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miércoles, 3 de septiembre de 2008

CATORCE LECCIONES DE FILOSOFIA Y OCULTISMO ORIENTAL -- 2ªparte

CATORCE LECCIONES DE FILOSOFIA Y OCULTISMO ORIENTAL -- 2ªparte
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Lección 8:
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Terapéutica ocultista
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El estudioso de la historia del hombre encontrará en las leyendas, el folklore y
la historia de todos los pueblos, evidencias del hecho de que en todas las razas
se ha curado siguiendo alguna forma de práctica oculta —todos los pueblos—
en todos los tiempos. Estas diversas formas de terapéutica ocultista han
variado desde las indignantes prácticas que acompañan las formas más
groseras de bárbara superstición, hasta las más refinadas formas de
procedimiento que acompañan a algunos de los cultos metafísicos de moda hoy
en día. Estas diversas formas ocultas de curar enfermedades han sido
relacionadas con todas las formas de religión, desde el degradado vuduismo de
África, hasta los formas más elevadas de religión conocidas por el mundo. Se
ha adelantado toda clase de teorías para explicar las curaciones resultantes de
todas estas formas de sanación —y se ha edificado toda clase de credos
alrededor del hecho de que se han producido las curaciones. Sacerdotes,
maestros y sanadores se han atribuido poderes divinos, y han insistido en que
eran los representantes de la deidad particular que se adoraba en sus
respectivos países, simplemente porque podían curar cuerpos enfermos. Y, en
casi todos los casos, estos sacerdotes y sanadores han reivindicado las
curaciones como prueba positiva de la verdad de la respectiva religión o
escuela de pensamiento religioso por ellos favorecida; insistiendo, al mismo
tiempo, en que todas las demás formas de religiones o curaciones
sobrenaturales eran espurias y falsas, y que ellos, los citados sacerdotes que
hacían la afirmación, tenían la única “verdad”; amenazando con frecuencia con
horribles castigos a aquellos que se atrevieran a respaldar a cualquiera de los
sanadores o sacerdotes de oposición.
La naturaleza humana es la misma en todo el mundo, y todo el tiempo.
Encontramos que hoy en día existen la misma rivalidad y reivindicación de “la
única verdad”, tanto en el caso de rivalidad entre los doctores de vudú de
África y los refinados líderes de los cultos metafísicos de moda en Norteamérica
—como entre todos los que actúan entre estos dos polos. ¡Ay de estos
reivindicadores del monopolio de una de las grandes fuerzas de la Naturaleza
—esas personas que hacen curaciones a despecho de sus teorías, en lugar de
por causa de ellas! La gran fuerza recuperativa de Naturaleza es tan gratuita
como el aire y la luz del Sol, y puede ser utilizada por cualquiera que se ocupe
de hacerlo. No pertenece ni es controlada por ninguna persona, culto o escuela
—y no se necesita ninguna forma particular de creencia religiosa para
beneficiarse de ella— los hijos de Dios de entretienen con muchos ritos, sectas
y credos, pero Él los reconoce a todos como sus hijos y se ríe de sus pueriles
deseos de integrarse a corrillos de “pueblos elegidos”, tratando de dejar a sus
hermanos fuera de la herencia común.
Debe haberse hecho evidente al estudiante que tiene que haber algún gran
principio que subyace por debajo de todas estas diversas formas de curación
sobrenatural, porque todos curan a pesar de que cada uno cree tener la única
teoría correcta y denuncia las teorías de los demás. Tiene que haber alguna
gran fuerza que todos ellos utilizan, a ciegas en muchos casos, y las diferentes
teorías y credos que han construido alrededor de sus curaciones, deben
considerarse meramente como derivados del uso de la gran fuerza curativa, y
de ninguna manera como la explicación real de los fenómenos de curación
sobrenatural. Para merecer un momento de atención, cualquier razonamiento
debe explicar, o intentar explicar, todas las formas de curación sobrenatural —
pues todos los cultos y escuelas hacen curaciones, y las han hecho en todos
los tiempos— a pesar de sus credos y teorías.
Durante siglos los filósofos Yogi han conocido y practicado diversas formas de
curación oculta, y han estudiado profunda y completamente los principios que
subyacen debajo de esas curaciones. Pero nunca se han engañado imaginando
que tenían algún monopolio del asunto —de hecho, sus investigaciones y
experimentos les han convencido de que todos los sanadores utilizan una gran
fuerza natural —la misma en todos los casos, aunque aplicada y puesta en
funcionamiento en distintas formas— y que las teorías metafísicas, las
creencias religiosas, las reivindicaciones de favoritismo divino, etc., que se han
construido alrededor de estas curaciones sobrenaturales, no tienen que ver
más con ellas de lo que tendrían que ver con la electricidad o el magnetismo de
haberse construido alrededor de estas grandes fuerzas en lugar de alrededor de
la gran fuerza curativa.
Los Yogis saben que todas las formas de sanar no son sino diferentes medios
de poner en funcionamiento esta gran fuerza de la Naturaleza —algunas
formas utilizadas para un caso, y algunas para otros— utilizando a menudo
combinaciones para algún caso en particular.
Los Yogis se dan cuenta de que el Prana es la fuerza directa utilizada en todas
estas curas, aunque el Prana se pone en funcionamiento de varias maneras
diferentes, como veremos a medida que avancemos. Ellos enseñan que todas
las formas de curación sobrenatural pueden explicarse de esta manera —de
hecho, ellos realizan curaciones en casi todas las formas utilizadas por las
grandes escuelas de terapéutica ocultista —y lo han hecho durante siglos—
creyendo que la teoría indicada subyace por debajo de todas.
Ellos dividen las formas de sanar en tres clases generales, a saber:
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(I) la Sanación Pránica, incluyendo lo que en el mundo occidental se conoce
como “curación magnética”, etc.;
(II) la Curación Mental, incluyendo las diversas formas de curación mental y
psíquica, que incluye los tratamientos “en ausencia”, así como las curas
realizadas bajo lo que se conoce como “ley de sugestión”, etc.;
(III) Curación Espiritual que es una forma muy rara de sanar y que la poseen
aquellos de avanzado poder espiritual, y es algo muy diferente a lo que algunos
de los “sanadores” de hoy en día llaman por el mismo nombre. Pero, incluso,
debajo de las más recientes formas avanzadas de sanar, subyace la misma
fuerza, “Prana”. Prana es el instrumento mediante el cual la cura se efectúa, no
importa qué método se utiliza, o quién lo usa.
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Para considerar el tema de la terapéutica ocultista, debemos volver al principio.
Antes de considerar el asunto de la curación debemos mirar hacia el cuerpo
sano.
La filosofía Yogi enseña que Dios le da a cada individuo una máquina física
adaptada a sus necesidades, y también le proporciona los medios de
mantenerlo en orden, y de repararlo si su negligencia lo hace volverse
ineficiente. Los Yogis reconocen al cuerpo humano como manufactura de una
gran Inteligencia. Consideran su organismo una máquina activa, cuya
concepción y funcionamiento es muestra de la mayor sabiduría y cuidado.
Saben que el cuerpo se debe a una gran Inteligencia, y saben que esa misma
Inteligencia sigue operando a través del cuerpo físico, y que mientras el
individuo coincida con la Ley Divina, seguirá sano y fuerte. Saben también que
cuando el hombre contraría esa ley, el resultado es desarmonía y enfermedad.
Creen que es ridículo suponer que esta gran Inteligencia creó el hermoso
cuerpo humano, y luego se apartó, abandonándolo a su destino, porque saben
que la Inteligencia todavía rige todas y cada una de las funciones del cuerpo, y
debe confiarse en ella y no temerle.
Esa Inteligencia, manifestación de lo que llamamos “Naturaleza” o “Principio de
Vida”, y nombres similares, constantemente está alerta para reparar daños,
sanar heridas, soldar huesos rotos; expulsar sustancias dañinas que se hayan
acumulado en el sistema; y en miles de maneras para mantener la máquina en
buen funcionamiento. Mucho de lo que llamamos enfermedad es realmente
una acción benéfica de la Naturaleza, diseñada para liberarse de sustancias
venenosas que hemos dejado entrar y permanecer en nuestro sistema.
Veamos lo que este cuerpo significa realmente. Supongamos un alma que
busca una habitación en la cual actuar durante esta fase de su existencia. Los
ocultistas saben que para manifestarse en determinadas maneras, el alma
necesita de una habitación corpórea. Veamos qué requiere el alma en cuanto a
cuerpo, y entonces veamos si la Naturaleza le ha dado lo que necesita.
En el primer lugar, el alma requiere de un instrumento físico muy organizado
de pensamiento, y una estación central desde donde pueda dirigir el
funcionamiento del cuerpo. La naturaleza proporciona ese maravilloso
instrumento, el cerebro humano, de cuyas posibilidades, en este momento,
apenas sabemos muy poco. La porción del cerebro que el hombre utiliza en
esta fase de su desarrollo es sólo una parte ínfima del área total del cerebro. La
porción sin usar está esperando la evolución de la especie.
En segundo lugar, el alma necesita órganos diseñados para recibir y registrar
las diversas formas de impresiones externas. La naturaleza se apresura y
proporciona el ojo, el oído, la nariz, los órganos del gusto y los nervios
mediante los cuales sentimos. La naturaleza guarda otros sentidos en reserva,
hasta que la especie tenga necesidad de ellos.
Además, se necesitan medios de comunicación entre el cerebro y las diversas
partes del cuerpo. La Naturaleza ha “cableado” el cuerpo con nervios de
manera maravillosa. A través de estos cables el cerebro telegrafía instrucciones
a todas partes del cuerpo, enviando sus órdenes a células y órganos, e
insistiendo en la obediencia inmediata. El cerebro recibe telegramas de todas
partes del cuerpo, advirtiéndole de peligros, requiriendo ayuda, planteando
quejas, etc.
El cuerpo también debe tener medios para moverse por el mundo. Ha
sobrepasado las tendencias heredadas del sistema vegetativo, y quiere avanzar.
Además quiere ir tras las cosas y disponerlas para su propio uso. La naturaleza
le ha proporcionado miembros, y músculos y tendones para que funcionen
esos miembros.
Además el cuerpo necesita una estructura para mantener su forma, para
protegerlo de golpes; para darle fuerza y firmeza; para apuntalarlo, por decirlo
así. La naturaleza le dio la estructura ósea conocida como esqueleto, una
maravillosa maquinaria que muy bien merece estudio.
El alma necesita un medio físico de comunicación con otras almas encarnadas.
La Naturaleza proporciona los medios de comunicación en los órganos del
habla y el oído. El cuerpo necesita un medio para llevar materiales de
reparación a todo su sistema, para construir; recargar; reparar y fortalecer
todas las diversas partes. También necesita de un sistema similar, mediante el
cual la basura o el material de desecho puedan llevarse al crematorio,
incinerarse y enviarse fuera del sistema. La Naturaleza nos da la vida llevando
sangre —mediante el trabajo de arterias y venas a través de las cuales fluye de
un lado a otro— los pulmones para oxigenar la sangre y quemar la materia de
desecho. (Ver La Ciencia de la Respiración capítulo III). El cuerpo necesita
material del exterior con el cual construir y reparar sus partes. La Naturaleza
proporciona medios para ingerir el alimento, digerirlo, extraer los elementos
nutritivos, transformarlos de modo que puedan ser absorbidos por el sistema y
excretar las porciones desechadas.
Y, finalmente, al cuerpo se le provee de medios para reproducir su especie,
proporcionando a otras almas alojamiento corpóreo.
Muy bien merece la pena el tiempo que cualquiera dedique a estudiar algo del
maravilloso mecanismo y funcionamiento del cuerpo humano. De ese estudio
uno extrae una comprensión mucho más convincente de la realidad de esa
gran Inteligencia en la Naturaleza —ve en funcionamiento el gran Principio de
Vida— ve que no es ningún azar ciego, u acontecimiento fortuito, sino que es
obra de una poderosa INTELIGENCIA.
Entonces aprende a confiar en esa Inteligencia, y a saber que lo que lo trajo al
ser físico lo guiará a través de la vida —que el poder que se encargó entonces
de él, lo tiene a su cargo ahora, y siempre lo tendrá.
Cuando nos abrimos al influjo del gran Principio de Vida, nos beneficiamos. Si
le tememos, o no confiamos en él, le cerramos la puerta y necesariamente
sufriremos. El estudiante se preguntará qué tiene todo esto que ver con la
Terapéutica Ocultista, y puede quejarse de que le estamos dando una lección
de Hatha-Yoga, con lo cual no estaría lejos de la verdad. Pero no podemos
apartarnos de la idea de que la Naturaleza tiende a conservar al hombre en
perfecta salud, y no podemos evitar creer que la verdadera enseñanza es más
bien decirle primero a la gente cómo mantenerse bien antes que señalarle cómo
mejorarse después de haber violado las leyes de la Naturaleza. Los Yogis
piensan que es ilógico edificar un culto alrededor de los métodos curativos —
ellos creen que si de edificar cultos se trata, éstos deben reunirse alrededor del
centro de salud, dejando que la curación de la enfermedad sea meramente
incidental.
