y el Atmagyani es el conocedor del ATMAN, o el YO ÚNICO universal, el Alma del mundo o Espíritu del universo. 




Kala Hamsa el Ave o Cisne. (Véanse notas siguientes). Dice el Nada-Bindu: Upanishad (Rig-Veda), traducido por la Sociedad Teosófica de Kumbakonam: «La sílaba A se considera que es su ala derecha ( del ave Hamsa); U, la izquierda; M, la cola, y de Ardha matra (medio metro) se dice que es la cabeza». 




La Eternidad, entre los orientales, tiene una significación enteramente distinta de la que tiene entre nosotros. En general se aplica a los Cien años o «Edad» de Brahma, a la duración de un Kalpa, o sea un periodo de 4 320.000.000 de años. 




Dice el Nada-Bindu antes citado: «El Yogui que cabalga en el Hamsa (esto es, contempla el AUM), no es afectado por las influencias kármicas o crores (medida india) de pecado». 




Abandona la vida de la personalidad física, si quieres vivir en espíritu. 




Los tres estados de conciencia, que son: ]agrat, el estado de vigilia; Swapna, el de sueño; y Sushupti, el de sueño profundo. Estas tres condiciones del Yogui conducen a la cuarta, Turya. (Véase la nota siguiente) 




Turya, el estado que excede al de sueño sin ensueños, el superior a todos, un estado de elevada conciencia espiritual. 




Algunos místicos sánscritos fijan siete planos de existencia, los siete lokas o mundos espirituales, dentro del cuerpo del Kala-Hamsa, el Cisne fuera del Tiempo y del Espacio, convertible en el Cisne en el Tiempo, cuando se convierte en Brahma en lugar de Brahma (neutro). 




El mundo fenomenal de los sentidos y de la conciencia terrestre, solamente. 




El Vestíbulo de la instrucción probatoria. 




La región astral, el mundo psíquico de percepciones supersensibles y de visiones engañosas -el mundo de los médiums-. Es la gran «Serpiente Astral» de Eliphas Levi. Ninguna flor cogida en aquellas regiones ha sido nunca aportada a la tierra sin su serpiente enroscada alrededor del tallo, Es el mundo de la Gran Ilusión. 




La región de la plena Conciencia espiritual, más allá de la cual no existe ya peligro alguno para aquel que la ha alcanzado. 




El Iniciado, que, por medio del saber que le comunica, conduce al discípulo a su nacimiento segundo o espiritual, es llamado el Padre, Gurú o Maestro. 




Agnyana es la ignorancia o no-sabiduría, lo contrario de «conocimiento» (gniana). 




Mara, en las religiones exotéricas, es un demonio, un Asura; pero en la filosofía esotérica, es la tentación personificada por los vicios de los hombres, y traducida literalmente la palabra, significa «lo que mata» al alma, Es representado como un Rey (Rey de los Maras), con una corona en la cual brilla una joya con un resplandor tal que ciega a cuantos la miran, figurando, naturalmente, este brillo la fascinación producida por el vicio sobre ciertas naturalezas. 




Ilusión. 




El «Ígneo Poder» es el Kundalini, (Véanse las notas 27 y 31) 




La cámara interna del Corazón, llamada en sánscrito Brahma poori. 




«Poder» y «Madre del Mundo» son nombres dados al Kundalini, uno de los místicos «Poderes del Yogui». Es el Buddhi considerado como principio activo en lugar de pasivo, como lo es generalmente cuando se le considera como simple vehículo o estuche del Espíritu Supremo, ATMA. Es una fuerza electro-espiritual, una potencia creadora, que una vez despertada su actividad, puede matar tan fácilmente como puede crear. 




Keshara, o «paseante del cielo» o «el que va al cielo». Según se expone en el 6to Adhyaya del rey de los tratados místicos. El Dhyaneswari, el cuerpo del Yogui, se vuelve como formado de aire; como «una nube de la cual han brotado miembros», después de lo cual «él (el Yogui) ve las cosas existentes más allá de los mares y de las estrellas; oye y comprende el lenguaje de los Devas (dioses) y percibe lo que pasa en la 
mente de la hormiga». 




El YO superior. 




La Vina es un instrumento de cuerda indo, parecido al laúd. 




Los seis Principios que constituyen el hombre; alusión a cuando la personalidad inferior es aniquilada, y la individualidad interna se sume y pierde en el Séptimo, o sea el Espíritu (ATMAN). 




El discípulo se unifica con Brahma o el ATMAN. 




La forma astral producida por el principio Kámico, el Kama Rupa, o cuerpo de deseo. 




Manasa rupa. Así como el Kama Rupa se refiere al yo astral, o personal, el Manasa rupa se relaciona con la individualidad o Yo que se reencarna, cuya conciencia en nuestro plano, o sea el Manas inferior, tiene que ser paralizada. 




Kundalini, el «Poder serpentino» o fuego místico. Es denominado poder «serpentino» o anular, por razón de su modo de obrar o de su progreso en espiral, en el cuerpo del asceta que desarrolla en sí mismo tal poder. Es una fuerza eléctrica, ígnea, oculta o Fohática, la grande energía primordial, que existe en el fondo de toda materia orgánica e inorgánica. 




Este Sendero se halla mencionado en todos los tratados místicos, Como dice Krishna en el Dhyaneswari: «Cuando este Sendero es percibido... ya parta uno hacia las magnificencias del Oriente o en dirección de las cámaras del Occidente, sin moverse, oh. tú que empuñas el arco. está el viajero en este camino, En este Sendero, a cualquier lugar adonde uno quiere ir, aquel lugar se convierte en el propio yo de uno mismo». «Tú eres el Sendero, se le dice al adepto gurú, y este último lo dice al discípulo después de la iniciación.» «yo soy el camino y la vía», dice otro MAESTRO", 




El adaptado, «la flor de Bodhisattwa». 




Iniciado del grado superior. 




Tanha,




Karma. La ley de causa y efecto de causalidad ética, que da a cada uno su merecido, tanto por sus buenas como por sus malas acciones (ley de Retribución}. 


Se refiere al deseo de repetir los actos y sensaciones que han sido ya vividos y de los que se alcanzó la experiencia. (N E.) 


La cámara interna del Corazón. 


Estos místicos sonidos, o sea la melodía que oye el asceta en los comienzos de su ciclo de meditación, son llamados Anâhad-shabd por los Yoguis. 


Esto significa que en el sexto grado de desarrollo, que en el sistema oculto es el Dhâranâ, cada sentido, como facultad individual, ha de ser «muerto» ( o paralizado) en este plano, pasando al Séptimo sentido, el más espiritual, y sumiéndose en él. 


Véanse notas anteriores. 


Cada grado de desarrollo esta simbolizado en el Raja Yoga por una figura geométrica. La de que se trata aquí es el Triángulo sagrado, y precede al Dhâranâ. El triángulo es el signo de los chelas superiores, al paso que otra especie de triángulo es el de los altos Iniciados. Es el símbolo «I» de que habla Buddha, y es empleado por él como emblema de la forma encarnada de Tathâgata (Buddha) cuando se ha sustraído a los tres métodos del Pragna. Una vez superados los grados preliminares e inferiores, el discípulo ya no ve el triángulo, sino el ..., abreviatura del ... el Septenario completo. No se expresa aquí su verdadera forma, pues casi con seguridad se apoderarían de ella algunos charlatanes y la profanarían usándola para fines ilícitos. 


La estrella que arde encima de la cabeza, es «la estrella de la Iniciación». La señal de casta de los Saivas, o devotos de la secta de Siva, el gran patrono de todos los Yoguis, es una marca negra redonda, símbolo del Sol ahora: quizá, pero el de la estrella de la Iniciación, en Ocultismo, en los tiempos antiguos. 


La base {Upadhi) de la «LLAMA», siempre inasequible, en tanto que el asceta se halla aún en esta vida. 


Dhyâna, el penúltimo grado en esta tierra, a no ser que se convierta uno en MAHATMA completo. Conforme se ha dicho ya, en tal estado el Raja Yogui permanece todavía espiritualmente consciente del Yo y de la operación de sus principios superiores. Un paso más, y se encontrará en el plano más allá del Séptimo, o cuarto, según ciertas escuelas, Estas últimas, después de la práctica del Pratyehara (proceso de educación preliminar que tiene por objeto dominar la mente y los pensamientos de uno) , cuentan el Dhàsena, el Dhyana y el Samadhi, comprendiendo a los tres bajo el nombre genérico de SANNYAMA. 


El Samadhi es el estado en el cual el asceta pierde la conciencia de cada individualidad, incluso la suya propia, Él se convierte en el TODO. 


Los «cuatro modos de Verdad», en el Budismo del norte, son; Ku, «sufrimiento o miseria» ; Tu, el conjunto de las tentaciones» ; Mu, «su destrucción», y Tau, el «sendero». Los «cinco obstáculos» son; el conocimiento de la miseria, la verdad respecto a la fragilidad humana, los refrenamientos penosos, y la absoluta necesidad de arrancarse a todos los lazos de la pasión y aun de los deseos. El «Sendero de Salvación» es el último. 


En el portal de la «asamblea» está el Rey de los Maras, el "Waha Mara, intentando deslumbrar al candidato con el resplandor de su «joya». 


