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lunes, 2 de noviembre de 2009

TAGORE -- LA LUNA NUEVA


La Luna Nueva
Rabindranath Tagore










El principio


‘¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?’, pregunta el niño a su madre.
Ella llora y ríe al mismo tiempo, y estrechándolo contra su pecho le responde: ‘Tú estabas escondido en mi corazón, amor mío, tú eras su deseo.
>Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti.
>Estabas en el altar junto a la divinidad de nuestro hogar; al adorara, a ti te adoraba.
>Has vivido en todas mis esperanzas, en todos mis amores, en toda mi vida y en la vida de mi madre.
>El Espíritu inmortal que preside nuestro hogar te ha albergado en su seno desde el principio de los tiempos.
>En mi adolescencia, cuando mi corazón abría sus pétalos, tú lo envolvías como un flotante perfume.
>Tu delicada suavidad aterciopelaba mis carnes juveniles, como el reflejo rosado que precede a la aurora.
>Tú, el predilecto del cielo; tú, que tienes por hermana gemela la prima luz del alba has sido traído por la corriente de la vida universal, que al fin te ha depositado sobre mi corazón.
>Mientras contemplo tu rostro, me siento sumergida en una ola de misterio: tú, que a todos perteneces, te has echo mío.
>Te estrecho contra mi corazón, temerosa de que escapes. ¿Qué magia ha entregado el tesoro del mundo a mis frágiles brazos?’




Las razones del niño


Si quisiera, el niño podría volar ahora mismo al cielo.
Pero tiene sus razones para no dejarnos.
Toda su felicidad consiste en descansar su cabeza en el seno de su madre; por nada del mundo dejaría de verla.
La sabiduría del niño se expresa en sutiles palabras. ¡Qué pocos son los que pueden comprender su sentido! Si no habla, es que tiene sus razones.
Lo que más desea es aprender la lengua materna de los mismos labios de su madre. ¡Por ello adopta un aire tan inocente!
Pese a que poseía montones de oro y perlas, el niño vino a esta tierra como un mendigo.
Tuvo sus razones para llegar con este disfraz.
Pequeño, desnudo y suplicante, si simula una completa indigencia es para reclamar a su madre el inmenso tesoro de su ternura.
En el país de la minúscula luna creciente nada entorpecía la libertad del niño.
Si renunció a su independencia tuvo sus razones.
Sabe muy bien que ese pequeño nido, el corazón de su madre, contiene una alegría inagotable, y que la tierna atadura de los brazos maternales es infinitamente más dulce que la libertad.
El niño no sabía llorar. Vivía en el país de la felicidad perfecta.
No le faltaron las razones para empezar a verter lágrimas.
Las entrañas de su madre se conmueven con las sonrisas de su dulce rostro, pero es el pequeño llanto que nace de sus penas de niño el que teje entre ella y él el doble lazo de la piedad y el amor.




El cortejo invisible


¡Oh!, ¿quién pintó tu vestidillo, hijo mío? ¿Quién cubrió tu delicado cuerpo con esta túnica encarnada
? Por la mañana saliste al patio para a correr y jugar, tambaleándote y cayendo a cada instante.
Pero ¿quién pintó tu vestidillo, hijo mío? ¿Qué es lo que te hace reír, capullo de mi vida? Tu madre te sonríe, de pie en el umbral.
Cuando ella bate palmas y resuenan sus brazaletes, tú bailas como un pastorcillo, la caña de bambú en la mano.
Pero, ¿qué es lo que te hace reír, capullo de mi vida?
¡Oh, pequeño mendigo! ¿Qué le pides a tu madre, colgándote de su cuello con las dos manos? ¡Oh, corazoncito insaciable! ¿Quieres que tome la tierra del espacio, como se arranca un fruto, para ponerla en la palma de tu breve mano? ¡Oh, pequeño mendigo! ¿Qué pides?
La brisa se lleva alegremente el tintineo de las campanillas que adornan tus tobillos.
El sol contempla sonriente cómo te vistes.
El cielo está atento a tu sueño cuando duermes en brazos de tu madre, y por la mañana se acerca de puntillas a tu cuna para besarte los ojos.
Las campanillas tintinean alrededor de tus graciosos tobillos y su alegre son se esparce con la brisa.
El hada de los sueños cruza el crepúsculo volando hacia ti.
La madre universal tiene su trono junto a ti, en el mismo corazón de tu madre.
Hasta ti descendió aquél cuya música sólo perciben las estrellas, y está tocando su flauta ante tu ventana.
Y el hada de los sueños cruza el crepúsculo volando hacia ti.




La ladrona del sueño


¿Quién ha robado el sueño de los ojos del niño? Yo lo descubriré.
La madre había ido al pueblo vecino a buscar agua, con el cántaro abrazado a la cintura.
Era mediodía. Los niños habían interrumpido sus juegos, y los patos, en la charca, habían callado.
El pastorcillo dormía a la sombra de la higuera.
La grulla, grave e inmóvil, permanecía de pie en el estero del bosque de mangles. Fue en este momento cuando la ladrona se acercó a coger el sueño de los ojos del niño y se lo llevó volando.
Cuando la mamá volvió, se encontró al niño gateando por todos los rincones de la estancia.
¿Quién ha robado el sueño de los ojos del niño? Quiero saberlo.
Quiero encontrar a la culpable y encadenarla.
Iré a ver aquella cueva oscura donde un minúsculo arroyo discurre por entre los terribles pedruscos.
Buscaré entre las sombras soñolientas del bosquecillo de bakula, donde, en las noches estrelladas y quietas, las ajorcas tintinean en los pies de las hadas.
Por la tarde, en el bosque, mis ojos escrutarán la susurrante soledad de los bambúes. Allí las luciérnagas prodigan sus luces y preguntaré a todos los seres que encuentre: ‘¿Podéis decirme dónde vive la ladrona del sueño?’
¿Quién ha robado el sueño de los ojos del niño? Yo lo descubriré.
¡Si la alcanzo ya le daré trabajo! Asaltaré su nido y veré dónde guarda todos los sueños robados.
Le arrebataré su botín y me lo llevaré conmigo.
Luego ataré fuertemente las alas de la ladrona y la dejaré al borde del agua. ¡Que se divierta pescando con un junco entre los nenúfares! Y al atardecer, cuando el mercado del pueblo haya acabado y los niños descansen en el regazo de sus madres, entonces los pajarracos de la noche la aturdirán con sus burlas: ‘Ea, ¿a quién le robarás el sueño ahora?’




El mundo del niño


¡Ah, si yo pudiera entrar hasta el mismo centro del mundo de mi niño para elegir allí un placentero refugio! Sé que ese mundo tiene estrellas que le hablan, y un cielo que desciende hasta su rostro y lo divierte con sus arco-iris y sus fantásticas nubes.
Esos que parecen ser mudos e incapaces de un solo movimiento, se deslizan en secreto a su ventana y le cuentan historietas y le ofrecen montones de juguetes de brillantes colores.
¡Ah, si yo pudiera caminar por el sendero que cruza el espíritu de mi niño y seguirlo aún más allá, más allá, fuera de todos los límites! Hasta donde mensajeros sin mensaje van y vienen entre Estados de reyes sin historia, donde la razón hace barriletes de sus leyes y los lanza al aire; donde la verdad libera a las acciones de sus grilletes.




Mala fama


¿Por qué lloras, hijo mío? ¡Qué malos son, pues siempre te regañan sin motivo! Mientras escribías, te has manchado de tinta la cara y las manos; ¿por esto te han llamado sucio? ¡Cómo se atreven! ¿Se les ocurrirá decir que la luna nueva es sucia porque tiene la cara negra de tinta? Te acusan por cualquier tontería, hijo mío; siempre están dispuestos a meter ruido por nada.
Jugando te rompiste tu vestido: ¿por esto te llaman destrozón? ¡Cómo se atreven! ¿Qué dirían de la mañana de otoño que sonríe a través de las nubes rasgadas? No te preocupen sus regañinas, hijo mío, ni la perfecta y minuciosa cuenta que llevan de tus faltas.
Todos sabemos que te gustan los dulces. ¿Y por esto te llaman goloso? ¡Cómo se atreven! Pues, ¿qué nombre nos darán a los que encontramos tanto gusto en besarte?




El Juez


Di de él, Juez, lo que te plazca, pero yo conozco las faltas de mi niño.
Si le amo no es porque sea bueno, sino porque es mi hijo.
¿Qué sabes de la ternura que puede inspirar, tú que pretendes hacer exacto inventario de sus cualidades y sus defectos? Cuando yo tengo que castigarlo se convierte en mi propia carne.
Cuando lo hago llorar, mi corazón llora con él.
Sólo yo puedo acusarle y reñirle, pues sólo quien ama tiene derecho a castigar.




Juguetes


¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo, divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota! Yo sonrío al verte jugar con este trocito de madera.
Yo estoy ocupado haciendo cuentas, y me paso horas y horas sumando cifras.
Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas: ‘¡Qué necedad perder la tarde con un juego como ése!’
Niño, los bastones y las tortas de barro ya no me divierten; he olvidado tu arte.
Persigo entretenimientos costosos y amontono oro y plata.
Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras. Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo a la conquista de cosas que nunca podré obtener.
En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición, y llego a olvidar que también mi trabajo es sólo un juego.




El astrónomo


‘¡Oh, si pudiéramos coger la luna, al anochecer, cuando es completamente redonda y se engancha en las ramas del cadabo!’ No dije más que eso.
Pero Dadá, mi hermano mayor, se burló de mí: ‘No he conocido nadie tan tonto como tú. La luna está muy lejos, ¿cómo podríamos cogerla?’ Yo dije: ‘¡El tonto eres tú, Dadá! Cuando, desde la ventana, Mamá mira cómo jugamos en el patio y nos sonríe, ¿te parece que está muy lejos?’ Pero Dadá replicó: ‘Pobre ignorante, ¿dónde encontraríamos una red bastante grande para coger la luna?’ Yo dije: ‘Podrías cogerla perfectamente con las manos’.
Dadá se echó a reír y me dijo: ‘¡Nunca vi un niño tan simple! ¡Si la luna se acercara, ya me dirías tú si es grande o no! Yo dije: ‘Dadá, ¡qué barbaridades te enseñan en la escuela! Cuando Mamá se inclina para besarnos, ¿te parece que su cara es muy grande?’ Pero Dadá repite: ‘Eres un pobre tonto’.




Nubes y olas


Madre, los que viven allá arriba, en las nubes, me llaman: ‘Nosotros jugamos desde que despertamos hasta el anochecer’, dicen.
‘Jugamos con el alba de oro y con la luna de plata.’ Yo les pregunto: ‘Pero ¿cómo subiré hasta vosotros?’ Y me contestan: ‘Ven hasta el borde de la tierra, levanta entonces las manos al cielo y te subiremos con las nubes’.
Pero yo les digo: ‘Mi madre me espera en casa, ¿cómo podría dejarla para venir?’ Entonces sonríen y se van flotando.
Pero conozco un juego más bonito que ése.
Yo seré la nube y tú la luna.
Yo cubriré tu rostro con mis dos manos y el techo de nuestra casa será el cielo azul.
Los que viven en las olas me llaman: ‘Nosotros cantamos desde el alba al crepúsculo; avanzamos siempre, siempre, sin saber por donde pasamos.’ Yo les pregunto: ‘Pero, ¿cómo me uniré a vosotros?’ ‘Ven’, dicen, ‘ven hasta la orilla de la playa, cierra los ojos y serás arrebatado por las olas’.
Yo respondo: ‘Pero cuando llega la noche mi madre me quiere a su lado; ¿cómo podría dejarla para venir?’ Entonces sonríen, y se van bailando.
¡Pero yo conozco un juego más divertido que ése! Yo seré las olas y tú una playa lejana.
Yo rodaré, rodaré, y como una ola que se rompe, mi risa rodeará tus rodillas.
Y nadie sabrá, en todo el mundo, dónde estamos tú o yo.




La flor de champa


Si por divertirme me convirtiera en una flor de champa... Si creciera allí arriba, en una rama de este árbol, y sacudido por el viento sintiera deseos de reír y bailara entre las hojas tiernas ¿me reconocerías, madrecita? Me llamarías: ‘Niño, ¿dónde estás?’ Y yo reiría en silencio sin moverme.
Entreabriría mis pétalos y te espiaría mientras trabajaras.
Después de tu baño, con los cabellos todavía mojados, desparramados sobre tus hombros, cruzarías bajo la sombra del champa para ir al pequeño patio donde dices tus oraciones, y allí sentirías el aroma de la flor, pero no sabrías que sale de mí.
Después de la comida del mediodía, cuando te sentarías a la ventana a leer el Ramayana y la sombra del árbol caería sobre tus cabellos y tu regazo, yo proyectaría mi minúscula silueta de flor sobre la página del libro, exactamente en el lugar en que estuvieses leyendo.
Pero, ¿adivinarías tú que es la pequeña sombra de tu hijito? Al anochecer, cuando fueras al establo de las vacas con la lámpara encendida, yo me dejaría caer de pronto al suelo, y convertido otra vez en tu niño, te pediría que me contaras un cuento.
Y eso sería lo que nos diríamos: --¿Dónde te has metido, pillín? --Es un secreto, madre.




El país de las hadas


Si alguien descubriera dónde está el palacio de mi rey, el palacio se desvanecería en el aire.
Sus muros son de plata y su techo de oro resplandeciente.
La reina vive en un edificio de siete patios y ostenta una joya que ha costado siete reinos.
Pero escúchame, madre, voy a decirte al oído dónde está el palacio de mi rey.
Está en un rincón de nuestra azotea, allí donde florece la albahaca.
La princesa duerme, tendida en la lejana orilla de los siete mares infranqueables.
Soy el único en el mundo que puede encontrarla.
Sus brazos están cubiertos de brazaletes y de sus orejas penden largas perlerías. Su cabellera ondula hasta el suelo.
Cuando la toque con mi varita mágica, despertará, y si sonríe las más bellas joyas caerán de sus labios.
¿Quieres, madrecita, que te lo diga al oído? La princesa está en un rincón de nuestra azotea, allí donde hay la maceta de la albahaca.
Cuando llegue la hora de tu baño, antes de ir al río sube a la azotea.
Me encontrarás sentado en el rincón donde se juntan las sombras de las dos paredes.
Sólo la gatita tiene permiso para estar conmigo, pues ella sabe dónde vive el barbero del cuento.
Madrecita, ¿quieres que te diga al oído dónde vive el barbero? En el rincón de la azotea donde está la maceta de la albahaca.