En nuestro próximo libro, Hatha Yoga, daremos los principios de perfecta
curación de la Filosofía Yogi en la cual se enseña la doctrina de que la salud es
la condición normal del hombre, y que la enfermedad es mayormente una
cuestión de ignorancia y desobediencia de las leyes naturales de vivir y pensar.
Allí enseñaremos que el poder curativo existe en cada hombre, y puede
activarse consciente o inconscientemente. La curación sobrenatural es
simplemente poner en juego esta fuerza interna del individuo (a veces con la
ayuda de otros individuos), y la apertura hacia el sistema de energías
recuperativas ya existentes dentro de uno mismo.
Toda curación es producida por lo que hemos llamado la “Fuerza Vital” del
individuo. El principio activo de esta Fuerza Vital es, como hemos explicado,
esa manifestación de fuerza universal —el Prana. Para evitar repeticiones
vamos a remitirles a La Ciencia de la Respiración y a la Lección Séptima de este
curso, o a una explicación sobre el sistema nervioso y cómo el Prana opera
sobre él. Vuelvan a leer lo que dijimos sobre el asunto, y podrán entender con
más claridad lo que vamos a decir respecto a las diversas formas de curación
ocultista.
Supongamos que una persona ha descuidado las reglas del correcto vivir y
pensar, como se establece en el Hatha-Yoga y otros trabajos sobre el tema, y ha
“echado a pique” la salud. Ha probado diversas formas de tratamiento material,
desea aprovechar lo que pueda encontrar en las diferentes formas de
Terapéutica Ocultista y encuentra varias ofertas. Intentaremos aclararles cómo
operan estas diferentes formas de curar, y la explicación detrás de cada una.
No podemos darles información y métodos detallados en una lección de este
tamaño, pues para hacerlo cada sistema exigiría a un volumen, pero
esperamos darles una idea general sobre las diversas formas de tratamiento.
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La Curación magnética
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Esta es una forma de curación pránica en la cual, o bien la persona enferma, o
bien algún “sanador”, envían un suministro reforzado de Prana a las partes
afectadas. En realidad, la curación pránica acompaña a casi toda otra forma de
sanar, aunque aquellos que la administran ni siquiera sospechen su uso. En lo
que se conoce como “sanación magnética” el operador pasa su mano sobre el
cuerpo de la persona enferma y, por un acto de su voluntad, o de fuerte deseo,
genera dentro de él un fuerte suministro de Prana que transfiere al paciente.
Este Prana actúa como lo haría un suministro enviado desde el propio sistema
del paciente, y tiende a fortalecer y vigorizar la parte afectada del cuerpo y
hacer que funcione normalmente. En la sanación magnética, generalmente se
pasan las manos por encima del cuerpo, y se emplea normalmente el toque
verdadero. En La Ciencia de la Respiración dimos las instrucciones generales
respecto a esta forma de curar y tal vez, algún día, publiquemos un pequeño
manual sobre el tema, dando orientaciones específicas. Al final de esta lección,
si el espacio lo permite, daremos algunas instrucciones generales. Hemos dicho
tanto sobre el Prana en las lecciones anteriores y en La Ciencia de la
Respiración, que el estudiante debe poder entender, sin mucha más
explicación, el principio detrás de esta forma de curar.
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La Curación mental
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La curación mental abarca una gran área y asume varias formas al parecer
diferentes. Hay una forma de auto-curación que consiste en una repetición,
afirmación o auto-sugestión, por parte del paciente que tiende a crear una
actitud mental más alegre y entonada, que reacciona sobre el cuerpo y le
permite funcionar apropiadamente. En este momento diríamos que el principal
beneficio derivado de esta y otras formas afines de curar subyace en el hecho
de que obliga al paciente a “dejar ir” pensamientos adversos que le han
impedido a la Naturaleza hacer su trabajo, más que en cualquier virtud
especial de las afirmaciones. Hemos estado negándonos a permitir que el
Divino Principio de Vida trabaje libremente en nosotros, estorbándolo con auto74
sugestiones adversas. Cuando cambiamos nuestra actitud mental dejamos de
interponer este obstáculo, y la Naturaleza pronto se reafirma. Por supuesto,
una vigorosa auto-sugestión, estimula el sistema y espolea a la Mente
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Instintiva para que trabaje.
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En la forma de tratamiento mental conocida como “Sugestión” opera el mismo
principio. La mente del paciente es liberada de auto-sugestiones adversas por
las sugerencias positivas del sanador, se quita el freno a la mente instintiva y
la Naturaleza pronto se reafirma, se envía a las partes un suministro suficiente
de Prana y rápidamente se restablece la normalidad. En el tratamiento
sugestivo, normalmente el sanador envía al paciente, aunque a menudo
inconscientemente, una provisión de su propio Prana que estimula a las partes
para la acción y que hace más fáciles los esfuerzos de la mente del paciente
para restablecer las condiciones Pránicas normales.
En lo que ordinariamente se conoce como “curación mental” por lo general se
usa una considerable cantidad de sugestión, aunque el sanador pueda no estar
consciente de ello. La actitud mental del sanador se imprime sobre la del
paciente mediante su actitud, palabras, tono y conducta, y la mente, tomada
por la sugerencia se beneficia de ella. Pero, además de eso, el sanador está
enviando a la mente del paciente una fuerte corriente de pensamientos
reparadores, fortalecedores, y vigorizantes que el paciente recibe
telepáticamente, particularmente cuando se manifiesta una actitud mental
receptiva. La unión de las dos mentes en un propósito común produce una
fuerza directriz incrementada, y además de alejarse la mente del paciente de
los pensamientos negativos, un mayor suministro de Prana es absorbido y
distribuido a través del cuerpo. La mejor forma de tratamiento mental beneficia
tanto a la mente como al cuerpo del paciente.
Lo que se conoce como “Tratamiento Mental en Ausencia” actúa precisamente
en la misma dirección que la antes mencionada forma de tratamiento mental —
no siendo la distancia entre paciente y sanador ningún obstáculo para un
fuerte pensamiento curativo. En ambos casos el sanador crea a menudo una
poderosa forma de pensamiento, totalmente cargada con Prana que con
frecuencia produce un efecto casi inmediato en el paciente, al ser las partes
estimuladas y fortalecidas. A menudo las curas instantáneas han sido hechas
de esta manera, aunque comparativamente pocos sanadores están lo
suficientemente adelantados como para enviar este tipo de formas de
pensamiento. Un sanador mental muy poderoso puede ser capaz de enviar un
pensamiento tan profundamente cargado con Prana, y tan lleno de fuerza vital
y vida, que un órgano enfermo puede llenarse de tal fuerza recuperativa que
empezará instantáneamente a arrojar fuera la materia enferma y de desecho, y
a extraer de la sangre los elementos necesarios para reconstruirse y repararse
en un espacio de tiempo relativamente corto, en cuyo caso el organismo del
individuo, una vez que se restablece el funcionamiento normal del sistema,
puede continuar trabajando sin más ayuda externa.
Todas las formas de curación mental vienen bajo uno o más de los anteriores
rubros. Recuerden, ahora, el punto importante es colocar la mente del paciente
en la actitud mental apropiada, eliminando toda forma de auto-sugestión
adversa, para permitir a la Naturaleza hacer su trabajo apropiadamente sin
interferencias. En el proceso de lograr este resultado, el Prana debe ser
ayudado (como se explicó anteriormente) por pensamientos fuertes dirigidos a
la parte afectada, y también enviando una provisión de Prana del sanador para
estimular la parte, haciendo así más fácil el trabajo curativo de la mente.
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La curación espiritual
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Hay otra forma de sanar, muy raramente observada, en la cual una persona
muy desarrollada espiritualmente puede hacer que su aura espiritual y su
esencia, desciendan sobre una persona afectada, de manera que todo su
sistema se llene de ellos temporalmente, y desaparezca toda anormalidad, pues
siendo perfecto el espíritu, transforma todo lo que entra en contacto con él. Sin
embargo, esta verdadera curación espiritual es tan rara, que muy pocas
personas han tenido la buena fortuna de dar testimonio de ella. Muchos que
hacen un buen trabajo de sanación en otras líneas se la atribuyen, pero
muchas de estas personas se auto-engañan y no tienen ni la menor idea de lo
que es la verdadera curación espiritual.
La curación espiritual está marcada por la cura inmediata y perfecta del
paciente, y el restablecimiento de condiciones físicas absolutamente normales,
transformándose físicamente el paciente, con una condición parecida a la de
una persona robusta, absolutamente sana, fuerte, vigorosa, sin una
imperfección, dolor, partícula de desarmonía o síntoma de cualquier clase. En
el mundo, unos pocos individuos dotados poseen este poder en cada época,
pero raramente se manifiestan, por buenas razones ocultas. Y (subrayen estas
palabras con un lápiz) la verdadera curación espiritual nunca se realiza como
medio para obtener ganancias financieras —se da “sin dinero y sin precio”. La
verdadera curación espiritual nunca se empaña con el barro de lo material —
¡Jamás! Es correcto y apropiado que los “sanadores” cobren por la curación
mental y Pránica en todas sus formas, pues ellos dedican su tiempo al trabajo,
y “el trabajador merece su salario”, y no tenemos ningún deseo de criticar tales
cobros —ellos venden sus servicios como nosotros vendemos estas lecciones, y
tienen derecho a su remuneración igual que nosotros. Pero el individuo que
puede dar el verdadero regalo de la curación espiritual, nunca es colocado en
una posición en la que necesite cobrar por sus servicios —es alimentado por el
cielo, no tiene ninguna necesidad de traficar con sus dones espirituales, y
moriría antes de prostituir así su privilegio divino. No queremos ser
malinterpretados en esta materia; cuando hablamos de curación espiritual nos
referimos a los verdaderos dones del espíritu, y no a algunas formas curativas
psíquicas o mentales mal llamadas “espirituales”. Si quieren un ejemplo de
verdadera curación espiritual, vayan al Nuevo Testamento y lean sobre el
trabajo del espíritu como se manifestó a través del hijo de María. Sea ese el
standard— que de hecho lo es.
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La Curación experimental
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Para nuestra satisfacción, nos encontramos con que tendremos el suficiente
espacio para darle a nuestros estudiantes unos breves experimentos en
curación oculta verdadera, que pueden practicar. Por supuesto, estos
experimentos se dan solamente como ejemplos, y no para ser tomados como
instrucciones completas en las diversas formas de curación oculta.
Tomaremos primero unos cuantos experimentos de curación pránica (o
“magnética”, si prefieren el término

(1) Haga que el paciente se siente en una silla, y colóquese usted de pie delante
de él. Deje sus manos colgando relajadamente a los lados y balancéelas
suavemente durante unos segundos, hasta que sienta una sensación del
hormigueo en la punta de los dedos. Entonces levántelas hasta el nivel de la
cabeza del paciente, y deslícelas despacio hacia sus pies, con las palmas hacia
él con los dedos extendidos, como si le estuviera vertiendo fuerza desde la
punta de sus dedos. Entonces retroceda un paso y levante las manos hasta el
nivel de su cabeza, asegurándose de tener las palmas enfrentadas durante el
movimiento ascendente pues, si las levanta en la misma posición en que las
deslizó hacia abajo, sustraería el magnetismo que le envió antes. Repita
entonces varias veces. Al deslizar hacia abajo, no tense los músculos, sino deje
que brazos y manos estén sueltos y relajados. De manera similar puede tratar
las partes afectadas del cuerpo, terminando el tratamiento saturando el cuerpo
entero con magnetismo. Después de tratar las partes afectadas, sería bueno
sacudir los dedos como si se estuviera quitando gotas de agua adheridas a
ellos. De otra manera podría absorber algunas de las condiciones del paciente.
Este tratamiento fortalece mucho al paciente y si se practica con frecuencia, lo
beneficiará considerablemente.
En caso de problemas crónicos o largamente establecidos, a menudo el
problema puede ser “aflojado” haciendo pases “transversales” sobre la parte
afectada, esto es, de pie junto al paciente con las manos juntas, tocándose las
palmas, y oscilando entonces los brazos transversalmente varias veces. Este
tratamiento siempre debe ser seguido por pases descendentes para compensar
la circulación.
(2) En el Capítulo XIV, de La Ciencia de la Respiración, dimos varios valiosos
experimentos en esta forma de curación, que le aconsejamos al estudiante
estudiar y practicar, si está interesado en esta etapa del tema.
(3) Los dolores de cabeza pueden ser aliviados teniendo al paciente sentado
delante de usted, usted de pie detrás de su silla, y pasando sus manos, con los
dedos hacia abajo y extendidos, en doble círculo sobre su cabeza, sin tocarla.