Este es el cuatro «Sendero» de los cinco senderos del renacimiento, que conducen e impelen de un lado a otro a todos los seres humanos, llevándolos a continuos estados de tristeza y alegría, Estos «senderos» no son más que subdivisiones del Único, el Sendero seguido por el Karma. 

Fragmento segundo 


Las dos escuelas de la doctrina de Buddha, la esotérica y la exotérica, son llamadas respectivamente: Doctrina del «Corazón» y Doctrina del «Ojo». Bodhidharma (un gran Arhat) las denominó en la China (desde donde llegaron los nombres al Tíbet) Tsung-men (escuela esotérica) y Kiau-men (escuela exotérica), La primera es llamada así por razón de ser las enseñanzas emanadas del corazón de Gautama Buddha; mientras que la doctrina del “Ojo” fue obra de su cabeza o cerebro. La «Doctrina del Corazón» es denominada también “sello de verdad” o “verdadero sello”, símbolo que se encuentra encabezando casi todas las obras esotéricas. 


“Arbol del Conocimiento” es un título con el cual los que siguen el Bodhidharma {Religión de la Sabiduría) designan a aquellos que han alcanzado las alturas del conocimiento místico, esto es, los Adeptos. Nagarjuna, fundador de la Escuela Madhyamka, era llamado «Árbol Dragón», por ser el Dragón el emblema de la Sabiduría y del Conocimiento. El árbol es objeto de veneración porque bajo el Arbol Bodhi (Sabiduría) fue donde Buddha recibió su nacimiento y la iluminación, predicó su primer sermón, y murió. 


El «Corazón Secreto» es la doctrina esotérica. 


Alaya es el «ALMA-MAESTRO», el Alma Universal o Atman, de la que cada hombre tiene en sí mismo un rayo, con la cual puede identificarse y en la cual puede sumirse. 


«Alma Diamante» (Vajrasattva), es un título del Buddha Supremo, el «Señor de todos los misterios, llamado Vajradhara y Adi-Buddha. 


SAT, la única eterna y absoluta Realidad y Verdad, siendo ilusión todo lo demás. 


Este pasaje es de la doctrina Shin-Sien, la cual enseña que la mente humana es como un espejo que atrae y refleja cada átomo de polvo, y que ha de ser, lo mismo que el espejo, vigilada y despolvoreada todos los días. Shin-Sien fue el sexto Patriarca del Norte de la China, que enseñó la doctrina esotérica de Bodhidharma. 


El Yo que se reencarna es llamado por los Buddhistas del norte el «hombre verdadero» que, en unión con su Yo superior, se convierte en Buddha. 


Buddha. significa “Iluminado”. 


El Buddhismo exotérico de las masas. 


Ésta es la fórmula usual que precede a las Escrituras Búddhicas, significando que lo que sigue ha sido recogido por tradición oral directa de Buddha y de los Arhats. 


Inmortalidad. 


Arhán o Arhat: Iniciado del grado superior. 


Rathapala el gran Arhat, trata de esta suerte a su padre en la leyenda llamada Rathapâla Sûtrassane. Pero, como todas estas leyendas son alegóricas ( por ejemplo: el padre de Rathapâla tiene una casa con siete puertas) , de ahí el reproche que se dirige a aquellos que las aceptan al pie de la letra. 


Ascetas brahmánicos. 


El YO que se reencarna. 


Doctrina, Ley, Deber. 


La Sabiduría verdadera, divina. 


El Himalaya. 


El « yo superior». 


Nuestro cuerpo físico es denominado «Sombra» en las escuelas de Misticismo. 


Buddha. 


Anacoreta que se retira al desierto y vive en una selva cuando se convierte en Yogui. 


Julai, nombre chino de Tathagata, título aplicado a todos los Buddhas. 


Todas las tradiciones del Norte y del Sur concuerdan en presentar a Buddha abandonando su soledad tan pronto como hubo resuelto el problema de la vida (o sea, en cuanto recibió la iluminación interior) , y enseñando públicamente a la humanidad. 


Cada YO espiritual es un rayo de un «Espíritu Planetario», según la enseñanza esotérica. 


Los cuerpos físicos, o «personalidades», son denominados «sombras», y como tales, son efímeros. 


La mente (Manas), el principio pensante o YO del hombre, tiene conexión con el «Conocimiento» mismo, puesto que los Yos humanos son llamados Manasa-putras, los hijos de la Mente (universal). 


Véase nota 47 de la tercera parte. 


Idem. 


La vestidura Shangna, de Shangnavesu de Rajagriha, el tercer gran Arhat o «Patriarca», como denominan los orientalistas a la jerarquía de los treinta y tres Arhats que difundieron el Buddhismo. La «vestidura, Shangna» significa, metafóricamente, la adquisición de la Sabiduría, mediante la cual se entra en el Nirvana de: destrucción [de la personalidad]. Literalmente, la «vestidura de iniciación de los neófitos». Dice Edkins que este «tejido de hierba» fue importado del Tíbet a la China bajo la dinastía Tong, «Cuando nace un Arhán se encuentra esta planta brotando en un paraje puro», dice la leyenda china, como también la tibetana. 


«Practicar el Sendero Paramita» significa convertirse en un Yogui con intención de llegar a ser un asceta. 


«Mañana» significa el renacimiento o reencarnación siguiente. 


Preceptos de la Escuela Prasanga. 


«Gran Jornada o Viaje». El cielo total, completo de existencias en una “Ronda”. 


Véase nota 40 de la primera parte. 


Siddhis, facultades síquicas, los poderes anormales del hombre. 


Marte. En la astrología tibetana está simbolizado este planeta por un «Ojo». 


Mercurio. Simbolizado por una «Mano». 


El Sol, en la astrología tibetana 


Buddha. 


Strôtâpatti, o sea «el que entra en la corriente» del Nirvana; a no ser que llegue a la meta por alguna razón excepcional, es muy raro que alcance el Nirvana en una sola encarnación. En general, se dice que el Chela empieza el esfuerzo ascendente en una vida, y que no lo termina o llega a su fin sino en su séptima encarnación siguiente. 


Entiéndase el «Yo» personal inferior. 


Los Tirthikas son sectarios Brahmánicos que viven «más allá» del Himalaya, y son llamados «infieles» por los Buddhistas de la región o tierra sagrada, el Tíbet; y viceversa. 


El Tíbet. 


Visión sin límites, o vista síquica, sobrehumana, Créese que el Arhán lo «ve» y conoce todo, tanto a distancia como sobre el terreno. 


Véase nota 31 de esta parte. 


El «viviente» es el Yo superior, inmortal; y el «muerto», el Yo inferior, personal. 


Véase la 3a. parte, nota 47. 


La «Vida Secreta» es el vivir como un Nirmanakaya. 


El «Sendero Patente» y el «Sendero Secreto». El primero es el que se enseña al laico, el exotérico y generalmente aceptado; y el segundo es el sendero oculto, cuya naturaleza se declara en la iniciación. 


Los hombres que ignoran la Sabiduría y las verdades esotéricas, son calificados de «muertos vivientes». 


Véase la 3a. parte, nota 47. 


Los Pratyêka-Buddhas son aquellos Bodhisattvas que pugnan por conseguir -y con frecuencia la consiguen- la vestidura Dharmak8.ya después de una serie de existencias. Inquietándose muy poco por los sufrimientos de la humanidad y por ayudarla, y atendiendo únicamente a su propia bienaventuranza,entran en el Nirvana, y desaparecen de la vista y del corazón de los hombres. En el Budismo del Norte, “Pratyêka-Buddha” es sinónimo de Egoísmo espiritual. 



Fragmento tercero 


Upâdya es el preceptor espiritual o Gurú. Los Buddhistas del Norte escogen tales maestros generalmente entre los Narjol, hombres santos, versados en el Gótrabhu-gnyâna y en el Gnyâna-dassana-suddhi, maestros de Sabiduría Secreta. 


Yâna significa vehículo; así Mahâyana es el «Gran Vehículo» e Hinayâna el «Vehículo menor», designándose con estos dos nombres dos escuelas de estudio religioso y filosófico en el Buddhismo del Norte. 


Srâvaka (de la raíz Sru), «oyente», o sea el estudiante que asiste a las enseñanzas religiosas. Cuando de la teoría pasan los oyentes a la práctica del ascetismo, se convierten en Sramanas, «practicantes» (de Srama, acción). 


Samtan (tibetano) es lo mismo que Dhyâna (sánscrito), o sea el estado de meditación, de la cual hay cuatro grados. 


Pâramitas, las seis virtudes trascendentales; para los sacerdotes hay diez. 


Srôtâpatti; literalmente, «el que ha entrado en la corriente» que conduce al océano Nirvánico. Este nombre indica el primer Sendero, El nombre del segundo es Sendero de Sakridagâmin, «el que recibirá nacimiento (sólo) una vez más». El tercero se llama Anagâmin, «el que no se reencarnará más», a no ser que lo desee con el objeto de auxiliar a la humanidad. El cuarto Sendero es conocido con el nombre de Rahat o Arhat, y es el más elevado. El Arhat ve el Nirvana durante su vida; para él no hay ningún estado post mortem, sino el Samadhi, durante el cual experimenta él toda la bienaventuranza Nirvánica. Cuán poco puede uno fiarse de los orientalistas en lo referente a la exactitud y significación real de las palabras, lo demuestra el caso de tres pretendidas autoridades. Así, los cuatro nombres que acabamos de explicar, R. Spence Hardy los expone del modo siguiente: l) Sowân; 2) Sakradâgâmi; 3) Anâ gâmi, y 4) Ayra. El Reverendo J, Edkins los expone así: 1) Strôtâpâna; 2) Sagardagman; 3) Anârgânim, y 4) Ahran. Schlagintweit los expresa a su vez de un modo diferente, dando además cada uno de ellos una nueva y distinta variación del significado de las palabras. 


