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jueves, 29 de marzo de 2012
miércoles, 25 de julio de 2007
LOS DIOSES DE LA TIERRA // GIBRÁN KHALIL GIBRÁN (1931)
GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
LOS DIOSES DE LA TIERRA
(1931)
Al llegar la oscuridad de la duodécima era
El silencio absorbió, pleamar de la noche
Las montañas todas.
En ese momento hicieron su aparición sobre las cimas,
Las tres deidades nacidas de la Tierra, Amos y padres de la Vida.
Las corrientes de agua pasaron a sus pies
Y oleadas de niebla
Sobre sus pechos se agolparon
En tanto sus cabezas permanecieron erguidas
Majestuosamente sobre el Mundo.
Y después dialogaron. Retorciéndose sus voces,
Con el retumbar distante del trueno
En el profundo valle.
EL PRIMER DIOS
Hacia el Este el viento encamina su Soplo.
Es mi deseo dirigir hacia el Sur mi rostro,
Pues el Viento trae a mi olfato
El aroma a cosas ya muertas.
EL SEGUNDO DIOS
Es el aroma a cuerpos quemados,
Puro y bueno.
Aspirarlo es mi deseo.
EL PRIMER DIOS
El aroma de la Muerte misma es,
Consumida en su lenta flama,
Que satura el aire.
Perturba y asquea a mis sentidos,
Cual me produce aversión las miasmas
del Abismo.
Es mi deseo, entonces, voltear mi rostro
en dirección al Norte
que no está impregnado de malos olores.
EL SEGUNDO DIOS
Es la fragancia encendida
De la vida insatisfecha.
Es el perfume que aspirar quiero,
Ahora y siempre.
Los dioses viven merced a los holocaustos
Y a los sacrificios.
Mediante sangre pretenden apagar su sed,
Y con espíritus jóvenes apaciguar sus almas;
Dar fuerzas a su fortaleza con los eternos gemidos,
Que las almas que viven en el corazón de la muerte, exhalan.
Están sus tronos erigidos
Sobre las cenizas del tiempo.
EL PRIMER DIOS
Mi espíritu se ha hartado y hastiado
De lo que existe. No moveré un dedo
Para construir otra vez mundo alguno,
Ni para hacer desaparecer mundo alguno de la creación.
No existiría, si morir pudiera,
Pues los milenios hacen sentir su peso,
Sobre mis hombros y
El inagotable sonido de los mares
Agota la fortuna de mi sueño.
¡Ah! si pudiera desprenderme de mi razón original
De ser, me desvanecería, igual que el sol
Muere en su crepúsculo.
Desearía, si pudiera hacerlo,
Desnudar a mi divinidad,
De sus propósitos,
Y en el cosmos exhalar
El soplo de mi mortalidad
Y así terminar de vivir para siempre.
¡Ojalá! me desvanezca y huya
De la memoria temporal.
A estar y existir en el cosmos del Tiempo.
EL TERCER DIOS
¡Oídme, hermanos míos!
¡Oídme hermanos antiguos!
En aquél valle un joven entona una canción,
Canta los arcanos de su espíritu
En el oído de la noche
De oro y ébano es su lira
De plata y oro su voz.
EL SEGUNDO DIOS
No soy tan poco inteligente como para ansiar
No vivir, no ser.
No puedo elegir otro que el más escarpado
De los senderos, para dejarme llevar
Por el camino de las estaciones,
Y fortalecer el poder de los años;
La simiente sembrar y observar su germinación
En el cent ro de la tierra;
Alimentar a las flores con el empuje
Con que luego podrá resguardar su existencia,
Y después desenterrarla, en el momento de empezar
La Tormenta a reír en la selva,
Y a extraer a los seres humanos de la tiniebla
Enigmática; mas permite que conserven las raíces su
Apego a la Tierra;
Fomentar y sembrar, en él mismo, la sed de la existencia,
Y transformar a la muerte en el copero,
Brindarle el amor que tiene su origen en el dolor,
Amor que se sublima en la añoranza,
Que se multiplica en el Anhelo,
Y que se esfuma en el abrazo primero,
Para ceñir su noche
Con las divinas ensoñaciones de los días
Y en ellos verter
Las revelaciones de las noches sagradas,
Y después lograr que sus noches y días
No se metamorfoseen nunca;
Para lograr de su inventiva,
Un águila vigilante en las cumbres;
Y de sus razonamientos
Tormentas de océanos;
Y después darle una mano lenta
Para los juicios y para los deberes morales,
Y un pie pesado en sus cavilaciones;
Para brindarle felicidad para cantar su melopea
Ante nosotros,
Y tristeza para obligarlo a acudir a nuestro socorro
Y después humillarlo en su orgullo,
En el momento que la Tierra, de hambre,
Grite pidiendo pan;
Para subir su espíritu por sobre el cielo mismo,
Para hacerlo saborear nuestro mañana
Y permitir que su cuerpo se revuelque en el cieno
Y no pueda olvidar, de esa manera, su ayer.
En esa forma conviene a nuestra Majestad
Gobernar al ser humano
Hasta el fin de los Tiempos,
Regulando su hálito,
Que comienza con el grito de su madre,
Y culmina con el llanto
De sus hijos.
EL PRIMER DIOS
Mi corazón se consume por la sed;
Empero no es mi deseo beber la sangre débil
De una estirpe bastarda;
Pues la copa está sucia
Y el vino que contiene, es amargo a mi gusto.
Como tú soy: modelé el barro
Y con él creé seres animados,
Que respiran y jadean;
Luego se escurrieron de entre mis dedos
En las montañas y en las selvas.
Al igual que tú, troqué en luz las tenebrosas
Profundidades, en el Comienzo de la Vida,
Vidas a las que después pude ver reptar
Desde las cavernas y ascender a las elevadas
Cimas de los montes.
Yo, al igual que tú, convoqué a la Primavera,
Para subyugar y fascinar a los jóvenes,
Y le adjudiqué el don de la Belleza,
Para incitarla a evolucionar y producir.
Yo, al igual que tú, dirigí al hombre
De un templo a otro templo,
Y transformé a sus mudos terrores
En algo indestructible, en Fe
Que tiembla a causa nuestra,
Sin que le fuera posible divisarnos ni comprendernos.
Yo, al igual que tú, puse por sobre mi cabeza la Tormenta
Huracanada para que se prosterne delante nuestro;
E hice al suelo sacudirse bajo sus pies
Para implorar y rogar nuestra ayuda.
Yo, al igual que tú, induje al desenfrenado mar,
Que anegó la cuna de su islote,
Hasta que murió gimiendo
E implorando
Todo esto es, y mucho más aún, lo que hice;
Pero todo fue estéril e inútil.
¡Inútil es el despertar!
¡Inútil es el descansar!
Y tres veces es estéril e inútil el soñar
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Augustos hermanos!
En un claro del bosque de mirtos
Hay una doncella que danza
En honor a la luna.
En su cabello han anidado mil estrellas
Como mil gotas de rocío,
Y un millar de alas envuelven sus pies.
EL SEGUNDO DIOS
Hemos sembrado al ser humano,
Y con su esencia hicimos nuestra viña;
Hemos arado el suelo,
En la niebla rosada
De la más temprana aurora.
Hemos cuidado el retoño
De los tiernos sarmientos,
Y vigilado y alimentado
A las hojas más nuevas,
Atravesando los años,
Que no supieron de estaciones.
Hemos cuidado los brotes
De las inclemencias del Tiempo,
Y hemos velado por que las flores crecieran sanas,
Libres de los embates de los espíritus oscuros
Y en este momento en que nuestras viñas
Nos han dado la uva,
Vosotros no la acarrearéis hasta el lagar para colmar vuestras copas.
Vuestras manos son más diestras
Que otras
Para cosechar.
Elevados son los planes
Que esperan apagar vuestra sed
Con el vino.
El hombre es la comida dilecta de los dioses.
La Gloria del hombre empieza
Cuando las bocas divinas devoran
Sus hálitos errabundos.
Todo lo que sea humano
Es absolutamente sin valor,
Si humano sigue siendo.
La pureza de los niños
Y el dulce apasionamiento de la juventud;
El empuje de la virilidad de los hombres,
La madura Sabiduría de los viejos;
La majestad de los monarcas,
La gloria de los guerreros,
El reconocimiento de los poetas,
La bondad de los idealistas,
Y la honorabilidad de los Santos:
Todo esto y todo lo que transporta
En su pliegues,
Es el alimento de los dioses.
Y solamente será pan, sin bendición,
Hasta que los dioses lo lleven a su boca.
Igual que la espiga muda que se convierte en un canto
De amor, en el pico de un ruiseñor,
De igual manera es el hombre, cuando está destinado
A ser alimento divino.
En ese momento su mayor goce será el ser saboreado
Por el dios.
EL PRIMER DIOS
Así es; es cierto que el hombre
Es el alimento de los dioses
Todo cuanto del hombre procede
Será servido en los banquetes
De las deidades eternas.
De embarazo los dolores,
Del parto el sufrimiento
De los niños la gritería
Atraviesa el cora zón de los cielos;
El llanto de la mujer que pelea
Por poseer el ideal que ansía,
Para poder verter de su seno
La vida marchita;
Los apasionados suspiros que nacen
Entrecortados de las gargantas de los jóvenes,
Las lágrimas henchidas de sentimiento,
Cuyos tesoros todavía no han sido hallados;
Los rostros de los fuertes varones
Que destilan sudor que abrasa
El árido suelo;
Las aflicciones y la angustia de la vejez
Senil y decrépita;
En el momento que la vida es invitación
Al sepulcro, en contra de la voluntad
De la vida misma.
¡Ved! ¡Este es el hombre!
Un ser engendrado por el hambre,
Para luego ser el alimento
De los voraces dioses;
Es una vid que se arrastra
Abajo de la tierra,
Bajo las plantas de la muerte
Que nunca muere.
Es como un capullo que crece y da flor
Tan sólo en las noches de los malignos fantasmas.
Es como una uva que sólo madura
En los días que brotan las lágrimas
Del horror, de la malignidad
Y de la ignorancia.
Y a pesar de eso, deseáis que yo coma
Y beba.
Me exigís que me acomode
Entre los rostros amortajados,
Y que dé de beber a mi existencia
De la boca petrificada,
Y que acepte la inmortalidad
De manos yermas
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Oh, hermanos terribles!
Los jóvenes cantan en el fondo
Del Valle; pero sus cantares ascienden
A las altas cumbres.
Con esa voz hacen tiritar al bosque
Hendiendo el centro mismo de los cielos,
Disolviendo las ensoñaciones de la tierra.
EL SEGUNDO DIOS
La abeja llena groseramente con el zumbar
Tus oídos.
En tu boca la miel tiene sabor a hiel.
Sería mi deseo el consolarte; pero... ¿de qué manera lograrlo?
Cuando los dioses hablan con los dioses
Solamente el Abismo los oye;
Pues las profundidades que distancian a los dioses
Son inconmensurables y sin fronteras.
El cosmos está callado: no sopla brisa.
Con todo ello quisiera consolarte.
Desearía hacer de tu mundo cubierto de nubarrones
Otro despejado y limpio;
Y sin embargo ser los dos iguales en fortaleza
Y en entendimiento, quisiera darte un consejo franco.
En el momento que la Tierra nació del Caos;
Y nosotros, hijos del Comienzo, nos conocimos
El uno al otro, en la luminosidad alba y pura,
En ese momento modulamos la primera voz, vibrante,
Que le dio vida a las corrientes del agua y del aire.
Después caminamos, el uno junto al otro,
En el techo del planeta joven, inexperto.
Del rumor de nuestros pasos
Surgió el Tiempo -una cuarta divinidad-
Que siguió nuestro mismo sendero,
Oscureciendo con su sombra
Nuestros deseos y meditaciones,
Y no supo mirar sino por la luz de nuestros ojos.
Después llegó la Vida a la Tierra,
Y el espíritu se encarnó en la Vida.
El espíritu era una canción alada
En el Cosmos.
Y así gobernamos, reinando sobre la Vida
y el Espíritu.
Y nadie más que nosotros, nadie pudo entender
La longitud de los años,
Y las templanzas de las ensoñaciones
Nebulosas de las eras;
Hasta que llegó el séptimo siglo,
Entonces en la bajamar de su mediodía
Hicimos venir al mar con el sol;
Y del tálamo de esta santa unión
Creamos al ser humano, que, pese a su endeblez
Y fragilidad, prosigue llevando el signo
De la estirpe de sus padres.
Y por medio del ser humano que transita por la tierra,
A medida que sus ojos van pegados a los astros,
Hemos hallado senderos que llevan a los continentes
Más distantes del orbe.
Y del ser humano -él que es una humilde caña
Crecida en aguas turbias-
Construimos una flauta, en cuyo vacío corazón
Siempre vertemos nuestra voz
Para ser trasladada a los cuatro puntos cardinales
Del Cosmos, callado y silencioso.
Y de las regiones del Norte
Que no tienen al sol,
A los médanos del Sur, por el sol calcinados;
Y desde la región de las flores de Loto
En donde nacen los días,
Puedes ver al hombre, de vacilantes sentimientos,
En nuestra razón y causa hacerse fuerte;
Se dirige mediante el laúd y el puñal,
Difundiendo nuestro capricho,
Propalando nuestra soberanía.
Los lechos de ríos que hollan sus amorosas plantas
Son arroyos que van a la mar
De nuestros ideales.
Acomodados en nuestra altura
Nos adormecemos en nuestras ensoñaciones,
En las horas de sueño del hombre
Excitamos sus días para que deje
La llanura del horizonte inalcanzable,
Y de esa manera buscar su mejoramiento en los montes.
Las manos nuestras conducen y encaminan
Las tormentas que destrozan el Cosmos;
Dirigen al hombre de la tranquilidad estancada
y yerma
A la acción productiva
Y desde ese lugar al Triunfo.
En los ojos nuestros hay visiones llenas de luz que
transforman
El hálito del ser humano en Hoguera;
Y lo encaminan a una soledad elevada y a una
Rebelde Profecía.
Y desde ese lugar al Calvario.
El ser humano ha nacido para ser esclavo;
Su honor y su retribución son dominio de la esclavitud.
En el ser humano exigimos el signo de lo que
Existe en nuestra esencia;
Por intermedio de la vida suya nosotros ansiamos hallar
Nuestro yo perfeccionado.
Si el polvo de la tierra acalla
Y silencia el alma del ser humano,
¿Qué alma podrá hacer repetir
La reverberancia de la Voz nuestra?
Y si la luz de los ojos del ser humano se ha apagado,
Por la tiniebla nocturna,
¿Quién podrá mirar el resplandor de nuestra Gloria?
¿Cuál es el destino que debemos dar al ser humano
Si es el primogénito de nuestra alma
Y fue concebido a nuestra imagen y semejanza?
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Oh hermanos poderosos!
Los pies de la hermosa danzarina
Se emborracharon con el licor de los cantares,
Alarmando a las moléculas reverberantes del éter.
Ella es como una paloma,
Que cierne por sus alas,
Alzándose hacia lo alto.
EL PRIMER DIOS
La alondra que busca a otra alondra,
Pero el águila vuela sobre ella.
La alondra no para nunca para escuchar el cantar.