Después de unos segundos usted sentirá realmente el paso del magnetismo
desde sus dedos, y el dolor del paciente se aliviará.
(4) Otro buen método para quitar el dolor del cuerpo es pararse delante del
paciente, y presentar las palmas a la parte afectada, a una distancia de varias
pulgadas del cuerpo. Mantenga la palma inmóvil por unos segundos y entonces
comience un lento movimiento rotatorio, vuelta y vuelta, sobre la zona del
dolor. Esto es muy estimulante y tiende a restaurar las condiciones normales.
(5) Apuntando su dedo índice hacia la parte afectada a unas cuantas pulgadas
del cuerpo, haga girar la mano manteniendo el dedo firmemente apuntado, tal
como si estuviera abriendo un agujero con la punta del dedo. A menudo esto
iniciará la circulación en la zona afectada, y mejora las condiciones.
(6) Colocar las manos en la cabeza del paciente, sobre las sienes, y sostenerlas
durante un tiempo, tiene un buen efecto, y es una forma preferida en
tratamientos de este tipo.
(7) Tocar el cuerpo del paciente (por encima de la ropa) tiene una tendencia a
estimular y equilibrar la circulación, y a aliviar la congestión.
(8) Mucho del valor del masaje y formas similares de tratamientos
manipulativos, viene del Prana que se proyecta desde el sanador hacia el
paciente, durante el proceso de frotar y manipular. Si el frotamiento y la
manipulación se acompañan por el deseo consciente del sanador de dirigir el
flujo de Prana hacia el paciente, se obtiene un flujo considerablemente
incrementado. Si la práctica se acompaña con respiración rítmica, como se
explica en La Ciencia de la Respiración, el efecto es mucho mayor.
(9) Soplar sobre la parte afectada, se practica en muchos pueblos, y con
frecuencia es un poderoso medio de llevar Prana al afectado. Esto se realiza a
menudo poniendo un trozo de tela de algodón entre la piel de la persona y el
sanador, la respiración calienta la tela y agrega el estímulo de calor moderado
además de los otros efectos.
(10) Con frecuencia los “sanadores magnéticos” emplean agua magnetizada, y
se han reportado muchos buenos resultados obtenidos de esta manera. La
forma más simple de magnetizar el agua es sostener el vaso por el fondo con la
mano izquierda y entonces, juntando los dedos de la mano derecha, agitarlos
suavemente sobre el vaso como si estuviera sacudiendo gotas de agua de la
punta de sus dedos. Puede aumentar el efecto haciendo después pases
descendentes sobre el vaso con la mano derecha, pasando el Prana al agua. La
respiración rítmica ayudará a la transferencia de Prana al agua. El agua así
cargada con Prana así es estimulante para las personas enfermas, o para
aquellas que sufren debilidad, especialmente si la beben lentamente a sorbos,
manteniendo la mente en actitud receptiva y, de ser posible, formando un
cuadro mental del Prana del agua ingresando al sistema y vigorizándolo.
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Haremos ahora algunos experimentos en las diversas formas de curación
mental, o sanación psíquica, término que algunos prefieren:
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(1) La auto-sugestión consiste en sugerirse a uno mismo las condiciones físicas
que se desea provocar. Las auto-sugerencias pueden decirse (audible o
silenciosamente) tal como uno le hablaría a otro, veraz y seriamente,
permitiendo que la mente se forme un cuadro mental de las condiciones que se
le han referido con palabras. Por ejemplo:
“Mi estómago está fuerte, fuerte, —capaz de digerir la comida que se le da —
capaz de asimilar los nutrientes de la comida —capaz de darme los nutrientes
que significan salud y fuerza para mí. Mi digestión es buena, buena, buena, y
yo estoy disfrutando y digiriendo y asimilando mi comida, transformándola en
rica sangre roja que lleva salud y fuerza a todas las partes de mi cuerpo,
desarrollándolo y haciéndome un hombre (o mujer) fuerte.”
Similares auto-sugerencias, o afirmaciones, aplicadas a otras partes del
cuerpo, lograrán resultados igualmente buenos, dirigiendo la atención y la
mente a las partes mencionadas, haciendo que un mayor suministro de Prana
sea enviado allí, provocando la condición imaginada. Entren al espíritu de las
auto-sugerencias, y entren seria y completamente en ellas, y formen tanto
como sea posible la imagen mental de la condición saludable deseada. Véanse
como desean ser. Ustedes pueden ayudar a la curación tratándose por los
métodos descritos en los experimentos de curación Pránica.
(II) Las sugerencias de curación, dadas a otros, operan bajo el mismo principio
de las auto-sugestiones que acabamos de describir, sólo que es el sanador
quien debe impresionar en la mente del paciente las condiciones deseadas en
lugar de hacerlo el paciente mismo. Pueden obtenerse resultados mucho
mejores cuando tanto el sanador como el paciente cooperan juntos con la
imagen mental y cuando el paciente sigue en su mente las sugerencias del
sanador, y forma el cuadro mental implícito en las palabras del sanador. El
sanador sugiere lo que desea provocar y el paciente permite que las
sugerencias penetren en su mente instintiva, donde son admitidas para
manifestarse más tarde en resultados físicos. Los que mejor sugieren, son los
hombres vigorosos que, conjuntamente con las sugerencias envían al
organismo del paciente fuertes pensamientos cargados con Prana. En casi
todas las formas de curación mental, se entremezclan varios métodos, que el
estudiante descubrirá por sí mismo, si se toma la molestia de analizar los
tratamientos. A menudo la mente instintiva cae en el mal hábito de apoyar al
cuerpo, a causa de que la persona se ha apartado de la manera natural de vivir
y ha hecho que la mente instintiva asuma estos hábitos incorrectos. La
sugestión, y la auto-sugestión devuelven la mente instintiva a su
funcionamiento normal, y el cuerpo recupera rápidamente su armonía anterior.
En muchos casos todo lo que se necesita para el tratamiento sugestivo, es
liberar a la mente del paciente de miedo, preocupación y pensamientos
depresivos, que han interferido con la apropiada armonía del cuerpo,
impidiendo que la apropiada cantidad de Prana se distribuya a las partes.
Eliminar estos pensamientos dañinos es como quitar la mota de polvo que hace
que nuestro reloj funcione mal, después de haber trastornado la armonía del
delicado mecanismo. El miedo, la preocupación y el odio, con sus emociones
acompañantes, son causa de más desarmonía física que casi todas las otras
causas juntas.
(III) En lo que estrictamente se llama curación mental, el paciente se sienta con
el cuerpo en actitud relajada, y deja a la mente volverse receptiva. Entonces el
sanador proyecta hacia él pensamientos de carácter reconfortante y
enaltecedor que, al reaccionar en la mente del paciente, hacen que éste
abandone sus condiciones negativas y asuma su equilibrio e impulso normales,
teniendo como resultado que, tan pronto la mente del paciente recupera su
equilibrio, hace valer sus derechos y entra en funcionamiento el poder
recuperativo dentro del organismo de la persona, enviando a todas las partes
del cuerpo un suministro incrementado de Prana, dando el primer paso hacia
la recuperación de la salud y la fuerza. El primer principio de la curación
mental es colocar la mente del paciente en la condición apropiada, a lo cual
seguirán naturalmente condiciones físicas beneficiosas y normales. Pero, los
mejores sanadores mentales hacen más que eso —ellos (a menudo
inconscientemente) envían un pensamiento positivo fuertemente cargado con
Prana al lugar afectado, y realmente generan un cambio físico en el organismo
del paciente, independientemente de lo que éste logre por su propia fuerza de
pensamiento. Al tratar de esta manera a un paciente, tenga firmemente en su
mente el pensamiento de que la armonía física se está restableciendo en el
paciente, que la salud es su condición normal y que todos los pensamientos
negativos están siendo expulsados de su mente. Imagíneselo como fuerte y
saludable en mente y cuerpo. Imagínese que existen todas las condiciones que
desea establecer en él. Concentre su mente y lance directamente a su cuerpo, o
a la parte afectada, un fuerte pensamiento penetrante, cuyo propósito es
realizar el cambio físico deseado, mientras desecha las condiciones anormales
y restablece el normal funcionamiento.
Forme la imagen mental de que el pensamiento está completa y fuertemente
cargado con Prana y, con un esfuerzo de la voluntad, diríjalo directamente a la
parte afectada. Generalmente se necesita una considerable práctica para lograr
este último resultado, pero para algunos parece llegar sin mucho esfuerzo.
(IV) La curación a distancia, o “tratamiento en ausencia”, se realiza
exactamente de la misma manera que cuando el paciente está presente. En el
Capítulo XIV, de La Ciencia de la Respiración, ya dimos algunas orientaciones
con respecto a esta forma de tratamiento que, aunadas a lo que acabamos de
decir en el párrafo anterior, debe dar un conocimiento operativo elemental del
asunto. Algunos sanadores forman la imagen del paciente sentado frente a
ellos, y entonces proceden a ofrecer el tratamiento, como si el paciente
estuviera realmente presente. Otros forman la imagen mental de proyectar el
pensamiento, imaginando que abandona su mente, cruza el espacio y penetra
en la mente del paciente. Otros sólo se sientan en una actitud pasiva y
contemplativa, y piensan intensamente en el paciente, sin tener en cuenta el
espacio intermedio. Otros prefieren tener un pañuelo, o algún otro artículo
propio del paciente, para hacer más perfectas las condiciones de relación.
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Cualquiera, o todos, estos métodos son buenos, son el temperamento e
inclinaciones de la persona que lo realiza lo que hace que prefiera alguno en
particular. Pero el mismo principio subyace por debajo de todos ellos.
Un poco la práctica por la vía de las diversas formas de sanar recién
mencionadas, dará al estudiante confianza y soltura para operar el poder
curativo, hasta que lo irradie sin que muchas veces esté totalmente consciente
de él. Si se hace mucho trabajo curativo, y el sanador pone el corazón en su
trabajo, pronto logra sanar casi automática e involuntariamente cuando está
en presencia de alguien que sufre. No obstante, el sanador debe cuidarse de no
descargarse de Prana, dañando así su propia salud. Debe estudiar los métodos
dados por nosotros, para recargarse y protegerse contra escapes indebidos de
su vitalidad. Y debe apresurarse despacio en estos asuntos, recordando que el
crecimiento forzado no es deseable.
Esta lección no ha sido escrita con el propósito de aconsejarle a nuestros
estudiantes que se hagan sanadores. Al respecto deben usar su propio juicio e
intuiciones. Hemos dedicado la lección al asunto, pues forma parte del tema
general que estamos tratando en este curso y es importante que conozcan algo
de los principios que subyacen debajo de estas diversas formas de sanar.
Dejemos que analicen cualquier forma de tratamiento de la que pueden dar
testimonio o de la cual puedan oír, despojándola de todas las fantásticas
teorías que se han construido alrededor de ella, y entonces podrán clasificarla
y estudiarla sin aceptar la teoría de la persona que hace la cura.
Recuerden que todos los cultos y escuelas hacen curaciones, utilizando el
mismo principio, pero atribuyendo el resultado a teorías y creencias muy
diferentes.
En cuanto a nosotros, nos apegamos a los principios del Hatha-Yoga, que
enseña la doctrina de conservar la salud mediante el correcto vivir y el correcto
pensamiento, y consideramos todas las formas de sanar como cosas necesarias
sólo por la ignorancia del hombre y su desobediencia a las leyes naturales.
Pero, mientras el hombre no viva ni piense apropiadamente, serán necesarias
algunas formas de sanar, y de allí la importancia de su estudio. El ocultista
avanzado considera la preservación de la salud como algo más importante para
la especie que la cura de la enfermedad, creyendo en el viejo adagio de que
“una onza de prevención vale más que una libra de cura”. Pero mientras
podamos beneficiar a nuestro prójimo, está bien que sepamos algo sobre la
terapéutica oculta. Esta es una de las fuerzas de la Naturaleza y debemos
saber usarla.
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Mantra y Meditación de la Octava Lección
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“Estoy atravesando esta fase de la existencia haciendo el mejor uso de cabeza,
corazón y mano”.
Cada uno de nosotros tiene aquí su propio trabajo por hacer. Estamos aquí
para un propósito, y hasta que no coincidamos con la ley y hagamos las tareas
colocadas ante nosotros, constante y repetidamente las tendremos enfrente
hasta que sean cumplidas. El propósito del cumplimiento de estas tareas es
experiencia y crecimiento, y, por desagradables que puedan parecer, ellas
tienen una influencia muy directa en nuestro crecimiento y vida futuros.