Conocimiento, sabiduría, ciencia. 


«Llegar a la orilla» es, entre los Buddhistas del norte, equivalente a alcanzar el Nirvana por medio de la práctica de las seis y diez Pâramitas ( virtudes) . 


Santo, Adepto. 


El «ALMA MAESTRO» es Alaya, el Alma Universal o Atman, de la que cada hombre tiene en sí mismo un rayo, con la cual puede identificarse y en la cual puede sumirse. 


Antaskarana o Antahkarana es el Manas inferior, el Sendero de comunicación o de comunión entre la personalidad y el Manas superior o Alma humana. En el acto de la muerte, se destruye como Sendero o medio de comunicación, y sus restos sobreviven en una forma tal como el Kamarupa, la «cáscara». 


Los Buddhistas del norte, y en realidad todos los chinos encuentran en el profundo rumor de los grandes y sagrados ríos la tónica o nota fundamental de la Naturaleza, y de ahí la comparación. Es un hecho bien conocido en Física, lo mismo que en Ocultismo, el que la resultante o combinación de los sonidos de la Naturaleza (tal como se oye en el rumor de los grandes ríos, el ruido que producen al balancearse las copas de los árboles en los extensos bosques, o el de una ciudad a distancia) forma una definida nota única de tonalidad perfectamente apreciable. Esto lo demuestran los físicos y los músicos. Así es que el profesor Rice, en su Música china, afirma que los chinos han reconocido este hecho millares de años ha, diciendo que "las aguas del Hoang-ho, al pasar corriendo, entonaban el Kung, llamado «el gran tono» en la música china; y demuestra que dicho tono corresponde al Fa, «nota considerada por los físicos modernos como la tónica actual de la naturaleza». También hace mención de lo mismo el profesor B. Silliman en sus Principios de Física, diciendo: «esta nota se cree ser el Fa del medio del piano; pudiendo, por tanto, ser considerada como la tónica de la Naturaleza». 


Los Dugpas o Bhons, la secta de los «Casquetes Rojos» son tenidos como los más versados en hechicería. Habitan el Tíbet occidental, el pequeño Tíbet y el Bhután. Todos ellos son Tantrikas (gente que practica la peor forma de la Magia Negra.) Es altamente ridículo ver algunos orientalistas que han visitado las fronteras del Tíbet, tales como Schlagintweit y Ross, confundiendo los ritos y repugnantes prácticas de los Dugpas con las creencias religiosas de los Lamas orientales, los «Casquetes amarillos», y sus Narjols u hombres santos. 


Dâna la llave primera en la enumeración antes expuesta. 


Amitabha, el «Inmortal Iluminado», nombre de Gautama Buda. 


Shila, «Armonía en la palabra y acción». {Véase la enumeración expuesta de las «llaves de oro») 


Kshanti, «paciencia» ; la tercera llave de oro. 


El Dorje es el Varja sánscrito, un arma o instrumento en manos de algunos dioses (los Drogshed tibetanos, los Devas que protegen a los hombres), se le atribuye la virtud oculta de repeler las influencias dañinas purificando el aire ni más ni menos que el ozono en química. Es también un Mudra, posición y actitud adoptadas para la meditación. En resumen, es un emblema de poder sobre las invisibles influencias malignas, sea como posición o sea como talismán. Los Bhons o Dugpas, sin embargo, habiéndose apropiado dicho símbolo, hacen de él un mal uso para ciertos fines de Magia negra. Entre los «Casquetes amarillos» o Gelugpas, es un símbolo de poder, como lo es la Cruz para los cristianos, si bien no es en manera alguna más «supersticioso». Entre los Dugpas, es, como el doble triángulo invertido, el signo de la hechicería. 


Virâga (la cuarta llave de oro) . Es el sentimiento de indiferencia absoluta respecto al universo objetivo, al placer y al dolor. La palabra «disgusto» no expresa bien su significado, pero se le aproxima. 


Ahanara, el «yo» o sentimiento de la propia personalidad; el estado o condición de «yo soy». 


«El que sigue las huellas de sus predecesores» o de «aquellos que llegaron antes que él»: ésta es la verdadera significación del nombre Tathâgata. 


Samvriti es aquella de las dos verdades que demuestra el carácter ilusorio o vanidad de todas las cosas. En este caso es verdad relativa. La escuela Mahâyana enseña la diferencia entre estas dos verdades: Paramarthasatya y Samvritisatya (Satya, «verdad»). He aquí la manzana de discordia entre los Madhyâmikas y los Yogâcharyas, negando los primeros, y afirmando los últimos, que cada objeto existe por efecto de una causa precedente o de un encadenamiento. Los Madhyâmikas son los grandes nihilistas y negadores, para quienes todo es parikalpita, ilusión y error, tanto en el mundo del pensamiento y subjetivo, como en el universo objetivo. Los Yogâcharyas son los grandes espiritualistas. Samvriti, por lo tanto, como verdad puramente relativa, es el origen de toda ilusión. 


Los Lhamayin son espíritus elementales y malos; espíritus hostiles al hombre y enemigos de él. 


El Yo superior, o Yo pensante. 


Dhyân-Mârga es el «Sendero de Dhyana», literalmente; o sea el Sendero del Conocimiento puro, de Paramârtha o Svasamvedana (en sánscrito), «la reflexión evidente por sí misma, o que se analiza a sí misma». 


Véase 2a. parte, nota 5. «Alma-Diamante», o Vajradhara, preside sobre los Dhyani-Buddhas. 


Bhagavad Gita 


Alusión a la conocida creencia que reina en Oriente (y también en Occidente, por la cuenta que le tiene) , de que cada nuevo Buddha o Santo es un nuevo soldado del ejército de aquellos que trabajan en favor de la liberación o salvación del género humano. En los países búddhicos del Norte, cada nuevo Bodhisattva, o gran Adepto iniciado, es llamado “libertador de la humanidad” según expresa la doctrina que en dichos países se enseña, que es la de los Nirmanakayas, esto es, aquellos Bodhisattvas que renuncian a su bien merecido Nirvana o a la vestidura Dharmakaya {excluyéndoles el uno y la otra para siempre del mundo de los mortales), con el objeto de ayudar invisiblemente a la humanidad y conducirla finalmente al Paranirvana (o sea, el estado que alcanza la Mónada humana al fin del gran ciclo). La afirmación que hace Schlagintweit en su Buddhismo en el Tíbet, referente a que el Prulpai Ku, o Nirmânakâya, «el cuerpo en que los Buddhas o Bôdhisattvas se aparecen sobre la tierra para enseñar a los hombres», es errónea hasta el absurdo, y nada explica. 


Alusión a las pasiones humanas ya los pecados que son aniquilados durante las pruebas del noviciado, y sirven a manera de suelo bien fertilizado en donde los «santos gérmenes» o las semillas de las virtudes de las virtudes trascendentales pueden germinar. Las virtudes, los talentos o dones preexistentes o innatos, son considerados como adquiridos en una existencia anterior. El genio es, sin excepción, un talento o aptitud aportado de otra existencia. 


Titiksha es el quinto estado del Raja Yoga, un estado de suprema indiferencia; con sujeción, si es necesario, a lo que se llama «goces y sufrimientos por todos», pero no reportando de una impresión tal, ni placer ni dolor; en una palabra, es llegar a ser física, intelectual y moralmente indiferente e insensible, tanto al placer como al dolor. 


Sowani; es el que practica el Sowán, el primer sendero del Dhyan; un Strôtâpatti. 


«Día» significa aquí todo un Manvântara, un periodo de duración incalculable. 


El monte Merú, la sagrada montaña de los Dioses. 


En el simbolismo Buddhista del Norte, se dice de Amitâbha, o «Espacio sin límites» (Parabrahm), que tiene en su paraíso dos Bodhisattvas, Kwan-shi-yin y Tashishi, quienes irradian constantemente luz sobre los tres mundos en que vivieron, incluso el nuestro (véase la nota siguiente), con el objeto de contribuir con tal luz (del conocimiento) a la instrucción de los Yoguis, quienes salvarán hombres a su vez. Su encumbrada posición en el reino de Amitabha, es debida a los actos de compasión llevados a cabo por ambos, como tales Yoguis, cuando vivían en la tierra, dice la alegoría. 


Estos tres mundos son los tres planos de existencia: terrestre, astral y espiritual. 


Ciclos de edades. 


El «Muro Guardián» o «Muro de Protección». Según se enseña, los acumulados esfuerzos de largas generaciones de Yoguis, Santos y Adeptos, y especialmente de Nirmânakâyas, han creado, por decirlo así, en torno de la humanidad, un muro de protección, que la defiende invisiblemente de males todavía peores. 


Sowán y Strôtâpatti, son voces sinónimas. 


Marga, «sendero». 