La patria del proscrito


Madre, la luz palidece en el cielo gris. ¿Qué hora es? Ya me cansa el juego y vengo a tu lado. Es sábado, nuestro día de fiesta.
Deja tu trabajo, madre, ven a sentarte a la ventana y dime dónde está el desierto de Tepantar de que habla el cuento.
La sombra de la lluvia ha cubierto el cielo de punta a punta. El feroz relámpago desgarra las nubes con sus uñas.
Cuando las nubes truenan, ¡qué agradable es sentir cómo tiembla mi corazón y estrecharme contra ti! Cuando la lluvia pesada azota horas y horas las hojas del bambú, y nuestras ventanas gimen, sacudidas por el viento, ¡cómo me gusta sentarme a tu lado en la estancia, mientras me cuentas algo del desierto de Tepantar de que habla el cuento!
¿Dónde está, madre? ¿En qué orilla de qué mar? ¿Al pie de qué montañas? ¿En el reino de qué rey? Allí no habrá vallas entre los campos, ni en los prados habrá caminos para que, por la tarde, los campesinos regresen a su pueblo, y las recogedoras de leña vayan del bosque al mercado. Mucha arena, algunos matojos de hierba amarillenta, un solo árbol en el que anidan dos viejos pájaros astutos: esto es el desierto de Tepantar.
Me imagino que un joven príncipe, montado en un caballo gris, cruza a solas el desierto en un día tan sombrío como hoy. Va en busca de la princesa que languidece en la cárcel del gigante, en la otra orilla de este mar desconocido.
Mientras la lluvia desciende como un telón y el relámpago salta como un hombre víctima de súbito dolor, ¿piensa el príncipe en su pobre madre abandonada por el rey, en su madre que limpia el establo y se seca las lágrimas de los ojos, mientras él cabalga por el desierto de Tepantar de que habla el cuento?
Mira, madre, todavía es de día, pero hay la oscuridad de la noche; nadie anda por el camino de la aldea.
El pastorcillo volvió muy pronto de los pastos, y los hombres dejaron los campos: sentados en las esteras de sus chozas, contemplan las nubes amenazadoras.
Mamá: he guardado mis libros en el estante. Te lo ruego, no me pidas hoy que estudie.
Cuando sea mayor como mi padre, ya aprenderé todo lo que hay que saber.
Pero hoy, por una vez tan sólo, madre, dime dónde está el desierto de Tepantar de que habla el cuento.




El hogar


Andaba yo solo por el camino que cruza los campos cuando, como un avaro, el sol poniente disimulaba la última brizna de su oro.
El día se hundía cada vez en una sombra más profunda, y la tierra, despojada de sus cosechas, se extendía silenciosa y desolada.
De pronto, una voz aguda se elevó en el aire, la voz de un chiquillo que, invisible, atravesó la densa oscuridad, dejando en la calma del atardecer el surco de su canción.
Su hogar se hallaba allá en el pueblo, al final del llano seco, después del cañaveral, escondido entre las sombras de los plátanos y las arecas, los cocoteros y los árboles del pan.
Interrumpí un momento mi solitario viaje, a la luz de las estrellas.
Contemplé a mi alrededor el llano oscurecido, que abrigaba entre sus brazos los innumerables hogares donde, junto a las camas y las cunas, arden las lámparas vespertinas, donde velan los corazones de las madres, donde las vidas jóvenes rebosan una alegría tan confiada que ignora su propio valor en la totalidad del mundo.




Día de lluvia


Las taciturnas nubes se amontonan sobre la oscura linde del bosque.
¡No salgas, hijo mío! Las palmeras alineadas en el borde del lago revuelven sus cabezas contra el cielo lúgubre; los grajos de alas tiznadas se callan en las ramas de los tamarindos y una oscuridad creciente invade la orilla oriental del río.
Atada a la cerca, nuestra vaca muge ruidosamente.
Espera aquí, hijo mío, hasta que la haya llevado al establo.
Los hombres se precipitan en los prados inundados para coger los peces que saltaron de los estanques desbordados. Los arroyuelos del agua de la lluvia corren por los estrechos senderos como esos niños traviesos que disfrutan escapando de su madre.
¡Escucha, alguien llama al barquero del vado! ¡Oh, hijo mío, se ha hecho ya de noche y no se puede cruzar el lago! Se diría que el cielo galopa rápidamente sobre la lluvia enloquecida, las aguas del río rugen impacientes y las mujeres han vuelto precipitadamente del Ganges con sus cántaras llenas.
Hay que preparar las lámparas para la noche.
¡No salgas, hijo mío! El camino del mercado está desierto, el sendero junto al río resbaladizo, el viento ruge y se debate entre las cañas de bambú como una alimaña cogida en una red.




Los barcos de papel


Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente.
En ellos he escrito, con grandes letras negras, mi nombre y el nombre de mi pueblo.
Confío en que alguien los encontrará, en un país lejano, y así sabrá quién soy.
Cargo mis barquitos con flores de shiuli cogidas en nuestro jardín, y espero que estas flores abiertas al amanecer tendrán la suerte de llegar al país de la noche.
Después de haber echado al agua mis barcos de papel, levanto los ojos al cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas blancas y combadas.
Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde el cielo, lanzándolas al viento, para que compitan con mis barcos...
Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre mis brazos y sueño que mis barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos, bajo la claridad de las estrellas de la medianoche.
Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan por carga sus cestos llenos de ensueños.




El marinero


La embarcación del botero Madhu está atracada en el muelle de Rangún.
Guarda una inútil carga de yute y desde hace muchísimo tiempo permanece allí, ociosa.
Si Madhu me prestara su barco, yo lo equiparía con cien remeros e izaría cinco, seis o incluso siete velas.
Nunca lo llevaría a los estúpidos mercados.
Navegaría los siete océanos y los trece ríos del país de las hadas.
Pero tú, madre, no tienes que llorar a escondidas por mi ausencia.
No iré al bosque como Ramachandra, que tardó catorce años en volver.
Seré el príncipe del cuento de hadas y llenaré mi barca con todo lo que me plazca.
Llevaré conmigo a mi amigo Ashu, y así navegaremos alegremente los siete océanos y los trece ríos del país de las hadas.
Nos haremos a la mar al amanecer.
Al mediodía, cuando tú te bañas en el estanque, nosotros estaremos ya en el país de un rey fabuloso.
Cruzaremos el estrecho de Tirpuni y dejaremos tras de nosotros el desierto de Tepantar.
Cuando volvamos, casi será de noche y te contaré todo lo que hayamos visto.
Navegaré los siete océanos y los trece ríos del país de las hadas.




La otra orilla


¡Ah, cómo me gustaría ir allá, a la otra orilla del río, donde hay la fila de barcas amarradas a las estacas de bambú! Allí los campesinos cruzan el río en sus barcas, y van a trabajar en lejanos campos con el pequeño arado al hombro.
Allí los pastores hacen pasar a nado a sus rebaños mugientes, para conducirlos a los pastos ribereños.
Desde allí vuelven al anochecer a sus casas, y la pequeña isla cubierta de hierbajos queda en poder de los chacales aulladores.
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
Dicen que tras las alturas de la orilla hay maravillosas lagunas.
En ellas, las bandadas de patos silvestres se reúnen después de la estación de las lluvias, crecen apretadamente los juncos y los pájaros acuáticos depositan sus huevos.
Allí, las alzacolas dejan la huella de sus patitas en el barro suave y limpio.
Allí, las hierbas altas invitan a los rayos de luna a que se dejen mecer en la ondulante almohada de sus flores blancas...
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.
Pasaré sin cesar de una a otra orilla, y los muchachos y las muchachas de la aldea, cuando se bañen, me mirarán pasar maravillados.
Cuando el sol corone el cielo, cuando tras la mañana llegue el mediodía, correré hacia ti gritando: ‘¡Madre, tengo hambre!’ Cuando el día desfallezca y las sombras se oculten bajo los árboles, volveré a casa con el crepúsculo.
Nunca te abandonaré para ir a trabajar a la ciudad como mi padre.
Si te parece bien, madre, cuando sea mayor quisiera ser el barquero.




La escuela de las flores


Cuando el cielo tempestuoso ruge sordamente y caen los chubascos de junio, el húmedo viento del este camina a través de los brezales para tocar la cornamusa entre los bambúes.
Entonces, innumerables flores se abren de súbito; nadie sabe de dónde han salido, y se las ve bailar locamente sobre la hierba.
Madre, estoy seguro de que las flores tienen una escuela bajo tierra.
Cuando hacen sus deberes las puertas se cierran, y si antes de que sea la hora quieren salir para jugar, el maestro las manda castigadas al rincón.
Tienen vacaciones cuando llega la época de las lluvias.
Las ramas entrechocan en el bosque y las hojas se estremecen con el viento furioso, las gigantescas nubes dan unas palmadas y las niñas-flores salen corriendo, con sus vestidos rosados, amarillos y blancos.
¿Sabes, madre? Las flores viven en el cielo, como las estrellas. ¿No te has fijado qué deseos tienen de llegar allá arriba? ¿Y sabes el por qué de tanta impaciencia? Yo sí, yo adivino hacia quién tienden sus brazos: las flores tienen, como yo, una madre.




El mercader


Imagínate, madre, que vas a quedarte en casa y que yo viajaré por países desconocidos.
Mi barco me espera en el puerto, ya cargado y completamente aparejado.
Y ahora piénsalo bien, madrecita, antes de decirme qué quieres que te traiga cuando vuelva. ¿Quieres un enorme montón de oro, madre? Allí, en las orillas de los ríos de oro, los campos rebosan de trigo dorado.
En la oscuridad del bosque, las flores de oro del champa alfombran el suelo.
Con ellas llenaré centenares de cestas para ti.
¿Quieres, madre, perlas tan grandes como las gotas de la lluvia de otoño? Navegaré hasta las playas de la isla de las perlas.
Allí, al amanecer, hay perlas que tiemblan sobre las flores del prado, perlas que caen sin cesar sobre la hierba, y la espuma de las caprichosas olas se deshace en perlas sobre la arena.
A mi hermano le traeré un par de caballos alados para que vuele por entre las nubes.
A mi padre le traeré una pluma mágica que escribirá sola.
Para ti, madre, debo conquistar el tesoro que se compró con los reinos de los siete reyes.




Si yo fuera


Si yo fuera un perrito, y no tu hijo, madre mía, y si quisiera comer en tu plato, ¿me dirías ‘no’ entonces? ¿Me rechazarías diciendo: ‘Vete, chucho entrometido’¿ Pues vete, madre, vete,. Ya no vendré más cuando me llames, ni dejaré que me des de comer.
Si yo fuera sólo un lorito verde, y no tu hijo, madre mía, ¿me tendrías encadenado para que no me fuera volando? ¿Me amenazarías con el dedo, diciéndome: ‘¡Pajarraco desgraciado! Todo el día estás picoteando tu cadena’¿ Pues vete, madre, vete. Me iré al bosque. Ya nunca dejaré que me cojas en tus brazos.




Vocación


Todas las mañanas, a las diez, cuando suena el gong, por el camino de la escuela encuentro al vendedor que grita: ‘¡Brazaletes de cristal!’ Nunca tiene prisa, ni está obligado a seguir ningún camino ni llegar a ninguna parte, ni volver, ni volver a una hora fija.
¡Cómo me gustaría ser un vendedor y pasarme el día por las calles, gritando: ‘¡Brazaletes, brazaletes de cristal!’
Cuando, a las cuatro de la tarde, vuelvo de la escuela, contemplo por la verja de aquella casa cómo el jardinero cava el jardín.
Trabaja como quiere con su azadón, se llena el vestido de polvo, nadie se preocupa de él si se tuesta al sol o si lo cala la lluvia.
¡Cómo me gustaría ser jardinero y cavar, cavar siempre sin que nadie viniera a interrumpirme!
Al anochecer, cuando mi madre me mete en cama, veo por mi ventana abierta al vigilante, que pasea arriba y abajo por la calleja.
La calleja es estrecha y está solitaria, la farola se yergue como un gigante con un solo y enorme ojo colorado.
El vigilante hace oscilar su linterna al andar, su sombra anda junto a él y nunca, nunca se va a acostar.
¡Cómo me gustaría ser vigilante y andar por la calle toda la noche, y hacer correr las sombras con mi linterna!




Superioridad


¡Mamá, tu niña es tonta! ¡Qué ridícula es! No acierta a distinguir las luces de la calle y las estrellas.
Cuando jugamos a comer piedrecillas, se cree que son buenas para masticar e intenta metérselas en la boca.
Cuando abro un libro ante sus ojos y le pido que aprenda el abecé, rompe las hojas y se echa a reír sin motivo.
¡Mira cómo tu niña aprende sus lecciones! Cuando muevo la cabeza, irritado, y la riño diciéndole que es mala, lo encuentra tan divertido que vuelve a reír.
Todo el mundo sabe que papá no está aquí, pero si jugando yo grito ‘¡Papá, papá!’, vuelve a todas partes sus ojos asombrados y se imagina que papá está junto a nosotros.
Cuando estoy dando clase a los borricos de la lavandera que viene a buscar la ropa, le explico que soy el maestro de la escuela, pero se pone a gritarme ‘hermano’ sin parar.
Tu niña quiere coger la luna. ¡Qué absurda es! A Ganesh le llama Ganush.
¡Mamá, tu niña es tonta y ridícula!




El hombrecito


Soy pequeño porque soy un niño.
Seré grande cuando sea tan viejo como mi padre.
El maestro me dirá: ‘Vamos, es tarde, trae la pizarra y los libros’.
Y yo le contestaré: ‘¿Pero no has visto que soy mayor como papá? No necesito más lecciones’.
El maestro quedará sorprendido y dirá: ‘Sí, puede dejar los libros, si quiere, porque ya es un hombre’.
Me vestiré solo y me iré a la feria, donde hay tanta gente.
Mi tío correrá hacia mí, diciéndome: ‘Te perderás, chiquillo, deja que te acompañe’.
Y yo le contestaré: ‘¿Pero no ves, tío, que ya soy mayor como papá? Quiero ir a la feria solo’.
Y mi tío dirá: ‘Sí, ahora puede ir donde quiera, ya es un hombre’.
Cuando mi madre vuelva del baño verá que estoy dándole dinero al ama, pues sé abrir la caja con la llave.
Me dirá: ‘¿Pero qué estás haciendo, infeliz?’ Y yo le contestaré: ‘¿Pero no ves, madre, que ya soy mayor como papá y que debo pagar a mi ama?’ ‘Es verdad’, pensará mi madre, ‘puede dar dinero a quien quiera, porque ya es un hombre’.
Mi padre volverá a casa para las vacaciones de octubre, y creyéndome todavía un niño me traerá de la ciudad zapatitos y vestiditos de seda.
Y yo le diré: ‘Dáselos a mi hermano mayor, padre, porque yo ya soy tan grande como tú’.
Y padre pensará: ‘Sí, puede comprarse sus vestidos él mismo, si así lo quiere, porque ya es un hombre’.




Mediodía


Mamá, me gustaría muchísimo dejar mis lecciones. No me he separado de mi libro en toda la mañana.
Dices que sólo son las doce.
Bueno, aunque efectivamente no sea más tarde, ¿no podemos suponer que, aun siendo mediodía, ha empezado ya la tarde? A mí me es muy fácil imaginar que el sol ha llegado ya al otro extremo del arrozal, y que la vieja pescadora anda recogiendo hierbas para su cena junto a la laguna.
Cierro los ojos y me parece estar viendo las sombras, cada vez más oscuras, bajo el madar, y el agua del estanque reluce con toda su negrura.
Si también en plena noche son las doce, ¿por qué ahora que suenan las doce no puede ser de noche?