Tú pretendes proclamar el amor propio,
Y que sea continuado en la duración del ser humano,
De acuerdo con la esclavitud del ser humano.
Pero mi amor propio es ilimitado,
Es inconmensurable. Yo quiero alzarme por sobre lo perecedero
De mí, sobre la Tierra, y tomar para mí un trono
En lo alto. De esa manera abarcaré el Cosmos
Con mis manos y rodearé los mundos
Quiero hacer de la Vía Láctea mi arco,
Y de las centellas mis saetas,
Y con lo infinito pretendo hacerme dueño de lo infinito.
Pero tú no deseas hacer esto,
Aunque fuera tu voluntad el hacerlo.
La relación que existe entre hombre y hombre
Es idéntica a la existente entre dioses y dioses
Y tú deseas atraer a mi espíritu agotado
La remembranza de las escenas,
Que se sucedieron en la noche
En el momento que mi corazón trataba de hallarse a sí mismo
Entre los montes,
Y mis ojos han buscado su imagen
En las aguas serenas.
Pero la Amada de mi pasado,
Murió al nacer,
Y únicamente el silencio es visitante de su vientre,
Y el polvo que el viento arrastra,
Amamanta su seno.
¡Oh pasado mío! ¡Oh mi ayer perecedero!
¡Oh padre de mi divinidad esclavizada!
¿Qué Deidad Omnipotente te encarceló
En tu vuelo, y te obligó a nacer en una celda?
¿Qué Sol agigantado te contagió su calor,
En tu vientre para engendrarme?
No es tuya mi bendición, pero tampoco mi maldición,
Pues igual que has cargado mis hombros
Con la agobiante carga de la vida,
De esa forma yo he cargado los hombros del ser
humano.
Pero he sido más compasivo que tú,
Pues yo, inmortal, hice del ser humano,
Una sombra fugaz; en tanto que tú, el mortal,
Me has creado eterno.
¡Oh mi pasado! ¡Oh mi ayer perecedero!
¿Retornarás con el futuro distante?
Deseo llevarte para que te juzguen.
¿Despertarás con la segunda Alborada
De la vida, para quitar de la tierra
Tu recuerdo atado a la Tierra?
Desearía yo que tu resurrección tuviera lugar,
Junto a la de todos los antiguos cadáveres,
Para que de esa manera se ahogue la tierra,
Con sus frutas amargas,
Y se ensucien todos los océanos
Con la sangre de los que han sido sacrificados en ellos;
Y que la tristeza, con otra más grande,
Acaben con cuanto haya en la tierra
De inservible fertilidad.
EL TERCER DIOS
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh hermanos sagrados!
Nuestra joven ha escuchado la seductora canción
En este momento trata de encontrar al cantante.
Ella se siente como la gacela,
En la felicidad de su asombro.
Danza sobre las piedras,
Y a la orilla de los arroyos,
Saltando en todas partes.
¡Qué hermosa es la alegría
Que hace compañía a los deseos idos!
¡Que hermoso es el Ojo
Que es abierto al Final nacido a medias!
¡Qué hermosa es la sonrisa que tiembla,
Cuando goza
De una prometida alegría!
¿Cuál capullo es ése que surgió del espacio?
¿Cuál es esa flama que ha ascendido
Del infierno, llevando a la esencia del silencio
A esta felicidad, y a este miedo de gemidos entrecortados?
¿Cuál es esa ensoñación que hemos tenido en lo alto?
¿Cuál meditación es aquella que hemos mandado
En alas del Viento
Y que despertó a la llanura somnolienta
Haciendo levantar los párpados de la noche?
EL SEGUNDO DIOS
Te fue regalado el santo Telar,
La gracia y el arte de tejer,
Los vestidos.
Tanto la habilidad como el telar,
Serán tu legado
Por toda la Eternidad.
Junto a ellos te será dado
El oscuro hilo y la Luz,
Y tuya será asimismo la púrpura y el oro,
Pero tú tejes de ti mismo
Una vestidura.
Tus manos tejieron del aire viviente
Y del flamígero fuego, el espíritu humano mismo.
Pero ahora quieres cortar el. hilo
Y alejar tus poéticos dedos
En la inservible inmortalidad.
EL PRIMER DIOS
Sí, sí. Retiraré mi mano
Hacia la eternidad, en donde las formas
No se han vaciado todavía.
En la campiña, que hasta este instante
Ha permanecido virgen de huella alguna
Asentaré mis plantas.
¿Qué felicidad puedo hallar en escuchar
Las canciones ya escuchadas por otros,
Y que el recordar del oído,
Colecciona sus cantares,
Antes que la brisa las dé
Al oleaje del viento?
Mi espíritu ansía lo que no puede
Imaginar ni inventar.
No enviaré mi alma
Mas que a la tierra incógnita,
En donde no morará el recuerdo.
No me tientes, te lo ruego,
Con la gloria. No busques para mí
Un consuelo en tus ensoñaciones o en las mías;
Pues todo lo que en mí existe
Y en la tierra, y todo lo que existía
En el Cosmos, no podrá tentar a mi espíritu.
¡Oh, espíritu mío! Tu faz está silenciosa
Y los nocturnos fantasmas
Duermen detrás de tus párpados;
Pero tu callar es horrible.
Asimismo tú lo eres.
EL TERCER DIOS
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh, hermanos augustos y solemnes!
La doncella halló al cantante;
Y en este momento goza, observando la cara de su amado.
Ella camina como una tigresa,
Su majestuoso andar la lleva
Entre viñedos y acantilados.
El la observa a través de la canción de su amor.
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh hermanos atolondrados!
¿Se encontrará en ese lugar otra sufriente divinidad,
Y que con su dolor ha tejido
Ese vestido púrpura y blanco?
¿Cuál estrella tan fugaz, es ésa
Que huyó enloquecidamente?
¿Quién puede separar el alba del crepúsculo
Aún secretamente?
¿Quién puede posar su mano
Sobre nuestro mundo?
EL PRIMER DIOS
¡Espíritu mío! ¡Espíritu mío!
¡Oh, esfera flamígera que me envuelve
Con su ardor!
¿De qué manera podré encaminar sus pasos
Y hacia qué Cosmos dirigir tus ansias?
¡Espíritu mío, que no hallas compañera!
En tu hambre, te cazas a tí mismo
Con lágrimas tuyas pretendes aplacar tu sed;
Pues la noche no guarda su rocío
En las copas tuyas,
Y el día no te ofrece sus frutas.
¡Espíritu mío! ¡Espíritu mío!
Tú que quieres llevar tu nave a puerto,
Henchida de ansias,
¿De dónde proceden los Vientos para hinchar
Tu velamen?
¿Qué abundante marea llegará a liberar
Tu proa?
Tu ancla lista se encuentra
Y prontas están tus alas
Para levantar vuelo;
Pero el cielo que está sobre tí
Está callado, y el calmo océano,
Se mofa de ti.
Entonces... ¿que esperanza podemos guardar
Los dos: tú y yo?
¿Qué fluctuaciones en los mundos,
Que cambios en los deseos,
Y designios y propósitos
De lo alto te habrán de exigir?
¿Traerá el vientre de la virgen infinita
La simiente de tu Redentor
Ese que es más fuerte aún que tus propios sueños
Y cuya mano será tu salvación
Del cautiverio y la esclavitud?
EL SEGUNDO DIOS
¡Acalla tus inoportunos aullidos
Y los susurros de tu apasionado corazón!
Pues el oído de lo infinito está sordo,
Y sin prestar atención la mirada del cielo.
Somos todo lo que hay atrás
Y sobre este mundo.
Entre nosotros y la infinita Eternidad
No existe nada.
Sólo existen las pasiones nuestras,
Que todavía no han terminado de formarse;
Y nuestros designios que no se han
Completado todavía.
Tú llamas a lo desconocido;
Pero lo desconocido envuelto en la niebla movediza.
Mora en lo más profundo de tu espíritu.
Si, en lo hondo de tu alma,
Reposa por siempre tu Salvador,
Y en su dormir, observa lo que no sabrán observar
Tus ojos abiertos.
Este es el misterio de nuestra vida.
¿Dejarás de recoger tu cosecha,
Para arrojar apuradamente las simientes
En los surcos de tu soñar?
¿Por qué disipas tus n ubes
En los áridos campos,
Cuando el rebaño necesita de tu presencia?
Ve lentamente y observa este mundo:
Fíjate en los hijos del amor tuyo aún no destetados.
Tu hogar es la tierra y a la vez tu trono
Y encima de las más elevadas esperanzas
Del hombre, tu mano apresa su destino.
No es tu deseo el soltarlo;
El que pelea por llegar a tu lado
Con su dolor y con su felicidad,
En tanto que tu no desvías la mirada
De la necesidad que ves en sus ojos.
EL PRIMER DIOS
¿Abrazará el Alba a su pecho
El co razón de la noche?
¿Se sentirá preocupado el Océano por los
Cuerpos de los que han muerto en él?
Mi espíritu, como el Alba, se despierta
En mis honduras, serena y desnuda.
Y, al igual que el mar, que no reposa
De esa forma mi espíritu aleja de sí
Toda la hez del hombre
Y de la tierra.
No me encariñaré a todo lo que se encariña
A mí;
Pero yo quiero elevarme hasta llegar
A esa sublime Elevación, de cualquier
Manera que pueda.
EL TERCER DIOS
¡Oh Hermanos míos, ved!
Dos almas parten rumbo a las estrellas.
Se encontraron en el Cosmos para examinarse.
Se observan, calladamente, el uno al otro.
El cantante interrumpió su melopea
Pero su garganta calcinada por el sol,
Se emociona todavía por la canción.
Su compañera, la danzarina,
Detuvo el ritmo en su cuerpo,
Mas no ha sido presa del sueño.
¡Oh hermanos míos!
¡Oh hermanos extraños!
La noche se vuelve más y más oscura,
Y la luna más brillante.
Entre el océano y la selva,
Nos invoca el amor en voz alta,
A reunirnos en su alma.
EL SEGUNDO DIOS
¡Qué fútil es el Vivir!
¡Qué inútil es el despertar
Y el broncearse al rostro del sol!
¡Qué trivial es existir y ser el guardián
De las noches de los que están vivos,
De la misma manera que es el vigilante el Ojo de Orión!
¡Qué vano es enfrentarse
Con los vientos de los cuatro puntos del mundo,
Con la altiva frente ceñida de laureles!
¡Qué banal es curar la maldad De los hombres
Con hálitos, cuyo océano no tiene mareas!
El tejedor de oficio
Ante su telar está sentado,
Tejiendo sin cesar;
El alfarero hace girar su torno
Sin ganas ni preocupación,
Pero nosotros, que nunca dormimos
Y que ningún saber se nos escapa,
Nos hemos librado de la tenebrosidad
De la inseguridad y la duda.
Nosotros nunca dudamos,
Ni ahondamos en el observar
Y en el meditar,
Pues nos hemos alzado
Por encima de los cuestionamientos inquietos.
Vivamos alegres y en paz;
Saquemos de su jaula y libertemos a las aves
De nuestras reflexiones.
Vayamos hacia la mar,
Sin que nos rodeen
Peñascos y acantilados:
Y al llegar a las aguas
Y al confundirnos con el oleaje,
En el fondo del mar,
Cesaremos de meditar y de discutir,
En el destino del futuro,
Eternamente.
EL PRIMER DIOS
¡Ah! ¡De que manera nos causan un dolor inacabable,
Esas profecías que parecen no tener fin!
¡De qué forma aburre esa vigilia
Que encamina el día,
Hasta el atardecer,
Y la noche, encaminándose hacia el Alba!
¡Ah! de esta corriente que nos lleva
A la perenne memoria y al permanente olvido
¡Ah! de esta continua siembra
De las simientes del Destino,
Y de las que únicamente cosechamos
Esperanza.
¡Ah! de esta inmutable elevación del yo,
Desde la polvareda de la tierra
Hasta la niebla, para que, al ansiar
La tierra, vuelva a aposentarse en la tierra,
Y al crecer nuevamente su ansia,
Se eleve buscando la niebla.
¡Ah! de esa medida que jamás varía,
Fuera de la fluctuación de su propio tiempo.
¿Ansiará mi espíritu ser un océano
Cuyas mareas y marejadas se entrecruzan
Inacabables, o u Cosmos en el cual
Las brisas se transformen en tormentas?
Si yo fuese un hombre;
Si yo fuese un ciego aroma,
Hubiese logrado soportar todo esto;
O si fuese yo el Dios Altísimo,
Que llena el vacío del hombre
Y de los dioses
Me hubiera bastado con ser yo mismo.
Mas tú y yo no somos hombres
Ni tampoco somos el Altísimo Supremo que está
Por encima de nosotros.
Somos atardeceres que nunca cesan
De nacer y morir
De aparecer y desaparecer
De un horizonte a otro.
Somos dioses aferrados a los humanos,
Y éstos a nosotros.
Es nuestro destino a soplar en los cuernos;
Pero el alma que sopla, y la melodía
Arrancada de nuestros instrumentos,
No son nuestros;
Provienen del cielo.
Por ese motivo es que deseo la rebeldía,
Quiero sacar todo lo que en mí existe,
Hasta quedarme vacío.
Es mi deseo esconderme del recuerdo
De este silencioso joven,
Que nuestro hermano menor es,
Y que sentado está cerca nuestro,
Mirando hacia aquel valle.
A pesar de desplegar sus labios,
No pronuncia una sola palabra.
EL TERCER DIOS
Yo hablo, hermanos negligentes,
Y únicamente la verdad pronuncio;
Mas vosotros únicamente escucháis vuestras palabras.
Os ruego que veáis a vuestra gloria
Y a la mía en vez de plegar los párpados,
Y voltear los rostros del mío,
Apartando vuestro trono.
¡Oh, señores gobernantes
Que ansiáis posar los pies
Sobre el mu ndo superior,
Y el mundo inferior!
¡Oh dioses egoístas, cuyo pasado
Está constantemente envidiando vuestro futuro!
¡Oh dioses hastiados por vuestra carga agobiante;
Que saciáis la agresividad de vuestra furia
Con vocablos;
Que castigáis vuestros ojos con centellas!
Vuestra discusión no es otra cosa
Que la voz de un antiguo laúd,
Que los dedos del Todopoderoso
No saben tocar ya sino a medias.
Ese Todopoderoso que utiliza
A las Pléyades por címbalos,
Y a Orión por cítara
Que hasta en este momento,
En que gritáis y tartamudeáis,
Toca y tañe su címbalo y su cítara.
Os pido que oigáis sus cantares.
Ved: un hombre y una mujer:
Una llamarada sobre otra llamarada,
Y que se consumen en el éxtasis amoroso
Y apasionado.
Raíces que se amamantan del seno purpúreo
De la tierra;
Capullos llameantes sobre el pecho altísimo del cielo.
Nosotros somos ese seno purpúreo
Y el cielo inmortal.
Nuestro espíritu es el espíritu de la vida,
Es, vuestro espíritu y el mío;
Pero es que, por esta vez, pasa la noche
En una ardiente garganta,
Sobre el cuerpo de una doncella virginal,
Con un manto de agitado oleaje.
Vuestro poder no cambiará
Las cosas que nos han sido encomendadas.