Del sánscrito Arhat o Arhán. 


Klesha es el amor al placer o a los goces mundanos malos o buenos. 


Tanha, la voluntad de vivir, que es la causa del renacimiento. 


Esta «compasión» no debe ser considerada bajo la misma luz que «Dios, el amor divino» de los teístas. La compasión figura aquí como una ley abstracta e impersonal, cuya naturaleza, siendo la armonía absoluta, es puesta en confusión por la discordia, el sufrimiento y el pecado. 


En la fraseología búddh1ca del Norte, todos los grandes Arthats, Adeptos y Santos son llamados Buddhas. 


Thegpa Chenpoido, «Mahâyâna Sutra», «lnvocaciones a los Buddhas de Confesión.» Parte la., IV. 


El Bôdhisattva, en el orden jerárquico, es inferior al «Buddha perfecto». En el lenguaje esotérico se confunden muchos estos dos términos. Sin embargo, el innato y justo sentimiento popular, por razón de semejante sacrificio de sí mismo, ha colocado, en su respetuosa estimación, al Bôdhisattva en lugar más eminente que al Buddha. 


El mismo sentimiento de veneración popular, de que se ha hecho mérito en la nota 15 de la página 65, hace llamar Buddhas de Compasión a aquellos Bôdhisattvas que, habiendo alcanzado el rango de Arhat (o sea, que han atravesado el Sendero cuatro o séptimo), rehusan pasar al estado Nirvánico o «ponerse la vestidura Dharmakaya y pasar a la otra orilla», pues entonces no estaría en su poder el ayudar a la humanidad, aun en lo poco que el Karma permite. Prefieren ellos permanecer invisibles (en Espíritu, por decirlo así) en el mundo, y contribuir a la salvación de los hombres ejerciendo sobre ellos su influencia para que sigan la buena ley, o lo que es lo mismo, guiándolos por el sendero de la Justicia. Constituye una parte del Buddhismo exotérico del Norte el venerar como Santos a todos estos grandes personajes, y aun dirigirles oraciones, como hacen los griegos y los católicos con sus santos y patronos; por otra parte, las enseñanzas esotéricas no están en favor de semejante cosa. Hay una gran diferencia entre ambas enseñanzas. El laico exotérico apenas conoce el verdadero significado de la palabra Nirmânakâya, y de ahí la confusión y las poco satisfactorias explicaciones de los orientalistas. Por ejemplo: Schlagintweit cree que el cuerpo Nirmanakaya significa la forma física adoptada por los Buddhas cuando se encarnan en la tierra, «el menos sublime de sus terrenales impedimentos» (véase El Buddhismo en el Tíbet), y toma pie de ello para dar una interpretación enteramente falsa del asunto. La verdadera enseñanza es como sigue: Los tres cuerpos o formas Búddhicos son denominados: l) Nirmânakâya; 2) Sambhogakaya, y 3) Dharmakaya. El primero es aquella forma etérea que adoptaría uno en el momento en que, abandonando su cuerpo físico, apareciese en su cuerpo astral, poseyendo, por añadidura, todo el conocimiento de un Adepto. El Bodhisattva va desarrollando esta forma en sí mismo, a medida que avanza en el Sendero. Habiendo alcanzado la meta y rehusado la fruición de la recompensa, continúa en la tierra como Adepto; y cuando muere, en lugar de ir al Nirvana, permanece en aquel cuerpo glorioso que ha tejido para sí mismo, invisible para la humanidad no iniciada, para velar por ella y protegerla. Sambhogakâya (literalmente, «Cuerpo de Compensación»), es lo mismo, pero con el brillo adicional de «tres perfecciones», una de las cuales es la completa obliteración de todo cuanto concierne a la tierra. El Dharmakâya es el cuerpo de un Buddha completo, es decir, no es cuerpo, en modo alguno es tan sólo un soplo ideal; la Conciencia abismada en la Conciencia Universal, o el Alma libre de todo atributo. Una vez Dharmakâya, el Adepto o Buddha, abandona en pos de sí toda relación posible con esta tierra, y aun todo pensamiento con ella ligado. Así es que, para poder auxiliar a la humanidad, el Adepto que ha ganado el derecho al Nirvana, «renuncia al Dharmakâya», según la fraseología mística; no conserva del Sambhogakâya otra cosa que el grande y completo conocimiento, y permanece en su cuerpo Nirmânakâya. La escuela esotérica enseña que Gautama Buddha, con varios de sus Arhats, es un Nirmânakâya de este género, y que no se conoce ninguno que sea más elevado que él por raz6n de su gran renuncia y sacrificio en bien de la humanidad. 


Myalba es nuestra tierra, propiamente llamada «Infierno», y el mayor de todos los infiernos, por la escuela esotérica. La doctrina esotérica no conoce más infierno, o lugar de castigo, que una tierra o un planeta habitado por hombres. El Avitchi es un estado, y no una localidad. 


Esto significa que ha nacido un nuevo y adicional Salvador de la humanidad, que conducirá a los hombres al Nirvâna final, después de terminado el ciclo de la vida. 


Esta es una de las variantes de la fórmula con que siempre concluye cada tratado, invocación o instrucción. «Paz a todos los seres.» «Bendiciones sobre todo cuanto vive», etcétera. 