El oficio de autor


Me dices que papá escribe muchos libros, pero no entiendo nada de lo que escribe.
Se pasó toda la noche leyendo para ti, ¿pero has podido descubrir realmente el significado de todo aquello? ¡Tú, sí, madre; tú, sí que sabes contar bonitas historias! No entiendo porqué papá no puede escribir cuentos como los tuyos.
¿Es que su madre nunca le contó historias de gigantes, hadas y princesas? ¿O tal vez las ha olvidado?
A menudo se retrasa para ir a su baño, y tienes que llamarle cien veces.
Tú le esperas, le conservas los platos calientes, pero él sigue escribiendo y lo olvida todo.
Papá sólo sabe jugar a escribir libros.
Si alguna vez me voy a jugar en el cuarto de papá, vienes en seguida a buscarme y dices que soy malo.
Si hago un poco de ruido, me riñes: ‘¿No ves que papá está trabajando?’ ¿Por qué le gustará tanto escribir, escribir siempre?
Cuando cojo la pluma o el lápiz de papá y escribo en su cuaderno a b c d e f g h i exactamente como él, ¿por qué te enfadas conmigo, madre? Pero nunca protestas cuando es papá quien escribe.
Ni te importa que papá malgaste tanto papel.
Pero si yo cojo una sola hoja para hacerme un barco, me gritas en seguida: ‘¡Hijo mío, qué pesado eres!’ ¿Por qué no riñes a papá, que estropea hojas y más hojas, llenándolas de letras negras por los dos lados?




El cartero malo


Dime, madre querida: ¿Por qué te quedas tan callada, sentada en el suelo? La lluvia entra por la ventana abierta y no te importa que te estés mojando.
¿No oyes el gong que da las cuatro? Ahora volverá mi hermano del colegio.
¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan rara? ¿No has recibido hoy carta de papá? He visto al cartero que llevaba en su bolsa cartas para casi toda la gente del pueblo. Sólo se guarda las de papá para leerlas él.
Estoy seguro de que el cartero es malo.
Pero no te preocupes demasiado, madre mía.
Mañana es día de mercado en el pueblo vecino. Dile a la criada que compre plumas y papel.
Y así podré escribirte yo mismo todas las cartas de papá, y ya verás como no encuentras ni una falta.
Escribiré desde la A hasta la K.
¿De qué ríes ahora, madre? ¿No crees que puedo escribir tan bien como papá? Mira, rayaré el papel con cuidado y todas las letras serán grandes y bonitas.
Y cuando haya terminado, ¿crees que seré tan tonto como papá, y que iré a echar la carta en la bolsa de este cartero tan malo? Yo mismo te la traeré en seguida, y te ayudaré a leer, letra por letra, todo lo que habré escrito.
¡Ah, ese cartero! Sé muy bien que no le gusta darte las cartas que más te agradan.




El héroe


Madre, figúrate que vamos de viaje, Que atravesamos un país extraño y peligroso.
Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanquín.
El sol se pone; anochece. El desierto de Joradoghi, gris y desolado, se extiende ante nosotros.
El miedo se apodera de ti y piensas: ‘¿Dónde estamos? Pero yo te digo: ‘No temas, madre’.
La tierra está erizada de cardos y la cruza un estrecho sendero.
Todos los rebaños han vuelto ya a los establos de los pueblos y en la vasta extensión no se ve ningún ser viviente.
La oscuridad crece, el campo y el cielo se borran y ya no podemos distinguir nuestro camino.
De pronto, me llamas y me dices al oído: ‘¿Qué es aquella luz, allí, junto a la orilla?’ Se oye entonces un terrible alarido y las sombras se acercan corriendo hacia nosotros.
Tú te acurrucas en tu palanquín e invocas a los dioses.
Los portadores, temblando de espanto, se esconden en las zarzas.
Pero yo te grito: ‘¡No tengas miedo, madre, que yo estoy aquí!’ Armados con largos bastones, los cabellos al viento, los bandidos se acercan.
Yo les advierto: ‘¡Deteneos, malvados! ¡Un paso más y sois muertos!’ Sus alaridos arrecian y se lanzan sobre nosotros.
Tú coges mis manos y me dices: ‘¡Hijo mío, te lo suplico, escapa de ellos!’ Y yo contesto: ‘Madre, vas a ver lo que hago’.
Entonces espoleo a mi caballo y lo lanzo al galope. Mi espada y mi escudo entrechocan ruidosamente.
La lucha es tan terrible, madre, que morirías de terror si pudieras verla desde tu palanquín.
Muchos huyen, muchos más son despedazados.
Tú, inmóvil y sola, piensas sin duda: ‘Mi hijo habrá muerto ya’.
Pero yo llego, bañado en sangre, y te digo: ‘Madre, la lucha ha terminado’.
Tú desciendes del palanquín, me besas, y estrechándome contra tu corazón me dices: ‘¿Qué habría sido de mí si mi hijo no me hubiera escoltado?’ Cada día suceden mil cosas inútiles. ¿Por qué no ha de ser posible que ocurra una aventura semejante? Sería como un cuento de los libros.
Mi hermano diría: ‘¿Es posible? ¡Siempre lo tuve por tan poca cosa!’ Y la gente del pueblo proclamaría: ‘¡Qué suerte la de la madre al tener a su hijo a su lado!’




El fin


Madre, ha llegado la hora de que me vaya. Me voy.
Cuando la oscuridad palidezca y dé paso al alba solitaria, cuando desde tu lecho tenderás los brazos hacia tu hijo, yo te diré: ‘El niño ya no está’. Me voy, madre.
Me convertiré en un leve soplo de aire y te acariciaré; cuando te bañes, seré las pequeñas ondas del agua y te cubriré incesantemente de besos.
Cuando, en las noches de tormenta, la lluvia susurrará sobre las hojas, oirás mis murmullos desde tu lecho, y de pronto, con el relámpago, mi risa cruzará tu ventana y estallará en tu estancia.
Si no puedes dormirte hasta muy tarde, pensando siempre en tu niño, te cantaré desde las estrellas: ‘Duerme, madre, duerme’.
Me deslizaré a lo largo de los rayos de la luna hasta llegar a tu cama, y me echaré sobre tu pecho mientras duermas.
Me convertiré en ensueño, y por la estrecha rendija de tus párpados descenderé hasta lo más profundo de tu reposo. Te despertarás sobresaltada y mientras mires a tu alrededor huiré en un momento, como una libélula.
En la gran fiesta de Puja, cuando los niños de los vecinos vengan a jugar en nuestro jardín, yo me convertiré en la música de las flautas y palpitaré en tu corazón durante todo el día.
Llegará mi tía, cargada de regalos, y te preguntará: ‘Hermana, ¿dónde está el niño?’ Y tú, madre, le contestarás dulcemente: ‘Está en las niñas de mis ojos, está en mi cuerpo, está en mi alma’.




La llamada


La noche era oscura y todos dormían, cuando ella se fue.
También ahora la noche es oscura, y la llamo: ‘Vuelve, tesoro mío, el mundo está dormido; si vienes un momento, mientras las estrellas se miran largamente, nadie se dará cuenta’.
Los árboles reverdecían y la primavera era joven, cuando ella se fue.

Ahora todo ha florecido abundantemente, y la llamo: ‘Vuelve, tesoro mío. Los niños cogen y esparcen flores a manos llenas en la locura de sus juegos interminables. Si vienes a coger una sola florecilla, ¿quién protestará?’
Los que entonces jugaban, siguen jugando todavía. ¡Qué generosa es la vida! Yo escucho su bullicio y te llamo: ‘Vuelve, tesoro mío, el corazón de tu madre rebosa amor, y si vienes a robarle un solo besito, nadie más se lo reclamará’.




Los primeros jazmines


¡Ah, estos jazmines! ¡Estos blancos jazmines! Recuerdo aún el primer día en que cubrí mis brazos con estos jazmines, con estos blancos jazmines.
He amado la luz del sol, el cielo y la verde tierra.
He oído el cristalino murmullo del río en la oscuridad de medianoche.
En el recodo de un camino, el crepúsculo otoñal ha venido a mi encuentro, como una novia que aparta su velo para recibir a su amado.
Sin embargo, mi memoria está perfumada aún con aquellos primeros jazmines blancos que tuve en mis manos de niño.
La vida me ha ofrecido muchos días alegres y noches de fiesta; uní mis risas a las de los felices invitados.
En las mañanas grises y lluviosas, he tarareado lentas canciones.
He colgado de mi cuello la guirnalda vespertina de bakulas, tejida por las manos del amor.
Sin embargo, mi corazón está perfumado aún con el recuerdo de aquellos frescos jazmines, los primeros que llenaron mis manos de niño.




La higuera


Higuera que te yergues como un gigante desmelenado junto al estanque, ¿te olvidaste del niño, como olvidaste los pájaros que anidaban en tus ramas y ya se fueron? ¿No te acuerdas de él, de cuando se sentaba a la ventana y admiraba tus retorcidas raíces que se hundían en el suelo? Las mujeres vienen a llenar sus cántaros en el estanque y tu enorme sombra negra se mueve en la superficie del agua como el sueño se debate en el momento del despertar.
Los rayos del sol bailan sobre el agua rizada, como minúsculas lanzaderas que tejieran sin parar una tela de oro.
Por entre la hierba de la orilla, nadan dos patos, y el niño se sienta, pensativo e inmóvil, para contemplar sus sombras en el agua.
“Cómo le gustaría ser el viento para silbar por entre tus susurrantes ramas, ser tu sombra para tenderse sobre el agua con el día que declina, ser un pájaro para posarse en tu rama más alta; cómo le gustaría flotar, como esos patos, entre las hierbas y las sombras!




Bendición


Bendice esta alma blanca que ha ganado para la tierra el beso del cielo, bendice este tierno corazón.
Ama la luz del sol, le gusta contemplar el rostro de su madre.
No ha aprendido a despreciar el polvo ni a desear el oro.
Estréchalo contra tu corazón y bendícelo.
Vino a este mundo de cien encrucijadas.
¿Por qué, entre la multitud, te eligió a ti, por qué llegó a tu puerta, por qué te preguntó el camino estrechándote en silencio la mano? Te seguirá, hablando y riendo sin que nunca recele su corazón.
Conserva su confianza, guíale por el buen camino y bendícelo.
Pon tus manos sobre su cabeza y pide en tus plegarias que, por más que las olas se levanten amenazadoras, el soplo del cielo acuda a hinchar sus velas y lo impulse hacia el puerto del reposo.
No lo olvides en tus prisas, ábrele tu corazón y bendícelo.




El regalo


Quiero hacerte un regalo, hijo mío, pues la vida nos arrastra a la deriva.
El destino nos separará, y nuestro amor será olvidado.
Ya sé que sería demasiada ingenuidad creer que puedo comprar tu corazón con mis regalos.
Tu vida es aún joven, tu camino largo. Bebes de un sorbo la ternura que te ofrecemos, luego te vuelves y te vas de nuestro lado.
Tienes tus juegos y tus compañeros, y comprendo que no nos dediques ni tu tiempo ni tus pensamientos.
Pero a nosotros la vejez nos da ocasión de recordar los días pasados, de reencontrar en nuestro corazón lo que nuestras manos perdieron para siempre.
El río corre rápidamente y rompe, cantando, todos los obstáculos que se le presentan. Pero la montaña inmóvil lo ve pasar con amor y guarda su recuerdo.




Mi canción


Como los brazos conmovidos del amor, hijo mío, la música de mi canción te envolverá.
Mi canto besará tu frente como una bendición.
Cuando estés solo, vendrá a tu lado y, dulcemente, repetirá su música en tu oído. Cuando estés entre la multitud, te mantendrá aislado en tu soledad.
Mi canción será una luz en tus pupilas y adentrará tu corazón hasta las fronteras de lo desconocido.
Será como la estrella fiel que brilla en lo alto, cuando la noche esconda tu camino.
Mi canción será una luz en tus pupilas y adentrará tu mirada hasta el secreto corazón de las cosas.
Y cuando mi voz enmudezca con la muerte, seguirás oyendo mi canción en tu corazón rebosante de vida.




El niño ángel


Gritan y luchan, vacilan y se desesperan, y nunca acaban sus querellas.
Que tu vida, hijo mío, aparezca en medio de ellos como la llama de una luz intensa y pura, y maravillándoles, les haga callar.
Son crueles, codiciosos y envidiosos, y sus palabras son traidores puñales que piden sangre.
Ponte en medio de esos corazones atormentados, hijo mío, y que tu serena mirada descienda sobre ellos como la misericordiosa paz de la noche pone fin al embate del día.
Que vean tu rostro, hijo mío, para que comprendan el significado de todas las cosas; para que te amen y así se amen unos a otros.
Ven a ocupar el lugar que te espera en lo infinito, hijo mío. Al amanecer, abre y levanta tu corazón como una flor; al atardecer, inclina tu cabeza y, en silencio, termina el día y la oración.




El último trato


‘¡Estoy por alquilar, contratadme!’, gritaba yo una mañana andando por la carretera.
El rey pasó en su carroza, la espada en la mano.
Me cogió de la mano y me dijo: ‘Te tomo a mi servicio; a cambio, tendrás parte de mi poder’. Pero yo no sabía qué hacer de su poder y le dejé partir en su carroza.
En el ardiente mediodía todas las casas estaban cerradas.
Yo vagaba por tortuosos caminos.
Un anciano se me acercó, llevando un saco lleno de oro. Se detuvo pensativo, y me dijo: ‘Ven, te tomo a mi servicio. Te pagaré con este oro’.
Empezó a contar sus monedas, una a una, pero le volví la espalda.
Caía la tarde. El seto del jardín había florecido.
Una hermosa muchacha se me acercó y me dijo: ‘Te tomo a mi servicio y te pagaré con una sonrisa’.
Pero su sonrisa se desvaneció, le saltaron las lágrimas y, sola, se perdió de nuevo en la sombra.
El sol reverberaba en la arena y las olas rompían caprichosamente.
Un niño jugaba con las conchas sentado en la playa.
Levantó la cabeza, me miró como si reconociera, y me dijo: ‘Te tomo por nada’.
Desde que hice este trato, jugando, con un niño, me he convertido en un hombre libre.