Vuestros pesares y dolores
Son la encarnación de la avidez;
Pues todo será borrado algún día de la faz de la tierra
Dentro del apasionamiento del hombre
Y el sentimiento amoroso de la Virgen
EL SEGUNDO DIOS
¿Por qué ese enamoramiento entre el hombre
Y la mujer?
Ve de qué manera danza el viento del Norte,
Con sus ligeros pasos,
Y de qué forma el viento del Poniente sopla,
Entonando una canción.
Observa a nuestra santa causa
Sentada, ya, en su trono,
Con la languidez y entrega de un alma,
Que modula su canción a un cuerpo que danza.
EL PRIMER DIOS
No miraré yo el orgullo presuntuoso
De la tierra,
Ni tendré siquiera a sus hijos en cuenta,
En su sufrimiento, que ellos llaman amor.
¿Y qué otra cosa es el amor sino un escondido tambor,
Que dirige una enorme procesión de dulce inseguridad,
A una forma diferente de un lento sufrir?
No quiero yo observar esa fantasía.
¿Qué cosas se ven allí, sino a una mujer
Y un hombre, en la selva que ha brotado
Para cazarlos con sus artimañas,
A inculcarles la negación del yo,
Y el engendramiento de sus hijos
Para nuestro futuro,
Aún no engendrado?
EL TERCER DIOS
¡Ah! del sufrimiento que engendra la sabiduría;
Del espeso velo mediante el cual
Nuestros cuestionamientos e investigaciones,
Cubrieron el rostro de la Tierra;
Del llamado a la guerra que, en cada minuto,
Formulamos a la paciencia de los hombres.
Nosotros dejamos bajo cada roca
Una figura de cera;
Después decimos que es una forma de barro
¡Que en barro acabe!
Con nuestras manos tomamos la blanca llama
Y luego decimos a nuestros espíritus:
Es el aroma de nuestro yo, que retorna
Al lado nuestro;
Y un soplo de nuestros soplos que huyó de nosotros
Y que luego tratamos de hallar en nuestras manos
Y en nuestra boca más aromas.
¡Hermanos míos! ¡Dioses de la tierra!
Aunque estuviéramos en lo más elevado
Del acantilado,
Continuaremos yendo
En dirección a la tierra, por intermedio de los hombres,
Que anhelan las doradas horas
Que se encuentran en el destino de su hermano
El ser humano.
¿Será despojada por nuestra sabiduría la hermosura
De su mirada?
¿Disminuirán nuestros límites su pasión al acallamiento?
¿Las alzarán hasta nuestro propio apasionamiento?
¿Que podrán hacer los ejércitos de vuestras reflexiones
Frente a los poderosos ejércitos del Sentimiento?
Pero aquellos que fueron
Por el amor vencidos,
Y sobre sus cuerpos muertos desfilaron sus carros y naves,
Desde las naves hasta el acantilado,
Y desde el acantilado hasta los mares
Se detienen ahora, y en cualquier momento,
Abrazándose entre sí, con respeto y con sonrojo.
Al reunir los pétalos de los capullos
De su amor,
Huelen el santo aroma de la vida,
En la unión de sus espíritus,
Encuentran a la vida misma,
Retratándose sobre sus ojos
Un rezo que hasta nosotros se eleva.
El sentimiento es una tiniebla que se inclina
Con respeto dentro de una santa
Tienda.
Es un cielo que se transformó en selva.
Es todas las estrellas transformadas
En luciérnagas.
Lo cierto es que somos todo lo que se encuentra atrás
Y sobre este planeta;
Pero el sentimiento se encuentra muy lejos
De poder ser alcanzado por nuestros
Cuestionamientos;
Y demasiado sublime como para llegar hasta él,
Con nuestro cantar.
EL SEGUNDO DIOS
¿Es acaso tu búsqueda un mundo lejano
Y procuras dejar de pensar en las estrellas
En las que has sembrado tu vigor y tu fuerza?
En el cosmos no existe sitio donde no contraigan nupcias
El espíritu con el espíritu
Y en donde la Belleza fuera sacerdote y testigo.
Observa y verás cómo la Belleza está difundida
Ante nuestras plantas;
Mira bien cómo desborda la Belleza
Nuestras manos
Para esconder nuestra boca con humillación.
Lo más distante y lo más cercano,
Y en cualquier parte donde la Belleza se encuentre,
En ese lugar se encontrará todo lo demás
¡Oh, soñador y sublime hermano mío!
Regresa a nosotros
Y abandona esa etapa de oscura melancolía.
Aleja tus huellas del "no-lugar"
Y del "no-tiempo",
Y ven a vivir entre nosotros,
En esta confiada paz,
Que tus manos a la par de las nuestras
Han construido piedra sobre piedra.
Libérate de los velos
De las palpitaciones de tu corazón.
Conviértete en nuestro comp añero
En el Gobierno de este país cálido y joven
Por su verdor majestuoso.
EL PRIMER DIOS
¡Altar eterno!
¿Es cierto que necesitas un dios
Para sacrificar esta noche,
En holocausto tuyo?
Pues aquí estoy: a ofrendarte voy
Mi Amor y mi Sufrimiento.
Allá estará en pie la danzarina
Que fue esculpida en nuestra más antigua
Ansia.
El cantante modulará mis melopeas
En el oleaje marino.
En esa danza y en ese cantar
Fallecerá un dios omnipotente
Muy dentro de mí.
El dios de mi alma
Que mora tras mi pecho
Busca al dios de mi alma
Que tiene sú morada en el Viento.
Y el humano abismo
Que tantas otras veces ha invadido mi paz
Requiere a gritos, al dios
La Belleza que hemos ansiado,
Desde el comienzo,
Asimismo lo llama.
Y en el momento que lo escuchaba, también medía ese llamamiento.
Y en este momento rindo mis armas.
La belleza es un Camino que lleva
Al yo sacrificado por su propia mano,
Y ahora tañe sus cuerdas;
Listo me encuentro a transitar
Ese camino,
Que se aleja hasta una nueva
Aurora.
EL TERCER DIOS
¡Ha vencido el Amor!
Ya fuere, el Amor, blanca pureza,
O verdor esmeralda, a la vera de un claro lago:
Ya fuere la majestad o la estilizada elegancia,
En las altas torres;
O si se hallara en un paraíso frecuentado
Por la gente,
O en un desierto virgen de huella humana,
El amor es nuestra Divinidad,
Y nuestro Maestro
En todos los instantes.
El amor es como una voluptuosa degustación
Y transitorio deleite del cuerpo;
No es las migajas del deseo, caídas
Por la lucha entre el deseo y el yo.
No, y tampoco es el cuerpo en armas
Contra el Alma;
Pues el amor no entiende de rebeldía;
Pero sin embargo deja el sendero de los destinos antiguos,
Para caminar en dirección del bosque santo,
Y allí cantar y danzar
Las melopeas de sus Arcanos
En el oído del Infinito.
El Amor es como una Juventud
Que ha cortado sus cadenas,
En gallarda virilidad,
Que se ha liberado del cansancio
Y dolor de la tierra;
Una femineidad apasionada,
Abrasada por la santa llama,
Iluminada por la luz de un. Cielo
Que es más claro
Que el nuestro.
El Amor es como una risa lejana y distante
En las honduras de nuestra alma;
El Amor es como una irresistible compulsión
Que te conduce hasta el propio despertar.
El Amor es como una nueva Aurora sobre la Tierra:
Es un Día que no llegan a distinguir
Ni mis o os ni tus ojos;
Pero ha legado a los más santos
Templos de ese Día,
Por intermedio de su enorme alma.
¡Hermanos, hermanos míos!
La doncella llega desde el espíritu
De la Aurora, para encontrarse
Con su amado, que desde el Poniente llega.
Habrá boda en todo el valle
Y un día más grandioso
Que toda su historia.
EL SEGUNDO DIOS
Fue así desde la primera mañana,
He dejado en libertad a la tierra llana
Para que fuera a las montañas y valles
Y de esa manera será hasta la marea de la tarde postrera,
El postrer crepúsculo.
Nuestras raíces hicieron reverdecer
Las ramas que en el valle danzan;
Somos los capullos y los perfumes del cantar
Que desborda lo alto.
Lo perenne y lo perecedero
Son dos ríos paralelos que buscan
Continuamente la mar.
En medio de una búsqueda y otra búsqueda
No existe el vacío, sino en el oído.
La Temporalidad educa nuestros oídos
Para mayor seguridad,
Añadiendo aún más a sus ansias.
La voz no se calla en la garganta muerta
Que no duda;
Pero nosotros nos hemos alzado
Por encima de la duda.
El hombre es el hijo más pequeño
De nuestra alma.
El ser humano es una deidad
Que se eleva gravemente
A su propia divinidad.
Entre su sufrimiento y su felicidad
Reposamos, soñando
Nuestras ensoñaciones.
EL PRIMER DIOS
Permite que el cantante module,
Y que la bailarina dance,
Permíteme estar un momento en paz.
Mi espíritu quiere reposar esta noche;
Puede ser que el sueño sea más fuerte que yo.
En mis ensoñaciones construyo un mundo
Mucho más luminoso que éste:
Seres más hermosos que los
Nuestros llegan veladamente
A ocupar mis reflexiones.
EL TERCER DIOS
En este momento me elevo, y me libero
De las fronteras del tiempo y el espacio.
Danzaré en aquella huerta que no ha sido hollada
Por pie de hombre alg uno.
Con los míos, se moverán los pies de la danzarina.
Haré música en el centro de ese elevado mundo.
Quizá alguna humana voz se acoplará a mi voz.
Rebasaremos al horizonte distante,
Quizá nos despertaríamos en la aurora
De un mundo lejano.
Mas el Amor perdura, y nunca se olvidarán
Las marcas de sus dedos.
El santo fuego arde,
Y cada chispa que vuela
Es un sol apagado.
Más nos conviniera,
Más aconsejable sería
Para nuestro gobierno
Encontrar un minúsculo escondrijo
En donde poder dormir nuestra
Terráquea divinidad,
Postergando los inconvenientes del Reinado nuestro
Para el día siguiente,
En aras de ese Amor de la endeble humanidad.
LOS DIOSES DE LA TIERRA
(1931)
Al llegar la oscuridad de la duodécima era
El silencio absorbió, pleamar de la noche
Las montañas todas.
En ese momento hicieron su aparición sobre las cimas,
Las tres deidades nacidas de la Tierra, Amos y padres de la Vida.
Las corrientes de agua pasaron a sus pies
Y oleadas de niebla
Sobre sus pechos se agolparon
En tanto sus cabezas permanecieron erguidas
Majestuosamente sobre el Mundo.
Y después dialogaron. Retorciéndose sus voces,
Con el retumbar distante del trueno
En el profundo valle.
EL PRIMER DIOS
Hacia el Este el viento encamina su Soplo.
Es mi deseo dirigir hacia el Sur mi rostro,
Pues el Viento trae a mi olfato
El aroma a cosas ya muertas.
EL SEGUNDO DIOS
Es el aroma a cuerpos quemados,
Puro y bueno.
Aspirarlo es mi deseo.
EL PRIMER DIOS
El aroma de la Muerte misma es,
Consumida en su lenta flama,
Que satura el aire.
Perturba y asquea a mis sentidos,
Cual me produce aversión las miasmas
del Abismo.
Es mi deseo, entonces, voltear mi rostro
en dirección al Norte
que no está impregnado de malos olores.
EL SEGUNDO DIOS
Es la fragancia encendida
De la vida insatisfecha.
Es el perfume que aspirar quiero,
Ahora y siempre.
Los dioses viven merced a los holocaustos
Y a los sacrificios.
Mediante sangre pretenden apagar su sed,
Y con espíritus jóvenes apaciguar sus almas;
Dar fuerzas a su fortaleza con los eternos gemidos,
Que las almas que viven en el corazón de la muerte, exhalan.
Están sus tronos erigidos
Sobre las cenizas del tiempo.
EL PRIMER DIOS
Mi espíritu se ha hartado y hastiado
De lo que existe. No moveré un dedo
Para construir otra vez mundo alguno,
Ni para hacer desaparecer mundo alguno de la creación.
No existiría, si morir pudiera,
Pues los milenios hacen sentir su peso,
Sobre mis hombros y
El inagotable sonido de los mares
Agota la fortuna de mi sueño.
¡Ah! si pudiera desprenderme de mi razón original
De ser, me desvanecería, igual que el sol
Muere en su crepúsculo.
Desearía, si pudiera hacerlo,
Desnudar a mi divinidad,
De sus propósitos,
Y en el cosmos exhalar
El soplo de mi mortalidad
Y así terminar de vivir para siempre.
¡Ojalá! me desvanezca y huya
De la memoria temporal.
A estar y existir en el cosmos del Tiempo.
EL TERCER DIOS
¡Oídme, hermanos míos!
¡Oídme hermanos antiguos!
En aquél valle un joven entona una canción,
Canta los arcanos de su espíritu
En el oído de la noche
De oro y ébano es su lira
De plata y oro su voz.
EL SEGUNDO DIOS
No soy tan poco inteligente como para ansiar
No vivir, no ser.
No puedo elegir otro que el más escarpado
De los senderos, para dejarme llevar
Por el camino de las estaciones,
Y fortalecer el poder de los años;
La simiente sembrar y observar su germinación
En el cent ro de la tierra;
Alimentar a las flores con el empuje
Con que luego podrá resguardar su existencia,
Y después desenterrarla, en el momento de empezar
La Tormenta a reír en la selva,
Y a extraer a los seres humanos de la tiniebla
Enigmática; mas permite que conserven las raíces su
Apego a la Tierra;
Fomentar y sembrar, en él mismo, la sed de la existencia,
Y transformar a la muerte en el copero,
Brindarle el amor que tiene su origen en el dolor,
Amor que se sublima en la añoranza,
Que se multiplica en el Anhelo,
Y que se esfuma en el abrazo primero,
Para ceñir su noche
Con las divinas ensoñaciones de los días
Y en ellos verter
Las revelaciones de las noches sagradas,
Y después lograr que sus noches y días
No se metamorfoseen nunca;
Para lograr de su inventiva,
Un águila vigilante en las cumbres;
Y de sus razonamientos
Tormentas de océanos;
Y después darle una mano lenta
Para los juicios y para los deberes morales,
Y un pie pesado en sus cavilaciones;
Para brindarle felicidad para cantar su melopea
Ante nosotros,
Y tristeza para obligarlo a acudir a nuestro socorro
Y después humillarlo en su orgullo,
En el momento que la Tierra, de hambre,
Grite pidiendo pan;
Para subir su espíritu por sobre el cielo mismo,
Para hacerlo saborear nuestro mañana
Y permitir que su cuerpo se revuelque en el cieno
Y no pueda olvidar, de esa manera, su ayer.
En esa forma conviene a nuestra Majestad
Gobernar al ser humano
Hasta el fin de los Tiempos,
Regulando su hálito,
Que comienza con el grito de su madre,
Y culmina con el llanto
De sus hijos.
EL PRIMER DIOS
Mi corazón se consume por la sed;
Empero no es mi deseo beber la sangre débil
De una estirpe bastarda;
Pues la copa está sucia
Y el vino que contiene, es amargo a mi gusto.