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Quién fue el Buda histórico

Quién fue el
Buda histórico
Vivió en el norte de la India, en el siglo VI a.C. Su nombre personal
era Sidarta (Siddartha, en sánscrito) y su apellido, o nombre de familia,
era Gotama (Gautama, en sánscrito). (1)
Su padre fue Sudodana, gobernante del reino de los Sakyas (situado en
el actual Nepal), y su madre la reina Maya. Según la costumbre de la
época contrajo matrimonio a los 16 años con la princesa Yasodara, con
quien tuvo un hijo.
El joven príncipe debía tener tendencias religiosas que su padre
adivinó, ya que Sidarta fue aislado en palacio y rodeado de todos los
lujos posibles para evitar que le llegaran los problemas y sufrimientos
normales de la humanidad. Sin embargo diversas "casualidades"
permitieron que Sidarta contemplase directamente la pobreza, la
enfermedad, la extrema vejez y la muerte. Profundamente afectado por
la visión de estos males (quizá su lujoso aislamiento hizo aún más
fuerte la impresión), decidió hallar la causa y la solución a estos males
aparentemente irremediables, por lo que pensó en buscar las
enseñanzas adecuadas. Así fue como decidió abandonar su futuro
reino, su mujer y su hijo en busca de un antídoto para el mal.
Durante 6 años el príncipe Sidarta practicó un furioso ascetismo; tal
como se lo indicaron los distintos maestros que a su paso fue
encontrando. Tan débil y esquelético llegó a estar que, según lo
cuentan crónicas posteriores, apenas podía sostenerse en pie con todas
sus costillas cubiertas por un ligero manto de carne. Sin embargo el
antídoto al sufrimiento se le hacía esquivo y no hallaba nada
concluyente en su búsqueda infatigable.
En cierto momento una aldeana se apiadó del esquelético y maloliente
asceta y le ofreció unas gotas de leche. Sidarta, que ya había
reflexionado sobre las consecuencias inútiles de tan extrema privación,
aceptó esas pocas gotas; y con energía renovada se sentó a los pies de
un árbol con la firme decisión de encontrar, de una vez por todas, la
pieza que faltaba en el rompecabezas cósmico.
Así fue como se sentó a meditar Sidarta al pie del árbol (desde
entonces conocido como el árbol Bodhi, o de la "Sabiduría"), a orillas
del río Neranjara, en Buda Gaya (en el actual Bihar), cuando contaba
ya 35 años. Luego de muchos días y noches, donde fue sometido a toda
clase de tentaciones y depresiones, alcanzó la iluminación y con ella la
transformación. Se había sentado a meditar Sidarta; al levantarse era el
Buda.
Buda viene de la raíz "Bud" que significa "despierto" o "iluminado", así
como Cristo significa "ungido". No debe usarse como nombre propio,
ya que significa un título y un reconocimiento por haber alcanzado un
estado de desarrollo espiritual.
Posteriormente a esa experiencia crucial dudó sobre que hacer y, según
la leyenda, los dioses del cielo le pidieron que no se quedara para sí
esa experiencia sino que la compartiera con los demás hombres. Así
fue como en el Parque de las Gacelas, en Isipatana (la actual Sarnath),
el Buda se encontró nuevamente con los 5 ascetas que habían
compartido con él parte de su búsqueda.
Al principio éstos se negaron a escucharles, convencidos que aceptar
alimento (aquellas gotas de leche) había sido una claudicación. No
obstante la serenidad y confianza del Buda se impuso y escucharon el
primer sermón. De esta manera, cuenta la leyenda, empezó a girar la
rueda de la ley: las cuatro nobles verdades que caracterizan al budismo
con una identidad propia. Así fue como nació la Sangha.
La Sangha, la comunidad budista, es la consecuencia de la prédica del
Buda. No resisto la tentación de transcribir las apasionadas palabras de
Edward Conze, un reconocido estudioso del budismo:
"La comunidad budista es la institución más antigua de la humanidad.
Ha sobrevivido más tiempo que ninguna otra institución, con
excepción de la secta afín de los jainos. Allí están los grandes y
orgullosos imperios de la historia, guardados por legiones de soldados,
naves y magistrados. Apenas alguno de ellos duró más de unos tres
siglos. Y allí tenemos un movimiento de mendigos voluntarios, que
siempre apreciaron más la pobreza que la riqueza; que habían jurado
no hacer daño ni matar a otros seres; que pasaban el tiempo soñando
maravillosos sueños, inventando hermosas tierras de nunca jamás; que
despreciaban todo lo que el mundo valorara; que valoraban todo lo
que el mundo despreciara; la mansedumbre, la generosidad, la
contemplación ociosa. Y sin embargo, mientras que esos poderosos
imperios, construidos sobre la codicia, el odio y el engaño, duraron
sólo unos cuantos siglos, el impulso de autonegación llevó a la
comunidad budista a través de 2.500 años." (2)
Durante 45 años Buda predicó a toda clase de personas: de ambos
sexos, ricos, pobres, santos y ladrones. No hacía ninguna distinción de
clase, de cultura, o de sexos. Tampoco de castas (con lo que se enfrentó
directamente con el hinduismo, la religión dominante en la zona).
También aceptó la admisión de mujeres al nuevo culto; siendo la
primera gran religión que creó la categoría de monjas; algo que en su
época causó verdadero horror porque las mujeres no podían entender
ni aspirar al conocimiento religioso. Un detalle curioso es que las
campanas, y su uso dentro del culto, también son de origen budista.
La personalidad del Buda histórico, Sidarta Gotama, tal como aparece
en todos los relatos de la época, es avasallante. Su personalidad se
proyecta a través de los tiempos en cada anécdota que leemos de él. El
Buda murió en Kusinara (el actual Uttar Pradesh), a los 80 años,
rodeado de una multitud de discípulos. Según los escritos budistas sus
últimas palabra fueron: "todas las cosas son perecederas. Esforzaos por
vuestra salvación".
Los occidentales, siempre interesados en el rigor histórico (a diferencia
de los hindúes) también se han preocupado por la realidad de los
hechos anteriormente mencionados. Como dice Borges "lo legendario
envuelve toda la vida del Buddha, pero es más profuso en la etapa que
antecede a la proclamación de su ley. El itinerario de sus viajes debe de
ser auténtico, dada su precisa topografía. Nos queda pues a crónica
minuciosa de cuarenta y cinco años de magisterio, de la que basta
extirpar algunos milagros". (3)
Luego agrega Borges un comentario muy interesante: "Acaso no sea
inútil señalar que el siglo VI a.C., en que floreció el Buddha, fue un
siglo de filósofos: Confucio, Lao Tse, Pitágoras y Heráclito fueron
contemporáneos suyos". (4)
Posteriormente el budismo se escindió en diversas ramas con sus
propias variaciones; extendiéndose desde la India del Norte por todo
el subcontinente, Ceilán, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos,
Vietnam, Pakistán, Tíbet, China, Japón, Mongolia, Corea, Formosa, y
partes de lo que hasta hace poco fue la Unión Soviética.
¿Cómo llegó a Europa? Escribe el ya citado E. Conze que "en los siglos
XVII y XVIII, los misioneros jesuitas habían adquirido un conocimiento
bastante exacto del budismo chino y japonés, pero el primero que dio a
conocer el budismo en Europa como una religión viva fue un filósofo
alemán, Arturo Schopenhauer. (5)
Sin embargo este filósofo no tuvo oportunidad de leer ninguna
traducción directa de las escrituras budistas por lo que resulta difícil
encontrar una figura claramente introductoria. Por ejemplo, se dice
que Richard Wagner fue también profundamente impresionado por
las enseñanzas búdicas. En cualquier caso, la lenta infiltración de estas
ideas fueron consecuencia, en el siglo pasado, de la propia acción
imperialista europea. Muchos estudiosos se aplicaron a conocer a
fondo estos antiguos pueblos que empezaba a formar parte del
floreciente mercado inglés, y así se aplicaron a estudiar el budismo
"como se observa a un enemigo, empeñados en probar la superioridad
del cristianismo" (6)
Pero el conocimiento trajo la comprensión y algunos descubrieron una
doctrina con bondades desconocidas. Este proceso, derivado de la
expansión europea, fue, como era de suponer, particularmente notable
en el Reino Unido, Alemania y Francia; y de muy baja intensidad en
los países periféricos.
Posteriormente se fueron instalando en las metrópolis de los países
mencionados pequeños grupos mixtos, formados por estudiosos
locales e inmigrantes del imperio colonial. Así crecieron nuevas
sociedades, como la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por Madame
Blavatsky y el coronel Olcott, que dieron un fuerte impulso a los
estudios orientalistas en general y a los budistas en particular.
Se produjo un fenómeno muy curioso que fue, y es, totalmente
desconocido en España. Con palabras de E. Conze: "En esa época [se
refiere a la segunda mitad del siglo XIX], la civilización europea, una
mezcla de ciencia y comercio, de cristianismo y militarismo, parecía
enormemente fuerte. La dinamita latente de la guerra nacional y de la
guerra de clases era percibida por muy pocos. Una creciente cantidad
de hombres educados en la India y en Ceilán, sentía, al igual que los
japoneses por la misma época, que no tenía más alternativa que
adoptar el sistema occidental con todo lo que ello implicaba. Los
misioneros cristianos esperaban rápidas conversiones masivas. Pero
entonces cambió la corriente, en forma bastante súbita e inesperada.
Unos cuantos miembros de la raza dominante, hombres y mujeres
blancos de Rusia, América e Inglaterra, teósofos, aparecieron entre los
hindúes y los singaleses para proclamar su admiración hacia la antigua
sabiduría del oriente. Madame Blavatsky habló del budismo en
términos de la más alta consideración, el coronel Olcott escribió un
"catecismo budista" y A. P. Sinnett publicó un libro de gran éxito en el
cual toda clase de ideas misteriosas, pero fascinantes, eran presentadas
como "budismo esotérico". (7)
De esta manera, y gracias indirectamente, a la expansión europea,
entró el budismo en las grandes metrópolis coloniales. En este siglo
volvió a darse un fenómeno también imprevisto: la invasión y
posterior anexión del Tíbet por parte de la China comunista (agresión