miércoles, 28 de octubre de 2009

EL NACIMIENTO DEL JAPON


EL NACIMIENTO DEL JAPON

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En el principio, tras la formación del cielo y de la Tierra, tres dioses se crearon a sí mismos y se escondieron
en el cielo. Entre este y la Tierra apareció algo con aspecto de un brote de junco, y de él nacieron dos dioses,
que también se escondieron. Otros siete dioses nacieron de la misma manera, y los últimos se llamaron
Izanagi e Izanami.
-
IZANAGI E IZANAMI
Fueron encargados por los demás dioses de formar las islas japonesas. Estos hundieron una jabalina adornada
con piedras preciosas en el mar inferior, la agitaron y al sacarla, las gotas que de ella resbalaban formaron la
isla de Onokoro. Descendiendo de los cielos, Izanagi e Izanami resolvieron construir allí su hogar, así que
clavaron la jabalina en el suelo para formar el Pilar Celestial.
Descubrieron que sus cuerpos estaban formados de manera diferente, por lo que Izanagi preguntó a su esposa
Izanami si sería de su agrado concebir más tierra para que de ella nacieran más islas. Como ella accedió,
ambos inventaron un matrimonio ritual; cada uno tenía que rodear el Pilar Celestial andando en direcciones
opuestas. Cuando se encontraron, Izanami exclamó: "¡Que encantador! ¡He encontrado un hombre
atractivo!", y a continuación hicieron el amor.
En lugar de parir una isla, Izanami dio a luz a un malforme niño-sanguijuela al que lanzaron al mar sobre un
bote hecho de juncos. Después se dirigieron a los dioses para pedir consejo, y estos les explicaron que el error
estaba en el ritual del matrimonio, ya que ella no debía de haber hablado primero la encontrarse alrededor del
Pilar, pues no es propio de la mujer iniciar la conversación. Así pues, ambos repitieron el ritual, pero esta vez
Izanagi habló primero, y todo salió según sus deseos.
Con el tiempo, Izanagi concibió todas las islas que forman el Japón, creando, además, dioses para embellecer
las islas, y después hicieron dioses del viento, de los árboles, de los ríos y de las montañas, con lo que su obra
quedó completa. El último dios nacido de Izanami fue el dios del fuego, cuyo alumbramiento produjo tan
graves quemaduras en los genitales de la diosa que murió. Y todavía, mientras moría, nacieron más dioses a
partir de su vómito, su orina y sus excrementos. Izanagi estaba tan furioso que le cortó la cabeza al dios del
fuego, pero las gotas de sangre que cayeron a la Tierra dieron vida a nuevas deidades.
-
EL MAS ALLA
Tras la muerte de Izanami, Izanagi quiso seguirla en su viaje a Yomi, la región de los muertos, pero ya era
demasiado tarde. Cuando llegó allí, Izanami ya había comido en Yomi, lo que hacía imposible su vuelta al
mundo de los vivos. La diosa pidió a su esposo que esperase pacientemente mientras ella discutía con los
demás dioses si era o no posible su retorno al mundo, pero Izanagi no fue capaz; Impa ciente, rompió una
punta de la peineta que llevaba, la prendió fuego, para que le sirviese de antorcha y después entró en la sala.
Lo que vió allí fue espantoso: los gusanos se retorcían ruidosamente en el cuerpo putrefacto de Izanami.
Izanagi quedó aterrado al contemplar la visión del cuerpo de Izanami, por lo que dio media vuelta y salió
huyendo de allí. Encolerizada por la desobediencia de su marido, Izanami envió tras él a las brujas de Yomi y
a los fantasmas del lugar, pero Izanagi pudo despistarlos haciendo uso de sus trucos mágicos. Cuando por fin
llegó a la frontera que separa el mundo de los muertos del de los vivos, Izanagi lanzó a sus perseguidores tres
melocotones que allí encontró, retirándose las brujas y fantasmas a toda prisa.
Finalmente, fue la propia Izanami quien salió en persecución de Izanagi. Este colocó una gigantesca roca en
el paso que unía Yomi con el mundo de los vivos, de modo que Izanami y él se vieron uno a cada lado del
enorme obstáculo. Izanami dijo entonces: "Oh, mi amado marido, si así actuas haré que mueran cada dia mil
de los vasallos de tu reino", a lo que Izanagi contestó "Oh, mi amada esposa, si tales cosas haces yo daré
nacimiento cada día a mil quinientos". Finalmente llegaron a un acuerdo, mediante el cual la cifra de
nacimientos y fallecimientos se mantienen en la misma proporción. Ella le dijo que debía aceptar su muerte y
él prometió no volver a visitarla. Entonces ambos declararon el fín de su matrimonio. Esta separación
significó el comienzo de la muerte para todos los seres.
-
LA CREACION DE LOS DIOSES MAYORES
Izanagi se sometió entonces a un proceso de purificación para librarse de la suciedad que pudiera haber
contaminado su cuerpo durante el descenso al mundo inferior. Llegó a la llanura junto a la desembocadura del
río y se libró de sus ropas y de todo cuanto llevaba. Y allí donde dejaba caer una prenda o un objeto, del suelo
salía una deidad. Y nuevos dioses se iban creando a medidad que Izanagi entraba en el agua para limpiar su
cuerpo. Finalmente, cuando lavó su cara fueron creados los dioses más importantes del panteón japonés; Al
secar su ojo izquierdo apareció Amaterasu, la diosa Sol; de su ojo izquierdo nació la diosa Luna, Tsuki-yomi;
El dios de la tormenta, Susano, fue engendrado de su nariz.
Izanagi decidió entonces dividir el mundo entre sus hijos. Encargó a Amaterasu el gobierno del cielo, a
Tsuki-yomi el de la noche ya Susano el cuidado de los mares. Pero este último dijo que prefería ir al mundo
inferior con su madre, así que Izanagi lo desterró y después se retiró del mundo para vivir en el alto cielo.
-
EL ENGAÑO DE SUSANO
Antes de ser desterrado a Yomi, Susano quiso despedirse de Amaterasu, pero en realidad quería traicionarla
ya que estaba celoso de la belleza y preeminencia de su hermana. Amaterasu, recelosa de la actitud de su
hermano, se armó con un arco y flechas antes de acudir a la cita, pero Susano se mostró realmente encantador
y acabó cautivando a la diosa con la sugerencia de engendrar hijos juntos como prueba de buena fe.
Amaterasu accedió, pero antes exigió que le entregase su espada, que inmediatamente quebró con su boca en
tres pedazos, mientras de su aliento salían tres diosas. Susano pidió a Amaterasu cinco collares, los cuales
masticó para engendrar otros tantos dioses.
Al momento se entabló una discusión entre ambos por la custodia de los hijos, pues Amaterasu los reclamaba
como suyos al haber sido formados de sus propias joyas. Su hermano, sin embargo, creyó haber engañado a
la diosa y lo celebró rompiendo las paredes que contenían los campos de arroz, bloqueando los canales de
irrigación y defecando en el templo donde había de celebrarse el festival de la cosecha. Su desconcertante
comportamiento es el germen de la enemistad que nació entre los dos dioses. Susano, a pesar de haber sido
desterrado, se quedó merodeando por la Tierra y el cielo.
-
LA DESAPARICION DEL SOL
Un día, mientras Amaterasu se encontraba tejiendo ropas para los dioses, Susano arrojó un caballo desollado
que atravesó el tejado de la sala en la que la diosa y sus ayudantes trabajaban. Una de ellas se asustó de tal
modo que se pinchó con la aguja y murió. Y tan atemorizada quedó la propia diosa que después de aquello se
escondió en una cueva y bloqueó la entrada con una enorme piedra. Sin la diosa Sol, el mundo quedó sumido
en la oscuridad y el caos.
Una asamblea de ochocientas deidades se reunió para hallar la manera de sacar a Amaterasu de la cueva.
Decidieron que la única manera de lograrlo sería excitando su curiosidad, así que decoraron un árbol con
ofrendas y joyas, encendieron fuego y danzaron al ritmo de los tambores, y alabaron la belleza de otra diosa,
para provocar sus celos. Colocaron un espejo mágico a la entrada de la cueva, llevaron gallos al lugar para
que cantaran y persuadieron a la diosa de la aurora, Amo No Uzume, para que bailara. En un momento de
abandono, la diosa empezó a quitarse las ropas, para solaz del resto de los dioses, que la llamaron "terrible
hembra del cielo".
Como esperaban, Amaterasu se asomó a la entrada de la cueva para averiguar qué estaba sucediendo. Los
dioses respondieron que estaban celebrando una fiesta porque habían encontrado a su sucesora y que esta era
incluso mejor que la propia Amaterasu. Sin pensarlo, la diosa salió de la cueva y vió su reflejo en el espejo
mágico. En ese momento, el dios Tajikawa la agarró, obligándola a salir de su escondite y bloqueando la
entrada para impedir que volviera a desapareer. La vida volvió a la naturaleza y desde aquel momento el
mundo ha conocido el ciclo normal del día y la noche. El espejo fue confiado al mítico primer Emperador de
Japón, descendiente directo de la diosa, como prueba de su divino poder.
Los ochocientos dioses castigaron a Susano cortando su barba y bigote, arrancándole las uñas de las manos y
los pies, y arrojándole del cielo. Fue entonces cuando el dios comenzó su vida errante y vagabunda por la
Tierra.
-
CONCLUSION
Los mitos de la creación de Japón hacen referencia directa a un buen número de deidades y tienen su origen
en antiguas religiones folclóricas de la región. Por muy importantes que sean, los dioses del Sol, la Luna y las
estrellas no están solos en los cielos. A ellos se une un enorme número de espíritus menores de ancestrales
raíces, los kami, los budas y bodhisattvas, todos ellos conviviendo pacíficamente.

martes, 20 de octubre de 2009

Eres tan bella como una flor, pero las nubes nos separan


Li Po

Eres tan bella como una flor, pero las nubes nos separan

Gracias “Nemo”


La vida es un largo sueño.
¿para que abrumarla con fatigas?
Por eso todo el día estoy ebrio


Li Po

Hijo de un acomodado comerciante, Li Po nació en la ciudad de Shuiye en el año 701. Durante su juventud vivió durante un tiempo como eremita y luego viajó por el país. En 742 se estableció en Changan, la capital del imperio Tang. Fue presentado al emperador y frecuentó la corte hasta que cayó en desgracia, y más tarde se le desterró temporalmente por su apoyo al príncipe Yong durante el estallído de una rebelión. Murió en el año 762. Le tocó vivir una época de paz y de relativa libertad ideológica que se tradujo, entre otras cosas, en la promoción de la poesía por parte de los emperadores. Escribió más de diez mil poemas, de los que se han conservado unos mil. Y en ellos abordó todos los temas: el amor, la nostalgia, el canto a la vida de los ermitaños el elogio de los caballeros, la guerra, la naturaleza, la vida en las regiones fronterizas y, como buen bebedor, los placeres del vino. junto con su contemporáneo y amigo Du Fu está considerado uno de los poetas más importantes de la poesía china.

BEBIENDO SOLO BAJO LA LUNA

Rodeado de flores, libo solo,
ante un jarro de vino.
Alzando la copa, convido a la luna.
Con mi sombra, somos tres.

Aunque la luna no puede beber,
y mi sombra en vano me sigue,
las tomo por compañeras transitorias. ¡Divirtámonos antes de que pase la primavera!

Canto, mientras la luna pasea.
Bailo, mientras mi sombra vacila.
Antes de mi embriaguez nos solazamos juntos.
Cuando estoy ebrio, se deshace nuestra compañia.
¡Oh luna! ¡Oh sombra! Seréis mis inmortales amigas.
Ya nos reuniremos algún día
en el cristalino mundo de las estrellas.



DESPIDIENDO A UN AMIGO EN JINMEN

He dejado ya atrás Jinmen,
y se extiende ante mis ojos
la tierra de Chu.
Los montes terminan
cuando empieza la vasta llanura.
El río fluye hacia el confín del mundo.
Un espejo ha bajado del cielo:
es la luna que riela.
Encima, una alta terraza
y casas coloreadas:
las nubes.
¡Oh aguas de mi país natal!
¡Qué cariño me tenéis!
¿Hasta dónde me vais a acompañar?





A MI AMIGO YUAN DANQIU,
QUE MORA EN LA MONTAÑA

Moras en la montaña de Levante,
deleitándote con la belleza del paisaje.
Desde tu lozana primavera,
te acuestas en la solitaria selva.
Y duermes todavía cuando el sol ya calcina. Las mangas de tu túnica se limpian con la brisa de los pinos.
Tu corazón y tus oídos se purifican con el arroyo que serpentea entre peñas.
¡Cuánto te envidio!
Alejado de rumores y contiendas,
reposas con una nube diáfana bajo tu cabeza.





NOSTALGIA EN UNA NOCHE SILENCIOSA

Brillantes luces inundan mi lecho.
¿Será la escarcha sobre la tierra?
Alzo los ojos y veo la luna.
Al bajar la cabeza, añoro mi hogar.


CONTEMPLANDO LA CASCADA
DE LA MONTAÑA LU SHAN

El sol enciende el Incensario,
que exhala un vapor violáceo.
Lejos una cascada
cuelga de la montaña.
En un vertiginoso vuelo
rueda mil pies hacia abajo.
¿Estará la Vía Láctea cayendo
de lo más alto del cielo?




ESTANDO EN HUÉSPED

En las copas de jade brilla el ámbar;
es el licor de Lan Ling,
fragante como un tulipán.
Mi anfitrión insiste en embriagarme
para ahuyentar mis añoranzas del hogar.


VISITA A MI MAESTRO YONG EN SU ERMITA

Rodeado de picos que tocan el cielo,
vives en plena libertad, olvidando los años. Aparto las nubes y busco el antiguo sendero.
Y recostado en un árbol,
escucho el susurro del arroyo.
Entre flores primaverales,
los búfalos negros se acuestan,
y entre pinos erguidos,
las grullas blancas reposan.
Con nuestras voces, el crepúsculo cae sobre el agua.
Solo, desciendo en medio de las brumas y el frío.


LAS RUINAS DEL PALACIO DE YUE

Después de conquistar el reino de Wu,
regresó triunfante Gou Jian, rey de Yue.
Sus guerreros vestían de seda,
y las doncellas de la corte,
bellas flores de primavera,
inundaban su palacio.
Hoy no quedan sino ruinas
y una que otra perdiz.

DESPEDIDA EN UNA TABERNA DE JINLING

Las flores de los sauces
se mecen con la brisa
e inundan la taberna de fragancia.
Mis jóvenes amigos de Jinling
vienen a despedirme.
Una hermosa doncella nos escancia el licor. Entre "adiós" y "adiós",
apuramos una copa tras otra.
Preguntad, ¡oh amigos! al gran río que corre hacia el este:
¿qué acabará primero, su curso o mi añoranza?



GRAZNIDOS NOCTURNOS DE LOS CUERVOS

Amarillas nubes flotan
encima de las murallas.
Los negros cuervos que tornan
graznan sobre las ramas.
Tras la nebulosa cortina,
murmura la joven esposa,
sumida en la melancolía.
Abandona la lanzadera,
y añora al amado que corre tierras remotas. De noche, sus lágrimas caen cual lluvia
en la soledad de su alcoba.


BALADAS DE LAS CUATRO ESTACIONES
DEL AÑO



PRIMAVERA

A la orilla azul del agua,
la doncella Lo Fu, del país Qin,
recoge moras.
Sus manos blancas brillan
entre las verdes hojas.
Bajo el fulgor del sol,
luce aún más radiante su ropa de grana. «Tengo que irme -dice-,
mis gusanos de seda tienen hambre.
Y usted, con sus cinco caballos, no demore en volver a casa. »


VERANO

En el extenso lago del Espejo,
los lotos florecen alegremente.
Es mayo. La bella Xi Shi los recoge.
En ambas orillas, se aglomera
una multitud para contemplarla.
Su barca regresa
sin esperar el claro de luna
y se desliza
hasta el palacio del rey de Yue.


OTOÑO


La ciudad de Changan se baña en luces de luna.
Se golpea la ropa en miles de casas.
La brisa otoñal no puede barrer
Las añoranzas del Paso de Jade.
¡Ay! ¿Cuándo derrotarán a los invasores tártaros?
Cuándo tornará el amado del campo de batalla?