Como tú soy: modelé el barro
Y con él creé seres animados,
Que respiran y jadean;
Luego se escurrieron de entre mis dedos
En las montañas y en las selvas.
Al igual que tú, troqué en luz las tenebrosas
Profundidades, en el Comienzo de la Vida,
Vidas a las que después pude ver reptar
Desde las cavernas y ascender a las elevadas
Cimas de los montes.
Yo, al igual que tú, convoqué a la Primavera,
Para subyugar y fascinar a los jóvenes,
Y le adjudiqué el don de la Belleza,
Para incitarla a evolucionar y producir.
Yo, al igual que tú, dirigí al hombre
De un templo a otro templo,
Y transformé a sus mudos terrores
En algo indestructible, en Fe
Que tiembla a causa nuestra,
Sin que le fuera posible divisarnos ni comprendernos.
Yo, al igual que tú, puse por sobre mi cabeza la Tormenta
Huracanada para que se prosterne delante nuestro;
E hice al suelo sacudirse bajo sus pies
Para implorar y rogar nuestra ayuda.
Yo, al igual que tú, induje al desenfrenado mar,
Que anegó la cuna de su islote,
Hasta que murió gimiendo
E implorando
Todo esto es, y mucho más aún, lo que hice;
Pero todo fue estéril e inútil.
¡Inútil es el despertar!
¡Inútil es el descansar!
Y tres veces es estéril e inútil el soñar
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Augustos hermanos!
En un claro del bosque de mirtos
Hay una doncella que danza
En honor a la luna.
En su cabello han anidado mil estrellas
Como mil gotas de rocío,
Y un millar de alas envuelven sus pies.
EL SEGUNDO DIOS
Hemos sembrado al ser humano,
Y con su esencia hicimos nuestra viña;
Hemos arado el suelo,
En la niebla rosada
De la más temprana aurora.
Hemos cuidado el retoño
De los tiernos sarmientos,
Y vigilado y alimentado
A las hojas más nuevas,
Atravesando los años,
Que no supieron de estaciones.
Hemos cuidado los brotes
De las inclemencias del Tiempo,
Y hemos velado por que las flores crecieran sanas,
Libres de los embates de los espíritus oscuros
Y en este momento en que nuestras viñas
Nos han dado la uva,
Vosotros no la acarrearéis hasta el lagar para colmar vuestras copas.
Vuestras manos son más diestras
Que otras
Para cosechar.
Elevados son los planes
Que esperan apagar vuestra sed
Con el vino.
El hombre es la comida dilecta de los dioses.
La Gloria del hombre empieza
Cuando las bocas divinas devoran
Sus hálitos errabundos.
Todo lo que sea humano
Es absolutamente sin valor,
Si humano sigue siendo.
La pureza de los niños
Y el dulce apasionamiento de la juventud;
El empuje de la virilidad de los hombres,
La madura Sabiduría de los viejos;
La majestad de los monarcas,
La gloria de los guerreros,
El reconocimiento de los poetas,
La bondad de los idealistas,
Y la honorabilidad de los Santos:
Todo esto y todo lo que transporta
En su pliegues,
Es el alimento de los dioses.
Y solamente será pan, sin bendición,
Hasta que los dioses lo lleven a su boca.
Igual que la espiga muda que se convierte en un canto
De amor, en el pico de un ruiseñor,
De igual manera es el hombre, cuando está destinado
A ser alimento divino.
En ese momento su mayor goce será el ser saboreado
Por el dios.
EL PRIMER DIOS
Así es; es cierto que el hombre
Es el alimento de los dioses
Todo cuanto del hombre procede
Será servido en los banquetes
De las deidades eternas.
De embarazo los dolores,
Del parto el sufrimiento
De los niños la gritería
Atraviesa el cora zón de los cielos;
El llanto de la mujer que pelea
Por poseer el ideal que ansía,
Para poder verter de su seno
La vida marchita;
Los apasionados suspiros que nacen
Entrecortados de las gargantas de los jóvenes,
Las lágrimas henchidas de sentimiento,
Cuyos tesoros todavía no han sido hallados;
Los rostros de los fuertes varones
Que destilan sudor que abrasa
El árido suelo;
Las aflicciones y la angustia de la vejez
Senil y decrépita;
En el momento que la vida es invitación
Al sepulcro, en contra de la voluntad
De la vida misma.
¡Ved! ¡Este es el hombre!
Un ser engendrado por el hambre,
Para luego ser el alimento
De los voraces dioses;
Es una vid que se arrastra
Abajo de la tierra,
Bajo las plantas de la muerte
Que nunca muere.
Es como un capullo que crece y da flor
Tan sólo en las noches de los malignos fantasmas.
Es como una uva que sólo madura
En los días que brotan las lágrimas
Del horror, de la malignidad
Y de la ignorancia.
Y a pesar de eso, deseáis que yo coma
Y beba.
Me exigís que me acomode
Entre los rostros amortajados,
Y que dé de beber a mi existencia
De la boca petrificada,
Y que acepte la inmortalidad
De manos yermas
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Oh, hermanos terribles!
Los jóvenes cantan en el fondo
Del Valle; pero sus cantares ascienden
A las altas cumbres.
Con esa voz hacen tiritar al bosque
Hendiendo el centro mismo de los cielos,
Disolviendo las ensoñaciones de la tierra.
EL SEGUNDO DIOS
La abeja llena groseramente con el zumbar
Tus oídos.
En tu boca la miel tiene sabor a hiel.
Sería mi deseo el consolarte; pero... ¿de qué manera lograrlo?
Cuando los dioses hablan con los dioses
Solamente el Abismo los oye;
Pues las profundidades que distancian a los dioses
Son inconmensurables y sin fronteras.
El cosmos está callado: no sopla brisa.
Con todo ello quisiera consolarte.
Desearía hacer de tu mundo cubierto de nubarrones
Otro despejado y limpio;
Y sin embargo ser los dos iguales en fortaleza
Y en entendimiento, quisiera darte un consejo franco.
En el momento que la Tierra nació del Caos;
Y nosotros, hijos del Comienzo, nos conocimos
El uno al otro, en la luminosidad alba y pura,
En ese momento modulamos la primera voz, vibrante,
Que le dio vida a las corrientes del agua y del aire.
Después caminamos, el uno junto al otro,
En el techo del planeta joven, inexperto.
Del rumor de nuestros pasos
Surgió el Tiempo -una cuarta divinidad-
Que siguió nuestro mismo sendero,
Oscureciendo con su sombra
Nuestros deseos y meditaciones,
Y no supo mirar sino por la luz de nuestros ojos.
Después llegó la Vida a la Tierra,
Y el espíritu se encarnó en la Vida.
El espíritu era una canción alada
En el Cosmos.
Y así gobernamos, reinando sobre la Vida
y el Espíritu.
Y nadie más que nosotros, nadie pudo entender
La longitud de los años,
Y las templanzas de las ensoñaciones
Nebulosas de las eras;
Hasta que llegó el séptimo siglo,
Entonces en la bajamar de su mediodía
Hicimos venir al mar con el sol;
Y del tálamo de esta santa unión
Creamos al ser humano, que, pese a su endeblez
Y fragilidad, prosigue llevando el signo
De la estirpe de sus padres.
Y por medio del ser humano que transita por la tierra,
A medida que sus ojos van pegados a los astros,
Hemos hallado senderos que llevan a los continentes
Más distantes del orbe.
Y del ser humano -él que es una humilde caña
Crecida en aguas turbias-
Construimos una flauta, en cuyo vacío corazón
Siempre vertemos nuestra voz
Para ser trasladada a los cuatro puntos cardinales
Del Cosmos, callado y silencioso.
Y de las regiones del Norte
Que no tienen al sol,
A los médanos del Sur, por el sol calcinados;
Y desde la región de las flores de Loto
En donde nacen los días,
Puedes ver al hombre, de vacilantes sentimientos,
En nuestra razón y causa hacerse fuerte;
Se dirige mediante el laúd y el puñal,
Difundiendo nuestro capricho,
Propalando nuestra soberanía.
Los lechos de ríos que hollan sus amorosas plantas
Son arroyos que van a la mar
De nuestros ideales.
Acomodados en nuestra altura
Nos adormecemos en nuestras ensoñaciones,
En las horas de sueño del hombre
Excitamos sus días para que deje
La llanura del horizonte inalcanzable,
Y de esa manera buscar su mejoramiento en los montes.
Las manos nuestras conducen y encaminan
Las tormentas que destrozan el Cosmos;
Dirigen al hombre de la tranquilidad estancada
y yerma
A la acción productiva
Y desde ese lugar al Triunfo.
En los ojos nuestros hay visiones llenas de luz que
transforman
El hálito del ser humano en Hoguera;
Y lo encaminan a una soledad elevada y a una
Rebelde Profecía.
Y desde ese lugar al Calvario.
El ser humano ha nacido para ser esclavo;
Su honor y su retribución son dominio de la esclavitud.
En el ser humano exigimos el signo de lo que
Existe en nuestra esencia;
Por intermedio de la vida suya nosotros ansiamos hallar
Nuestro yo perfeccionado.
Si el polvo de la tierra acalla
Y silencia el alma del ser humano,
¿Qué alma podrá hacer repetir
La reverberancia de la Voz nuestra?
Y si la luz de los ojos del ser humano se ha apagado,
Por la tiniebla nocturna,
¿Quién podrá mirar el resplandor de nuestra Gloria?
¿Cuál es el destino que debemos dar al ser humano
Si es el primogénito de nuestra alma
Y fue concebido a nuestra imagen y semejanza?
EL TERCER DIOS
¡Hermanos! ¡Oh hermanos poderosos!
Los pies de la hermosa danzarina
Se emborracharon con el licor de los cantares,
Alarmando a las moléculas reverberantes del éter.
Ella es como una paloma,
Que cierne por sus alas,
Alzándose hacia lo alto.
EL PRIMER DIOS
La alondra que busca a otra alondra,
Pero el águila vuela sobre ella.
La alondra no para nunca para escuchar el cantar.
Tú pretendes proclamar el amor propio,
Y que sea continuado en la duración del ser humano,
De acuerdo con la esclavitud del ser humano.
Pero mi amor propio es ilimitado,
Es inconmensurable. Yo quiero alzarme por sobre lo perecedero
De mí, sobre la Tierra, y tomar para mí un trono
En lo alto. De esa manera abarcaré el Cosmos
Con mis manos y rodearé los mundos
Quiero hacer de la Vía Láctea mi arco,
Y de las centellas mis saetas,
Y con lo infinito pretendo hacerme dueño de lo infinito.
Pero tú no deseas hacer esto,
Aunque fuera tu voluntad el hacerlo.
La relación que existe entre hombre y hombre
Es idéntica a la existente entre dioses y dioses
Y tú deseas atraer a mi espíritu agotado
La remembranza de las escenas,
Que se sucedieron en la noche
En el momento que mi corazón trataba de hallarse a sí mismo
Entre los montes,
Y mis ojos han buscado su imagen
En las aguas serenas.
Pero la Amada de mi pasado,
Murió al nacer,
Y únicamente el silencio es visitante de su vientre,
Y el polvo que el viento arrastra,
Amamanta su seno.
¡Oh pasado mío! ¡Oh mi ayer perecedero!
¡Oh padre de mi divinidad esclavizada!
¿Qué Deidad Omnipotente te encarceló
En tu vuelo, y te obligó a nacer en una celda?
¿Qué Sol agigantado te contagió su calor,
En tu vientre para engendrarme?
No es tuya mi bendición, pero tampoco mi maldición,
Pues igual que has cargado mis hombros
Con la agobiante carga de la vida,
De esa forma yo he cargado los hombros del ser
humano.
Pero he sido más compasivo que tú,
Pues yo, inmortal, hice del ser humano,
Una sombra fugaz; en tanto que tú, el mortal,
Me has creado eterno.
¡Oh mi pasado! ¡Oh mi ayer perecedero!
¿Retornarás con el futuro distante?
Deseo llevarte para que te juzguen.
¿Despertarás con la segunda Alborada
De la vida, para quitar de la tierra
Tu recuerdo atado a la Tierra?
Desearía yo que tu resurrección tuviera lugar,
Junto a la de todos los antiguos cadáveres,
Para que de esa manera se ahogue la tierra,
Con sus frutas amargas,
Y se ensucien todos los océanos
Con la sangre de los que han sido sacrificados en ellos;
Y que la tristeza, con otra más grande,
Acaben con cuanto haya en la tierra
De inservible fertilidad.
EL TERCER DIOS
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh hermanos sagrados!
Nuestra joven ha escuchado la seductora canción
En este momento trata de encontrar al cantante.
Ella se siente como la gacela,
En la felicidad de su asombro.
Danza sobre las piedras,
Y a la orilla de los arroyos,
Saltando en todas partes.
¡Qué hermosa es la alegría
Que hace compañía a los deseos idos!
¡Que hermoso es el Ojo
Que es abierto al Final nacido a medias!
¡Qué hermosa es la sonrisa que tiembla,
Cuando goza
De una prometida alegría!
¿Cuál capullo es ése que surgió del espacio?
¿Cuál es esa flama que ha ascendido
Del infierno, llevando a la esencia del silencio
A esta felicidad, y a este miedo de gemidos entrecortados?
¿Cuál es esa ensoñación que hemos tenido en lo alto?
¿Cuál meditación es aquella que hemos mandado
En alas del Viento
Y que despertó a la llanura somnolienta
Haciendo levantar los párpados de la noche?
EL SEGUNDO DIOS
Te fue regalado el santo Telar,
La gracia y el arte de tejer,
Los vestidos.
Tanto la habilidad como el telar,
Serán tu legado
Por toda la Eternidad.
Junto a ellos te será dado
El oscuro hilo y la Luz,
Y tuya será asimismo la púrpura y el oro,
Pero tú tejes de ti mismo
Una vestidura.
Tus manos tejieron del aire viviente
Y del flamígero fuego, el espíritu humano mismo.
Pero ahora quieres cortar el. hilo
Y alejar tus poéticos dedos
En la inservible inmortalidad.
EL PRIMER DIOS
Sí, sí. Retiraré mi mano
Hacia la eternidad, en donde las formas
No se han vaciado todavía.
En la campiña, que hasta este instante
Ha permanecido virgen de huella alguna
Asentaré mis plantas.
¿Qué felicidad puedo hallar en escuchar
Las canciones ya escuchadas por otros,
Y que el recordar del oído,
Colecciona sus cantares,
Antes que la brisa las dé
Al oleaje del viento?
Mi espíritu ansía lo que no puede
Imaginar ni inventar.
No enviaré mi alma
Mas que a la tierra incógnita,
En donde no morará el recuerdo.
No me tientes, te lo ruego,
Con la gloria. No busques para mí
Un consuelo en tus ensoñaciones o en las mías;
Pues todo lo que en mí existe
Y en la tierra, y todo lo que existía
En el Cosmos, no podrá tentar a mi espíritu.
¡Oh, espíritu mío! Tu faz está silenciosa
Y los nocturnos fantasmas
Duermen detrás de tus párpados;
Pero tu callar es horrible.
Asimismo tú lo eres.
EL TERCER DIOS
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh, hermanos augustos y solemnes!
La doncella halló al cantante;
Y en este momento goza, observando la cara de su amado.