Cuando coincidimos con el funcionamiento de la ley, y vemos y sentimos lo que
hay detrás de ella, dejamos de rebelarnos y dar cabezazos contra la pared. Al
abrirnos al funcionamiento del espíritu, deseosos de trabajar por nuestra
propia salvación cumpliendo las tareas de nuestro mundo, realmente damos el
primer paso hacia la emancipación de las tareas desagradables. Cuando
dejamos de hacer que nuestro trabajo sea desagradable, nos encontramos
trabajando en cosas mejores pues la lección ha sido aprendida. Cada persona
tiene ante sí sólo el trabajo más apropiado a su crecimiento en el mundo en ese
preciso momento —sus deseos fueron consultados, y se le dio justo lo correcto.
No hay ninguna oportunidad sobre esto— es el funcionamiento inexorable de la
gran ley. Y, la única verdadera filosofía consiste en tomar la determinación de
hacer el trabajo colocado ante uno con lo mejor de su habilidad. Mientras lo
esquive, seguirá teniendo la tarea —cuando empiece a sentir placer en hacer
las cosas correctas, otras se abrirán. Odiar y temer algo, es atar ese algo a
usted. Cuando lo ve en su verdadera relación —después de que sus ojos
espirituales se han abierto—entonces comienza a ser liberado de ello.
Y al transcurrir por la vida —haciendo nuestro trabajo en el mundo— debemos
dar el mejor uso posible a los tres grandes regalos del espíritu —la cabeza, el
corazón y la mano. A la Cabeza (representando la parte intelectual de nuestra
naturaleza) debe dársele la oportunidad de crecer —debe proveérsela del
alimento que la hace prosperar —no debe entumecerse ni morir de hambre—
debe ser usada, pues el ejercicio la fortalece y la desarrolla. Debemos
desarrollar nuestras mentes y no tener miedo de pensar. La mente debe
mantenerse libre. El Corazón (representando la naturaleza amorosa en su
mejor sentido) debe emplearse y no hambrearse, encadenarse ni reprenderse.
No estamos hablando de las formas más bajas de pasión animal mal llamadas
amor, sino de ese algo superior perteneciente a la especie humana que es una
promesa de algo mayor por venir a la evolución de la especie. Es lo que
engendra simpatía, compasión, ternura y bondad. No debe permitírsele caer en
la sensiblería, pero debe usarse en relación con la cabeza. Debe extenderse
hasta abarcar a toda la Vida en su abrazo envolvente, y percibir esa sensación
de parentesco con todo lo viviente, que es la marca del hombre o mujer de
desarrollo espiritual. La Mano (representando la manifestación de creación
física y trabajo) debe entrenarse para hacer el trabajo colocado ante ella de la
mejor manera que conozca. Tiene que aprender a hacer bien las cosas, y sentir
que todo trabajo es noble y no degradante. Es el símbolo de la creación física y
debe respetarse y honrarse. El hombre o mujer de desarrollo espiritual pasan
por el mundo haciendo el mejor uso de cabeza, corazón y mano.
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Lección 9
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La influencia psíquica
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Una de las cosas que han confundido a los investigadores científicos y estudiosos
de la historia de la humanidad, es la persistente repetición de historias, leyendas
y tradiciones relacionadas con la posesión y práctica de alguna forma de
influencia psíquica por hombres de todas las razas y en todos los tiempos. Los
investigadores han encontrado fácil deshacerse de las expresiones más primitivas
de estas historias mediante la explicación de que eran meramente el resultado de
la forma más cruda de superstición entre personas incultas y subdesarrolladas.
Pero cuando volvieron las páginas de la historia, se encontraron con que la
“superstición ociosa” todavía mantenía su fuerza original y que sus
manifestaciones aumentaban en número y variedad.
Desde las repulsivas prácticas de vudú del salvaje africano, se puede trazar una
línea recta hasta la epidemia de brujería en Nueva Inglaterra, y desde allí hasta el
tiempo presente, cuando el mundo occidental aparentemente se ha vuelto loco
por el “psiquismo”, y los periódicos están llenos de cuentos sensacionales sobre
influencia mesmeriana, hipnotismo, magnetismo personal, etc. Los libros de
todos los tiempos están llenos de cuentos de influencia psíquica, hasta la Biblia
contiene numerosos casos de su práctica para bien o para mal.
En la actualidad, con frecuencia se llama la atención hacia maravillosos casos
del poder de la mente, el magnetismo personal, etc., y es bastante común oír la
expresión de que alguien tiene, o no tiene, “magnetismo personal” —que es, o no
es, “magnético”. Muchos desatinos se han escrito sobre este asunto, y se han
promovido al respecto las afirmaciones y teorías más estrafalarias; a pesar de
que, la propia verdad es más maravillosa que las ficciones más descabelladas que
hayan sido escritas y enseñadas en relación al tema. Por debajo de todas las
nociones populares y conceptos erróneos con relación a la influencia psíquica,
subyace una sólida base de hechos, la mayor parte de los cuales ni siquiera la
soñarían, incluso muchos de aquellos que han estado alimentando el gusto
público por el sensacionalismo.
Apenas necesitamos decirle a nuestros estudiantes que los orientales han
conocido y practicado, durante siglos, todas las formas conocidas de ocultismo y,
de hecho, han poseído los secretos que los investigadores del Oeste tan
trabajosamente se esfuerzan por descubrir. Trozos de conocimiento se han
filtrado, que fueron ávidamente atrapados por los escritores occidentales, y
usados como base para alarmantes afirmaciones y teorías.
Y, mucho de ese conocimiento debe, y tiene que, permanecer oculto durante los
años por venir, por el estado de subdesarrollo de la especie y la incompetencia
general de la gente para esta sabiduría secreta. Exponer ante el público en
general, aun una pequeña parte de ciertas enseñanzas ocultas, sería de hecho
peligroso en este momento, y traería para la especie una de las mayores
maldiciones conocidas por el hombre. Esto no es debido a algo malo en las
propias enseñanzas, sino a que el egoísmo del hombre o mujer corrientes es tal,
que pronto empezarían a usar ese conocimiento para su propio beneficio y fines
personales, en detrimento y perjuicio de sus prójimos. Esto no les sería útil a
menos que la especie entera conociera bastante sobre el tema —hubiera
adelantado lo bastante intelectual y espiritualmente como para aceptar y
comprender estas enseñanzas, y de esa manera pudiera protegerse contra los
esfuerzos egoístas de sus hermanos y hermanas poco escrupulosos. Pues, como
todo ocultista sabe, ninguna magia negra afecta al hombre o mujer que conoce
su verdadero lugar en la Naturaleza —sus poderes reales para resistir las
prácticas de aquellos que han adquirido trozos de conocimiento oculto sin el
crecimiento espiritual que les enseñaría cómo usarlos apropiadamente. Pero la
persona promedio de hoy en día no conoce —y no podrá ser convencida— de su
propio poder, y por consiguiente es incapaz de protegerse de los esfuerzos
psíquicos incluso de aquellos que han obtenido sólo algunos fragmentos de
enseñanzas ocultas, y los usan para fines egoístas.
El uso inapropiado del poder psíquico se conoce desde hace mucho tiempo entre
los ocultistas como “magia negra” la cual, lejos de ser un remanente de la
superstición de la Edad Media, es algo muy real y que hoy en día se practica
ampliamente. Aquellos que la practican así están sembrando las semillas de su
propio castigo, y cada golpe de fuerza psíquica empleado con fines bajos y
egoístas indudablemente rebotará y reaccionará sobre el que lo hace, pero no
obstante esas personas que están influyendo en otras pueden reportar ganancia
material o placer, y el público acepta más o menos a esas personas, aunque se
ríe de la idea —considera el asunto un chiste— mientras que a los que enseñan
la verdad los mira como visionarios estrafalarios o mentalmente débiles.
Afortunadamente, los que prostituirían de esa manera los poderes psíquicos
saben relativamente poco sobre el tema, y sólo pueden utilizar sus formas más
simples, pero cuando entran en contacto con los que desconocen completamente
el asunto, pueden lograr algo con sus artes. Muchos hombres encuentran, a
veces por accidente, que pueden influir sobre otros con su mandato y, con
frecuencia, al no conocer la fuente de su poder, lo usan tal como lo harían con
un poder físico o fuerza mental. Sin embargo, por lo general esas personas van
aprendiendo gradualmente (en la prosecución de las bien establecidas leyes
ocultas) algo que las lleva a comprender mejor el asunto, y comienzan a ver su
error. Algunas recogen un pedacito de la enseñanza oculta, y “prueban” otras, al
ver el efecto, inician el camino hacia la “magia negra”, aunque escasamente
sepan lo que están haciendo. Estas personas también son advertidas de alguna
manera y se les dan todas las oportunidades para rectificar su error. Otros
parecen entender algo del riesgo que están corriendo, pero lo asumen
gustosamente, fascinados por su nuevo sentido de poder y deslumbrados por él.
A ninguna de estas personas se le permite ir muy lejos con su trabajo egoísta,
pues hay ciertas influencias trabajando para neutralizar sus esfuerzos, y un
pequeño bien siempre contrarresta una gran cantidad de trabajo psíquico egoísta
—siendo esta una antigua verdad oculta.
Pero fuera de este trozo de “magia negra” elemental, del cual hemos hablado más
a manera de advertencia y cautela, muchas personas están dotadas de
facultades que les dan poder entre sus prójimos —hombres y mujeres, y su
influencia se siente en la vida diaria, así como la influencia de un hombre
físicamente fuerte se siente en una muchedumbre de personas más débiles. No
se necesita sino una rápida mirada a los conocimientos de uno para darse cuenta
de que algunos tienen una influencia mayor que otros. Algunos se ven
naturalmente como líderes y maestros, mientras que otros verdaderamente sólo
encuentran su lugar como seguidores. Estos hombres fuertes y positivos se
ubican al frente en la milicia, en la vida comercial, el bar, el púlpito, en la
práctica de la medicina y, de hecho, en todos los pasos de la vida y en todas las
ramas del quehacer humano. No damos cuenta del hecho y decimos que ese
hombre posee mucho “magnetismo personal” o que a aquel otro le falta. Pero,
¿qué queremos decir con “magnetismo personal”? ¿Puede alguien dar una
respuesta inteligente? Muchas son las teorías que se han propuesto para
responder a este fenómeno, y muchos los planes adelantados para desarrollar
este “poder”. En los últimos años han surgido muchos maestros pretendiendo
haber descubierto el secreto y ofrecen enseñarlo por todos los rincones a tantos
dólares por cabeza; se han hecho muchos anuncios sensacionales para atraer a
compradores de “cursos” de instrucción, y se han hecho muchos llamados a los
motivos más egoístas para despertar el interés por lo que se ofrece en venta. En
la mayoría de los casos estos maestros no tienen prácticamente nada que ofrecer
ni que enseñar, mientras que en algunos pocos casos han logrado a fuerza de
trabajo un conocimiento suficiente del tema como para poder dar direcciones con
lo cual uno que posea un grado suficiente de poder psíquico puede ganar cierta
de influencia sobre los ignorantes y débiles de la especie. Pero, afortunadamente,
la mayoría de los compradores de estas enseñanzas no tienen la suficiente
confianza en ellos mismos o en las enseñanzas como para poner en práctica los
conocimientos relativamente exiguos que se les han dado. Sin embargo hay unos
cuantos que tienen la suficiente confianza como para ponerlos en práctica, y
pueden causar un daño considerable por su uso ignorante y egoísta de poderes
que se consideran para usos elevados. Todas estas cosas deben ir
desapareciendo a medida que la especie avanza en el conocimiento y
entendimiento de las verdades ocultas, y, mientras tanto, aquellos que realmente
comprenden el tema hacen lo que pueden para educar a la especie en sus
principios, para que pueda protegerse, psíquicamente, y no caiga en la tentación
de hacer un uso egoísta de los poderes superiores.
El hombre o mujer de evolución y desarrollo espiritual pueden permitirse el lujo
de sonreír ante los esfuerzos de estos aficionados a la “magia negra”, al menos en
lo que respecta al temor a lesiones corporales o a efectos sobre ellos. Alguien así
sube a un plano superior donde los esfuerzos del ocultista egoísta (?) no pueden
penetrar. Tendremos algo que decir sobre el tema de la auto-protección, al final
de esta lección, después de que le hayamos dado al estudiante una idea general
acerca de las diversas formas de influencia psíquica de uso común.
No obstante, queremos ser entendidos claramente cuando decimos que en esta
lección no se hará ningún esfuerzo para revelar un grado de conocimiento oculto
que pudriera poner en manos del lector ocasional un arma a ser usada para sus
propios fines egoístas. Esta es una lección diseñada para la auto-protección de
aquellos que la lean —no para aumentar los conocimientos de “magia negra” aun
sus formas más elementales. Y advirtamos aquí a los que lean lo que vamos a
escribir sobre este asunto, que somos serios en lo que decimos respecto al uso
egoísta del conocimiento oculto —si conocieran apenas una fracción del problema
que puede traerles la práctica oculta impropia, la abandonarían tan rápido como
lo harían si una serpiente venenosa estuviera empollando al calor de sus manos.