que se hizo y se consolidó con la absoluta indiferencia del mundo
occidental) hizo volar por el aire el antiguo régimen tibetano, donde la
religión estaba indisolublemente unida a todas las demás actividades
sociales. Pronto se crearon movimientos guerrilleros para combatir al
invasor chino; más fueron desautorizados por el Dala Lama, (hasta
entonces gobernante del Tíbet) que, como budista, rechazaba cualquier
forma de violencia para hacer valer sus derechos.
Se produjo la gran diáspora del pueblo tibetano, en parte presionado
por una política deliberadamente terrorista del gobierno chino (con
destrucción de monasterios y santuarios históricos), y sustitución de
los habitantes nativos por chinos traídos de otras partes del imperio
comunista. Política que está debidamente documentada en organismos
internacionales y que cuenta con la indiferencia de las mismas
potencias que se soliviantan cuando se amenazan las posesiones
petrolíferas de cualquier jeque árabe. Sin embargo, este atentado a un
pueblo pacífico y a la comunidad internacional trajo, como decíamos,
un resultado inesperado: una nueva ola de difusión budista hacia
occidente. Ahora localizada sobre todo en USA, y que, en menor
medida ha alcanzado a Europa (sobre todo en el Reino Unido y
Francia) donde se han fundado nuevos monasterios y consolidados los
anteriores.
En 1951 escribía Edward Conze: "El impulso creador del pensamiento
budista hizo un alto unos 1.500 años después del Nirvana de Buda.
Durante los últimos 1.000 años no ha surgido ninguna nueva escuela
importante, y los budistas simplemente han conservado, como mejor
han podido, la gran herencia del pasado". (8). A juzgar por lo que se ve
en la segunda mitad de este siglo, diera la impresión que la "Sangha"
ha comenzado un nuevo ciclo de expansión.
En España existen pequeñas comunidades de difusión muy
restringida. Nuestro país ha pasado de un integrismo tipo
"restauración" a un laicismo tan extremo como superficial. Y escribo
"superficial" porque tampoco ha sido el resultado de una adopción
sedimentada de una filosofía pragmática (lo cual necesita, entre otras
cosas, bastante tiempo). Simplemente la sociedad de consumo ha
impuesto sus valores; que son aceptados con la misma ingenuidad y
acriticismo con que, en otra época, se alababa a la virgen y a todos los
santos. Ahora se lleva "el racionalismo" de salón. ¡Vamos! Es el mismo
perro, con diferente collar.
Reconozco que las palabras anteriores son demasiado ambiguas; en el
sentido que pueden ser aceptadas por personas con ideas
absolutamente contrapuestas. Quizá conocer algo sobre el budismo no
cambie nada. En una situación de relativo bienestar material, y
ausencia total de intereses trascendentes, no existe ese fermento
colectivo que genera importantes modificaciones culturales. De todos
modos nadie puede profetizar los cambios futuros; así que cada cual
debe hacer lo que crea de la mejor manera posible. Nunca se sabe
donde germinarán las ideas y las experiencias... lo cual nos hace
optimistas en el largo plazo, aunque no veamos nada claro en el corto.
Para terminar una pequeño fragmento de un budista que se acerca
bastante al tipo de doctrina que nos gustaría compartir:
"Buda afirmó que aquí, en esta vida, se podía conseguir plenamente un
estado de paz, no por sacrificio a los dioses, ni por oraciones, sino por
un esfuerzo incesante y por la abnegación lentamente perfeccionada.
El Budismo no es una religión que se acepta ciegamente de una vez
por todas; tiene que ser comprendida y constantemente investigada.
Buda dijo 'Aceptad mis palabras sólo y después de haberlas
comprobado vosotros mismos; no las aceptéis simplemente por la
veneración que me profesáis (Tattvasangraha). Aunque en el
transcurso del tiempo el budismo ha sido a veces afectado por la
tradición, ritos, etc., su fundador no pretendió que fuera otra cosa que
un método que había que comprobar. la confianza en sí mismo y la
tolerancia son las claves del pensamiento budista. Buda dijo muchas
veces: 'Vosotros mismos sois los que tenéis que hacer el esfuerzo, los
Budas sólo indican el camino' (Dhammapada). Por consiguiente, el
budismo nunca podría ser una fe proselitista. Ciertamente, el seguidor
de la enseñanza de Buda es exhortado a usar dicha enseñanza
únicamente "como balsa para cruzar la corriente". Una vez conseguido
el objetivo, Nibbána, la balsa, debe ser abandonada.
Las últimas palabras de Buda fueron éstas: "Perseverad atentamente".
Perseverar en la atención es ver el mundo claramente y ver a nuestros
prójimos claramente, sin juicio, sin envidia, sin odio. Para lograr esto
es necesario que nos conozcamos íntimamente y que conozcamos la
fuente de felicidad e infelicidad que yace en nuestro interior". (9)
Carlos Salinas
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Nota: he simplificado la grafía en palabras como Buda y otras similares.
La razón se encuentra en que tampoco originariamente se escribían así,
ya que las primeros textos budistas fueron escritos en idioma páli, del
sur de la India (y posteriormente en sánscrito). El uso de grafias como
Budha, Budhha, etc. provienen de las traducciones del inglés, el francés y
el alemán. En estos casos puede justificarse para representar los sonidos
originarios; pero a nosotros, los hispanohablantes, estos grafemas lo
único que hacen es complicarnos inútilmente la vida. Sin embargo
reconozco algunas incoherencias, como Sangha (que debería quedar
como Sanga) o Sakyas (Sakias) porque se dan sin excepción en todos los
libros que tocan estos temas. Cambiar ciertas cosas podría provocar el
efecto contrario, en vez de facilitar la lectura, desorientar. Por supuesto
admito que mi solución es una entre tantas, así que preparo al futuro
estudioso para la fastidiosa experiencia de encontrarse las mismas
palabras escritas en forma tan imaginativa como variada.
NOTAS
(1) Véase de Walpola Rahula. "Lo que el Budha enseñó". Kier. Buenos Aires.
Excelente libro para introducirse en el Budismo Theravada.
(2) Edward Conze."El Budismo, su esencia y su desarrollo". Fondo de Cultura
Económica. Breviarios. 1ªEdic. español 1978. Pág. 32 Libro recomendado para
tener un panorama general de la historia del budismo.
(3) Jorge L. Borges y Alicia Jurado. "Qué es el budismo". Edit. Columba. Bs.As,
1976. Pág. 15. Borges tiene una visión muy particular del Budismo. A pesar de
seguir a otros autores da la impresión que éste tema lo tocó de soslayo; sin
prestarle mucha importancia. De ahí algunos comentarios que parecen bastante
superficiales. De todos modos no es habitual que un escritor y poeta se ponga a
estudiar seriamente el Budismo.
(4) Ibidem. Pág. 16.
(5) E.Conze. "El Budismo...". Pág. 291.
(6) Ibidem. Pág. 292. Esta actitud de recelo del Cristianismo no parece
coyuntural. Posiblemente está en el propio corazón de su doctrina y de su
historia. En cuanto a su doctrina leemos, por ejemplo, lo que dice el Cardenal
Sergio Pignedoli, que es, o era, el Presidente del Secretariado para los no
cristianos en 1974, en su presentación del libro de Jesús López-Gay, s.i. "La
mística del Budismo", publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos, nº 356,
Madrid:
"Por lo que se refiere al cristianismo, sabemos (por la experiencia además de por
la fe) que en la vida religiosa se halla a Dios, hasta decir con sor Isabel de la
Trinidad: "Quien vive de la fe no trata jamás con las causas segundas, sino sólo
con Dios. Entonces nunca se es banal, ni siquiera haciendo las acciones más
ordinarias, porque no se vive en estas cosas, sino que se va más allá de ellas". La
presencia del Otro llena la celda del monje. El budismo no puede dar la misma
respuesta consoladora, aunque tenga rayos de iluminación. Un día Buda dijo a
un discípulo: "¿Por qué se debe construir un pozo, si las aguas están en todas
partes?" No somos atrevidos al pensar que el Señor, que conoce los corazones
de cada uno, hablará a estos sus hijos que le buscan con una generosidad
sincera y le llaman con nombres diversos". (Pág XI, de la Presentación)
A buen entendedor... "El budismo no puede..." y el "Señor, que conoce los
corazones de cada uno, hablará a estos sus hijos..." ¿y que le dirá? Pues nada,
que a ver si se espabilan, se dejan de monsergas y entran, como corresponde, en
la Santa Iglesia Católica. El Cardenal no tiene duda.
Claro que su opinión es moderadísima si se compara con lo que dice Pablo VI,
en su primera encíclica, Ecclesiam suam, comentado por el autor, Jesús López
Gay, s.i.:
"Ya en su primer encíclica, Ecclesiam suam, Pablo VI hizo una clara distinción
entre "sistemas religiosos no-cristianos" y los "valores religiosos y morales" de
dichas religiones (AAS [1964] 655). Los sistemas quizás un día providenciales,
pero radicalmente provisorios, están llamados a ceder el paso al cristianismo,
que es ya definitivo y "única verdadera religión", como el alba deja paso a la
plena luz del día (la metáfora es también de Pablo VI: AAS [1964] 394). Los
valores religiosos, al contrario, deben ser respetados, purificados, iluminados y
aun aceptados por la Iglesia. El concilio ha elaborado una teología sobre la
posición del cristiano, del misionero y del teólogo ante esos valores.
Recordemos algunas ideas. "Cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos [los
no cristianos], la Iglesia lo juzga como una preparación del Evangelio y
otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida"
(Lumen gentium n16)".
Como se ve, el Budismo queda relegado a la categoría de "alba", antes de que
venga la "plena luz del día". Debe ser, pienso yo, porque es 500 años más
antiguo. Antes "el alba" duraba mucho más; eran otros tiempos.
Con esta perspectiva resulta un verdadero milagro que la iglesia tenga alguna
clase de diálogo con los eufemísticamente llamados "sistemas religiosos nocristianos"
(Una definición que ya, en si misma, se las trae. La única identidad
de los "otros" es no-ser- como-yo).
(7) Ibidem. Pág. 293
(8) Ibidem. Pág. 91
(9) H. Saddatissa. "Introducción al Budismo". (The Buddha's Way).