INVIERNO

Mañana partirá el correo a la frontera.
Ella cose toda la noche un abrigo de soldado. Trabajando con la frígida aguja,
sus finos dedos están helados,
y apenas pueden manejar las tijeras.
¡Ay! ¿Cuándo llegará el envío a manos del amado?


NOSTALGIA EN PRIMAVERA

Las hierbas de Yen
son hilos de seda esmeralda.
El peso de las hojas
inclina las verdes ramas
de las moreras de Qin.
Mi corazón anhelante ya está destrozado.
Y sólo ahora piensas tú, mi amor,
tornar a casa.

¡Oh viento de primavera!
Tú, que eres un extraño,
¿por qué levantas
mi cortina de raso?



A LA SEÑORA YANG
(Según la melodía «Ching Ping»)

Su traje es una nube, su cara una flor, radiante con el rocío de la primavera.
¿Estoy en la cumbre de la Montaña de jade,
o en la Terraza del paraíso bajo la luna?


PLACERES DEL PALACIO

De niña, viví en una casa de oro.
Adulta, habito el Palacio del Púrpura.
Flores de la montaña adornan mi moño. Claveles bordados decoran mi túnica.
Cuando salgo del insondable palacio,
siempre voy en la carroza del soberano.
Sólo temo que los cantos y las danzas concluyan,
como nubes rosáceas que se esfuman.


GOZO DEL VIAJERO

El viajero cabalga el viento,
que lo lleva a tierras lejanas,
como un ave que emprende el vuelo,
sin dejar su rastro en el cielo.


LA LUNA EN EL PASO MONTAÑOSO

Entre un mar de nubes y neblinas,
la luna surge del Monte Celeste.
El viento recorre miles de leguas
y azota el Paso de jade.
Guerreros chinos marchan por el Blanco Camino.
Tropas tártaras merodean el Lago Azul.
De esos campos de batalla nunca ha regresado nadie.
Los recién llegados, triste el rostro, contemplan la frontera,
pensando en el hogar,
en las que suspiran y lloran esta noche,
en la soledad de sus aposentos.


DIFÍCIL EL CAMINO

El vino de mi copa dorada
vale diez mil monedas de cobre,
y los manjares de mis platos de jade,
otro tanto.
Pero no los puedo tomar:
abandono la copa y los palillos.
Desenfundo mi espada
y miro a mi alrededor
con el corazón perturbado.
Quiero cruzar el río Amarillo,
pero está congelado.
Quiero escalar el monte Taishan,
pero las nieves nublan el cielo.
Ocioso, me siento a pescar
en un arroyo diáfano.
De pronto, sueño que llego,
en una barca, a la capital.

¡Qué difícil es el camino!
¡Qué arduo es el sendero!
¡Qué numerosas son las encrucijadas!
¿Cómo voy a encontrar la salida?
Mas, algún día, navegaré viento en popa,
y atravesaré el inmenso océano.

A MI AMOR LEJANO

II

¿Dónde está mi pabellón verde?
Está entre las nubes azules.
Un río de otoño cuelga
de su mágico espejo.
La brisa de primavera
agita mi traje de seda.
Bien ataviada, me siento
frente al sol poniente.
Melancólica, contemplo
mi alcoba solitaria.
Te envío mis añoranzas en una carta;
si pudiéramos ser una pareja de aves
que vuelen siempre juntas.


VI

El río Chu me separa de ti.
Las hierbas de la primavera
reverdecen las riberas del río Amarillo.
Mis nostalgias no cesan de día ni de noche. Impetuosas, se convierten en olas que se precipitan hacia la mar.
Anhelo verte,
pero no puedo.
Tengo que conformarme con enviarte, a ti,
mi lejana belleza, una lágrima.



XI

Cuando estabas, las flores llenaban la casa.
Al irte, dejaste el lecho vacío.
La manta bordada, doblada,
permanece intacta.
Tres años ya han transcurrido,
pero tu fragancia no se disipa.
Te añoro, y de los árboles caen hojas amarillas.
Lloro, y sobre el verde musgo brilla el rocío.
NOSTALGIA ANHELANTE

Dirijo mis añoranzas
a la distante capital.
En torno al brocal de jade,
los grillos lloran tristemente el otoño.
La escarcha cae, y el frío invade mi lecho.

¡Oh amor mío!
Pienso en ti, desesperado,
a la luz de mi moribundo candil.
Corro la cortina,
contemplo la luna y gimo largo tiempo:
eres tan bella como una flor,
pero las nubes nos separan.

El firmamento se extiende infinitamente.
Las olas de los ríos azules
una a otra se suceden.
El cielo es tan inmenso, y la tierra, tan ancha,
que me costará atravesarlos.
No podré llegar ni en sueños
a la montaña de Guangshan.
Se me parte el corazón por la nostalgia.



EXHORTACIÓN

¿No ves, amigo mío,
que las aguas del río Amarillo,
fluyendo del firmamento,
se precipitan hacia el mar para no volver?
¿No ves, en la grandiosa sala,
que el espejo plateado refleja
los cabellos canos,
que las sedas, negras por la mañana,
se han tornado blanca nieve con el crepúsculo?
¡Entreguémonos a libar mientras podamos,
y no dejemos vacía la copa dorada frente a la luna!
Los dones que me concedió el cielo
no se han de desperdician
Al gastar mil onzas de oro,
volveré a tener otro tanto.
¡Guisemos carneros, matemos reses y divirtámonos!
¡Apuremos trescientas copas en un solo encuentro!
¡Vamos, maestro Qin y querido amigo Dan Qiu!
No dejéis vuestras copas ni un momento.
Os voy a cantar una balada, y escuchadme todos atentos:
nada representan para mí gongs,
tambores ni manjares exquisitos,
y no desearía más que una ebriedad perpetua. Todos los santos y sabios del pasado se quedan en soledad.
Sólo los grandes bebedores
conservan su fama.
El príncipe Chen aprovechó bien su tiempo: en el Palacio de Paz y Delicias
se entregaba a las orgías con los suyos.
No los satisfacían sino los licores más preciosos.

Ahora te pido vino, tabernero,
¿por qué nos dices que no alcanza el dinero? ¡Ven, mozo, y trae al momento mi corcel tordo y mi abrigo
exornado con cien pedazos de oro.
Los trueco por vinos deliciosos,
que vierto en vuestros vasos
para disipar juntos las tristezas de mil años.


DESPEDIDA AL ERMITAÑO YANG
QUE VUELVE A LA MONTAÑA

Tengo una cabaña muy antigua
en la cumbre Doncella de jade.
Atrae tanto a la luna,
que siempre la ronda encima
de un pino junto al arroyo.
Oh amigo, ya te marchas.
Vas a recoger la hierba
de la inmortalidad en la montaña,
donde se abrirán flores seductoras.
Iré a visitarte a fines del año
y viajaré en el azul infinito
montando un blanco dragón.


PU SA MAN

Los infinitos bosques
tejen un velo gris oscuro.
Las montañas frías derraman un verdor triste. El crepúsculo envuelve el alto pabellón
donde mora una joven melancólica.
En pie, sobre las gradas de color jade,
ella espera en vano.
Los pájaros vuelan presurosos a sus nidos. ¿Por dónde retornará el amado?
Por allá, por detrás de los kioskos distantes que suceden a los más cercanos.




A UNA BELLA DEL CAMINO

El gallardo jinete pasa
cabalgando sobre la alfombra de flores.
La punta de su látigo roza
un carruaje de nubes multicolores.
Sentada allí, sonriente, entreabre
la cortina de perlas una joven hermosa. «Aquella es mi casa», murmura,
señalando un lejano pabellón color rosa.


MARCHA MILITAR

Montado en su caballo alazán,
sobre una nueva silla
tachonada de jade blanco,
el jinete trota en el campo de batalla, inundado de frías luces de luna.
Finaliza el combate.
Los ecos de los tambores
siguen resonando desde la muralla.
En el sable de oro, ya envainado,
aún no se seca la sangre.


CACERÍA

Los jóvenes de la frontera
pasan su vida sin leer una letra.
No saben sino cazar,
orgullosos de su agilidad y presteza.
En otoño sus caballos tártaros,
fuertes, necesitan pastos.
Entonces montan sobre ellos,
soberbios y raudos relámpagos.
Sus látigos dorados
acarician la nieve silbando.
Medio ebrios, llevando sus halcones,
se van a las afueras.
Tensan sus arcos,
y nunca yerran el blanco.
Al lanzar una flecha,
caen dos grullas juntas.
Al borde de la laguna,
los espectadores quedan boquiabiertos.
Su bravura y valentía
estremecen el desierto.
Encerrado entre cortinas
hasta que blanqueen sus cabellos,
¿cómo podrá el inútil letrado
igualarse a los caballeros?

CANCÓN DE LA FRONTERA

En mayo, vuelan copos de nieve
sobre la Montaña Celeste.
Faltan flores y nos traspasa el frío.
En las notas de una flauta
reconocemos «Sauces Llorones»
y nunca vemos aquí un asomo de lozanía.
De día, luchamos guiados
por los gongs y tambores.
De noche, dormimos con la silla
de color de jade como almohada.
¡Cuánto deseamos liquidar al tirano Lou Lan con nuestros sables desenvainados!


BEBIENDO CON EL ERMITAÑO
EN LA MONTAÑA

Rodeados de espléndidas flores,
hemos bebido, frente a frente,
una copa tras otra.
Retírate ahora,
ya estoy embriagado
y tengo que dormir.
Si quieres, vuelve mañana
y trae tu cítara.


RESPONDIENDO DESDE LA MONTAÑA

¿Por qué vivo en la montaña esmeralda? Callado sonrío, el corazón sereno.
Las flores de durazno que se lleva el arroyo me abren un mundo nuevo,
totalmente distinto del de los hombres.

AUTOABANDONO

Ensimismado por el vino,
no advierto el crepúsculo,
hasta que los pétalos caídos
cubren mi túnica arrugada.
Embriagado, me levanto y retorno,
guiado por la luna del arroyo,
sin pájaros ni gente que me acompañe.


DELANTE DEL VINO

Vino de uva... Copa de oro...
Una doncella de Wu de quince años
llega sobre un airoso caballo.
Sus cejas están pintadas de negro,
y sus zapatos son de satén rojo.
Habla con una pronunciación extraña,
pero canta con una voz que acaricia.
En el espléndido festín,
se embriaga en los brazos de mi amigo.
Y, bajo el toldo color rosa,
éste no sabe qué hacer.


EL GRANADO DE LA VENTANA ESTE
DE LA VECINA

Bajo la ventana este de la dama Lu,
hay un granado sin par en toda la tierra.
El coral reflejado por el agua esmeralda
dista de poder igualar su belleza.
Con la brisa, su fragancia se esparce,
y de noche reposan en él preciosas aves.

Desearía convertirme en una de sus ramas, que se mecen y rozan el vestido de la dama. Y, si ella no me prestara atención,
alcanzaría la cabeza hacia su puerta dorada.


DESPIERTO DE LA EMBRIAGUEZ
EN UN DÍA PRIMAVERAL

La vida es un largo sueño.
¿Para qué abrumarla con fatigas?
Por eso, todo el día estoy ebrio.
Abatido, me acuesto
junto a una columna de la puerta.
Al despertar, miro más allá del patio,
y veo un ave que canta entre las flores.
La interpelo:
«¿ En qué estación del año estamos? ».
« ¡Vaya pregunta!
¿No ves que es la primavera
quien hace hablar, con su brisa,
a la oropéndola vagabunda? »
Conmovido, quiero arrancarme un suspiro. Mas prefiero volver a servirme vino.
Canto en voz alta, esperando la luna.
Al terminar, todo queda en el olvido.


QUEJAS EN LAS GRADAS DE JADE

Las gradas de jade blanco
están cubiertas de un rocío diáfano.
A media noche, el frío traspasa
las pantuflas de seda.
Dejando caer la persiana cristalina,
la doncella contempla
una redonda luna de otoño.


MELANCOLÍA RENCOROSA


La beldad levanta su cortina de perlas. Sentada, pensativa, fruncidas las cejas,
con huellas de lágrimas en las mejillas.
¡Ay! ¿A quién le deberá
esa rencorosa melancolía?

SENTADO, SOLO, EN LA MONTAÑA
DE JINGTING

Los pájaros han tornado a sus nidos en bandadas.
Perezosa, la última nube se aleja.
La montaña es mi única compañera.
Ni al uno ni al otro nos cansa mirarnos.


MELANCOLÍA

La nueva amada
es fascinante como una flor.
Mas la antigua es tan preciosa como el jade. Liviana,
la flor vacila con el viento;
mientras el jade
nunca se altera en su pureza.
La anciana de hoy
ha sido novia en otra época.
La novia de hoy
algún día será anciana.

¡Mirad el Pabellón de Oro
de la emperatriz Chen!:
en sus cortinas ornadas de perlas,
ya aparecen,
silenciosamente,
telas de araña.

DESPEDIDA A UN AMIGO

Montañas verdes tras las murallas del norte. Un río cristalino al este de la ciudad.
Aquí nos separamos,
y una hoja mustia, solitaria
flotará mil leguas sobre el agua.

Nubes vaporosas, corazón de viajero.
Puesta del sol, separación de viejos amigos. Te alejas. Nos decimos adiós con la mano. Tristes relinchan nuestros caballos.


INTERNÁNDONOS EN EL ARROYO LÍMPIDO
Y VIAJANDO ENTRE MONTAÑAS


¡Qué ligera y rauda nuestra barca!
En un abrir y cerrar de ojos,
nos lleva a un mundo
poblado de bosques lozanos.
Sosegadas nubes blancas flotan
por encima de nuestras cabezas.
Sentados entre peces y aves,
contemplamos las aguas
y las montañas vacilantes
reflejadas en ellas.
Los ecos resuenan entre los peñascos,
y un profundo silencio
reina en todo el arroyo.
Entregados a un ocio placentero,
dejamos los remos y admiramos
los últimos rayos del ocaso.


A WANG LUN


Ya estoy a bordo. Voy a partir.
De pronto se aproximan por la orilla
el compás de tus zuecos y canciones.
El lago Flor de Durazno es muy hondo.
Mucho más hondo es, Wang Lun,
tu cariño por mí.


BALADA DE CHANCAN
Mis cabellos comenzaban a cubrir mi frente. Delante de la puerta, cogiendo flores,
me divertía,
cuando tú venías,
montado en un caballo de bambú.
Dabas vueltas al brocal,
tirando verdes ciruelas.
Ambos vivíamos en la misma aldea
y crecíamos en plena confianza mutua.
A los catorce años vine a ser tu esposa.
Con rubor, bajaba la cabeza
hacia un rincón oscuro,
y nunca te mostré una sonrisa.
Cien veces me llamabas,
mas ni una vez me volví.
Cuando tenía quince años
desfruncí las cejas
y deseaba que nos uniéramos
como polvo y ceniza.
Siempre estaba dispuesta a seguir
el ejemplo del «hombre del pilar».
Mas no esperaba subir
a la Colina de la Espera.
Un año más tarde
partiste a esa zona lejana,
donde los escollos Qutang y Yenyu,
enhiestos, impiden el paso
en el mes de mayo,
cuando los monos
lanzan sus lamentos al cielo.
Las huellas que dejaron tus pasos,
una tras otra se cubrieron de un musgo verde, tan tupido, que no lo puedo barrer.
Hojas desprendidas de los árboles
indican la temprana llegada del otoño.
Es septiembre ya.
Las mariposas, en parejas,
vuelan por el jardín
revoloteando entre las hierbas.
El espectáculo me conmueve
y llena de aflicción mi alma.
La amargura me quita
la rosa de mis mejillas.
¡Ay! Cuando desciendas de Sanba,
no dejes de avisarme con tiempo.
Para ir a tu encuentro,
no me importará la distancia.
Saldré a recibirte
hasta la Arena del Gran Viento.