Ella camina como una tigresa,
Su majestuoso andar la lleva
Entre viñedos y acantilados.
El la observa a través de la canción de su amor.
¡Oh, hermanos míos! ¡Oh hermanos atolondrados!
¿Se encontrará en ese lugar otra sufriente divinidad,
Y que con su dolor ha tejido
Ese vestido púrpura y blanco?
¿Cuál estrella tan fugaz, es ésa
Que huyó enloquecidamente?
¿Quién puede separar el alba del crepúsculo
Aún secretamente?
¿Quién puede posar su mano
Sobre nuestro mundo?
EL PRIMER DIOS
¡Espíritu mío! ¡Espíritu mío!
¡Oh, esfera flamígera que me envuelve
Con su ardor!
¿De qué manera podré encaminar sus pasos
Y hacia qué Cosmos dirigir tus ansias?
¡Espíritu mío, que no hallas compañera!
En tu hambre, te cazas a tí mismo
Con lágrimas tuyas pretendes aplacar tu sed;
Pues la noche no guarda su rocío
En las copas tuyas,
Y el día no te ofrece sus frutas.
¡Espíritu mío! ¡Espíritu mío!
Tú que quieres llevar tu nave a puerto,
Henchida de ansias,
¿De dónde proceden los Vientos para hinchar
Tu velamen?
¿Qué abundante marea llegará a liberar
Tu proa?
Tu ancla lista se encuentra
Y prontas están tus alas
Para levantar vuelo;
Pero el cielo que está sobre tí
Está callado, y el calmo océano,
Se mofa de ti.
Entonces... ¿que esperanza podemos guardar
Los dos: tú y yo?
¿Qué fluctuaciones en los mundos,
Que cambios en los deseos,
Y designios y propósitos
De lo alto te habrán de exigir?
¿Traerá el vientre de la virgen infinita
La simiente de tu Redentor
Ese que es más fuerte aún que tus propios sueños
Y cuya mano será tu salvación
Del cautiverio y la esclavitud?
EL SEGUNDO DIOS
¡Acalla tus inoportunos aullidos
Y los susurros de tu apasionado corazón!
Pues el oído de lo infinito está sordo,
Y sin prestar atención la mirada del cielo.
Somos todo lo que hay atrás
Y sobre este mundo.
Entre nosotros y la infinita Eternidad
No existe nada.
Sólo existen las pasiones nuestras,
Que todavía no han terminado de formarse;
Y nuestros designios que no se han
Completado todavía.
Tú llamas a lo desconocido;
Pero lo desconocido envuelto en la niebla movediza.
Mora en lo más profundo de tu espíritu.
Si, en lo hondo de tu alma,
Reposa por siempre tu Salvador,
Y en su dormir, observa lo que no sabrán observar
Tus ojos abiertos.
Este es el misterio de nuestra vida.
¿Dejarás de recoger tu cosecha,
Para arrojar apuradamente las simientes
En los surcos de tu soñar?
¿Por qué disipas tus n ubes
En los áridos campos,
Cuando el rebaño necesita de tu presencia?
Ve lentamente y observa este mundo:
Fíjate en los hijos del amor tuyo aún no destetados.
Tu hogar es la tierra y a la vez tu trono
Y encima de las más elevadas esperanzas
Del hombre, tu mano apresa su destino.
No es tu deseo el soltarlo;
El que pelea por llegar a tu lado
Con su dolor y con su felicidad,
En tanto que tu no desvías la mirada
De la necesidad que ves en sus ojos.
EL PRIMER DIOS
¿Abrazará el Alba a su pecho
El co razón de la noche?
¿Se sentirá preocupado el Océano por los
Cuerpos de los que han muerto en él?
Mi espíritu, como el Alba, se despierta
En mis honduras, serena y desnuda.
Y, al igual que el mar, que no reposa
De esa forma mi espíritu aleja de sí
Toda la hez del hombre
Y de la tierra.
No me encariñaré a todo lo que se encariña
A mí;
Pero yo quiero elevarme hasta llegar
A esa sublime Elevación, de cualquier
Manera que pueda.
EL TERCER DIOS
¡Oh Hermanos míos, ved!
Dos almas parten rumbo a las estrellas.
Se encontraron en el Cosmos para examinarse.
Se observan, calladamente, el uno al otro.
El cantante interrumpió su melopea
Pero su garganta calcinada por el sol,
Se emociona todavía por la canción.
Su compañera, la danzarina,
Detuvo el ritmo en su cuerpo,
Mas no ha sido presa del sueño.
¡Oh hermanos míos!
¡Oh hermanos extraños!
La noche se vuelve más y más oscura,
Y la luna más brillante.
Entre el océano y la selva,
Nos invoca el amor en voz alta,
A reunirnos en su alma.
EL SEGUNDO DIOS
¡Qué fútil es el Vivir!
¡Qué inútil es el despertar
Y el broncearse al rostro del sol!
¡Qué trivial es existir y ser el guardián
De las noches de los que están vivos,
De la misma manera que es el vigilante el Ojo de Orión!
¡Qué vano es enfrentarse
Con los vientos de los cuatro puntos del mundo,
Con la altiva frente ceñida de laureles!
¡Qué banal es curar la maldad De los hombres
Con hálitos, cuyo océano no tiene mareas!
El tejedor de oficio
Ante su telar está sentado,
Tejiendo sin cesar;
El alfarero hace girar su torno
Sin ganas ni preocupación,
Pero nosotros, que nunca dormimos
Y que ningún saber se nos escapa,
Nos hemos librado de la tenebrosidad
De la inseguridad y la duda.
Nosotros nunca dudamos,
Ni ahondamos en el observar
Y en el meditar,
Pues nos hemos alzado
Por encima de los cuestionamientos inquietos.
Vivamos alegres y en paz;
Saquemos de su jaula y libertemos a las aves
De nuestras reflexiones.
Vayamos hacia la mar,
Sin que nos rodeen
Peñascos y acantilados:
Y al llegar a las aguas
Y al confundirnos con el oleaje,
En el fondo del mar,
Cesaremos de meditar y de discutir,
En el destino del futuro,
Eternamente.
EL PRIMER DIOS
¡Ah! ¡De que manera nos causan un dolor inacabable,
Esas profecías que parecen no tener fin!
¡De qué forma aburre esa vigilia
Que encamina el día,
Hasta el atardecer,
Y la noche, encaminándose hacia el Alba!
¡Ah! de esta corriente que nos lleva
A la perenne memoria y al permanente olvido
¡Ah! de esta continua siembra
De las simientes del Destino,
Y de las que únicamente cosechamos
Esperanza.
¡Ah! de esta inmutable elevación del yo,
Desde la polvareda de la tierra
Hasta la niebla, para que, al ansiar
La tierra, vuelva a aposentarse en la tierra,
Y al crecer nuevamente su ansia,
Se eleve buscando la niebla.
¡Ah! de esa medida que jamás varía,
Fuera de la fluctuación de su propio tiempo.
¿Ansiará mi espíritu ser un océano
Cuyas mareas y marejadas se entrecruzan
Inacabables, o u Cosmos en el cual
Las brisas se transformen en tormentas?
Si yo fuese un hombre;
Si yo fuese un ciego aroma,
Hubiese logrado soportar todo esto;
O si fuese yo el Dios Altísimo,
Que llena el vacío del hombre
Y de los dioses
Me hubiera bastado con ser yo mismo.
Mas tú y yo no somos hombres
Ni tampoco somos el Altísimo Supremo que está
Por encima de nosotros.
Somos atardeceres que nunca cesan
De nacer y morir
De aparecer y desaparecer
De un horizonte a otro.
Somos dioses aferrados a los humanos,
Y éstos a nosotros.
Es nuestro destino a soplar en los cuernos;
Pero el alma que sopla, y la melodía
Arrancada de nuestros instrumentos,
No son nuestros;
Provienen del cielo.
Por ese motivo es que deseo la rebeldía,
Quiero sacar todo lo que en mí existe,
Hasta quedarme vacío.
Es mi deseo esconderme del recuerdo
De este silencioso joven,
Que nuestro hermano menor es,
Y que sentado está cerca nuestro,
Mirando hacia aquel valle.
A pesar de desplegar sus labios,
No pronuncia una sola palabra.
EL TERCER DIOS
Yo hablo, hermanos negligentes,
Y únicamente la verdad pronuncio;
Mas vosotros únicamente escucháis vuestras palabras.
Os ruego que veáis a vuestra gloria
Y a la mía en vez de plegar los párpados,
Y voltear los rostros del mío,
Apartando vuestro trono.
¡Oh, señores gobernantes
Que ansiáis posar los pies
Sobre el mu ndo superior,
Y el mundo inferior!
¡Oh dioses egoístas, cuyo pasado
Está constantemente envidiando vuestro futuro!
¡Oh dioses hastiados por vuestra carga agobiante;
Que saciáis la agresividad de vuestra furia
Con vocablos;
Que castigáis vuestros ojos con centellas!
Vuestra discusión no es otra cosa
Que la voz de un antiguo laúd,
Que los dedos del Todopoderoso
No saben tocar ya sino a medias.
Ese Todopoderoso que utiliza
A las Pléyades por címbalos,
Y a Orión por cítara
Que hasta en este momento,
En que gritáis y tartamudeáis,
Toca y tañe su címbalo y su cítara.
Os pido que oigáis sus cantares.
Ved: un hombre y una mujer:
Una llamarada sobre otra llamarada,
Y que se consumen en el éxtasis amoroso
Y apasionado.
Raíces que se amamantan del seno purpúreo
De la tierra;
Capullos llameantes sobre el pecho altísimo del cielo.
Nosotros somos ese seno purpúreo
Y el cielo inmortal.
Nuestro espíritu es el espíritu de la vida,
Es, vuestro espíritu y el mío;
Pero es que, por esta vez, pasa la noche
En una ardiente garganta,
Sobre el cuerpo de una doncella virginal,
Con un manto de agitado oleaje.
Vuestro poder no cambiará
Las cosas que nos han sido encomendadas.
Vuestros pesares y dolores
Son la encarnación de la avidez;
Pues todo será borrado algún día de la faz de la tierra
Dentro del apasionamiento del hombre
Y el sentimiento amoroso de la Virgen
EL SEGUNDO DIOS
¿Por qué ese enamoramiento entre el hombre
Y la mujer?
Ve de qué manera danza el viento del Norte,
Con sus ligeros pasos,
Y de qué forma el viento del Poniente sopla,
Entonando una canción.
Observa a nuestra santa causa
Sentada, ya, en su trono,
Con la languidez y entrega de un alma,
Que modula su canción a un cuerpo que danza.
EL PRIMER DIOS
No miraré yo el orgullo presuntuoso
De la tierra,
Ni tendré siquiera a sus hijos en cuenta,
En su sufrimiento, que ellos llaman amor.
¿Y qué otra cosa es el amor sino un escondido tambor,
Que dirige una enorme procesión de dulce inseguridad,
A una forma diferente de un lento sufrir?
No quiero yo observar esa fantasía.
¿Qué cosas se ven allí, sino a una mujer
Y un hombre, en la selva que ha brotado
Para cazarlos con sus artimañas,
A inculcarles la negación del yo,
Y el engendramiento de sus hijos
Para nuestro futuro,
Aún no engendrado?
EL TERCER DIOS
¡Ah! del sufrimiento que engendra la sabiduría;
Del espeso velo mediante el cual
Nuestros cuestionamientos e investigaciones,
Cubrieron el rostro de la Tierra;
Del llamado a la guerra que, en cada minuto,
Formulamos a la paciencia de los hombres.
Nosotros dejamos bajo cada roca
Una figura de cera;
Después decimos que es una forma de barro
¡Que en barro acabe!
Con nuestras manos tomamos la blanca llama
Y luego decimos a nuestros espíritus:
Es el aroma de nuestro yo, que retorna
Al lado nuestro;
Y un soplo de nuestros soplos que huyó de nosotros
Y que luego tratamos de hallar en nuestras manos
Y en nuestra boca más aromas.
¡Hermanos míos! ¡Dioses de la tierra!
Aunque estuviéramos en lo más elevado
Del acantilado,
Continuaremos yendo
En dirección a la tierra, por intermedio de los hombres,
Que anhelan las doradas horas
Que se encuentran en el destino de su hermano
El ser humano.
¿Será despojada por nuestra sabiduría la hermosura
De su mirada?
¿Disminuirán nuestros límites su pasión al acallamiento?
¿Las alzarán hasta nuestro propio apasionamiento?
¿Que podrán hacer los ejércitos de vuestras reflexiones
Frente a los poderosos ejércitos del Sentimiento?
Pero aquellos que fueron
Por el amor vencidos,
Y sobre sus cuerpos muertos desfilaron sus carros y naves,
Desde las naves hasta el acantilado,
Y desde el acantilado hasta los mares
Se detienen ahora, y en cualquier momento,
Abrazándose entre sí, con respeto y con sonrojo.
Al reunir los pétalos de los capullos
De su amor,
Huelen el santo aroma de la vida,
En la unión de sus espíritus,
Encuentran a la vida misma,
Retratándose sobre sus ojos
Un rezo que hasta nosotros se eleva.
El sentimiento es una tiniebla que se inclina
Con respeto dentro de una santa
Tienda.
Es un cielo que se transformó en selva.
Es todas las estrellas transformadas
En luciérnagas.
Lo cierto es que somos todo lo que se encuentra atrás
Y sobre este planeta;
Pero el sentimiento se encuentra muy lejos
De poder ser alcanzado por nuestros
Cuestionamientos;
Y demasiado sublime como para llegar hasta él,
Con nuestro cantar.
EL SEGUNDO DIOS
¿Es acaso tu búsqueda un mundo lejano
Y procuras dejar de pensar en las estrellas
En las que has sembrado tu vigor y tu fuerza?
En el cosmos no existe sitio donde no contraigan nupcias
El espíritu con el espíritu
Y en donde la Belleza fuera sacerdote y testigo.
Observa y verás cómo la Belleza está difundida
Ante nuestras plantas;
Mira bien cómo desborda la Belleza
Nuestras manos
Para esconder nuestra boca con humillación.
Lo más distante y lo más cercano,
Y en cualquier parte donde la Belleza se encuentre,
En ese lugar se encontrará todo lo demás
¡Oh, soñador y sublime hermano mío!
Regresa a nosotros
Y abandona esa etapa de oscura melancolía.
Aleja tus huellas del "no-lugar"
Y del "no-tiempo",
Y ven a vivir entre nosotros,
En esta confiada paz,
Que tus manos a la par de las nuestras
Han construido piedra sobre piedra.
Libérate de los velos
De las palpitaciones de tu corazón.
Conviértete en nuestro comp añero
En el Gobierno de este país cálido y joven
Por su verdor majestuoso.
EL PRIMER DIOS
¡Altar eterno!
¿Es cierto que necesitas un dios
Para sacrificar esta noche,
En holocausto tuyo?
Pues aquí estoy: a ofrendarte voy
Mi Amor y mi Sufrimiento.
Allá estará en pie la danzarina
Que fue esculpida en nuestra más antigua
Ansia.
El cantante modulará mis melopeas
En el oleaje marino.
En esa danza y en ese cantar
Fallecerá un dios omnipotente
Muy dentro de mí.