Los poderes ocultos son para uso apropiado y protección de la humanidad, no
para el mal uso o abuso y, lo mismo que juguetear con los cables de una dínamo,
meterse con estos poderes puede resultar desagradable para la persona que no
haga caso de las advertencias.
Aunque muchos escritores occidentales lo niegan, los verdaderos ocultistas
saben que todas las formas de influencia psíquica, incluyendo lo que se conoce
como “magnetismo personal”, “mesmerismo”, “hipnotismo”, “sugestión”, etc., no
son sino diferentes manifestaciones de la misma cosa. Los que nos han seguido
en nuestras lecciones precedentes, pueden imaginar rápidamente lo que es esta
“cosa”. Es el poder de la mente del individuo, operando a lo largo de las líneas
mencionadas en nuestras anteriores lecciones. Confiamos en que el estudiante se
habrá familiarizado con lo que dijimos respecto a “mente instintiva”, “dinámica
del pensamiento”, “telepatía”, “formas de pensamiento”, etc., así como al poder
del Prana, de modo que pueda entender esta lección sin demasiadas repeticiones.
Influencia psíquica —y con esto queremos decir todas las formas de ella— ¿Qué
significa? ¿En qué consiste? ¿Cómo se pone en funcionamiento? ¿Cuál es su
efecto? Intentaremos responder a estas preguntas.
Debemos comenzar con la mente instintiva —uno de los siete principios del
hombre. Les dijimos (en la Lección II) que este es un plano mental compartido
con los animales inferiores, por lo menos en sus formas más elementales. Es la
primera forma de inteligencia alcanzada en la escala de la evolución y, en sus
etapas más bajas se manifiesta enteramente en forma sub-consciente. Sus
principios se remontan tan lejos como hasta la vida mineral, manifestándose
aquí en la formación de cristales, etc. En las más elementales formas de vida
vegetal se muestra, aunque débilmente, y está escasamente un grado por encima
de lo manifestado por el mineral. Entonces, en fases lentas y progresivas, se hace
más diferenciada y más alta en la escala, en la vida vegetal, hasta algunas
formas superiores de plantas que incluso muestran alguna forma rudimentaria
de conciencia. En el reino de los animales inferiores, la mente instintiva se ve en
variadas etapas. Desde la inteligencia casi vegetal de las formas más bajas de
vida animal hasta la inteligencia casi humana de algunos de los animales
superiores. Enseguida, en las formas más bajas de vida humana la encontramos
escasamente separada de la forma más elevada mostrada en los animales
inferiores y, a medida que ascendemos en la escala, encontramos que va siendo
sombreada, coloreada e influenciada por el quinto principio, el intelecto, hasta
que alcancemos la forma más elevada de hombre conocida en este momento,
donde vemos el intelecto al mando, asumiendo su posición apropiada,
influenciando al principio inferior sólo para bien, y evitando los errores del
hombre menos desarrollado que llena profusamente la mente instintiva de autosugestiones
dañinas, causándose a sí mismo verdadero perjuicio.
En esta consideración de la mente instintiva, debemos pasar por alto su
maravilloso trabajo de vigilar el funcionamiento del cuerpo físico, así como
algunas otras de sus manifestaciones, para limitarnos al papel que la mente
instintiva juega en el campo de la influencia psíquica —a propósito, una parte
importantísima—pues sin mente instintiva no podría haber ningún
funcionamiento de la influencia psíquica, ya que no habría nada sobre qué
actuar. La mente instintiva es el instrumento manejado por la influencia
psíquica. Con frecuencia hablamos como si el intelecto de uno fuera influenciado
de esta manera, lo cual es incorrecto, porque la persona es influenciada a pesar
de su intelecto y no por medio de él —la influencia impresiona con tanta fuerza la
mente instintiva, que se ejecuta a pesar de las protestas del intelecto, como
tantas personas recuerdan después para su pesar.
Muchas son las personas que, según sus propias palabras, “todo el tiempo lo
sabían, pero lo hicieron de todos modos”.
Comenzaremos con lo que se conoce como “sugestión”, y que realmente subyace
en el fondo de todas las formas de influencia psíquica, personal o en “ausencia”.
Por sugestión queremos decir la influencia o control de los pensamientos y
acciones de otro por medio de una orden positiva, o una sutil insinuación del
pensamiento deseado, o cualquier combinación de los dos, o cualquier cosa que
pueda incluirse entre estos dos extremos. La sugestión personal es bastante
común en la vida cotidiana, de hecho, constantemente estamos dando y
recibiendo sugerencias, consciente e inconscientemente, y uno escasamente
puede escapar del dar y recibir, por cuanto se asocia con otras personas —oye
sus voces o lee lo que otros han escrito o impreso. Pero estas sugerencias
cotidianas son relativamente insignificantes, y carecen de la fuerza de una
sugestión consciente y deliberada por parte de alguien que entienda el “arte de
sugerir”. Veamos primero cómo y por qué se reciben y actúan las sugestiones.
Como hemos dicho, en las formas tempranas de vida, la mente instintiva
trabajaba sola, no influenciada por el intelecto, totalmente inconsciente como en
la vida vegetal (pues aún no se había desplegado o desarrollado). A medida que se
ascendía en la escala de la evolución, el animal comenzó a hacerse ligeramente
consciente, a “darse cuenta” de las cosas, y a realizar algo así como un primitivo
razonamiento sobre ellas. Para protegerse de sus enemigos, el animal tenía que
ser guiado por la rudimentaria conciencia que empezaba a desplegarse, y que se
manifestaba en y a través de la mente instintiva. Algunos animales progresaron
más rápidamente que otros de su tipo, y naturalmente empezaron a hacer valer
sus derechos y su peculiar poder —se encontraron pensando por sus
compañeros. Llegaron a ser reconocidos como aquellos a quienes se acudía en
casos de peligro, o cuando la comida escaseaba y generalmente su liderazgo era
reconocido y respetado. Los líderes aparecieron en bandadas y manadas, y no
solos (como normalmente se enseña en los libros de texto), debido no sólo a su
fuerza bruta, sino también a la superioridad de su cerebro, que puede describirse
como “sagaz”. El animal “sagaz” era rápido para reconocer el peligro, y tomar
medidas para evitarlo —rápido para descubrir nuevas maneras de conseguir
comida, y someter al enemigo común o a la presa. Cualquiera que haya tenido
mucho contacto con animales domésticos —o que haya estudiado las costumbres
de los animales salvajes que se agrupan— comprenderá exactamente lo que
queremos decir. Los pocos encaminaban y dirigían, y los muchos ciegamente
seguían y eran conducidos.
Cuando el desarrollo continuó y el hombre fue evolucionado, se manifestó lo
mismo —se destacaron líderes y fueron obedecidos. Y, a todo lo largo de la
historia de la especie, hasta el tiempo presente, existe el mismo estado de cosas.
Unos pocos guían y los muchos les siguen. El hombre es un animal obediente e
imitativo. La gran mayoría de las personas son como ovejas —denles un “carnero
con cencerro” y ellas seguirán alegremente el tintineo de la campanilla.
Pero subrayen este hecho —es importantísimo— no siempre es el hombre o
mujer con la mayor cantidad de lo que llamamos “logro intelectual”, educación o
“erudición” el conductor de hombres —por el contrario, a menudo muchas de
tales personas son las más inveteradas seguidoras de los líderes. El hombre o
mujer que dirige es el que siente dentro de él, o ella, ese algo que puede llamarse
conciencia de poder —conocimiento de la verdadera fuente de fuerza y poder
detrás y dentro de ellos. Este “conocimiento” puede no ser reconocido por el
intelecto, puede no ser comprendido, pero el individuo siente de algún modo que
posee poder y fuerza, o que está en contacto con un poder y fuerza que puede
usar. Y (hablando del hombre ordinario) se da por consiguiente un crédito
personal por ello, y empieza a utilizar su poder. Siente la realidad de la palabra
“YO”. Se siente como un individuo —algo real —una entidad— e instintivamente,
procede a afirmarse. Por regla general, estas personas no conocen la fuente de su
poder, pero es una cuestión de “percepción”, y naturalmente hacen uso del
poder. Ellas influyen sobre otros, sin entender exactamente “cómo”, y a menudo
les sorprende cómo sucede. ¿Y cómo sucede? Veamos.
Veamos a las personas que son influenciadas. ¿Qué parte de su mecanismo
mental o componente es afectado? La mente instintiva, por supuesto. ¿Y por qué
sus mentes instintivas son afectadas tan fácilmente, mientras que las de otros no
lo son tanto? Ese es el punto; entremos en materia.
En su estado original, y durante el proceso de evolución, la mente instintiva no
era influida así, porque no había nada que la influenciara.
Pero, a medida que el hombre evolucionaba, los individuos que se daban cuenta
del despertar de su sentido de “individualidad” y verdadero poder, empezaron a
afirmarse, y sus propias mentes instintivas y las de otros comenzaron a
influenciarse. El hombre cuyo conocimiento de su individualidad —cuya
conciencia del “yo”— está ampliamente desarrollada, invariablemente influencia
la mente instintiva de aquel cuya conciencia no está tan desarrollada. La mente
instintiva del hombre menos consciente acepta y actúa de acuerdo a las
sugerencias del “yo” más fuerte, y también permite que las ondas de pensamiento
de este último la ronden y sean absorbidas.
Recuerden, una vez más, que no es el hombre de mayores logros intelectuales,
cultura o “erudición” el que tiene esta conciencia, aunque, por supuesto, cuanto
mayor sea el logro intelectual del hombre, mayor alcance del poder del “yo”
consciente puede tener. Se ven hombres incultos que tienen este poder, lo mismo
que otros mejor educados y, aunque su deficiente educación y entrenamiento les
impide hacer uso de su poder en la misma medida que su hermano más
favorecido, aun así ellos ejercen una influencia en todos los de su “clase”, y hasta
en muchos de mayor poder intelectual que el suyo. No se trata de un asunto de
educación o de razonamiento abstracto, etc. —es un asunto de CONCIENCIA. Los
que de algún modo lo poseen, sienten el “yo” dentro de ellos, y aunque esto a
menudo lo lleva a uno a un grado absurdo de egotismo, vana arrogancia y
presunción, un hombre que posea esta conciencia en cualquier proporción,
inevitablemente influencia a otros y se abre camino en el mundo. El mundo le
ha dado a la manifestación de esta conciencia el nombre de “confianza en sí
mismo”, etc. Usted lo reconocerá inmediatamente si piensa un momento y echa
una mirada a su alrededor. Por supuesto, hay muchos grados de esta conciencia
y, siendo iguales en todo, ese hombre o mujer ejercerá sobre los demás una
influencia precisamente en el grado en que posea este poder. Esta conciencia
puede desarrollarse e incrementarse. No obstante, es inferior a la conciencia del
hombre o mujer de logro o desarrollo espiritual, cuyos poderes exceden en mucho
a esta conciencia en el plano mental.
Pero, volvamos a nuestro tema de cómo la mente instintiva es influenciada; el
hombre cuya conciencia del “yo” está suficientemente desarrollada, sugiere a su
propia mente instintiva y, naturalmente, esta última ve a su amo como la única
fuente de comando o de instrucción. Pero el que no tiene esta conciencia sólo da
débiles órdenes de este tipo, y su mente instintiva no se imbuye de esa confianza
que debería tener, y a menudo encuentra que su amo (con frecuencia
invariablemente) le permite recibir las órdenes e instrucciones de otros, hasta
que automáticamente se abandona y actúa de acuerdo con casi cualquier
sugerencia fuerte que venga de afuera. Tales sugerencias externas pueden ser
verbales o dirigidas por las ondas de pensamiento de otros.
Muchas personas no tienen confianza alguna en su propio “yo” —son como
ovejas humanas y siguen naturalmente a su líder— de hecho, son infelices a
menos que sean conducidas. Cuanto más fuertes sean las órdenes, más prestas
están a obedecer. Cualquier afirmación hecha a ellas, positiva y
autoritariamente, es aceptada y actúan en consecuencia. Tales personas viven de
la “autoridad”, y constantemente buscan “precedentes” y “ejemplos” —necesitan
a alguien en quien apoyarse.
Para resumir, —son mentalmente perezosas en cuanto se refiere al ejercicio y
desarrollo de la conciencia del “yo” —y por consiguiente no han afirmado el
mando sobre de su mente instintiva, sino que le permiten estar abierta a las
sugerencias e influencias de otros que, muy a menudo, son aún menos
calificados que ellos mismos para dirigirla, pero que sucede que tienen un poco
más de “confianza en sí mismos” y “seguridad —algo más de conciencia del “yo”.