COLINA DE LA ESPERA DEL ESPOSO

Apenada, contempla el horizonte,
fundida en la inmensidad celeste;
añora al amado ausente.
Las hierbas de la ribera
no conocen la tristeza.
Las flores montañosas
disputan su belleza.
Miles de cerros y nubes
separan a los esposos,
y una gran distancia los incomunica.
Los años se suceden sin cesar,
y sus añoranzas nunca terminan.


MELANCOLÍA PRIMAVERAL

Montando un caballo blanco con silla dorada mi esposo se fue a la guerra.
Bajo cortinas de seda,
cubierta con una manta bordada,
duermo mecida por la brisa de primavera.
A través de la ventana
la baja luna lanza una mirada furtiva
a mi agonizante candelabro.
Las flores indiscretas
se asoman a mi morada
y se burlan de mi soledad.


NO INSPIRACIÓN

La brisa otoñal refresca.
La luna brilla.
Las hojas caídas,
amontonadas, se mueven.
El cuervo, ya recogido,
sale asustado de su nido.
¿Dónde estarás, mi amor?
¿Cuándo volveré a verte?
¡Ay! Esta noche me duele el corazón.

NOSTALGIAS OTOÑALES

Las montañas de Yanzhi
se visten de hojas amarillas.
Una mujer joven,
desde la terraza Baidian,
contempla el cielo
cuajado de un mar de nubes oscuras:
el otoño ha llegado a la verde estepa.

¡Mirad, tropas tártaras se agrupan
en la arenosa llanura!
Nuestro mensajero torna presuroso
para anunciar la noticia.
«Ay, cuando regrese mi esposo de la guerra, hallará, triste, marchita mi belleza.»


EN EL TEMPLO DE LA CÚMBRE

Paso la noche en el templo de la Cumbre. Levanto la mano y palpo las estrellas.
Mas no me atrevo a hablar en voz alta:
temo molestar a los moradores del Cielo.


UNA NOCHE ENTRE AMIGOS

Para ahuyentar
las eternas tristezas del mundo,
nos entregamos a beber,
centenares de jarros.
La hermosa noche nos invita
a íntimos coloquios,
y la brillante luna nos quita el sueño.
Ya ebrios,
nos acostamos en la yerma montaña.
El cielo es nuestra manta,
y la tierra, nuestro lecho.


PARTIDA MATINAL DE LA CIUDAD DE BAIDI

Digo adiós a Baidi
entre nubes multicolores del alba,
y hoy mismo llegaré a mi hogar
recorriendo cien leguas.
Con el incesante aullar de los monos
en ambas riberas,
se desliza, entre un bosque de montañas,
mi barca.


RECOLECCIÓN DE LOTOS

A la orilla del arroyo
las doncellas recogen lotos,
charlando y riendo entre las flores.
El sol ilumina sus ropas nuevas,
que se reflejan en el agua diáfana.
Con la brisa,
ondulan sus mangas perfumadas
¿Quiénes son los gallardos jinetes que,
en grupos de tres o cinco,
aparecen montando los pardos caballos
a través de los sauces llorones?
Entre relinchos pasan de largo,
pisando los pétalos caídos.
Decepcionadas, las doncellas
se entristecen en vano.


Al PIE DE LA MONTAÑA DE LOS CINCO PINOS,
EN CASA DE LA ABUELA SUN

Me alojo al pie de los Cinco Pinos,
solo, e incómodo.
La gente del campo
trabaja duro en otoño.
Azotada por el frío de la noche,
una doncella vecina
desgrana las semillas.
La abuela, arrodillada,
me ofrece una sopa de chouhu.
La luna alumbra el plato blanco, recordándome a la lavandera.
Le doy las gracias
una y otra vez,
mas no puedo quitarle su comida.


PASEO POR EL RÍO BLANCO DE NANYAN ESCALANDO LA ROCA SHIJI

Al despuntar la aurora,
vadeo el río Blanco
en el angosto cauce de su nacimiento.
Me alejo así por el momento
del mundo de los hombres.
Innumerables islas se visten
con los maravillosos colores
de la naturaleza.
El cielo y el río, ligados,
se ofrecen en un Inmenso espejo azul.
Mis ojos siguen las nubes, que,
una a una, se pierden en el mar.
Mis pensamientos, sosegados,
divagan como peces
que se deleitan en el agua.
Canto todo el día,
hasta la caída del sol.
Luego, en compañía de la luna,
retorno a mi cabaña.


CANTO DEL AGUA VERDE

En las aguas transparentes
riela la luna de otoño.
En la Laguna del Sur
se recogen blancas flores de boda.
Los lotos zalameros
parecen murmurar sus quejas,
y los barqueros, conmovidos,
los contemplan maravillados.


NUECES BLANCAS

Dentro de las mangas de gasa roja,
se ven claramente.
Mas en un plato de jade,
son como inexistentes.
Parece que un monje anciano,
al dejar de rezar,
puso delante de sus dedos
perlas cristalinas de su rosario.


LLORANDO LA DESAPARICIÓN DE JI,
EL BUEN DESTILADOR DE VINO

En el otro mundo,
el anciano Ji seguirá destilando su vino.
¿Pero a quién se lo venderá,
si Li Po no está allá?


EL PABELLÓN LAO LAO

Será el lugar más triste de la tierra
el pabellón donde nos despedimos.
¡Oh viento primaveral!
Qué bien conoces
las penas de la separación:
dejas sin reverdecer
los sauces llorones de aquí.