El dios de mi alma
Que mora tras mi pecho
Busca al dios de mi alma
Que tiene sú morada en el Viento.
Y el humano abismo
Que tantas otras veces ha invadido mi paz
Requiere a gritos, al dios
La Belleza que hemos ansiado,
Desde el comienzo,
Asimismo lo llama.
Y en el momento que lo escuchaba, también medía ese llamamiento.
Y en este momento rindo mis armas.
La belleza es un Camino que lleva
Al yo sacrificado por su propia mano,
Y ahora tañe sus cuerdas;
Listo me encuentro a transitar
Ese camino,
Que se aleja hasta una nueva
Aurora.
EL TERCER DIOS
¡Ha vencido el Amor!
Ya fuere, el Amor, blanca pureza,
O verdor esmeralda, a la vera de un claro lago:
Ya fuere la majestad o la estilizada elegancia,
En las altas torres;
O si se hallara en un paraíso frecuentado
Por la gente,
O en un desierto virgen de huella humana,
El amor es nuestra Divinidad,
Y nuestro Maestro
En todos los instantes.
El amor es como una voluptuosa degustación
Y transitorio deleite del cuerpo;
No es las migajas del deseo, caídas
Por la lucha entre el deseo y el yo.
No, y tampoco es el cuerpo en armas
Contra el Alma;
Pues el amor no entiende de rebeldía;
Pero sin embargo deja el sendero de los destinos antiguos,
Para caminar en dirección del bosque santo,
Y allí cantar y danzar
Las melopeas de sus Arcanos
En el oído del Infinito.
El Amor es como una Juventud
Que ha cortado sus cadenas,
En gallarda virilidad,
Que se ha liberado del cansancio
Y dolor de la tierra;
Una femineidad apasionada,
Abrasada por la santa llama,
Iluminada por la luz de un. Cielo
Que es más claro
Que el nuestro.
El Amor es como una risa lejana y distante
En las honduras de nuestra alma;
El Amor es como una irresistible compulsión
Que te conduce hasta el propio despertar.
El Amor es como una nueva Aurora sobre la Tierra:
Es un Día que no llegan a distinguir
Ni mis o os ni tus ojos;
Pero ha legado a los más santos
Templos de ese Día,
Por intermedio de su enorme alma.
¡Hermanos, hermanos míos!
La doncella llega desde el espíritu
De la Aurora, para encontrarse
Con su amado, que desde el Poniente llega.
Habrá boda en todo el valle
Y un día más grandioso
Que toda su historia.
EL SEGUNDO DIOS
Fue así desde la primera mañana,
He dejado en libertad a la tierra llana
Para que fuera a las montañas y valles
Y de esa manera será hasta la marea de la tarde postrera,
El postrer crepúsculo.
Nuestras raíces hicieron reverdecer
Las ramas que en el valle danzan;
Somos los capullos y los perfumes del cantar
Que desborda lo alto.
Lo perenne y lo perecedero
Son dos ríos paralelos que buscan
Continuamente la mar.
En medio de una búsqueda y otra búsqueda
No existe el vacío, sino en el oído.
La Temporalidad educa nuestros oídos
Para mayor seguridad,
Añadiendo aún más a sus ansias.
La voz no se calla en la garganta muerta
Que no duda;
Pero nosotros nos hemos alzado
Por encima de la duda.
El hombre es el hijo más pequeño
De nuestra alma.
El ser humano es una deidad
Que se eleva gravemente
A su propia divinidad.
Entre su sufrimiento y su felicidad
Reposamos, soñando
Nuestras ensoñaciones.
EL PRIMER DIOS
Permite que el cantante module,
Y que la bailarina dance,
Permíteme estar un momento en paz.
Mi espíritu quiere reposar esta noche;
Puede ser que el sueño sea más fuerte que yo.
En mis ensoñaciones construyo un mundo
Mucho más luminoso que éste:
Seres más hermosos que los
Nuestros llegan veladamente
A ocupar mis reflexiones.
EL TERCER DIOS
En este momento me elevo, y me libero
De las fronteras del tiempo y el espacio.
Danzaré en aquella huerta que no ha sido hollada
Por pie de hombre alg uno.
Con los míos, se moverán los pies de la danzarina.
Haré música en el centro de ese elevado mundo.
Quizá alguna humana voz se acoplará a mi voz.
Rebasaremos al horizonte distante,
Quizá nos despertaríamos en la aurora
De un mundo lejano.
Mas el Amor perdura, y nunca se olvidarán
Las marcas de sus dedos.
El santo fuego arde,
Y cada chispa que vuela
Es un sol apagado.
Más nos conviniera,
Más aconsejable sería
Para nuestro gobierno
Encontrar un minúsculo escondrijo
En donde poder dormir nuestra
Terráquea divinidad,
Postergando los inconvenientes del Reinado nuestro
Para el día siguiente,
En aras de ese Amor de la endeble humanidad.
miércoles, 4 de abril de 2007
DIOSES JAPONESES
DIOSES DE LA MITOLOGíA JAPONESA
AIZEN-MYO O AYZEN-MYOO
Dios Japonés del amor, adorado por prostitutas, cantantes y músicos. A pesar de su aparien-
cia feroz (posee un tercer ojo colocado verticalmente entre sus otros ojos y una cabeza de
león) es considerado un ser benéfico con el género humano. Originalmente fue un dios del
Shingon y Tendia y representaba los deseos del amor.
AJI-SUKI-TAKA-HI-K)NE
El dios Japonés del trueno, uno de varios. Nació ruidoso, y cuando creció se hizo aun más
ruidoso. Para callarlo, los dioses lo llevaron a una escalera para que la subiera y bajara
(esto explica el por que se acerca y retrocede el sonido del trueno).
AMA-NO-MINAKA-NUSHI
El Divino Señor de la Mitad del cielo de la mitología Japonesa. Esta relacionado con la Es-
trella Polar.
AMA-TERASU O AMATERASU
Es la diosa sintoista del Sol o de la Luz, literalmente: la "Deidad que ilunima el cielo",
o "Ella la que brilla en los cielos".
Nació de las manchas que Izanagi lavó en el río al salir del infierno. Resplandeciente en
su apostura, dignificada con su atuendo de caracter magnánimo y benigno, y brillaba glorio-
samente en el cielo. Tenía a su cargo el gobierno de los cielos. Es la figura central en el
Shinto y la familia Imperial Japonesa desciende de ella. Cuando su hermano Susanowo, el
dios de la tempestad, arruinó la tierra se retiró a una cueva debido a que ella fue muy
ruidosa. Cerró la cueva con un canto rodado gigante. Su desaparición privó al mundo de luz
y vida. Los otros dioses usaron todo su poder para que saliera de la cueva, pero no lo con-
siguieron. Finalmente fue Uzume quien lo logró. La risa de los dioses cuando vieron cómicos
y obscenos bailes de Uzume estimularon la curiosidad de Amaterasu. Cuando ella salio de la
cueva un haz de luz salió (hoy en dia se llama amanecer). La diosa entonces vió su propio
reflejo brillante en un espejo que Uzume había colgado en un árbol. Cuando ella se acercó
para verse bien, los dioses la agarraron y la sacaron de la cueva. Entonces volvió al cie-
lo, y trajo luz de nuevo al mundo. Más tarde, creó campos de arroz, llamados inada, donde
cultivó arroz. También inventó el arte de tejer con el telar y enseñó a la gente como cul-
tivar trigo y gusanos de seda. El santuario principal de Amaterasu esta situado en Ise-Jin-
gue en Ise, en la isla de Honshu. Este templo es derribado cada veinte años y entonces se
reconstruye en su forma original. En el interior del santuario esta representado su cuerpo
por un espejo. Ella es también llamada Omikami ("diosa ilustre") y Tensho Daijan.
AMATSU-KAMI
Los dioses japoneses del cielo. Ellos son los dioses celestiales y son eternos.
AMA-TSU-MARA
El Dios shintoista de los herreros. Junto con Ishi-Kori-dome este cíclope dios herrero hizo
el espejo solar que fue usado para tentar Amaterasu a salir del lugar donde se escondía.
AMATSU-MIKABOSHI
El dios japonés de la maldad. Su nombre significa "Augusta Estrella del Cielo".
AME-NO-KAGASE-WO
Una divinidad astral shintoista.
AME-NO-MI-KURAMI
Diosa sintoista del agua.
AME-NO-OSHIDO-MIMI
El hijo de la diosa Amaterasu. Rehusó ser el señor de la tierra cuando le ofrecieron esta
posición.
AME-NO-WAKAHIKO
El dios japonés que fue enviado para gobernar el mundo. Fue asesinado por el dios del cielo
Takami-Musubi.
AMIDA
Según sus devotos, el más grande de los dioses, soberano y ducho del paraíso; el protector
de las almas humanas, el padre y el dios de todos aquellos que son admitidos a gozar de las
delicias del paraíso: en una palabra, el mediador y el salvador de la humanidad; el dios al
que todo Japonés se gira en el momento de la muerte pues por su intercesión obtienen las
almas la remisión de todas sus faltas y llegan a ser dignas de la beatitud celestial. El
reino de Amida-Nyorai tiene un estanque de loto con bosquecillos de árboles de ambrosia de
joyas, en las ramas de ellos se posan aves maravillosas, mientras que campanas melodiosas
dependido de las ramas, y encima de esto el Budha y su círculo de ángeles, pétalos de bon-
dad se dispersan con la brisa. Hace dos mil años que vivió, habiéndose ejercitado muchos
miles de años en la penitencia y la predicación: hasta que cansado de su existencia, se dió
muerte y fue contado en el número de los dioses. Creen sus adoradores que Amida goza de
gran crédito con Jemma, dios de los Infiernos, para inclinar a este severo juez, no solo a
mitigar las penas de los culpables, sino también a hacerles gracia enviándolos otra vez al
mundo antes del tiempo prescrito para la expiación de sus pecados. Amida es venerado sobre
todo por los devotos que antiguamente le ofrecían el sacrificio de su vida ahogándose en
honor suyo. La víctima entraba en una barquita dorada y adornada de gallardetes de seda; se ataba unas piedras al cuello, en los pies, y en los vestidos; bailaba al son de varios ins-
trumentos, y luego se arrojaba al río. Algunas veces hacían un agujero en la barquilla y se
dejaban caer al fondo a la vista de una multitud de parientes, amigos y bonzos. Otros entu-
siastas de la misma clase se metían en una cueva estrecha en forma de una tumba, cubierta
por todas partes a excepción de un pequeño agujero que servia para entrar el aire, y en es-
te sepulcro el devoto no cesaba de llamar a Amida hasta que expiraba. He aquí la descrip-
ción que hacen de esta divinidad sus discípulos. Dicen que es el Ser supremo; sustancia
indivisible, incorpórea, inmutable, distinta de todos los elementos; que existe con la na-
turaleza, que es el manantial y el fundamento de todo bien, sin principio ni fin, infinito,
inmenso y creador del universo. Es representado en un altar, montado en un caballo con
siete cabezas, jeroglífico de siete mil años, con cabeza de perro, teniendo en sus manos un
anillo o círculo de oro que está mordiendo. Este emblema tiene bastante analogía con el
círculo egipcio considerado como un emblema del tiempo: por lo mismo este dios es un jero-
glífico de la evolución de las edades o más bien de la eternidad misma. Otras veces le dan
tres cabezas, cada una cubierta de una especie de bonete, con barba larga. Sus vestidos
consisten en un ropaje riquísimo guarnecido de perlas y de piedras preciosas.
ANAN
Primo, amigo y seguidor leal de Budha. En Japón es extensamente reverenciado como un inmor-
tal. En la India es llamado Ananda.
AN-NO-TANABATA-HIME
Un dios astral japonés.
BAKEMONO
Espiritus poseidos por poderes del demonio. El término cubre espíritus tales como kappa
mono-no-ke (espíritus del demonio), oni, ten-gu, y yamanba o yama-ubu (una bruja de la
montaña).
BAKU
Un espíritu japonés bueno, llamado el "comedor de sueños". Se dice que los sueños de maldad
están causados por espíritus de maldad. Cuando una persona despierta de una pesadilla, se
puede recurrir a Baku, diciendo: "Baku, come mis sueños". Así Baku sera inducido para tor-
nar un sueño malo en fortuna. Tiene una cabeza de león, pies de tigre y un cuerpo de caba-
llo.
BENTEN
La diosa japonesa del amor, la elocuencia, la sabiduría, las artes, la música, el conoci-
miento, la buena fortuna y el agua. Es la protectora de la geishas, los bailarines, y los
músicos. Originariamente fue diosa del mar o diosa del agua. Más tarde se hizo diosa del
rico y fue añadida Shichi Fukujin. Benten es retratada como una mujer bella, viajando en un
dragón mientras que juega con un instrumento de cuerda. Tiene ocho brazos y en sus manos
tiene una espada, una joya, un lazo, una flecha, una rueda, y una llave. Las dos manos res-
tantes están juntas en oración. Se dice que cuando un dragón devoró a muchos niños, ella
descendió a la tierra para parar su maldad.
BENZAI-TEN
La diosa japonesa del lenguaje, la sabiduría, el conocimiento, la buena fortuna y el agua.
BIMBOGAMI
El dios japonés de la pobreza. Aunque hay muchos que lo rehuyen para evitar muchos "males- tares", hay otros que hacen rituales especiales para obtener sus favores.
BINZURU-SONJA
El dios japonés de la cura y la buena vision. Como él es incapáz de escapar del dolor ayuda
a otros a hacerlo.
BISHAMON
El dios Japonés a quién muchas funciones son atribuidas, pero es conocido como un dios de
la guerra, distribuidor de riqueza y protector de ella. También protege contra demonios y
enfermedades, y es un guardián del Norte. Bishamon pertenece al Shichi Fukujin y es retra-
tado completamente armado, encima de demonios y con una lanza en su mano, algunas veces lleva una rueda de fuego como un halo.
BOSATSU
La forma japonesa del bodhisattva sanscrito, una manifestación de Buddha en el pasado, pre-
sente o futuro. A punto de entrar en el nirvana, así escapa de la carga de existencia indi-
vidual, un bodhisattva ha decidido quedar en tierra para el beneficio de la humanidad.
BUTSU
Es el nombre japonés de Buddha.
BUTSUDO
La palabra japonesa para el Budismo. Literalmente significa "Camino de Buddha".
DENIX
Dios japonés de la guerra.
DRAGÓN DE KOSHI
Vivia cerca del monte Torikami en Izumo (donde se encuentra la puerta del infierno). Segun
la leyenda era un dragon rojo de ocho cabezas y ocho colas, del tamaño de ocho montañas y
ocho valles, que año tras año visitaba un poblado cercano donde vivian dos ancianos llama-
dos Ashinazuchi y Tenazuchi con sus ocho hijas, mismas que habian sido devoradas por este
dragon, hasta que solo quedaba la menor, cuando la fecha en que el dragon vendria por la
ultima hija, el dios Susa No Ho descendio cerca y sintio piedad por los ancianos, tomo por
esposa a la ultima hija y planeo la muerte del dragon, embriagandolo con sake y cortando
sus ocho cabezas y al cortar su cola encontro una espada magica de gran filo llamada Kusa-
nagi, que es una de las tres joyas imperiales y se venera en el templo de Atsuta.