martes, 9 de noviembre de 2010

MISTERIO ORIENTAL -- LORD DUNSANY

MISTERIO ORIENTAL
LORD DUNSANY

Noviembre llegó de nuevo y los bosques de las afueras de Londres daba gusto verlos, y la ciudad se había sacudido de encima el manto gris que suele llevar en esa estación. El salón del club en donde nos sentamos después de almorzar estaba casi a oscuras; las cortinas que cubrían la única ventana parecían increíbles masas de sombras. Estábamos hablando del misterio de Oriente. En realidad hablábamos de algo más que de misterio; pues uno que lo había encontrado en Port Said, otro en Aden, un tercero que creía haberlo visto en Kilindini, y un coleccionista de mariposas que lo había encontrado por toda la India, estaban contando historias de pura magia. Es mi intención, al relatar las historias que escucho en el club, consignar únicamente aquellas que sabemos que son verídicas y que a la vez me parecen interesantes; pero ninguna de aquellas historias de magia cumplía dichas condiciones, y por tanto no las volveré a contar; no obstante las menciono porque poco a poco lograron despertar a Jorkens, que daba la casualidad de que se había dormido, y le extrajeron lo que yo considero una interesante afirmación.
-Ellos comprenden perfectamente la magia -afirmó.
-¿Qué? ¿Quiénes? -dijimos los demás, sobresaltados por la vehemente afirmación del hombre que creíamos todavía dormido.
-Los orientales -dijo Jorkens-. Quiero decir los que se ocupan de ese asunto en Oriente. Es como si dijera que los occidentales comprenden la maquinaria. Por supuesto podrían encontrarse en Europa millones de personas incapaces de hacer funcionar una máquina, pero los ingenieros sí pueden.
-¿Y en Oriente? -dije yo, para que se ciñera al tema.
-En Oriente -dijo Jorkens-, los magos comprenden la magia.
-¿Puede darnos algún ejemplo que venga al caso? -preguntó Terbut. Y me alegro de que lo hiciera, pues a menudo se oye hablar del misterioso Oriente, pero raras veces, como ahora, de una historia concreta de magia, con todos los detalles que cualquiera podría solicitar.
-Claro que puedo -replicó Jorkens, ya completamente despierto.
Sin duda, Terbut esperaba sorprender a Jorkens en su historia de magia con algo que no pudiera probar; parecía más fácil que en cualquier otra historia más sólida acerca de viajes o deportes. Dejo al lector que juzgue cuán completamente falló.
Y entonces Jorkens comenzó su relato.
-Me encontraba a orillas del Ganges, no hace mucho tiempo, contemplando esa perla de río; el agua corría a una o dos yardas de mis pies, y la belleza del lugar se esparcía sobre mí. Anochecía, y el río y el cielo no solamente eran fantásticos, como ustedes pueden suponer, sino que de algún modo parecían más reales que la tierra, con una realidad que todo el tiempo crecía y crecía. De manera que si alguna vez había abandonado el mundo conocido por el de la fantasía y la poesía, que a veces parece discurrir tan próximo a aquél, ahora ya había regresado a él. Pero, mientras miraba a lo lejos el crepúsculo, súbitamente había vuelto a la realidad pisando a un hombre que estaba sentado junto al río. De hecho caí encima de él y me olvidé de toda la luz del Ganges; él, sin embargo, siguió sentado, inmóvil, con los ojos repletos de la belleza del río y del cielo, como probablemente había estado durante horas. Ésa es, supongo, una de las principales diferencias entre nosotros y la gente como él; probablemente podemos apreciar el esplendor de semejante río bajo esa clase de cielo, cuando se encienden las hogueras de las escalinatas, y una nueva luna flota sobre los templos; probablemente podemos apreciarlo casi tanto como ellos; mas no parecemos capaces de sentir apego por él. Bueno, como iba diciendo, había regresado a la tierra, en todos los sentidos de la palabra, y allí estaba ese hombre, desnudo de cintura para arriba y sentado como si yo no estuviera presente. Uno de esos fulanos, me dije. Y de pronto se me ocurrió probarlo.
-¿Cómo lo hizo? -preguntó Terbut.
-Nada más sencillo -respondió Jorkens-. Bueno, en cierta manera no fue tan sencillo, porque tuve que explicarle lo que era una "sweepstake" , y lo que eran los números, de hecho prácticamente todo; y supongo que en realidad no me entendió. Pero una cosa sí le hice comprender: que el número de un boleto que le mostré era el mismo en cualquier otra parte del mundo, y que era cosa suya el conseguir que otro boleto igual a ése saliera el primero del bombo, el primero entre millones. Conseguí que entendiera eso, porque me preguntó el número, y yo le dije que había dinero de por medio. Cuando un hombre comienza a hacerte preguntas casi siempre puedes lograr que te entienda, pues puedes ver exactamente en dónde se ha quedado atascado, y puedes ayudarle en cualquier momento. Así que él dijo que no tenía la potestad de hacer valer mi dinero, y yo le contesté: "No te preocupes por eso". Y prometió hacer el resto. El boleto con ese mismo número saldría el primero del bombo, o el Ganges no tenía ningún poder. Luego me quitó de la mano el boleto y lo sostuvo en alto en medio de aquel resplandor combinado del crepúsculo, la luna y las hogueras; y me lo devolvió y siguió con su meditación. Quise darle las gracias, mas no sirvió de nada; su espíritu estaba lejos en alguna otra parte: lo mismo podía haber intentado hablar con alguno de sus dioses hindúes.
"Bien, más vale que les diga que aquella "sweepstake" iba a valer treinta mil libras; y me fui bastante complacido, pues me daba cuenta de que, si existía algo de verdad en la magia, o lo que sea que practique esa gente, el premio estaba asegurado; el hombre había dado su palabra. Por supuesto también pensé que era posible que no existiera nada de cierto en todo aquello; mas, si existía, no era posible dudar de que él era uno de ellos, ni de que había ejercido su poder como dijo.
"Abandoné el Ganges al día siguiente; abandoné la India esa misma semana; y pueden ustedes imaginar que me encontraba completamente absorto en mis posibilidades de conseguir treinta mil libras. ¿Existiría o no algo de cierto en el misterio de Oriente? Ésa era la cuestión. En el barco había un hombre que lo sabía, de haberlo alguien; un hombre llamado Lupton. Conocía Oriente tan bien como pueda conocerlo cualquier nacido a ese lado del mundo; y, en particular, sabía mucho acerca de esto mismo; me estoy refiriendo a la magia. Desgraciadamente nunca me lo habían presentado, y no me gustaba nada tener que abordarle, era demasiado distinguido para eso; y allí estaba yo, contemplando cómo paseaba a mi lado todos los días, sabiendo que guardaba el secreto de mis treinta mil libras, la sencilla información de si el Oriente era o no capaz de hacer lo que se le reclamaba. Bueno, tarde o temprano a bordo de un barco se llega a conocer a todo el mundo, aunque ya nos encontrábamos en el Mediterráneo cuando me lo presentaron. Casi lo primero que le dije fue:
"¿Existe algo de cierto en la magia que, según dicen, se practica en Oriente?"
"La pregunta casi le hizo callar del todo, creyendo que le hablaba de la magia a la ligera. Pero afortunadamente se dio cuenta de que yo iba en serio. Supongo que vería alguna de las treinta mil lucecitas que debían brillar en mis ojos. Pues, tras un silencio momentáneo, como si no pensara contestar, se volvió y, hablándome amistosamente, dijo: "Con igual razón podría usted dudar de la radiotelegrafía".
"Entonces le pregunté lo que quería saber: si era posible que un hombre ejerciera su influencia desde Oriente para que un boleto saliera el primero del bombo en Dublín. Y todavía recuerdo las palabras exactas de su respuesta.
"-Es un hecho muy poco frecuente -dijo-. Sin embargo, no solamente puede hacerse, sino que conozco a un hombre todavía vivo que es capaz de hacerlo.
"Entonces le pregunté por mi amigo el del Ganges, mas no sabía nada de él. Su hombre vivía en el norte de Africa. Mi hombre, dijo, podía también ser capaz de hacerlo, mas quedaban ya muy pocos. La situación presentaba un obvio peligro, difícil de solventar: ¿y si él mismo iba a ver a su amigo africano y se ganaba así las treinta mil libras? Él era un hombre distinguido y yo acababa de conocerlo; era ésa una pregunta nada fácil de hacer. Pero me las arreglé. Por supuesto, disimulé mi pregunta, mas la formulé. Y él me contestó sinceramente.
"-Ahora me he establecido cerca de Londres -dijo- con mi jubilación y lo que he ahorrado, y no niego que, si alguien me ofreciera treinta mil libras, le estaría muy agradecido; sólo que, cuando se ha vivido mucho tiempo en Oriente como es mi caso, uno ha tomado demasiada quinina en sus horas libres y al final está mal de los nervios; y, si consiguiera treinta mil libras de esa manera, mediante magia oriental, siempre me preocuparía de que el Oriente me reclamara su parte. Sé que es ridículo por mi parte, pero así es. Probablemente usted no sentirá lo mismo.
"-No, no lo creo -dije. No pude añadir nada más por miedo a herir sus sentimientos. Pero treinta mil libras es una cantidad... ¡y temo que el Oriente trate de vengarse! Bueno, dejemos que lo intente: eso es lo que yo sentía. Pero antes que nada, dejemos que lo consiga. Así que le dije:
"-¿En qué parte de África dijo usted que vivía ese hombre?
"Él sonrió por mi empeño y me lo contó.
"-No muy lejos de aquí -dijo-. A día y medio de la costa por tren. Debe usted bajarse en El Kántara; y cabalgar en mula durante unos días hasta llegar a las montañas de Ouled Naïl, en donde vive.
"-¿En qué parte de las montañas? -pregunté yo. Pues había dejado de hablar, y una cadena de montañas parecía una dirección bastante incompleta.
"-¡Oh!, no es difícil encontrarle -dijo-. Es un hombre santo y es bastante conocido. Simplemente deberá usted preguntar a alguno de los nómadas por Hamid Ben Ibrahim, cuando llegue al pie de las montañas. Además, su casa puede verse desde veinte millas. Tiene sólo diez pies de altura y unas ocho yardas de ancho y de largo; pero está encalada, bajo montañas marrones, y el desierto es llano hasta llegar al Níger. Encontrará a Hamid fácilmente.