viernes, 25 de septiembre de 2009

EL REFUGIO BUDISTA


El Refugio Budista
Sangharákshita

*
Este texto es la transcripción de una
conferencia dada en la India.
El tema de esta conferencia es el Ir al Refugio (En pali: saranagamana, y en sánscrito:
sarana-gamana), y me alegra mucho que se me haya invitado a hablar sobre ello,
puesto que se trata de algo muy querido para mí. Sin embargo voy a enfocarlo de
manera indirecta, a través de mi experiencia recogida viviendo y trabajando para el
budismo en Gran Bretaña. Desde 1967 he dedicado mi tiempo y energía a la creación
y consolidación de un movimiento budista completamente nuevo en occidente, que
empezó en Gran Bretaña, y es a través de mi experiencia dentro de este nuevo
movimiento como voy a abordar el tema de la toma de refugio.
En los centros budistas de las distintas ciudades -este nuevo movimiento se conoce
como los "Amigos de la Orden Budista Occidental"- se llevan a cabo una variada serie
de actividades como pueden ser conferencias sobre budismo, sobre literatura o arte,
clases de meditación, clases de hatha yoga, o cursos sobre la comunicación humana.
Cada cierto tiempo tienen lugar retiros, que llevan consigo pasar el día entero en el
centro budista haciendo meditación, estudiando, intercambiando opiniones o haciendo
ejercicios de comunicación.
La gente llega a conocer nuestras actividades por diversos medios. Unos, a través de
nuestra publicidad, pero lo más frecuente es que un amigo le comente a otro que
conoce un sitio donde se practica meditación, o donde se puede aprender algo sobre
budismo, o practicar hatha yoga; de una manera u otra, la gente entra en contacto con
el centro más cercano y, por lo tanto, con nuestro nuevo movimiento budista.
Al principio, puede que estén simplemente interesados en la meditación, o en la
filosofía budista, o en el hatha yoga, y vienen a nosotros sólo por esto. De cualquier
modo, empiezan a venir. En la mayor parte de los países occidentales hay miles de
personas que se dedican a “probar” todo tipo de grupos espirituales. Se interesan por
uno de ellos durante un tiempo, luego prueban otro y otro y otro, con lo que acaban
probando gran número de ellos. Algunas de las personas que vienen a cualquiera de
los centros son de este tipo. Se quedan durante un tiempo, y después nos dejan para
continuar su búsqueda en otra parte; pero otros, permanecen con nosotros porque les
gusta nuestra manera de ver las cosas y se sienten como en casa. Se van interesando
cada vez más por nuestras actividades, y un día surge en ellos la idea de que les
gustaría sentirse identificados con nosotros, en otras palabras, "pertenecer" al grupo. A
partir de ese momento pueden llegar a convertirse en lo que llamamos Mitra, que es
simplemente la palabra sánscrita que equivale a amigo. Aquí quizás debería aclarar
que uno no se hace socio de los "Amigos de la Orden Budista Occidental". Uno no se
inscribe simplemente rellenando una ficha o pagando una suscripción. En vez de esto
se emplea un sistema diferente que voy a explicar a continuación. Cuando una
persona alcanza el momento en el que quiere "pertenecer" a los "Amigos de la Orden
Budista Occidental" y convertirse en Mitra, comunica a los demás su deseo, si éste es
auténtico y demuestra un interés real por las diversas actividades de los "Amigos de la
Orden Budista Occidental", tiene lugar entonces una sencilla ceremonia pública en la
cual esa persona ofrece flores, una vela encendida y un palito de incienso ante una
imagen del Buda. De esta forma uno se convierte en Mitra. Hasta entonces esa
persona había sido considerada como un Amigo con mayúsculas. Nosotros tenemos
estas categorías, como si dijéramos, para los "no-miembros". Todo aquel que venga a
participar en cualquiera de las diversas actividades, por pequeña que sea esta
participación, es considerado como Amigo. No tiene que "pertenecer" de una manera
burocrática, y se tiene completa libertad para obtener beneficio de cualquier tipo de las
diversas actividades, sin que eso implique ningún tipo de obligación o responsabilidad
determinadas. A nosotros, nos alegra mucho que sea así. Ahora bien, si esa persona
quiere profundizar a partir de ese primer contacto, entonces se convierte en Mitra de la
forma que he explicado antes.
El hecho de que una persona se convierta en Mitra significa que ha cesado su
búsqueda para pertenecer a un grupo espiritual, y a partir de ese momento todo su
tiempo y energía se enfocará exclusivamente hacia los "Amigos de la Orden Budista
Occidental". De un Mitra se espera: 1. Que dé por terminada su búsqueda de un
movimiento espiritual y que se haya decidido por la Orden; 2. Que mantenga una
práctica de meditación diaria; 3. Que se mantenga en contacto con los miembros de la
Orden que dirigen las actividades del centro y que desarrolle, "Kalyana Mitrata" o
"compañerismo espiritual" con ellos; y 4. Que ayude al centro y al movimiento en
general de la forma práctica que crea más conveniente.
Por tanto, existen Amigos, Mitras y también Miembros de la Orden, o Dharmacharis y
Dharmacharinis, sobre los cuales explicaré algo más, dentro de un momento.
Una vez siendo Mitra, lo más probable es que uno se vea progresivamente más
envuelto en el movimiento y más atraído por la belleza del ideal espiritual budista, el
ideal de la iluminación humana. Puede que encuentre que su experiencia en la
meditación se hace más profunda, que su comunicación con otras personas se
expande y que sus condicionamientos psicológicos están desapareciendo. Finalmente
uno puede descubrir que el centro de gravedad de su existencia se ha visto
desplazado ligeramente, y que ahora quiere dejar a un lado sus antiguos intereses y
actividades y comprometerse completamente con el budismo, con el Dharma, con la
vida espiritual en suma. Llegado este momento, uno empieza a pensar seriamente en
entrar a formar parte de la Orden o, usando términos tradicionales, uno piensa en
tomar refugio en el Buda, en el Dharma y en la Sangha. Si los miembros de la orden
están convencidos de que el deseo del aspirante es auténtico, y de que esa persona
está realmente capacitada para tomar refugio -que no es tarea fácil de llevar a cabo-,
entonces, su "solicitud" es aceptada y a su debido tiempo tiene lugar la maravillosa
ceremonia de ordenación. Uno se convierte en Dharmachari o Dharmacharini, o lo que
es lo mismo, alguien que toma refugio en el Buda, en el Dharma y en la Sangha, y
quien, además, empieza a considerar los "Diez Silas" o preceptos morales, mediante
los cuales, el cuerpo, el habla y la mente se ven progresiva y sistemáticamente
purificados.
Llegados a este punto, puede que os estéis preguntando dónde se encuentra el origen
de este “Ir al Refugio", y por qué parece representar la culminación del compromiso no
sólo con nuestro nuevo movimiento budista, sino incluso con el budismo como tal.
Después de todo, uno se convierte primero en Amigo, luego en Mitra y finalmente en
Dharmachari o Dharmacharini, como acabo de explicar. La tradición de "tomar refugio"
es, sin embargo, muy antigua. Para poder comprender dónde se origina y por qué tiene
una importancia tan tremenda deberemos remontarnos muy atrás en el tiempo, hasta
la época en que vivió el Buda, cuando acontecieron unos determinados sucesos.
Después de haber alcanzado la iluminación, el Buda dedicó gran parte de su tiempo a
viajar de un lugar a otro dando a conocer el Dharma o verdad que había descubierto y
el camino que llevaba a ese conocimiento. Mucho de lo que dijo se conserva en las
escrituras en pali, pero aunque a veces nos encontremos con lo que muy bien podrían
ser las auténticas palabras del Buda, quizás no seamos capaces de apreciar el efecto
tan poderoso que tendrían en las personas que en aquél entonces las escucharon de
labios del Iluminado.
Lo que normalmente encontramos en los textos es que en el curso de su deambular, el
Buda se encuentra con una persona determinada, bien sea un rico brahmin, un
humilde vagabundo o un joven príncipe, y los dos comienzan a hablar. Cuando la
conversación se hace más profunda, el Buda empieza a hablar desde lo profundo de
su experiencia espiritual. En otras palabras, el Buda expone el Dharma: el dharma sale
a la luz.
A veces, cuando leemos las escrituras budistas nos da la impresión de que el Dharma
consiste en una serie de listas, las cinco de esto, las seis de lo otro, etc., así como de
que estamos ante algo excesivamente esquematizado y cuadriculado. Pero desde
luego, no era así al principio, ni mucho menos. Era algo fresco, original y creativo. El
Buda hablaba desde lo profundo de su experiencia mística. Exponía la verdad y
mostraba el camino que lleva a la iluminación y la persona con la que estaba hablando
se sentía absolutamente asombrada y admirada. En algunos casos puede que esa
persona fuera incapaz de hablar o de hacer otra cosa que no fuera balbucear unas
palabras carentes de toda coherencia. Algo le había sido revelado. Una puerta se
había abierto de pronto, más allá de su comprensión ordinaria. Por un instante, al
menos, había vislumbrado la verdad y esta experiencia le había dejado anonadado. A
veces, en ocasiones como éstas, las escrituras nos dicen que la persona al respecto
exclamaba: "Maravilloso, señor, maravilloso". Como sí uno tuviera que empezar de
nuevo lo que ha sido derribado, o revelar lo que ha estado oculto, o indicar el camino a
alguien que estaba perdido, o llevar una luz en la oscuridad y decir: "Aquellos que
tengan ojos verán". De este modo ha sido manifestada la verdad en boca del más
excelso. Entonces, desde la profundidad de su gratitud esta persona declararía
fervientemente: "Buddham saranam gacchami", "Dhammam saranam gacchami",
"Sangham saranam gacchami" - "Voy por refugio al Buda al Dharma y a la Sangha".
Ahora podemos entender no sólo donde tiene su origen el "tomar refugio", sino
también algo de su tremendo significado espiritual. Tomar refugio representa la
reacción emocional positiva -de hecho una reacción y respuesta totales- al ideal
espiritual, cuando este ideal es revelado a nuestra visión espiritual. Es tal la fuerza de
la llamada, que no queda más remedio que responder a ella de manera total y
absoluta. Como muy bien afirma Tennyson: "No nos queda más remedio que amar lo
supremo cuando lo vemos". Ir al Refugio es quizás algo así. Hemos visto lo "supremo",
nos ha sido revelado, por lo tanto no tenemos más remedio que amarlo, que darnos a
ello por entero, que comprometernos con ello. Ese compromiso nuestro con lo
"supremo" es tomar refugio. La finalidad de tomar refugio es triple, lo que se conoce
como las tres piedras preciosas o las tres joyas. Uno toma refugio en el Buda, el
Dharma y la Sangha. El significado de tomar refugio puede entenderse con facilidad en
un sentido general -darse o comprometerse uno por entero a lo "supremo"- pero, ¿qué
significa tomar refugio en el Buda específicamente o en el Dharma, o en la Sangha?
El Buda es un ser humano que alcanzó la iluminación. No es Dios, ni un mensajero
suyo, sino un ser humano que gracias a su propio esfuerzo alcanzó la cumbre de la
perfección humana. Consiguió llegar a un estado inefable al que llamamos iluminación,
nirvana o estado de Buda. No solamente es un Buda, sino un Samyak Sambuddha,
completa y perfectamente iluminado. Cuando tomamos refugio en el Buda, lo hacemos
en este sentido. No se trata sólo de que le admiremos a distancia. Le admiramos en
gran medida y, de hecho, puede que esté muy distante de nosotros en este momento,
pero por grande que sea la distancia entre el Buda y nosotros, esa distancia puede
acortarse hasta desaparecer.
Podemos hacer que desaparezca si seguimos el camino y practicamos el Dharma.
También nosotros podemos parecernos al Buda. También nosotros podremos alcanzar
la iluminación. Este es el gran mensaje del budismo. Todo ser humano que se
esfuerce en ello, que siga el "Noble Camino Octuple" hacia la iluminación, puede llegar
a ser lo que fue el Buda. Por lo tanto, cuando tomamos refugio en el Buda es como si
dijéramos: "Eso es lo que yo quiero llegar a ser. Eso es lo que yo quiero alcanzar.
Quiero llegar a la iluminación y desarrollar la sabiduría y la compasión al máximo".
Tomar refugio en el Buda significa considerar al Buda -al estado de Buda- como
nuestro ideal espiritual personal, o como algo que nosotros mismos también podemos
conseguir.
El Dharma es el sendero o camino. Es el sendero de lo que a veces he denominado la
evolución superior del hombre, un estadio de desarrollo puramente espiritual más allá
de la normal evolución biológica. Como tal camino o sendero, existen diferentes
formulaciones del Dharma. Decimos "el camino triple" de la moralidad (sila), la
meditación (samadi), y la sabiduría (prajna); así como el camino de las "seis
perfecciones" (paramitas), que son la generosidad (dana), la moralidad (sila), la
paciencia y el dominio sobre uno mismo (ksanti), el vigor (virya), la consciencia superior
(samadi) y la sabiduría (prajna), que es el camino del bodisatva. Aunque hay muy
diversas formulaciones, el principio básico del camino es sólo uno. El camino es
esencialmente el camino de la evolución superior; es todo aquello que nos ayuda a
evolucionar. El Dharma o el camino no debe ser identificado con una u otra enseñanza
concreta. De acuerdo con la propia declaración expresa del Buda, Dharma es todo
aquello que contribuya al desarrollo espiritual del individuo. Cuando su tía materna y
madre adoptiva Mahaprajapati - la Gotamid - le preguntó por un criterio por el cual
pudiera distinguir entre lo que era Dharma-vinaya y lo que no lo era, el Buda contestó:
"De cualquier doctrina, Gotamid, de la que puedas afirmar con seguridad que: 'Estas
enseñanzas conducen a la pasión y no a su disipación; a la esclavitud y no a la
imparcialidad; al incremento de beneficios en el mundo ordinario, y no a su
disminución; a la codicia y no a la sencillez; al descontento y no al contento; a la
compañia y no a la soledad; a la pereza, y no a la energía; al deleite en la rnaldad y no
en la bondad'. De tales enseñanzas deberías ciertamente afirmar Gotamid: 'Esto no es
el dharma, esto no es el vinaya, esto no es el mensaje del maestro'. Pero de aquellas
enseñanzas de las que puedas con certeza afirmar que son lo opuesto a lo que acabo
de decir; podrás ciertamente afirmar 'esto sí es el Dharma, esto es el vinaya, este es el
mensaje del maestro’".
Cuando tomamos refugio en el Dharma nos comprometemos a seguir el camino de la
evolución superior. Nos comprometemos con todo lo que nos ayude a desarrollarnos
espiritualmente, a crecer hasta el estado del Buda.
Sangha quiere decir "comunidad espiritual". En primer lugar representa la comunidad
de todos aquellos seres más avanzados que nosotros: los grandes bodisatvas, los
arhats, los que han entrado en la corriente, etc. Todos ellos forman la aryasangha o
comunidad espiritual en su sentido más elevado. En otro sentido, significa la
comunidad de todos los budistas, es decir, de todos aquellos que toman refugio en el
Buda, en el Dharma y en la Sangha. Tomar refugio en la aryaSangha implica abrirnos
a la influencia espiritual de los seres excelsos que la forman, aprender de ellos,
sentirse inspirado por ellos, reverenciarlos.
Tomar refugio en la Sangha en su sentido más común, como comunidad de todos los
budistas, implica disfrutar de una mutua camaradería espiritual, ayudarse unos a otros
en el camino de la evolución. A veces, puede que no necesites un gran bodisatva
avanzado para ayudarte. Todo lo que necesitas es un ser humano corriente que esté
un poco más evolucionado espiritualmente que tú, o incluso que sea un poco más
sensato. Con demasiada frecuencia la gente va en busca de un gran gurú muy
evolucionado, pero eso no es lo que realmente necesitan, incluso aunque esa persona
sea accesible. Lo que necesitan es una ayuda donde ellos están en un momento
determinado, es decir, en el estadio concreto del camino en el que se encuentran, y
esa ayuda puede generalmente darla una persona budista cualquiera.
Así pues, esto es concretamente lo que significa tomar refugio en el Buda, el Dharma y
la Sangha, y es esta triple toma de refugio -de la forma en que lo he explicado- lo que
convierte a uno en budista. Pero una vez dicho esto, tengo que añadir que, muy a
pesar mío, el tomar refugio, a pesar de su crucial importancia, está poco considerado
en los países budistas asiáticos, sobre los cuales diré algo enseguida. Dentro de los
"Amigos de la Orden Budista Occidental" hacemos hincapié en la importancia que tiene
el tornar refugio, estamos intentando volver a como las cosas eran en la época del
Buda. Estamos tratando de restablecer el significado que el tomar refugio tenía en un
primer momento.
Volviendo de nuevo a la época en que vivió el Buda, encontrarnos que algo de la
mayor importancia, aparte de lo ya mencionado, ocurría. No sólo se daba el caso de
que alguien, se sintiera tan impresionado y estremecido ante la exposición de la verdad
por parte del Buda que decidiera tomar refugio, sino que mientras le escuchaba podía
surgir en su mente una auténtica penetración en esa verdad. Según el lenguaje de las
escrituras budistas, en esa persona, surgiría pura y transparente ya, la visión de la
verdad (dharma-caksus) -una profunda experiencia espiritual-, Esta visión de la verdad
es una de las cinco visiones que se conocen en la tradición budista. En primer lugar
está "la visión física" (mamsa-caksus), que es la visión con la que ahora les estoy
mirando y viceversa. Se trata del órgano físico de la visión, gracias al cual percibimos
los objetos materiales. En segundo lugar se encuentra "la visión divina" (divya-caksus).
Si fuerais capaces de ver lo que pasa al otro extremo de la ciudad o en otra más
lejana, o incluso en la India, estaríais haciendo uso de este tipo de visión. Se la conoce
como la facultad de la clarividencia y es uno de los poderes paranormales que pueden
surgir de manera espontánea durante la práctica de la meditación. En tercer lugar se
encuentra "la visión de la verdad" (dharma-caksus), la visión espiritual interior, con la
cual se "ve" la verdad de las cosas y más adelante volveré sobre ella. En cuarto lugar
se encuentra "la visión de la sabiduría" (prajna-caksus), que va incluso más allá que la
visión de la verdad y que surge solamente cuando uno se convierte en un arhat. En
quinto y último lugar se encuentra "la visión universal" (samanta-caksus) también
conocida como "la visión del Buda", que surge sólo cuando uno ha llegado a la
iluminación completa, cuando la visión espiritual es total y absoluta.
Analicemos ahora más atentamente la visión de la verdad, la visión del Dharma. Existe
una frase en las escrituras budistas que nos da una explicación resumida. Dice
simplemente que todo lo que surge -lo que aparece en la existencia - debe
desaparecer. Esto es tan sencillo y evidente que quizás podáis pensar que ya lo
sabíais; pero, la visión de la verdad no representa un conocimiento teórico acerca del
hecho de la impermanencia o transitoriedad universales, sino una introspección
espiritual sobre ello, una comprensión verdadera y real. El que todas las cosas sean
impermanentes -que al final hemos de abandonarlo todo, dejarlo todo- puede parecer
un mensaje terrible para algunas personas, sin embargo, esto no tiene porque ser así,
ya que la impermanencia implica no sólo cambio, sino también desarrollo y
transformación. Si las cosas no fueran impermanentes y no cambiaran -si fuéramos
hoy los mismos que ayer y ayer los mismos que anteayer- eso si que sería algo
realmente terrible, ya que no podríamos crecer ni evolucionar. La ley de la
impermanencia garantiza la posibilidad de la evolución. Esto es lo que uno comprende
cuando se abre la visión del Dharma. Uno no sólo ve la impermanencia, no sólo
comprende que todo cambia, sino también observa la posibilidad del crecimiento y la