Ahora, respecto a los medios con los cuales se influencia la mente instintiva. Hay
innumerables métodos y formas de práctica, consciente e inconsciente, para
producir tales efectos, pero pueden agruparse aproximadamente en tres clases
generales, a saber:
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(1) la sugestión personal;
(2) la influencia del pensamiento, presente y distante, y
(3) la influencia mesmeriana o hipnótica.
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Estas tres formas se solapan unas con otras, y generalmente se combinan, pero
aquí es conveniente separarlas, de manera que podamos comprenderlas mejor.
_
Las analizaremos brevemente por turno.
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Consideremos primero la sugestión personal. Como hemos dicho, ésta es muy
común y es practicada más o menos constantemente por todos nosotros, y todos
somos más o menos afectados por ella. Nos limitaremos a las formas más
llamativas. Las sugestiones personales son dirigidas por la voz, las maneras, la
apariencia, etc. La mente instintiva da por sentado, y acepta como ciertas las
palabras, apariencia y modales de la persona positiva, y actúa igual, según su
grado de receptividad. Como dijimos antes, este grado varía en las personas,
según el nivel hasta el cual hayan desarrollado la conciencia del “yo”. A mayor
cantidad de conciencia del “yo”, menor es el grado de receptividad, a menos que
la persona esté cansada, su atención esté distraída, su guardia esté baja, o
voluntariamente se abra a la influencia de la mente o palabras de otro.
Cuanto más positiva o autoritaria sea la sugerencia, más prontamente será
aceptada por la mente instintiva receptiva. La sugestión no afecta a una persona
a través de su intelecto sino a través de su mente instintiva —no opera por
argumentos sino por aseveraciones, comandos y órdenes. Las sugestiones ganan
fuerza al ser repetidas y, aunque uno no es influenciado por una sola sugerencia,
las sugerencias repetidas en una misma línea tienen un poder mucho mayor.
Algunas personas han cultivado tal habilidad en el arte de la sugestión, que uno
tiene que estar muy en guardia para no aceptar inconscientemente algunas de
sus sutiles sugerencias insinuadas en la conversación. Pero quien comprende la
“CONCIENCIA DEL YO” o, mejor aún, del verdadero Ego y su relación con el
Todo, no tiene por qué temer al poder del sugestionador, ya que las sugerencias
no podrán penetrar a su bien defendida mente instintiva, y aun cuando se instale
alrededor de la superficie exterior de su mente, pronto será descubierta y
desechada con una sonrisa divertida. Pero, una palabra de precaución:
manténgase en guardia ante aquellos que intenten conducirlo no con el
argumento o la razón, sino mediante la afirmación, pretendida autoridad,
maneras creíbles y un modo general de “dar por sentado”. También manténgase
alerta ante aquellos que le hacen preguntas y responden anticipadamente por
usted, así: “Le gusta este modelo, ¿verdad?” o “Esto es lo que usted quiere, ¿no
es así?” La sugerencia y la aserción van de la mano. Usted generalmente puede
descubrir una sugestión por la compañía que tiene.
En segundo lugar, consideremos la influencia del pensamiento, presente y
distante. Como hemos dicho en las lecciones anteriores, cada pensamiento
produce la proyección de ondas de pensamiento de mayor o menor fuerza,
tamaño y poder. Hemos explicado cómo se envían estas ondas de pensamiento y
cómo son recibidas por otro individuo. Todos nosotros estamos recibiendo ondas
de pensamiento todo el tiempo, pero relativamente pocas nos afectan, pues no
están en armonía con nuestros propios pensamientos, modos, carácter y gustos.
Atraemos a nuestra conciencia interna solamente aquellos pensamientos que
están en armonía con los nuestros. Pero, si estamos de un talante negativo, y le
permitimos a nuestra mente instintiva ir sin su dueño apropiado, y se vuelve
demasiado receptiva, estamos en peligro de hacer que acepte, asimile y actúe
según las ondas de pensamiento pasajeras que nos rodean. En otras lecciones
explicamos la acción de las ondas de pensamiento, pero no señalamos esta fase
del asunto, pues preferimos dejarla para ahora. La mente instintiva indefensa no
sólo es afectada por toda clase de pasajeras ondas de pensamiento que circulan
hacia ella, sino que también está particularmente expuesta a ser afectada por
una onda de pensamiento fuerte, positiva y consciente dirigida hacia ella por
alguien que desea influir sobre su dueño. Todo el que trata de influir sobre otra
persona, para bien o para mal, inconscientemente envía ondas de pensamiento
de este tipo, con mayor o menor efecto. Y algunos que han aprendido ciertos
rudimentos de las verdades ocultas y los han prostituido en la magia negra,
consciente y deliberadamente envían ondas de pensamiento hacia las personas a
las que desean influenciar. Y si la mente instintiva está desprotegida por su
propio dueño, está más o menos propensa a ser afectada por estos esfuerzos de
mentes egoístas y malévolas.
Las historias de tiempos de la brujería no son todas meros engaños y
supersticiones, pues debajo de los exagerados relatos y cuentos puede
encontrarse una gran base de verdades ocultas, fácilmente reconocidas por el
ocultista avanzado como rudimentario poder oculto prostituido en magia negra.
Toda la magia negra o brujería del mundo combinadas no podrían afectar a un
hombre o mujer que tengan una forma superior de conciencia, pero uno de
propensión temerosa, supersticiosa, con poca o ninguna seguridad en sí mismo o
auto-confianza, está propenso a tener una mente instintiva lista y madura para
el ingreso de tales ondas o formas de pensamiento perjudiciales. Todos los
conjuros, “ensalmos”, etc., de los vudús, “brujas”, hechiceros, etc., etc., no tiene
eficacia más allá del pensamiento enviado en su práctica —y ese pensamiento se
hace más potente porque se concentra mediante ritos, ceremonias, “ensalmes”,
imágenes, etc., de los impíos devotos de la magia negra. Sería igualmente potente
si se concentrara por algún otro medio; pero, no importa cuán concentrada o
cómo se envíe, no puede tener efecto a menos que la mente instintiva esté lista
para recibirla, asimilarla, y actuar en consecuencia. El hombre o mujer “que
sabe” no tiene nada que temer de estas prácticas. De hecho, la sola lectura de
esta lección sacará de muchas mentes la receptividad que les podría haber, o les
ha, permitido ser influenciados en mayor o menor grado por los pensamientos
egoístas de otros. Esto, cuidado, no es debido a ninguna virtud de esta lección
(no estamos esperando nada parecido), sino solamente porque su lectura hará
que la mente del estudiante despierte a su propio poder, y haga valer sus
derechos.
Recuerde, la mente atrae sólo pensamientos que están en armonía con los suyos
propios —y la mente instintiva es influenciada contra sus propios intereses, sólo
cuando el dueño ha admitido su propia debilidad y falta de habilidad para
dominarla y protegerla. Usted debe cuidar a su propia mente instintiva, y
afirmarse como su amo y propietario, pues, de otra manera esa propiedad puede
ser reclamada, exigida y usurpada por otros más dominantes que usted. Usted
tiene dentro de sí la fuerza y el poder necesarios, pero sólo si los reclama. Son
suyos al pedirlos —¿Por qué no los exige? Usted puede despertar la conciencia
del “yo” y desarrollarla con el poder de aserción que ayudará en su
desenvolvimiento. Tendremos más que decir sobre este punto en las siguientes
páginas.
Consideraremos ahora la tercera forma de influencia psíquica, conocida como
mesmerismo hipnotismo, etc. Aquí apenas podemos tocar el asunto pues, de ser
desarrolladas, sus variadas formas y fenómenos llenarían libros. Pero creemos
que podemos aclarárselo en pocas palabras, ya que ustedes han seguido nuestro
pensamiento en esta y en las precedentes lecciones.
Lo primero a ser recordado es que mesmerismo e hipnotismo no son sino una
combinación de los dos métodos que acabamos de mencionar, más una cantidad
mayor de Prana proyectada con la sugestión personal u onda de pensamiento. En
otros términos, la sugerencia o la onda de pensamiento se carga con Prana en
mayor grado que de ordinario, y se vuelve tanto más fuerte que la sugestión
ordinaria u onda de pensamiento, pues una forma de pensamiento es más fuerte
que una onda ordinaria. Para abreviar, mesmerismo o hipnotismo son
prácticamente bañar a la persona con un flujo de formas de pensamiento,
mantenidas estimuladas y activas por un constante suministro de Prana que en
estos casos a menudo se conoce como “fluido mesmeriano”.
Y, otra cosa para recordar es que ninguna persona puede ser magnetizada o
hipnotizada a menos que su mente instintiva esté desguarnecida o sin su propio
dueño, y a menos que la persona esté de acuerdo con ser magnetizada y
realmente consienta en ello. Lo cual se reduce, finalmente, al hecho de que
ninguna persona será mesmerizada o hipnotizada a menos que lo desee o que
crea que puede serlo, lo que al fin viene a ser lo mismo. El mesmerismo tiene su
utilidad en manos del ocultista avanzado que entiende sus leyes, pero en manos
de los que desconocen su uso apropiado es algo que debe evitarse. Tenga cuidado
sobre permitir ser hipnotizado por un impostor ignorante. Afirme su propio
poder, y logrará para usted lo que nadie más puede, en el mismo plano.
En el breve espacio de que disponemos, hemos abordado las diversas formas de
influencia psíquica, y quizás tengamos en el futuro alguna oportunidad de
profundizar más en el tema con ustedes. Pero confiamos en que les hemos dicho
lo suficiente como para tener al menos un conocimiento general del asunto, y al
mismo tiempo les hemos dado una oportuna advertencia de precaución.
Concluiremos diciéndoles algo sobre la conciencia del “yo” y su desarrollo, que
esperamos leerán con la atención que merece, y pondrán en práctica como se
indica.
Por supuesto, hay todavía una forma de conciencia superior al “yo” consciente, y
es la conciencia espiritual que hace que uno esté consciente de su relación hacia,
y de su conexión con, la fuente de todo el poder. Y aquellos que poseen esta
conciencia superior están mucho más allá de la influencia psíquica de otros,
porque están rodeados con un aura que rechaza las vibraciones de los planos
inferiores. Ellos no necesitan conciencia del “yo”, puesto que ésta está incluida
en su conciencia superior. Pero aquellos que están en el plano mental de
desarrollo (y sólo muy pocos de nosotros han avanzado más) encontrarán bueno
desarrollar y desplegar su conciencia del “yo” —su sentido de individualidad.
Usted se ayudará en esto llevando en mente, y meditando a menudo, que usted
es algo real —que usted es un Ego— un trocito separado de la Vida Universal
como individuo, que puede realizar su parte del Plan Universal, y progresar a
formas superiores de manifestación. Que USTED es independiente del cuerpo, y
que solamente lo utiliza como instrumento —que USTED es indestructible y tiene
vida eterna— que USTED no puede ser destruido por el fuego, el agua o cualquier
otra cosa que el hombre físico piensa que lo “matará” —que no importa lo que le
suceda a su cuerpo USTED sobrevivirá. USTED es un alma y tiene un cuerpo.
(No es que usted sea un cuerpo que tiene un alma, como la mayoría de las
personas piensa y actúa en consecuencia). Piense en usted como un ser
independiente, que usa el cuerpo como algo útil. Cultive el sentimiento de
inmortalidad y realidad, gradualmente empezará a comprender que usted
realmente existe y existirá siempre, y el miedo se apartará de usted como una
capa descartada, porque el miedo es realmente el pensamiento que debilita a la
desguarnecida mente instintiva —una vez que se libre del miedo, el resto es fácil.
Hemos hablado de este asunto en La Ciencia de la Respiración, bajo el título de
“Conciencia del alma”, en la página 80. En el mismo libro, en página 72, bajo el
título “Para formar aura”, hemos indicado un plan con el cual las personas
débiles y temerosas pueden protegerse mientras van construyendo una base
segura de fuerza y confianza en sí mismas. La afirmación o mantra que ha
demostrado ser más beneficiosa que cualquier otra en estos casos es la aserción
positiva de “YO SOY”, que expresa una verdad y tiende a una actitud mental que
es recogida por la mente instintiva haciéndola más positiva hacia los demás, y
menos expuesta a ser afectada por las sugestiones, etc. La actitud mental
expresada por “YO SOY” lo rodeará con una aura de pensamiento que actuará
como escudo y protección, hasta el momento en que usted haya adquirido esa
conciencia superior que lleva consigo un sentido de confianza en sí mismo y
convicción de fuerza.