"-Supongo que no hará todo eso a cambio de nada -dije yo-; como mi amigo del Ganges.
"Como ustedes comprenderán, después de mi viaje a la India no disponía de mucho dinero en efectivo, sin contar mi posibilidad de las treinta mil millas.
"-No -dijo él-. Pero lo hará a cambio de esto.
"Y me entregó un pequeño paquete que sacó del bolsillo; eran polvos, como pude darme cuenta a través del papel.
"-¿Qué es esto? -dije.
"-Bismuto -contestó él-. Él digiere mal. Pero es demasiado santo para tomar un laxante; nunca lo ha hecho en toda su vida; ni ha fumado; y, por supuesto, ni hablar de coñac. Así que es bastante difícil de curar. Como probablemente sabe, todos los europeos se empeñan en ser médicos allá; de manera que lo primero que hará será contarle a usted sus síntomas y pedirle que le cure; y creo que el bismuto puede lograrlo. Si así ocurre, él conseguirá que su boleto salga ganador. De hecho sabe bastante más de magia que cualquiera de nosotros de medicina. Y puede usted pedirle al médico de a bordo alguna otra cosa que le pueda ir bien. Es bastante grueso y no hace ejercicio. Haga todo lo que pueda por él.
"-Desde luego que lo haré -dije. Parecía razonable.
"-Yo que usted compraría una tienda de campaña en Argel -dijo- en lugar de alquilar alguna a un árabe. Comprobará que le costará como mucho una cuarta parte. O una octava. Depende de lo bien que usted regatee.
"Mientras hablábamos había oscurecido sin que nos diéramos cuenta; y yo miré a lo alto y avisté grupos de estrellas donde antes había púrpura y oro. Y con las estrellas vino el frío, y el rostro de Lupton se entristeció; pues el frío después del crepúsculo parecía ser lo único que no podía soportar, aunque ustedes creyeran lo contrario, dado como vivía, más en tiendas que en casas. De manera que se fue abajo y sus últimas palabras fueron:
"-Puede hacerlo perfectamente bien. No lo dude.
"No molesté más a Lupton. Por extraño que parezca más bien le evité, pues cualquier conversación que pudiéramos sostener, mientras todos aquellos millones de estrellas salían lentamente para brillar sobre el Mediterráneo, nos habría parecido sumamente trivial después de aquel misterio oriental que me acababa de revelar. Y antes de que terminase la semana llegamos a Marsella. Allí abandoné el barco. Si hubiese continuado hasta Inglaterra, no habría tenido más que volver de nuevo para llegar a África, y los fondos no me habrían alcanzado. Mi única dificultad era cómo conseguir otro boleto en aquella "sweepstake", ya que no quería que los dos sortilegios actuaran sobre el mismo boleto. Pero, ¿saben ustedes?, pude comprar uno en Marsella a un hombre que parecía haber perdido la fe en su buena suerte. Así que me fui a toda prisa a Argel en un barco que cubría el trayecto de Marsella a la costa africana y viceversa, y cuya compañía naviera parecía vacunada contra cualquier monotonía al hacerse llamar Compagnie Générale Transatlantique. No había perdido del todo la fe en mi amigo del Ganges; había guardado su boleto y necesitaba comprobar de lo que él era capaz; pero, naturalmente, después de sostener aquella conversación con uno de los más eminentes orientalistas, me fiaba mucho más del hombre que él me había recomendado. La primera vez que había visto al hombre del Ganges apenas me había parecido posible que pudiera fallar, tan irresistibles me resultaron sus ojos, y tan evidente que su espíritu moraba sólo temporalmente en aquel cuerpo sentado junto al río, y era capaz de ejercer su poder en cualquier lugar. Pero ahora estaba completamente bajo la influencia de Lupton, y únicamente quería encontrar al hombre de las montañas de Ouled Naïl.
"Bien: compré una tienda barata en Argel y tomé el tren una tarde; a la mañana siguiente avisté las montañas, ascendiendo en espiral desde El Kántara. Allí les dije a los árabes que era médico y recorría el desierto en busca de salud. Fue muy fácil para ellos creerme, pues había dado pruebas de mis conocimientos médicos con aquella misma observación; ya que, ¿saben ustedes?, hay más salud en el Sahara que a todo lo largo de Harley Street. Mas en cualquier caso era completamente cierto lo que Lupton me había contado de que, en aquellos lugares, a todos los europeos se les supone médicos. Pero yo era un tipo de médico muy especial, y me había llevado unos cuantos laxantes y algo de quinina extra par mejor demostrarlo. Un día en que el viento batía las palmeras bajo aquellos áridos precipicios, me puse en camino a lomo de mula con tres árabes, cabalgando hacia el sudeste. Por alguna razón El Kántara siempre me recuerda el oro de las bóvedas acorazadas: una verde masa de millares de palmeras, única riqueza de aquella gente, rodeada de rocas que nunca han conocido más verde que el que a veces puede verse en un salero.
-Nos hablaba usted -dije- del hombre que andaba buscando en las montañas de Ouled Naïl.
-Dispénsenme -dijo Jorkens-. Sí, cabalgamos hacia el sudeste. Tan pronto como atravesamos el desfiladero nos encontramos en pleno desierto, y cabalgamos dejando las montañas a nuestra derecha. Nunca nos alejamos del agua: antiguos torrentes procedentes de tormentas en las montañas habían socavado centenares de depresiones en los resecos barrancos; y encima de cada una de ellas alguien había colocado una piedra plana, para proteger el agua que allí se había acumulado y que no se la bebiera el sol. El viaje fue cómodo, acampamos cada vez que las mulas estaban cansadas; y, según dejábamos atrás los rebaños de los nómadas, el rumor de mi habilidad como médico me precedía velozmente. ¡Ah!, aquellas tardes en el desierto, con el resplandor crepuscular iluminando las montañas, mientras aquí todo está seguro, ruidoso y lleno de cosas.
-¿Encontró usted las montañas de Ouled Naïl? -dije yo.
-¡Oh, sí! -dijo Jorkens-. Sí, sí, por supuesto. Continuamos por el desierto, y un día apareció toda la cadena montañosa a nuestra derecha. Continuamos por el desierto hasta divisar la casa blanca. La vi de pronto una tarde. No había ninguna señal de vida en las montañas, y de pronto, un atardecer, vi a lo lejos, a muchas millas hacia el noreste, la casa tal y como me la describiera Lupton, con su puerta y sus dos pequeñas ventanas.
"Al día siguiente me trasladé a las montañas para obtener agua; y entonces me dije que había encontrado la salud que buscaba y que regresaría a El Kántara; y continuamos adentrándonos en las montañas por un camino que nos aproximaba a la pequeña casa. Por supuesto, tanto nosotros como nuestras mulas fuimos visibles desde la casa durante toda la mañana; y mi reputación como médico había llegado allí bastante antes, de manera que, tan pronto nos acercamos, el hombre santo salió de su casa y vino corriendo hacia nosotros, en la medida que puede decirse de un hombre de semejante aspecto que es capaz de correr.
"Bien; hablé con él en una especie de árabe, y él habló bastante conmigo en un mal francés, y nos entendimos a la perfección. El diagnóstico es algo fundamental en medicina, como cualquier médico les dirá, pero es particularmente efectivo cuando se puede formular antes de que el paciente abra la boca. ¿Me comprenden ustedes? Gracias a Lupton sabía todo lo referente a ese hombre. De manera que le describí todos sus síntomas. Y luego le di las medicinas apropiadas, y él hizo café para mí y nos sentamos y conversamos durante cinco horas. Bien sea por las medicinas o por el diagnóstico, lo cierto es que ya se encontraba mejor, y cuando vino a ofrecerme una gratificación yo le dije que mi habilidad para curar era más bien consecuencia de la magia que del estudio de la medicina, y que por consiguiente no aceptaba su gratificación. Pero añadí que si él era también mago, como parecían indicar ciertos rumores entre los nómadas, estaría muy contento de que me mostrara un poco de su propia magia. Y saqué el boleto que había comprado en Marsella al hombre que había dejado de tener fe en su buena suerte.
"Miró el número del boleto y lo comprendió todo inmediatamente, todo lo contrario que el hombre del Ganges. Sí; podía hacerlo. En aquel momento yo no habría aceptado una oferta de veinte mil libras por ese boleto.
"Y llevaba razón; podía hacerlo. Lupton tenía razón. Existe en Oriente una magia de la que nada sabemos.
"Luego volví a El Kántara, y de ahí a Londres, por supuesto en tercera clase todo el trayecto, y metí en un banco los dos boletos, y esperé el sorteo de la lotería.
-Aguarde un momento -dijo Terbut-. Ha dicho usted que el árabe podía hacerlo.
-Naturalmente -dijo Jorkens-. Y el hombre del Ganges también.
-En ese caso conseguiría usted sesenta mil libras -dijo Terbut- en lugar de treinta mil.
-Bueno, léalo usted mismo -dijo Jorkens-. Guardo un recorte de aquel día.
Y sacó un recorte de un periódico irlandés de una vieja cartera de cuero que llevaba consigo. Se lo dio a Terbut, y éste lo leyó en voz baja.
"En el momento decisivo", leyó, "un centenar de azafatas desfilaron ante el bombo, vestidas de ciclistas de comienzos de la era victoriana, precediendo al señor O'Riotty, quien prendió fuego a la salva, asistido por dos ametralladoras. Entonces se abrió la portezuela del bombo y la primera azafata metió la mano para extraer el número afortunado. Accidentalmente sacó dos boletos, y el señor O'Riotty ordenó que los volvieran a meter en el bombo".
-No es necesario que siga leyendo -dijo Jorkens.
-¿Qué? -dijo Terbut.
-No siga -replicó Jorkens-. Cometí un error. Cometí un error -repitió-. Pero, por supuesto, ahora es fácil de ver.
-Ya veo -empezó a decir Terbut con aire pensativo-. Usted cree que ambos boletos...
Pero Jorkens únicamente profirió un jadeo de impaciencia.
-No importa -dije yo-. Tómese un whiskey.
-¡Un whiskey! -dijo Jorkens-. ¿Para qué?
La observación me asombró. Me pareció que indicaba uno de esos cambios que acontecen súbitamente en la vida de un hombre, como un hito que brotase ante un viajero, recordándole algún periodo de su vida. ¿Con qué acontecimiento más trascendente podía concluir este libro?


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