evolución humana. Ve la posibilidad de la transformación, desde la naturaleza humana
normal hasta la iluminación o estado de Buda.
Cuando se desarrolla este tipo de introspección y se alcanza la visión del Dharma,
ocurre algo especial. En el lenguaje budista "se entra en la corriente" -la corriente que
conduce directamente al nirvana-. Todo tu ser se dirige irreversiblemente hacia la
iluminación o estado de Buda. Esto es lo que llamamos "verdadero" Ir al Refugio o, si
se quiere, el Ir al Refugio "trascendental". Al "entrar en la corriente", al "tomar refugio"
de esta forma tan elevada y trascendental, se rompen al mismo tiempo tres de los
"diez impedimentos" que nos atan a la existencia ordinaria. Debido a la ruptura de
estos tres impedimentos se "entra en la corriente y uno se convierte en lo que se
conoce como "el que entra en la corriente" (srotapanna). Puesto que ocupan un lugar
importante en el budismo, permitidme añadir unas palabras acerca de cada uno de los
tres impedimentos.
El primer obstáculo es el del "concepto del yo" (satkayadrsti). Cuando se es víctima de
este concepto del ego, se tiene la idea de que lo que experimentamos como ego o yo
es algo fijo, irreducible y último. Creemos que hay un núcleo de nosotros que nunca va
a cambiar y que es nuestro yo "real". El concepto de ego trae consigo este tipo de
actitud que bloquea el cambio e inhibe la evolución, porque pensamos que somos de
una manera determinada, y tal y como somos ahora permaneceremos siempre. Es
muy difícil superar este obstáculo e imaginarse a uno mismo como algo distinto a lo
que se es ahora. Pero puede hacerse. Si uno está realmente comprometido con el
camino espiritual, llegará un momento en el que podremos mirar atrás y ver los
enormes cambios que se han producido. Veremos que hemos evolucionado, incluso
que estamos transformados. Pero hasta que no se supere el obstáculo del concepto
del ego no se dará realmente ni la evolución espiritual ni la entrada en la corriente.
El segundo obstáculo es el de la "duda" (vicikítsa), aunque no se trata de duda en el
sentido espiritual, sino en el de la indecisión. Se trata de una indecisión culpable y
deliberada. Se renuncia a tomar una decisión y por lo tanto a comprometerse. En vez
de dedicarnos a algo de todo corazón, preferimos mantener todas las opciones
abiertas. Así, ponemos excusas, dudamos, vacilamos, no nos decidimos, esperamos
tiempo y racionalizamos. Este es el obstáculo de la duda. Es esa duda la que nos
impide lanzarnos de lleno a la vida espiritual, lanzarnos hacia lo más profundo.
Consecuentemente no llegamos a ninguna parte en nuestro camino espiritual: hemos
fracasado en conseguir algún progreso espiritual.
El tercer obstáculo es el de la "dependencia de las leyes morales y los preceptos
religiosos" (silavrata-paramarsa), o dicho de otro modo, la creencia en que el obrar por
puro formulismo es suficiente. Uno obra así cuando su corazón no se halla realmente
en lo que está haciendo. Pensamos que si mantenemos las apariencias (externas), es
decir, si observamos las normas de moralidad porque eso es lo que nos exige la
sociedad y cumplimos los preceptos religiosos porque eso es lo que nos exigen
nuestros correligionarios, no habrá ningún problema. Este tipo de actitud es lo que se
llama dependencia de las leyes morales y los preceptos religiosos. Se produce una
división entre la observación de las leyes y el estado de ánimo interior. Aunque lo que
estemos haciendo puede ser muy bueno en si mismo, nuestro corazón no está en ello
y por lo tanto nuestra actuación es algo vacío, mecánico, rígido y artificial. Esto implica
que este tipo de acciones no nos ayudarán a evolucionar: no llevan espiritualmente a
ninguna parte.
Estos son los tres obstáculos. Cuando se "entra en la corriente" se superan y cuando
se superan es cuando se "entra en la corriente". Cuando se abre la visión del Dharma,
la verdad de la impermanencia se abre ante nosotros incluyendo la verdad de la
posibilidad de transformación total, y esa introspección interior de una visión espiritual
superior produce la superación de los tres obstáculos. Así pues, ocurren dos cosas al
mismo tiempo: la toma de refugio en el Buda, el Dharma y la Sangha a nivel
trascendental y la apertura de la visión del Dharma, o visión espiritual superior, que
llevaría a su vez a la superación de los tres obstáculos y a la entrada en la corriente.
De hecho, no sólo es que estas dos cosas, es decir, el tomar refugio y la entrada en la
corriente, ocurran juntas, sino que son diferentes aspectos en una misma persona y de
una única experiencia espiritual o proceso espiritual.
Volviendo de nuevo a la época del Buda, podemos llegar un poco más lejos aún.
Suponed que alguien escucha al Buda exponiendo el Dharma, se siente impresionado
y estremecido y decide Ir al Refugio y suponed que alcanza la entrada en la corriente.
Aún hay algo más que puede ocurrir al llegar a este punto. Puede que esa persona
deje su casa y se convierta en un monje o bikshu. Esto no ocurría siempre. A veces,
alguien tomaba refugio y se abría al mismo tiempo su visión del Dharma, pero no
dejaba su casa, a pesar de que la mayoría sí que lo hacia. En tales casos no sólo se
dan dos, sino tres cosas al mismo tiempo: tomar refugio, la entrada en la corriente y lo
que se conocía como "ordenación", es decir, ir hacia la vida errante y convertirse en un
bikshu o monje. Esta era la situación en el tiempo del Buda.
Después de la muerte del Buda, o de lo que llamamos su paranirvana, se produjeron
numerosos cambios. Y quizás, inevitablemente, se produjo un cierto deterioro
espiritual. La entrada en la corriente se hizo cada vez más rara, y a medida que iban
transcurriendo los siglos, el énfasis se fue poniendo poco a poco en "convertirse en
monje" en su sentido más formal, y tomar refugio fue gradualmente perdiendo su
significado como el acto central de la vida budista. Esto ocurrió especialmente en los
países de tradición teravada en el sudeste asiático. En la actualidad si visitamos estos
países o hablamos con un budista de la escuela teravada, no nos dirán mucho acerca
de la importancia que tiene tomar refugio. Nos hablarán, sin duda, de convertirse en
monje en su sentido más formalista, es decir, raparse la cabeza y llevar la túnica
amarilla. Ahí es donde la escuela teravada pone su énfasis. Para ellos existen dos
tipos de personas: los monjes y los laicos. A un lado se sitúan los monjes, que son los
verdaderos budistas, al otro lado la gente laica, que no son tan "verdaderos" budistas
como los primeros. Uno puede incluso hablar entonces de budistas de primera clase y
budistas de segunda clase. A veces, las diferencias parecen llegar hasta este extremo.
Parece, sin embargo, que observando los hechos tal y como ocurrían en la época del
Buda, hay que decir que aunque realmente hay diferencia, ésta es de otro tipo. La
verdadera diferencia no se encuentra entre monjes y laicos, sino entre aquellos que
han tomado refugio y aquellos que no lo han hecho. La diferencia entre un monje que
toma refugio y una persona laica -un hombre o una mujer- que toma refugio tiene una
importancia secundaria. Que tú vivas de una manera determinada, o sigas una
disciplina concreta, eso tiene una importancia secundaria. Lo que es primordial es el
compromiso espiritual cuando se toma refugio. Por esto en los "Amigos de la Orden
Budista Occidental", tenemos un dicho, una especie de refrán: "tomar refugio -o
comprometerse- es lo principal, la forma de vida es algo secundario".
Ahora bien, aunque en los países de tradición teravada se haya insistido demasiado
entre la distinción de monje y laico, y se haya perdido la apreciación de la importancia
que tiene el tomar refugio, esto no ocurrió con la misma intensidad en los países de
tradición mahayana. Como su propio nombre indica, los países de tradición mahayana
siguieron la tradición del gran sendero. Siguieron el ideal del bodisatva e hicieron
hincapié en el ideal de alcanzar la iluminación, no sólo para beneficio propio sino para
beneficio de todos los seres. En último término, por supuesto, la distinción entre ambas
cosas desaparece. No se puede realmente llegar a la iluminación para beneficio de
otros a menos que se sea una persona de un desarrollo espiritual considerable, y esa
persona no puede evolucionar espiritualmente a menos que, al mismo tiempo no tenga
conciencia, hasta cierto punto, de las necesidades de los demás seres vivos.
A la larga el individualismo espiritual y el altruismo espiritual coinciden; pero como
reacción necesaria al primero de los acercamientos, al acercamiento teravada e
hinayana en general, que son más individualistas, la escuela mahayana hizo hincapié
en el ideal del bodisatva. La actitud del bodisatva es la siguiente: "No deseo la
iluminación para mí mismo únicamente. Si ha de ser solamente para mi, entonces no
me interesa. Deseo la iluminación para todos los seres. Así pues, estoy trabajando
para que todos lleguen a la iluminación; incluyéndome a mí también". No es que el
bodisatva se excluya a sí mismo. Se incluye, pero sólo como uno más entre muchos.
Su misión es trabajar por el progreso espiritual, la iluminación última de todos los
seres.
Puesto que la escuela mahayana adoptó o desarrolló el ideal del bodisatva, todas las
distinciones menores perdieron su importancia. Se insistía en que todo el mundo
debería tener por meta el alcanzar el estado de buda, todo el mundo debería seguir el
ideal del bodisatva. Ya fuera monje o laico, culto o iletrado, rico o pobre,
espiritualmente desarrollado o no, todos deberían aspirar a la iluminación para
beneficio de todos los seres. Debido a la existencia de este ideal del bodisatva,
encontramos que en la tradición mahayana hay menos diferencia entre monje y laico, o
al menos, se ha insistido menos en esa diferencia.
Pero ¿qué es un bodisatva y qué significa aspirar a la iluminación para beneficio de
todos? De acuerdo con la tradición mahayana, el bodisatva en un sentido real es aquel
en el que ha surgido la bodichita o "deseo de iluminación'' (como yo traduzco el
término), como una experiencia espiritual vital. Bodichita no es una mera aspiración
piadosa, ni un concepto, ni un ideal abstracto. Cuando, desde la profundidad del ser,
surge un impulso tremendamente poderoso hacia la iluminación para beneficio de
todos los seres, y cuando ese impulso domina la vida entera y se convierte en la
corriente principal de la experiencia, entonces a eso se le denomina bodichita.
Llegados a este punto surge una interesante cuestión que concierne a la naturaleza de
la relación entre la bodichita, o el surgimiento de ésta por un lado; y el tomar refugio, el
abrirse a la visión del Dharma, la entrada en la corriente y el ir hacia la vida errante y
convertirse en monje por otro. La bodichita, o el surgimiento de la bodichita representa,
por así decirlo, la dimensión más altruista de esas otras cuatro experiencias. 0 mejor
dicho, las cinco, incluyendo la bodichita, representan cinco aspectos de una única,
básica y crucial experiencia espiritual. El tomar refugio hace hincapié en los aspectos
emocionales y volitivos de esa experiencia; la apertura de la visión del Dharma en su
contenido cognitivo; la entrada en la corriente, en la naturaleza permanente y de gran
alcance de sus efectos; ir hacia la vida errante dirige su atención hacia la
reorganización del esquema de la vida diaria que esta experiencia inevitablemente
conlleva, sin tener en cuenta el convertirse o no en monje en su sentido estricto. La
bodichita, como ya he dicho antes, representa el aspecto altruista, 'el mirar por los
demás", de esa experiencia.
Quizás tengamos ahora una concepción mejor y más amplia de lo que significa tomar
refugio. Implica mucho más de lo que la gente normalmente cree y es por esto que se
le da tanta importancia en los "Amigos de la Orden Budista Occidental". El uso de la
palabra "refugio" a veces lleva a confusión, porque se la asocia mentalmente con,
refugiado". Expresiones como “tomar refugio", "ir en busca de refugio" tienen, de
hecho, otras connotaciones como son las de escapar de las dificultades, tomar la
salida fácil, etc. Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, debería haber quedado
claro que tomar refugio en el sentido budista no tiene nada que ver con escapar o con
huir. Sin embargo, para evitar la posibilidad de error o confusión por parte de los que
no se encuentren familiarizados con la expresión, hablamos a menudo, no de Ir al
Refugio, sino de "comprometerse". La palabra "compromiso'' o "comprometerse" está
muy de moda últimamente en occidente; nosotros decimos que es una palabra
especial. Así que a menudo hablamos no de tomar refugio en el Buda, en el Dharma y
en la Sangha, sino de comprometerse con el Buda, comprometerse con el Dharma y
comprometerse con la Sangha. Esto no es todo. Con el paso de los años hemos
llegado a distinguir cuatro niveles de la toma de refugio, cuatro niveles de compromiso.
En primer lugar, se encuentra el Ir al Refugio " provisional" a veces llamado tomar
refugio étnico. Consiste simplemente en recitar la fórmula en pali o en otra lengua de la
toma de refugio, sólo porque forma parte de la propia cultura nacional. En países
budistas como Sri Lanka, Tailandia o Burma, es fácil encontrar gente recitando la
fórmula de la toma de refugio, Buddham Saranam Gacchami, etc, sin entender su
significado. Es sólo una parte de su cultura y no tiene un significado espiritual real para
ellos. La recitación de la fórmula, incluso sin entenderla no es algo incorrecto, pero
ciertamente no es suficiente. De la misma manera, a veces se encuentra gente en los
países budistas de Asia que se consideran a sí mismos como "budistas de
nacimiento". Pero, ¿cómo se puede ser budista de nacimiento? ¿es que ya sale uno
del vientre de su madre recitando "Buddham Saranam Gachami"? Un budista de
nacimiento es algo completamente contradictorio. Uno puede convertirse en budista
sólo consciente y deliberadamente, como resultado de una elección personal. No es
posible que uno nazca budista. El propio Buda criticaba a los brahmines de su época
por pensar que uno podía nacer brahmin. Vosotros seréis brahmines, insistía, sólo a
partir de vuestra actuación como tales. Si la verdad y la corrección se hallan en
vosotros, entonces se os podrá llamar brahmines, y no por otro motivo. Del mismo
modo, uno no puede ser budista de nacimiento. La gente de los países budistas que
aseguran que son budistas de nacimiento no son mejores que los ancianos brahmines
que decían que eran brahmines de nacimiento. Lo que esto significa es que el
budismo, así llamado, se ha convertido simplemente en brahmanismo. Esto es algo
muy importante. El tomar refugio debe ser algo real. Sí tú eres budista, eso debe
depender de tu propia voluntad, de tu propio entendimiento. Así que uno no puede ser
budista de nacimiento. Si piensas que si, es que estás todavía en el nivel de la toma de
refugio provisional, cuyo significado es cultural más que genuinamente espiritual.
En segundo lugar, se encuentra el Ir al Refugio "efectivo". Se trata de un compromiso
consciente y de todo corazón con el Buda, el Dharma y la Sangha. Aunque ese
compromiso sea sincero y genuino, no es lo suficientemente fuerte como para hacer
superar los tres obstáculos y no implica la entrada en la corriente. Uno puede fracasar
aunque haya tomado refugio efectivo.
En tercer lugar se encuentra el Ir al Refugio " real". Este coincide con la entrada en la
corriente, que implica la superación de los tres obstáculos. Uno no puede fracasar a
partir de este nivel.
En cuarto y último lugar, se encuentra el Ir al Refugio "absoluto". En este nivel, en
cierta forma, no hay toma de refugio. Aunque de hecho se tome refugio en el Buda,
ahora que se ha alcanzado la iluminación, uno mismo es Buda. Aquí, pues, al haberse
llegado a la meta ansiada, el sujeto de la toma de refugio y el objeto de la misma son
lo mismo, Buda toma refugio en Buda.
Estos son los cuatro niveles del Ir al Refugio, o los cuatro niveles de compromiso.
Ayuda mucho pensar sobre la toma de refugio, de esta manera. Añadiré algo más, sin
embargo, acerca del nivel más elevado, el "absoluto". En la tradición mahayana se
afirma a veces que en último término sólo hay un refugio, que es el del Buda. En un
sentido hay un refugio en el Dharma y un refugio en la Sangha, pero en otro sentido no
es así. Después de todo, el Dharma procede del Buda, es el resultado, la creación de
la experiencia de la iluminación del Buda. El vehículo a través del cual se transmite esa
experiencia a otros seres humanos para que les sirva de ayuda. De igual modo, la
Sangha es la comunidad espiritual integrada por los que practican el Dharma. Así
como el Dharma depende del Buda, la Sangha depende a su vez del Buda.
Concluyendo diremos que sólo existe el Buda: sólo existe el refugio en el Buda.
Aunque hablemos de tres refugios, en última instancia los tres refugios se convierten
en uno. Pero por ahora, sin embargo, no hay duda de que es muy beneficioso pensar
en términos de tres refugios, en términos del refugio en los tres objetos.
Quisiera concluir volviendo a hablar de nuestro nuevo movimiento budista. En el
corazón de este movimiento, en el corazón de los "Amigos de la Orden Budista
Occidental" se encuentra una comunidad espiritual de personas que han tomado
refugio de manera efectiva. Quizás ninguno de ellos haya llegado hasta la toma de
refugio "real" pero por lo menos, han transcendido la toma de refugio "provisional". Lo
que hemos conseguido crear a lo largo de tantos años en esta orden, en esta Sangha
o comunidad espiritual de gente que toma refugio, es que hacen del acto de tomar
refugio algo central en sus vidas, y que hacen hincapié en ello. Algunos de ellos viven
en sus casas, con sus esposas o maridos y sus hijos; otros, viven en comunidades de
hombres o de mujeres. Unos pocos son anagarikas, que significa que han tomado el
voto de celibato. Como ya he mencionado anteriormente, todos los miembros de la
orden observan diez preceptos: abstenerse de dañar a ningún ser vivo; de tomar lo que
no les ha sido dado; de conducta sexual incorrecta (en el caso de los anagarikas, de
romper su voto de celibato); del falso discurso; del discurso frívolo, vano e inútil; del
discurso que divide y desune a la gente; de la ansiedad; del odio y de los puntos de
vista equivocados. De acuerdo con la tradición budista, los bikshus o monjes observan
227 ó 250 preceptos, pero con el paso del tiempo muchos de ellos se han deteriorado
en su esencia, y hoy en día son venerados más en su forma externa que en su
observancia real. Por lo tanto, decidimos tener una lista corta de preceptos que la
gente pudiera considerar verdaderamente.
De este modo, contamos con una orden, esa Sangha o comunidad espiritual de gente
que ha tomado refugio en el Buda, en el Dharma y en la Sangha, gente que realmente
practica el dharma, que observa los "diez preceptos". Algunos de ellos han sido
miembros de la orden durante diez, doce o más años, y están recogiendo experiencias
constantemente, por medio de dar clases de meditación, conferencias, o de participar
en los negocios cooperativos. De hecho, este núcleo de personas dedicadas de lleno y
comprometidas que hay en el corazón del movimiento, son los responsables de que
todo funcione perfectamente.
De todo esto podemos sacar la conclusión evidente, espero, de la vital importancia
para nosotros mismos como individuos, y para la sociedad a la que pertenecemos, que
tiene el tomar refugio.
Espero que seamos capaces de crear esa Sangha o comunidad espiritual de aquellos
que van al refugio, no sólo en Gran Bretaña y en occidente, sino en muchos otros
países del mundo. Si somos capaces de hacerlo, debe ser, sin embargo partiendo del
Buda, del Dharma y de la Sangha. Sólo puede darse una transformación a partir del Ir
al Refugio.

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