Desde entonces usted desarrollará gradualmente esa conciencia que le asegura
que cuando dice “YO”, usted no sólo habla de la entidad individual, con toda su
fuerza e impulso, sino que sabe que el “YO” tiene tras de sí el poder y la fuerza
del Espíritu, y está conectado con un inagotable suministro de fuerza que puede
ser utilizado cuando se necesite. Alguien así nunca puede sentir temor, pues se
encuentra muy por encima de él. El miedo es manifestación de debilidad, y
mientras lo abracemos a nosotros y hagamos de él un amigo querido, estaremos
abiertos a las influencias de otros. Pero al apartar el miedo de nuestro lado,
ascendemos varios pasos en la escala del tiempo, y nos ponemos en contacto con
el pensamiento fuerte, sano, audaz y valiente del mundo, y dejamos atrás todas
las pasadas debilidades y problemas de la vieja vida.
Cuando el hombre aprende que nada puede dañarlo realmente, el miedo le
parece una tontería. Y cuando el hombre despierta a una realización de su
verdadera naturaleza y destino, sabe que nada puede dañarlo y en consecuencia
el miedo es descartado.
Se ha dicho bien, “no hay nada a que tener miedo, sino al miedo”, y en este
epigrama hay una verdad escondida que todos los ocultistas avanzados
reconocerán. La abolición del miedo coloca en las manos del hombre un arma de
defensa y poder que lo hacen casi invencible. ¿Por qué no toma este regalo que
tan libremente se le ofrece? Deje que sus consignas sean: “YO SOY”. “NO TEMO Y
SOY LIBRE”.
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Mantra y meditación de la Novena Lección
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“YO SOY”.
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Cuando usted dice “YO SOY” está afirmando la realidad de su existencia —no la
mera realidad de la existencia física que no es sino temporal y relativa— sino su
verdadera existencia en el Espíritu, que no es temporal ni relativo sino eterno y
absoluto. Está afirmando la realidad del Ego —El “YO”. El verdadero “yo” no es el
cuerpo, sino el principio del Espíritu que se manifiesta en cuerpo y mente. El
verdadero “yo” es independiente del cuerpo que no es sino un vehículo para su
expresión —es indestructible y eterno. No puede morir ni ser aniquilado. Puede
cambiar la forma de su expresión, o el vehículo de manifestación —pero siempre
es el mismo “yo”— un trocito del gran océano del Espíritu —un átomo espiritual
que se manifiesta en su presente conciencia a lo largo del desarrollo espiritual.
No piense en su alma como algo aparte de usted, porque USTED es el alma, y
todo el resto es transitorio y variable. Imagínese en su mente a usted mismo
como una entidad aparte, e independiente del cuerpo que no es sino su
caparazón —comprenda que usted puede dejar el cuerpo, y todavía ser USTED.
Durante una parte de su período de meditación, mentalmente ignore
completamente el cuerpo, y se dará cuenta de que gradualmente despertará a un
sentido de la existencia independiente de su alma —USTED MISMO— y llegará a
una conciencia de su verdadera naturaleza.
El estudiante debe esforzarse por dedicar unos momentos cada día a la
meditación silenciosa, buscando un lugar tan tranquilo como sea posible,
acostado o sentado en una posición cómoda, mientras relaja cada músculo del
cuerpo y tranquiliza la mente. Cuando se observen las condiciones apropiadas,
experimentará esa peculiar sensación de calma y quietud que le indicará que
está “entrando en el silencio”. Entonces debe hacer hincapié en el tema de la
meditación, repitiendo el mantra para imprimir el significado en su mente. En
esos momentos recibirá mayor o menor inspiración de su mente espiritual, y se
sentirá más fuerte y más libre durante todo el día.
El Mantra de este mes, si es amorosamente comprendido e impreso en la
conciencia, dará al estudiante un aire de callada dignidad y tranquila
manifestación de poder que tendrá su efecto en las personas con quienes entre
en contacto. Lo rodeará con un aura de pensamiento de fuerza y poder. Le
permitirá despojarse del miedo y mirar serenamente a los ojos al mundo de
hombres y mujeres, sabiendo que es un alma eterna, y que nada puede dañarlo
realmente. Una total comprensión del “YO SOY” hará que el temor se desvanezca
pues, ¿por qué debería el espíritu temer a algo? —si nada puede dañarlo.
Insistimos con nuestros estudiantes en el cultivo de este estado de conciencia.
Pues lo elevará por encima de las pequeñas preocupaciones, odios, temores y
celos de los estados mentales inferiores, y hará que sean realmente hombres y
mujeres “del Espíritu”. Usted encontrará que el resultado será percibido por
aquellos con quienes entre en contacto. Hay una aura indefinible rodeando a
estas personas conscientes del “YO SOY” que hace que sean respetadas por el
mundo que las rodea.
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Lección 10:
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El mundo astral
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Al comienzo esta lección confrontamos una seria dificultad que será aparente a
nuestros estudiantes que estén bien avanzados en los estudios de lo oculto. Nos
referimos al tema de la descripción de los “planos” de existencia. Estas lecciones
están pensadas como estudios elementales diseñados para darle al principiante
una idea fácil y sencilla de los principios generales del ocultismo, sin tratar de
llevarlo a las fases más complicadas del asunto. Hasta donde es posible hemos
tratado de evitar los tecnicismos, al menos creemos haber logrado bastante bien
nuestro objetivo de presentar de manera fácil sus principios elementales, y
sabemos que hemos conseguido interesar en el estudio a muchas personas que
hasta ahora se habían abstenido de intentarlo, debido a la masa de descripciones
técnicas y complicadas de detalles que saltaban a su vista al internarse en el
tema.
Así pues, en esta lección sobre el mundo astral y en las tres que le siguen, nos
veremos obligados a manejar generalidades en lugar de entrar en las
descripciones minuciosas y metódicas que se necesitarían para un trabajo de
“calidad superior”. En lugar de esforzarnos por describir exactamente lo que es
un “plano”, y señalar a continuación las sutiles diferencias entre “planos” y “subplanos”,
trataremos todo el tema de los planos superiores de existencia bajo el
término general de “el mundo astral”, incluyendo en el término no sólo a las
divisiones más bajas del plano astral, sino también algunos de los planos
superiores de vida. Este plan puede ser objetado por algunos que hayan seguido
otros cursos de lectura sobre el tema, en los cuales sólo el plano astral más bajo
se ha denominado así, recibiendo los planos superiores otros nombres, lo cual ha
llevado a muchos a brindar sólo escasa consideración al plano astral, reservando
su estudio cuidadoso para los planos superiores. Pero, a estas personas les
pedimos que recuerden que muchos de los antiguos ocultistas clasificaban a todo
el grupo de planos superiores (al menos hasta que se alcanzaran los planos
espirituales más altos) bajo el término general “El mundo astral”, o expresiones
similares, y tenemos la mayor autoridad para hacer esta división general. Hay
tanta diferencia entre los planos astrales inferiores y la más alta reserva mental o
planos espirituales, como la que hay entre un gorila y un Emerson pero, para
proteger al principiante de perderse en una confusión de palabras, hemos tratado
todos los planos por encima del físico (al menos aquellos a los que se refieren
nuestras lecciones) bajo el término general de “el mundo astral”.
Es difícil explicar con claridad, en términos simples, el significado de la palabra
“plano”, y la usaremos poco, prefiriendo la palabra “estado”, pues un plano es
realmente un “estado” más que un lugar —es decir, cualquier lugar puede estar
habitado en varios planos. Así como una habitación puede estar llena de rayos de
sol, la luz de una lámpara, radiaciones de un aparato de rayos X, vibraciones
magnéticas ordinarias, aire, etc., etc., cada uno actuando según la ley de su ser,
sin afectar a los otros, así pueden estar en un espacio dado varios planos del ser
en total funcionamiento sin interferir entre sí. En esta lección elemental no
podemos entrar en detalles sobre la materia, y sólo esperamos darle al estudiante
una buena concepción mental activa, de manera que pueda comprender los
incidentes y fenómenos de los diversos planos contenidos en el “mundo astral”.
Antes de entrar en el tema de los diversos planos del mundo astral, sería bueno
considerar algunos de los fenómenos generales clasificados bajo el término
“astral”. En nuestra Sexta Lección, les dijimos que el hombre (encarnado),
además de sus sentidos físicos de vista, oído, gusto, olfato y tacto, tiene cinco
sentidos astrales (contraparte de los sentidos físicos) que operan en el plano
astral, y mediante los cuales puede recibir impresiones sensoriales sin ayuda de
los órganos de los sentidos físicos. Posee también un “sexto sentido” —cuyo
órgano físico (el órgano del “sentido telepático”) también tiene su correspondiente
sentido astral.
Estos sentidos astrales funcionan en el plano astral más bajo —contiguo al plano
físico— y los fenómenos de clarividencia son producidos por el uso de estos
sentidos astrales, tal como describimos en la Sexta Lección. Por supuesto, hay
formas superiores de clarividencia, que operan en planos mucho más altos que
los usados en la clarividencia ordinaria, pero tales poderes son muy raros, y los
poseen sólo aquellos de altos logros por lo cual apenas necesitamos mencionarlos
aquí. En este plano astral inferior, el clarividente ve, el clariaudiente oye, y el
psicómetra percibe; por este plano se moviliza el cuerpo astral, y se manifiestan
los “fantasmas”. Para comunicarse con el plano físico, las almas desencarnadas
que habitan en los planos superiores del mundo astral, deben descender a este
plano más bajo y vestirse con materia astral tosca para poder lograr su objetivo.
En este plano se desplazan los “cuerpos astrales” de aquellos encarnados que
han adquirido el arte de proyectarse en el astral. Es posible para una persona
proyectar su cuerpo astral, o viajar en su cuerpo astral, a cualquier punto dentro
de los límites de la atracción terrestre y, en condiciones apropiadas, el ocultista
entrenado puede hacerlo a voluntad. Otros pueden hacer esos viajes de vez en
cuando (sin saber exactamente cómo los hacen, y teniendo después el recuerdo
de un sueño particular y muy vívido); de hecho, muchos de nosotros hacemos
esos viajes, cuando el cuerpo físico está entregado al sueño y, a menudo se
consigue mucha información de esta manera, en asuntos en los que uno está
interesado, manteniendo comunicación astral con otros interesados en el mismo
tema, todo inconscientemente, por supuesto. Esta forma de adquisición
consciente de conocimientos, sólo es posible a aquellos que han progresado
verdaderamente en el camino de los logros. El ocultista entrenado apenas se
coloca en la condición mental apropiada, piensa en algún lugar en particular y su
astral viaja hasta allí con la velocidad de la luz, o aún más rápido. Por supuesto,
el ocultista inexperto no tiene ese grado de control sobre su cuerpo astral y es
más o menos torpe en su conducción. El cuerpo astral siempre está conectado
con el cuerpo físico (durante la vida de este último) por un delgado hilo astral
como de seda, que mantiene la comunicación entre ambos. Si este cordón fuera
retirado, el cuerpo físico moriría pues terminaría la conexión del alma con él.
En este plano astral más bajo pueden percibirse también los colores del aura de
los hombres, como se describió en nuestra Cuarta Lección. Igualmente es en este
plano donde las emanaciones del pensamiento pueden ser percibidas por la
visión clarividente, o por el astral de alguien que visite ese plano en su cuerpo
astral. Continuamente la mente está despidiendo emanaciones que durante un
tiempo permanecen desplegadas hasta cierta distancia de la persona, y que
luego, si tienen la fuerza suficiente, siguen su curso gradualmente, dirigidas aquí
y allá por los pensamientos análogos de otros. Estas emanaciones de
pensamiento se parecen a las nubes, algunas son delicadas y bellas, mientras
que otras son oscuras y lóbregas. Para la visión psíquica o astral, los lugares
parecen estar llenos de este material pensado, que varía en carácter y apariencia
según la calidad y naturaleza del pensamiento original que los produjo. Algunos
lugares lucen como llenos de pensamientos atractivos y luminosos, mostrando
que el carácter general del pensamiento de los que lo habitan es diáfano y alegre,
mientras que otros lugares están llenos con una masa o nube confusa y lóbrega
de pensamientos, manifestando que los que viven allí (o algunos visitantes) han
estado morando en los planos más bajos de pensamiento, y han llenado el lugar
con recuerdos deprimentes de su estancia allí. Tales habitaciones deben abrirse
ampliamente al sol y al aire, y el que se mude a ellas debe hacer el esfuerzo por
llenarlo de pensamientos luminosos, alegres y felices que expulsarán los
pensamientos de menor calidad. Una orden mental como: “Te ordeno que salgas
de este lugar”, hará que uno emita fuertes vibraciones de pensamiento que, o
disuelven el pensamiento inaceptable o lo hacen ser rechazado y alejado de la
inmediata vecindad de la persona que da la orden.
Si la gente pudiera ver, aunque sólo fuera por unos minutos la atmósfera de
pensamiento de tabernas, casas de juego, y lugares de ese tipo, se cuidaría de
volver a visitarlos. No sólo está la atmósfera completamente saturada de
pensamientos degradantes, sino de la baja ralea de las almas desencarnadas que
se reúnen alrededor en gran número por una condición de afinidad, esforzándose
por romper los estrechos límites que las separan del plano físico en tales lugares.