IZANAGI E IZANAMI
Izanami significa "Macho que invita" y tiene como compañera a Izanami, la "Hembra que invi-
ta". Estas dos deidades fueron enviadas al mundo por orden de las "deidades celestiales" a
fin de traer cosas a la tierra. Decendieron de su morada por el "Puente flotante del cielo"
(se interpreta como arcoiris). Izanagi cortó através del espacio con su espada y las gotas
de agua salada de la punta de su espada se coagularon en un islote llamado Onokoro, es de-
cir, "Autocoagulante". Después aterrizaron ahí y se casaron y más tarde dieron la vuelta al
islote en direcciones opuestas y se hallaron en el opuesto más lejano. El primer hijo naci-
do fue un abortado, como una medusa, debido a una falta de la diosa durante la ceremonia de
la boda. Ese niño fue arrojado al agua. Más tarde tuvieron muchas cosas, o deidades, como
el mar, las cascadas, el viento, los árboles, las montañas, los campos, etc... Después del
nacimiento de estas u otras deidades, incluyendo las islas del archipiélago japonés, el na-
cimiento de los dioses del fuego fue fatal a la diosa Izanami. Su muerte fue semejante a la
de cualquier ser humano, a causa de unas fiebres, pudiendo ser llamado el primer caso de
mortalidad humana. Tras su muerte descendió al Hades japonés "Yomot-su-kuni" ("tierra de la
oscuridad").
KUNI-TOKO-TACHI
Al principio, como dicen los antiguos relatos del shinto, había el caos, como un mar de
aceite. De aquél primer caos surgió algo como el vástago de un junco. Resultó ser una dei-
dad llamada Kuni-toko-tachi ("El senór eterno ordenador"), y con él se generaron dos deida-
des llamadas respectivamente, Taka-mi-musubi ("dios-Productor de lo Alto") y Kami-mi-masubi
("diosa-Protectora de lo Divino"), no se dice explícitamente que fueran marido y mujer, pe-
ro es muy probable que como tales fueran concebidos. Los tres se consideran la triada ori-
ginal de la generación de dioses, hombres y cosas. Pero casi nada más se sabe de ellos,
excepto que algunos clanes aseguran descender de uno u otro de ellos. A la primitiva triada
le siguió una serie de dioses y diosas, probablemente por parejas, siendo seguramente per-
sonificaciones de fuerzas germinadoras, como el lodo, el vapor y las simientes. Se dice que
todo estaba "oculto en sí mismo", o sea, muerto, pero no según el consepto de la mortalidad
humana. Tras una sucesión de generaciones y desapariciones espontáneas, apareció una pareja
destinada a generar muchas cosas y dioses de gran importancia. Fueron Izanagi e Izanami.
MITOSHI-NA-KAMI
Dios de las cosechas al que Oh-kuni-nushi logra convencer por medio de sacrificios a apaci-
guar su cólera y volver a restaurar los arrozales y todas las cosechas de la tierra del Ja-
pón.
NINIGI
Su nombre significa: "Hombre Prosperidad". Nieto de Ama-terasu que envió a éste a las islas
del archipiélago japonés para que las reinara.
OH-KUNI-NUSHI
"Gran Amo de la Tierra". Mientras Susa-no-wo dormía, Oh-kuni-nushi ató su cabellera a las
vigas de la casa y huyó con su hija, junto con los tres preciosos vienes de su padre: una
espada, un arco y las flechas, y un arpa. Fue ésta la que despertó a Susa-no-wo, tocando
sola mientras huía Oh-kuni-nushi, pero éste logró escapar mientras Susa-no-wo iba perdiendo
sus cabellos, pese a lo cual persiguió al raptor. Ni bien lo atrapó, exclamó, al parecer
admirado por su astucia: "Sí, te concederé mi hija junto con los tesoros. Gobernarás el pa-
ís y te llamarás Utsushi-kuni-dama, o sea "el Alma de la Tierra hermosa"".
SHICOME
"Hembras de la gran fealdad". Son las furias japonesas, tienen su morada en el infierno.
Fueron invocadas por Izanami para atrapar a Izanagi cuando éste la buscaba para llevarla de
nuevo a la tierra. Y casi lo atrapan de no ser porque éste les tiró unos racimos de uva
silvestre que las Shicomé se entretuvieron comiendo.
SUKU-NA-BIKO
Enano, auxiliar de Oh-kuni-nushi, su nombre significa: "El hombrecito famoso". Este perso-
naje abordó a Oh-kuni-nushi cuando éste se hallaba en la playa, viendo desde el mar en una
almadía, ataviado con alas de alevilla y un manto de plumas. El Amo de la Tierra tomó al e-
nano en la palma de su mano y se enteró de que era hijo de la diosa Productora de lo Divino
y conocedor del arte de la medicina. Los dos llegaron a ser como hermanos y colaboraron en
el desarrollo de la tierra, cultivando diversas plantas útiles y curando las enfermedades
del pueblo.
SUSA-NO-WO O SUSANOO
Es el Dios de la tormenta, literalmente: la "Deidad de impetuosa rapidez". Nació de las
manchas de la nariz, que Izanagi lavó en el río al salir del infierno. Este dios tenía un
aspecto oscuro, llevaba barba, era de caracter furioso e impetuoso, aunque su cuerpo mos-
traba una gran reciedumbre. El mar era el reino a él confiado. Pero descuidaba su reino y
provocaba toda clase de alborotos y revueltas. Llorando y rabiando, declaraba que soñaba la
morada de su madre, y en sus transportes de furor destruía lo que ordenaba sensátamente su
hermana, Amaterasu. Se casó con Kushinada, con quien tuvo un hijo, Onamochi, rey de Izumo,
asistido por la diosa Sukunabicona, la emplumada.
TSU-KI-YO-MI O SUKIYOMI
Es el Dios-Luna, literalmente: el "Guardián de la noche iluminada". Nació de las manchas
del ojo derecho, que Izanagi lavó en el río al salir del infierno.
UKEMOCHI
Diosa de la Fertilidad y la Crianza. Su nombre significa: "el Genio de la Comida". Diosa
que tiene a su cargo la tutela de los alimentos. Muerta por Tsu-ki-yo-mi dio nacimiento a
las cosas útiles, comestibles. El caballo y la vaca salieron de su cabeza; sus cejas produ-
jeron las lombrices; su frente dio el mijo; el arroz surgió de su abdomen, etc...
UZUME
Diosa que interpretó una danza para hace salir a Ama-terasu de la cueva donde se había es-
condido , y divirtió tanto a los invitados que hizo temblar la tierra con sus risas. Ante
la algaravía la Diosa-sol salió por la curiosidad de ver lo que pasaba y así hubo otra vez
sol en la tierra.
AIZEN-MYO O AYZEN-MYOO
Dios Japonés del amor, adorado por prostitutas, cantantes y músicos. A pesar de su aparien-
cia feroz (posee un tercer ojo colocado verticalmente entre sus otros ojos y una cabeza de
león) es considerado un ser benéfico con el género humano. Originalmente fue un dios del
Shingon y Tendia y representaba los deseos del amor.
AJI-SUKI-TAKA-HI-K)NE
El dios Japonés del trueno, uno de varios. Nació ruidoso, y cuando creció se hizo aun más
ruidoso. Para callarlo, los dioses lo llevaron a una escalera para que la subiera y bajara
(esto explica el por que se acerca y retrocede el sonido del trueno).
AMA-NO-MINAKA-NUSHI
El Divino Señor de la Mitad del cielo de la mitología Japonesa. Esta relacionado con la Es-
trella Polar.
AMA-TERASU O AMATERASU
Es la diosa sintoista del Sol o de la Luz, literalmente: la "Deidad que ilunima el cielo",
o "Ella la que brilla en los cielos".
Nació de las manchas que Izanagi lavó en el río al salir del infierno. Resplandeciente en
su apostura, dignificada con su atuendo de caracter magnánimo y benigno, y brillaba glorio-
samente en el cielo. Tenía a su cargo el gobierno de los cielos. Es la figura central en el
Shinto y la familia Imperial Japonesa desciende de ella. Cuando su hermano Susanowo, el
dios de la tempestad, arruinó la tierra se retiró a una cueva debido a que ella fue muy
ruidosa. Cerró la cueva con un canto rodado gigante. Su desaparición privó al mundo de luz
y vida. Los otros dioses usaron todo su poder para que saliera de la cueva, pero no lo con-
siguieron. Finalmente fue Uzume quien lo logró. La risa de los dioses cuando vieron cómicos
y obscenos bailes de Uzume estimularon la curiosidad de Amaterasu. Cuando ella salio de la
cueva un haz de luz salió (hoy en dia se llama amanecer). La diosa entonces vió su propio
reflejo brillante en un espejo que Uzume había colgado en un árbol. Cuando ella se acercó
para verse bien, los dioses la agarraron y la sacaron de la cueva. Entonces volvió al cie-
lo, y trajo luz de nuevo al mundo. Más tarde, creó campos de arroz, llamados inada, donde
cultivó arroz. También inventó el arte de tejer con el telar y enseñó a la gente como cul-
tivar trigo y gusanos de seda. El santuario principal de Amaterasu esta situado en Ise-Jin-
gue en Ise, en la isla de Honshu. Este templo es derribado cada veinte años y entonces se
reconstruye en su forma original. En el interior del santuario esta representado su cuerpo
por un espejo. Ella es también llamada Omikami ("diosa ilustre") y Tensho Daijan.
AMATSU-KAMI
Los dioses japoneses del cielo. Ellos son los dioses celestiales y son eternos.
AMA-TSU-MARA
El Dios shintoista de los herreros. Junto con Ishi-Kori-dome este cíclope dios herrero hizo
el espejo solar que fue usado para tentar Amaterasu a salir del lugar donde se escondía.
AMATSU-MIKABOSHI
El dios japonés de la maldad. Su nombre significa "Augusta Estrella del Cielo".
AME-NO-KAGASE-WO
Una divinidad astral shintoista.
AME-NO-MI-KURAMI
Diosa sintoista del agua.
AME-NO-OSHIDO-MIMI
El hijo de la diosa Amaterasu. Rehusó ser el señor de la tierra cuando le ofrecieron esta
posición.
AME-NO-WAKAHIKO
El dios japonés que fue enviado para gobernar el mundo. Fue asesinado por el dios del cielo
Takami-Musubi.
AMIDA
Según sus devotos, el más grande de los dioses, soberano y ducho del paraíso; el protector
de las almas humanas, el padre y el dios de todos aquellos que son admitidos a gozar de las
delicias del paraíso: en una palabra, el mediador y el salvador de la humanidad; el dios al
que todo Japonés se gira en el momento de la muerte pues por su intercesión obtienen las
almas la remisión de todas sus faltas y llegan a ser dignas de la beatitud celestial. El
reino de Amida-Nyorai tiene un estanque de loto con bosquecillos de árboles de ambrosia de
joyas, en las ramas de ellos se posan aves maravillosas, mientras que campanas melodiosas
dependido de las ramas, y encima de esto el Budha y su círculo de ángeles, pétalos de bon-
dad se dispersan con la brisa. Hace dos mil años que vivió, habiéndose ejercitado muchos
miles de años en la penitencia y la predicación: hasta que cansado de su existencia, se dió
muerte y fue contado en el número de los dioses. Creen sus adoradores que Amida goza de
gran crédito con Jemma, dios de los Infiernos, para inclinar a este severo juez, no solo a
mitigar las penas de los culpables, sino también a hacerles gracia enviándolos otra vez al
mundo antes del tiempo prescrito para la expiación de sus pecados. Amida es venerado sobre
todo por los devotos que antiguamente le ofrecían el sacrificio de su vida ahogándose en
honor suyo. La víctima entraba en una barquita dorada y adornada de gallardetes de seda; se ataba unas piedras al cuello, en los pies, y en los vestidos; bailaba al son de varios ins-
trumentos, y luego se arrojaba al río. Algunas veces hacían un agujero en la barquilla y se
dejaban caer al fondo a la vista de una multitud de parientes, amigos y bonzos. Otros entu-
siastas de la misma clase se metían en una cueva estrecha en forma de una tumba, cubierta
por todas partes a excepción de un pequeño agujero que servia para entrar el aire, y en es-
te sepulcro el devoto no cesaba de llamar a Amida hasta que expiraba. He aquí la descrip-
ción que hacen de esta divinidad sus discípulos. Dicen que es el Ser supremo; sustancia
indivisible, incorpórea, inmutable, distinta de todos los elementos; que existe con la na-
turaleza, que es el manantial y el fundamento de todo bien, sin principio ni fin, infinito,
inmenso y creador del universo. Es representado en un altar, montado en un caballo con
siete cabezas, jeroglífico de siete mil años, con cabeza de perro, teniendo en sus manos un
anillo o círculo de oro que está mordiendo. Este emblema tiene bastante analogía con el
círculo egipcio considerado como un emblema del tiempo: por lo mismo este dios es un jero-
glífico de la evolución de las edades o más bien de la eternidad misma. Otras veces le dan
tres cabezas, cada una cubierta de una especie de bonete, con barba larga. Sus vestidos
consisten en un ropaje riquísimo guarnecido de perlas y de piedras preciosas.
ANAN
Primo, amigo y seguidor leal de Budha. En Japón es extensamente reverenciado como un inmor-
tal. En la India es llamado Ananda.
AN-NO-TANABATA-HIME
Un dios astral japonés.
BAKEMONO
Espiritus poseidos por poderes del demonio. El término cubre espíritus tales como kappa
mono-no-ke (espíritus del demonio), oni, ten-gu, y yamanba o yama-ubu (una bruja de la
montaña).
BAKU
Un espíritu japonés bueno, llamado el "comedor de sueños". Se dice que los sueños de maldad
están causados por espíritus de maldad. Cuando una persona despierta de una pesadilla, se
puede recurrir a Baku, diciendo: "Baku, come mis sueños". Así Baku sera inducido para tor-
nar un sueño malo en fortuna. Tiene una cabeza de león, pies de tigre y un cuerpo de caba-
llo.
BENTEN
La diosa japonesa del amor, la elocuencia, la sabiduría, las artes, la música, el conoci-
miento, la buena fortuna y el agua. Es la protectora de la geishas, los bailarines, y los
músicos. Originariamente fue diosa del mar o diosa del agua. Más tarde se hizo diosa del
rico y fue añadida Shichi Fukujin. Benten es retratada como una mujer bella, viajando en un
dragón mientras que juega con un instrumento de cuerda. Tiene ocho brazos y en sus manos
tiene una espada, una joya, un lazo, una flecha, una rueda, y una llave. Las dos manos res-
tantes están juntas en oración. Se dice que cuando un dragón devoró a muchos niños, ella
descendió a la tierra para parar su maldad.
BENZAI-TEN
La diosa japonesa del lenguaje, la sabiduría, el conocimiento, la buena fortuna y el agua.
BIMBOGAMI
El dios japonés de la pobreza. Aunque hay muchos que lo rehuyen para evitar muchos "males- tares", hay otros que hacen rituales especiales para obtener sus favores.
BINZURU-SONJA
El dios japonés de la cura y la buena vision. Como él es incapáz de escapar del dolor ayuda
a otros a hacerlo.
BISHAMON
El dios Japonés a quién muchas funciones son atribuidas, pero es conocido como un dios de
la guerra, distribuidor de riqueza y protector de ella. También protege contra demonios y
enfermedades, y es un guardián del Norte. Bishamon pertenece al Shichi Fukujin y es retra-
tado completamente armado, encima de demonios y con una lanza en su mano, algunas veces lleva una rueda de fuego como un halo.
BOSATSU
La forma japonesa del bodhisattva sanscrito, una manifestación de Buddha en el pasado, pre-
sente o futuro. A punto de entrar en el nirvana, así escapa de la carga de existencia indi-
vidual, un bodhisattva ha decidido quedar en tierra para el beneficio de la humanidad.
BUTSU
Es el nombre japonés de Buddha.
BUTSUDO
La palabra japonesa para el Budismo. Literalmente significa "Camino de Buddha".
DENIX
Dios japonés de la guerra.
DRAGÓN DE KOSHI
Vivia cerca del monte Torikami en Izumo (donde se encuentra la puerta del infierno). Segun
la leyenda era un dragon rojo de ocho cabezas y ocho colas, del tamaño de ocho montañas y
ocho valles, que año tras año visitaba un poblado cercano donde vivian dos ancianos llama-
dos Ashinazuchi y Tenazuchi con sus ocho hijas, mismas que habian sido devoradas por este
dragon, hasta que solo quedaba la menor, cuando la fecha en que el dragon vendria por la
ultima hija, el dios Susa No Ho descendio cerca y sintio piedad por los ancianos, tomo por
esposa a la ultima hija y planeo la muerte del dragon, embriagandolo con sake y cortando
sus ocho cabezas y al cortar su cola encontro una espada magica de gran filo llamada Kusa-
nagi, que es una de las tres joyas imperiales y se venera en el templo de Atsuta.
IZANAGI E IZANAMI
Izanami significa "Macho que invita" y tiene como compañera a Izanami, la "Hembra que invi-
ta". Estas dos deidades fueron enviadas al mundo por orden de las "deidades celestiales" a
fin de traer cosas a la tierra. Decendieron de su morada por el "Puente flotante del cielo"
(se interpreta como arcoiris). Izanagi cortó através del espacio con su espada y las gotas
de agua salada de la punta de su espada se coagularon en un islote llamado Onokoro, es de-
cir, "Autocoagulante". Después aterrizaron ahí y se casaron y más tarde dieron la vuelta al
islote en direcciones opuestas y se hallaron en el opuesto más lejano. El primer hijo naci-
do fue un abortado, como una medusa, debido a una falta de la diosa durante la ceremonia de
la boda. Ese niño fue arrojado al agua. Más tarde tuvieron muchas cosas, o deidades, como
el mar, las cascadas, el viento, los árboles, las montañas, los campos, etc... Después del
nacimiento de estas u otras deidades, incluyendo las islas del archipiélago japonés, el na-
cimiento de los dioses del fuego fue fatal a la diosa Izanami. Su muerte fue semejante a la
de cualquier ser humano, a causa de unas fiebres, pudiendo ser llamado el primer caso de
mortalidad humana. Tras su muerte descendió al Hades japonés "Yomot-su-kuni" ("tierra de la
oscuridad").
KUNI-TOKO-TACHI
Al principio, como dicen los antiguos relatos del shinto, había el caos, como un mar de
aceite. De aquél primer caos surgió algo como el vástago de un junco. Resultó ser una dei-
dad llamada Kuni-toko-tachi ("El senór eterno ordenador"), y con él se generaron dos deida-
des llamadas respectivamente, Taka-mi-musubi ("dios-Productor de lo Alto") y Kami-mi-masubi
("diosa-Protectora de lo Divino"), no se dice explícitamente que fueran marido y mujer, pe-
ro es muy probable que como tales fueran concebidos. Los tres se consideran la triada ori-
ginal de la generación de dioses, hombres y cosas. Pero casi nada más se sabe de ellos,
excepto que algunos clanes aseguran descender de uno u otro de ellos. A la primitiva triada
le siguió una serie de dioses y diosas, probablemente por parejas, siendo seguramente per-
sonificaciones de fuerzas germinadoras, como el lodo, el vapor y las simientes. Se dice que
todo estaba "oculto en sí mismo", o sea, muerto, pero no según el consepto de la mortalidad
humana. Tras una sucesión de generaciones y desapariciones espontáneas, apareció una pareja
destinada a generar muchas cosas y dioses de gran importancia. Fueron Izanagi e Izanami.
MITOSHI-NA-KAMI
Dios de las cosechas al que Oh-kuni-nushi logra convencer por medio de sacrificios a apaci-
guar su cólera y volver a restaurar los arrozales y todas las cosechas de la tierra del Ja-
pón.
NINIGI
Su nombre significa: "Hombre Prosperidad". Nieto de Ama-terasu que envió a éste a las islas
del archipiélago japonés para que las reinara.
OH-KUNI-NUSHI
"Gran Amo de la Tierra". Mientras Susa-no-wo dormía, Oh-kuni-nushi ató su cabellera a las
vigas de la casa y huyó con su hija, junto con los tres preciosos vienes de su padre: una
espada, un arco y las flechas, y un arpa. Fue ésta la que despertó a Susa-no-wo, tocando
sola mientras huía Oh-kuni-nushi, pero éste logró escapar mientras Susa-no-wo iba perdiendo
sus cabellos, pese a lo cual persiguió al raptor. Ni bien lo atrapó, exclamó, al parecer
admirado por su astucia: "Sí, te concederé mi hija junto con los tesoros. Gobernarás el pa-
ís y te llamarás Utsushi-kuni-dama, o sea "el Alma de la Tierra hermosa"".
SHICOME
"Hembras de la gran fealdad". Son las furias japonesas, tienen su morada en el infierno.
Fueron invocadas por Izanami para atrapar a Izanagi cuando éste la buscaba para llevarla de
nuevo a la tierra. Y casi lo atrapan de no ser porque éste les tiró unos racimos de uva
silvestre que las Shicomé se entretuvieron comiendo.
SUKU-NA-BIKO
Enano, auxiliar de Oh-kuni-nushi, su nombre significa: "El hombrecito famoso". Este perso-
naje abordó a Oh-kuni-nushi cuando éste se hallaba en la playa, viendo desde el mar en una
almadía, ataviado con alas de alevilla y un manto de plumas. El Amo de la Tierra tomó al e-
nano en la palma de su mano y se enteró de que era hijo de la diosa Productora de lo Divino
y conocedor del arte de la medicina. Los dos llegaron a ser como hermanos y colaboraron en
el desarrollo de la tierra, cultivando diversas plantas útiles y curando las enfermedades
del pueblo.
SUSA-NO-WO O SUSANOO
Es el Dios de la tormenta, literalmente: la "Deidad de impetuosa rapidez". Nació de las
manchas de la nariz, que Izanagi lavó en el río al salir del infierno. Este dios tenía un
aspecto oscuro, llevaba barba, era de caracter furioso e impetuoso, aunque su cuerpo mos-
traba una gran reciedumbre. El mar era el reino a él confiado. Pero descuidaba su reino y
provocaba toda clase de alborotos y revueltas. Llorando y rabiando, declaraba que soñaba la
morada de su madre, y en sus transportes de furor destruía lo que ordenaba sensátamente su
hermana, Amaterasu. Se casó con Kushinada, con quien tuvo un hijo, Onamochi, rey de Izumo,
asistido por la diosa Sukunabicona, la emplumada.
TSU-KI-YO-MI O SUKIYOMI
Es el Dios-Luna, literalmente: el "Guardián de la noche iluminada". Nació de las manchas
del ojo derecho, que Izanagi lavó en el río al salir del infierno.
UKEMOCHI
Diosa de la Fertilidad y la Crianza. Su nombre significa: "el Genio de la Comida". Diosa
que tiene a su cargo la tutela de los alimentos. Muerta por Tsu-ki-yo-mi dio nacimiento a
las cosas útiles, comestibles. El caballo y la vaca salieron de su cabeza; sus cejas produ-
jeron las lombrices; su frente dio el mijo; el arroz surgió de su abdomen, etc...
UZUME
Diosa que interpretó una danza para hace salir a Ama-terasu de la cueva donde se había es-
condido , y divirtió tanto a los invitados que hizo temblar la tierra con sus risas. Ante
la algaravía la Diosa-sol salió por la curiosidad de ver lo que pasaba y así hubo otra vez
sol en la tierra.
LISTADO DE DIOSES Y CRIATURAS MISTICAS JAPONESAS
LISTA DE ALGUNAS CRIATURAS MISTICAS JAPONESAS Y ALGUNO DE SUS DIOSES
CRIATURAS MISTICAS JAPONESAS
Abura-sumashi
Akaname
Akuma
Amikiri
Ashimagari
Atsuyu
Azumi
Backbeard
Baihu
Bakemon
Baku
Burikutonu
Datsue-ba
Dokuro
Dosojin
Fukei
Futakichi-onna
Gaki
Goryo
Gyuuki
Hachidairyo
Hachimata
Hagaji
Hanyo
Harionago
Hisa-me
Hitodama
Hitotsume-kozou
Hoji
Hotoke
Hototogisu
Houkou
Houou
Ika-Zuchi-no-Kami
Ikiryo
Ikusa
Inugami
Isonade
Itsamu-Na
Ittan-momen
Jikininki
Jishin-usho
Jishin-uwo
Jyobokko
Jyorougumo
Jyuuryu
Kaichi
Kahaku
Kamaitachi
Kaminari
Kappa
Kasa-obake
Kashabo
Kashima-reiko
Kerakera-onna
Kiji
Kijo
Kirin
Kitsune
Kitsune-Tsuki
Kiyo
Kodama
Konaki-Jiji
Kokakuchou
Kuchisake-onna
Makami
Maket-sugo
Merfolk
Mizuchi
Moryo
Mujina
Nando-baba
Nekomata
Senri
Neko-musume
Ningyo
Nukekubi
Nurikabe
Nopperabou
Nozuchi
Nue
Nure-onna
O-Goncho
Ohaguro-Bettari
Oni
Onryo
Orochi
Otoroshi
Otohime
Raicho
Raiju
Rokurokubi
Ryu
Fukuryu
Hairyu
Hanryu
Karyu
Riryu
Suiryu
Ryu-uba
Ryujin
Samebito
Seiryu
Shachihoko
Shiryo
Shikigami
Shikioji
Shikome
Shinigami
Shisa
Son
Soukou
Sudama
Sunakake-baba
Takuhi
Tanuki
Tansu-baba
Tengu
Karasu Tengu
Koppa Tengu
Kurama Tengu
Sojobo
Tenjyouname
Tennin
Tenshi
Tokebi
Tokutaro-san
Totetsu
Tsuchigumo
Tsukumogami
Umibouzu
Ushi-Oni
Uwibami
Yadoukai
Yama-Jin
Yama-Musume
Yama-uba
Yami-oni
Aka-Oni
Aoi-Oni
Yama-Oni
Yatagarasu
Yato-no-kami
Yofune-Nushi
Yosei
Yuki-onna
Yurei
Zashiki-warashi
Zennyo
Kintaro - 'Niño de Oro' de Japón
Magatama
Momotarô - 'Niño de Durazno' de Japón
O-fuda
Onmyodo
Ryujin - Rey Dragón, Dios del Mari
Shinto
Ssu_Ling - Los cuatro guardianes.
Urashima_Taro - Cuento de Hadas Japonés
Yamato Takeru
ALGUNOS DIOSES JAPONESES
Ama no Uzume
Amaterasu
Amatsu-Mikaboshi
Ame-no-Koyane
Inari
Inugami
Izanagi
Izanami
Ugayafukiaezu
Uke Mochi
Ohoyamatsumi
Ōkuninushi
Omoikane
O-Wata-Tsu-Mi
Kagu-tsuchi
Kojin
Konohanasakuya-hime
Kotoamatsukami
Kuebiko
Sarutahiko
Seven Lucky Gods
Benzaiten
Bisyamonten
Daikokuten
Ebisu
Fukurokuju
Hotei
Juroujin
Shina-Tsu-Hiko
Susanowo
Toyotama-hime
Tsukumogami
Tsukuyomi
Chimata-No-Kami
Ninigi-no-Mikoto
Hachiman
Futsunushi
Hoderi
Hoori
Yama-no-Kami
CRIATURAS MISTICAS JAPONESAS
Abura-sumashi
Akaname
Akuma
Amikiri
Ashimagari
Atsuyu
Azumi
Backbeard
Baihu
Bakemon
Baku
Burikutonu
Datsue-ba
Dokuro
Dosojin
Fukei
Futakichi-onna
Gaki
Goryo
Gyuuki
Hachidairyo
Hachimata
Hagaji
Hanyo
Harionago
Hisa-me
Hitodama
Hitotsume-kozou
Hoji
Hotoke
Hototogisu
Houkou
Houou
Ika-Zuchi-no-Kami
Ikiryo
Ikusa
Inugami
Isonade
Itsamu-Na
Ittan-momen
Jikininki
Jishin-usho
Jishin-uwo
Jyobokko
Jyorougumo
Jyuuryu
Kaichi
Kahaku
Kamaitachi
Kaminari
Kappa
Kasa-obake
Kashabo
Kashima-reiko
Kerakera-onna
Kiji
Kijo
Kirin
Kitsune
Kitsune-Tsuki
Kiyo
Kodama
Konaki-Jiji
Kokakuchou
Kuchisake-onna
Makami
Maket-sugo
Merfolk
Mizuchi
Moryo
Mujina
Nando-baba
Nekomata
Senri
Neko-musume
Ningyo
Nukekubi
Nurikabe
Nopperabou
Nozuchi
Nue
Nure-onna
O-Goncho
Ohaguro-Bettari
Oni
Onryo
Orochi
Otoroshi
Otohime
Raicho
Raiju
Rokurokubi
Ryu
Fukuryu
Hairyu
Hanryu
Karyu
Riryu
Suiryu
Ryu-uba
Ryujin
Samebito
Seiryu
Shachihoko
Shiryo
Shikigami
Shikioji
Shikome
Shinigami
Shisa
Son
Soukou
Sudama
Sunakake-baba
Takuhi
Tanuki
Tansu-baba
Tengu
Karasu Tengu
Koppa Tengu
Kurama Tengu
Sojobo
Tenjyouname
Tennin
Tenshi
Tokebi
Tokutaro-san
Totetsu
Tsuchigumo
Tsukumogami
Umibouzu
Ushi-Oni
Uwibami
Yadoukai
Yama-Jin
Yama-Musume
Yama-uba
Yami-oni
Aka-Oni
Aoi-Oni
Yama-Oni
Yatagarasu
Yato-no-kami
Yofune-Nushi
Yosei
Yuki-onna
Yurei
Zashiki-warashi
Zennyo
Kintaro - 'Niño de Oro' de Japón
Magatama
Momotarô - 'Niño de Durazno' de Japón
O-fuda
Onmyodo
Ryujin - Rey Dragón, Dios del Mari
Shinto
Ssu_Ling - Los cuatro guardianes.
Urashima_Taro - Cuento de Hadas Japonés
Yamato Takeru
ALGUNOS DIOSES JAPONESES
Ama no Uzume
Amaterasu
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Izanagi
Izanami
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