Quizás la mejor manera de simplificarles los aspectos generales y fenómenos del
mundo astral, sería describirles un viaje imaginario hecho por ustedes a ese
mundo, a cargo de un ocultista experimentado. En esta lección los enviaremos en
ese viaje, en su imaginación, a cargo de un guía competente —suponiendo que
han hecho un considerable progreso espiritual, pues de otra manera ni el guía
podría llevarlos muy lejos, excepto adoptando métodos heroicos y muy raros que
a él probablemente no le parecerían apropiados en su caso. ¿Están listos para su
viaje? Muy bien, aquí está el guía.
Entras en el silencio, y de pronto te das cuenta de que has abandonado tu
cuerpo y ahora ocupas sólo tu cuerpo astral. Estás de pie al lado de tu cuerpo
físico y lo ves dormido en la cama, pero te das cuenta de que estás conectado a él
por medio de un brillante hilo plateado, algo parecido a un trozo grande de
telaraña luminosa. Estás consciente de la presencia del guía que te conducirá en
tu viaje. Él también ha dejado su cuerpo físico, y está en su forma astral, que te
recuerda algo vaporoso, es la forma de un cuerpo humano, pero a través del cual
se puede ver, y que puede moverse a voluntad a través de objetos sólidos. El guía
toma tu mano en la suya y dice: “Ven”, y un momento después has salido de tu
habitación y te encuentras sobre la ciudad donde vives, flotando como una nube
de verano. Empiezas a temer que puedes caerte, y tan pronto ese pensamiento
entra en tu mente, te das cuenta de que te estás hundiendo. Pero tu guía coloca
una mano debajo de ti y te sostiene, mientras dice:
—Ahora comprende que no puedes hundirte a menos que tengas miedo de
hacerlo —mantén el pensamiento de que flotas y lo harás.
Lo haces y quedas encantado al advertir que puedes flotar a voluntad,
moviéndote aquí y allí de acuerdo a tu deseo o antojo.
Ves enormes volúmenes de nubes de pensamiento que se levantan de la ciudad
como grandes nubes de humo, desplazándose y estableciéndose aquí y allá.
También ves, en ciertas zonas, algunas vaporosas nubes de pensamiento más
finas que parecen tener la propiedad de dispersar las nubes oscuras cuando
entran en contacto con ellas. Aquí y allá ves delgadas líneas brillantes de luz,
como chispas eléctricas desplazándose rápidamente a través del espacio, y tu
guía dice que son mensajes telepáticos que pasan de una persona a otra, y que
son luminosos a causa del Prana con que el pensamiento está cargado. A medida
que desciendes a tierra, ves que cada persona está rodeada por un cuerpo ovoide
de color —su aura— en el cual se refleja su pensamiento y estado mental
predominantes, siendo representado el carácter del pensamiento por colores
variables. Algunos están rodeados por auras hermosas, mientras que otros
tienen a su alrededor un aura negra, humeante, en la que se ven llamaradas de
luz roja. Algunas de estas auras te causan dolor al verlas, pues evidencian
pensamientos tan bajos, groseros y animales, que te producen dolor, pues ahora
que estás fuera de tu cuerpo físico te has vuelto más sensible. Pero no tienes
mucho tiempo para permanecer allí, porque tu viaje es muy corto, y el guía te
ordena que sigas.
No pareces haber cambiado de lugar en el espacio, y sin embargo todo luce
diferente —es como si se levantara una cortina de gasa en la pantomima. Ya no
ves el mundo físico con sus fenómenos astrales, pero te parece estar en un nuevo
mundo —una tierra de formas extrañas. Ves “cascarones” astrales flotando —
cuerpos astrales descartados por aquellos que los abandonaron al morir. No son
agradables de ver y te apresuras con tu guía pero, antes de abandonar esta
segunda antesala al verdadero mundo astral, tu guía te hace relajar tu
dependencia mental de tu cuerpo astral y, para tu gran sorpresa, te encuentras
deslizándote fuera de él, dejándolo en el mundo de los cascarones, aunque
todavía estás conectado a él por un cordón, o hilo, como de seda, que a su vez se
conecta con tu cuerpo físico que, para este momento, ya casi has olvidado, pero
al cual permaneces unido por estos lazos casi invisibles. Sigues adelante vestido
con un nuevo cuerpo, o más bien, con un traje interno de materia etérea, pues
parece como si sólo te hubieras despojado de una capa, y luego de otra, el TÚ, la
parte de ti mismo permanece inalterada —ahora sonríes al recordar que alguna
vez creíste que el cuerpo eras “tú”. El plano de los “cascarones” astrales se
desvanece, y pareces haber entrado en una gran sala de formas durmientes, que
yacen en paz y reposo, siendo las únicas formas que se mueven, aquellas de las
esferas superiores que han descendido a este plano para realizar tareas por el
bien de sus hermanos más humildes. De vez en cuando algún durmiente
muestra señales de despertar, enseguida algunos de estos bienhechores se
apretujan a su alrededor, y parecen desvanecerse junto con él en algún otro
plano. Pero, lo más maravilloso de esta región, parece ser que, cuando el
durmiente despierta lentamente, su cuerpo astral se desliza fuera de él, tal como
lo hizo el tuyo un poco antes, y sale de ese plano al lugar de los “cascarones”,
donde se va desintegrando paulatinamente hasta descomponerse en sus
elementos originales. Este cascarón desechado no se conecta con el cuerpo físico
del alma durmiente, que ha sido enterrado o incinerado, pues está “muerto”; ni
tampoco con el alma que se ha ido, pues ésta finalmente lo ha descartado y
desechado. Es diferente en tu caso, porque tú apenas lo has dejado en la
antesala y volverás dentro de poco a reanudar su uso.
La escena cambia de nuevo y te encuentras en las regiones de las almas
despiertas, entre las cuales vagabundeas con tu guía. Te das cuenta de que las
almas que van despertando parecen dejar caer rápidamente al pasar, una capa
tras otra de sus cuerpos mentales (pues así se llama a estas formas superiores de
cubiertas etéreas), y notas que, a medida que te acercas a los planos superiores
tu sustancia se vuelve cada vez más etérea, y que cuando regresas a los planos
más bajos se torna más tosca y grosera, aunque siempre mucho más etérea
incluso que el cuerpo astral, e infinitamente más fina que el cuerpo físico
material. Adviertes también que cada alma que despierta va a despertar
finalmente en su plano particular. El guía te dice que el plano particular es
determinado por el progreso espiritual y el logro alcanzado por el alma en sus
vidas pasadas (pues ha tenido muchas visitas terrenales o vidas), y que es
prácticamente imposible para una alma ir más allá del plano al cual pertenece,
aunque los que están en planos superiores pueden volver libremente a visitar los
planos más bajos esto, que es la regla del mundo astral, no es una ley arbitraria,
sino una ley de la Naturaleza. Si el estudiante perdona el lugar común en la
comparación, puede lograr comprender, imaginándoselo como una criba grande,
o una serie de cribas, como las usadas para ordenar el carbón por tamaños. El
carbón grande es atrapado por la primera criba, el tamaño siguiente por la
segunda, y así sucesivamente hasta llegar al carbón menudo. Ahora bien, el
carbón grande no puede entrar en el receptáculo de los tamaños menores, pero
los pequeños sí pueden atravesar fácilmente la criba y reunirse con los grandes
si se les da fuerza. Igualmente, en el mundo astral, el alma con mayor cantidad
de materialidad, y naturaleza más tosca, es detenida por el cedazo de un cierto
plano y no puede pasar a los superiores, mientras que uno que ha pasado a los
planos superiores, habiéndose deshecho de las envolturas más restrictivas,
puede pasar fácilmente hacia atrás y hacia adelante entre los planos más bajos.
De hecho, las almas lo hacen con frecuencia, con el propósito de visitar amigos
en los planos más bajos, proporcionándoles de esta manera goce y consuelo y, en
los casos de un alma altamente desarrollada, se puede brindar mucha ayuda
espiritual en esta forma, mediante consejo e instrucción, cuando el alma en el
plano más bajo está lista para ello. De hecho, todos los planos tienen protectores
espirituales de los planos mucho más elevados, prefiriendo algunas almas
sacrificadas dedicar su tiempo al mundo astral en vez de tomarse un bien ganado
descanso, o proseguir ciertos estudios para su propio desarrollo. El guía te
explica estas cosas a medida que recorres la combinación de planos más bajos (la
razón por la cual no vas más arriba se te explicará después), y también te
informa que la única excepción a la regla del libre paso a los planos por debajo
del plano de un alma, es la que impide a las almas de los planos inferiores entrar
al “plano de los durmientes”, al cual no pueden entrar las almas que han
despertado en un plano bajo, pero sí pueden entrar libremente las almas puras y
sublimes que han alcanzado un plano elevado. El plano de la cámara de letargo
está dedicado a aquellos que la ocupan, y a esas almas superiores recién
aludidas, y de hecho, está en la índole de un estado distinto y aparte, en vez de
ser uno de las mencionadas series de planos.
El alma despierta exactamente en el plano que le corresponde —justo en el subplano
de ese plano que sus deseos y gustos más elevados seleccionan
naturalmente. Se rodea de mentes afines, y puede proseguir aquello que su
corazón anheló durante la vida terrena. Durante esta vida del mundo astral
puede hacer considerables progresos y así, cuando renazca, puede dar un gran
paso adelante, comparado con su última encarnación. Hay innumerables planos
y sub-planos, y cada uno encuentra una oportunidad para desarrollar y disfrutar
al máximo de las cosas más altas de que es capaz en ese particular período de
desarrollo y, como hemos dicho, puede perfeccionarse y desarrollarse para nacer
en condiciones y circunstancias mucho más favorables en la próxima vida
terrena. Pero ¡ay! incluso en este mundo superior, no todos viven de la mejor
manera y, en lugar de aprovechar sus oportunidades y crecer espiritualmente,
dejan que su naturaleza más material los arrastre hacia abajo y gastan mucho de
su tiempo en los planos más bajos, no para ayudar y asistir, sino para vivir la
vida menos espiritual de los forasteros de los planos inferiores —los más
materiales. En tales casos el alma no consigue los beneficios de la estancia en el
mundo astral y regresa en casi la misma condición que en la última vida terrena
—es enviada de vuelta a aprender de nuevo su lección.
Los planos mucho más bajos del mundo astral están llenos de almas de un tipo
grosero —subdesarrolladas y como animales— que viven tan cerca como pueden
de las vidas que llevaron en la Tierra (siendo su única posibilidad de ganar el que
“consuman” sus gustos ordinarios y, hartos y cansados de todos ellos,
desarrollen un anhelo por cosas superiores que se manifestará en una “mejor
oportunidad” cuando renazcan). Por supuesto que estas almas subdesarrolladas
no pueden visitar los planos superiores y, siendo los únicos planos que están por
debajo de ellos, el de los cascarones y el sub-plano astral inmediatamente
superior al plano material (que es una de las llamadas antesalas del mundo
astral), con frecuencia se vuelven a reunir tan cerca de la Tierra como sea
posible. Y se aproximan tanto que pueden tomar conciencia de mucho de lo que
está sucediendo allí, especialmente cuando las condiciones son tales que están
en armonía con sus propias naturalezas. Puede decirse que ellos prácticamente
son capaces de vivir en el plano material inferior, sólo que están separados de él
por un delgado velo atormentador que les impide participar activamente excepto
en raras ocasiones. Ellos pueden ver, pero no unirse a la vida terrestre. Rondan
por los escenarios de sus antiguas vidas degradantes, y con frecuencia se
apoderan del cerebro de alguno de su propia calaña que puede que esté bajo la
influencia del licor, sumándose así a sus propios bajos deseos. Este es un tema
desagradable y no nos interesa profundizar en él —afortunadamente no involucra
a aquellos que leen estas lecciones, pues éstos ya han superado esta fase del
desarrollo. Tales almas bajas son tan atraídas por la vida terrestre, en sus planos
más bajos, que sus vehementes deseos les hacen reencarnar rápidamente en
condiciones similares, aunque siempre hay por lo menos una ligera mejoría —
nunca hay retroceso. Un alma puede hacer varios intentos por avanzar, a pesar
de las tendencias retrógradas de su naturaleza inferior —pero nunca se desliza
tanto hacia atrás como hasta el lugar donde empezó.
Al sentir menos atracción por la vida terrestre, y teniendo tan excelentes
oportunidades para avanzar, las almas de los planos superiores, pasan
naturalmente más tiempo en el mundo astral, siendo la regla general que cuanto
más alto sea el plano, más largo el descanso y la estancia. Pero, más tarde o más
temprano, la lección es totalmente aprendida, y el alma ansía ese avance que
sólo puede venir de la experiencia y actividad de otra vida terrestre y, por la
fuerza de sus deseos (recuerde, nunca es contra su voluntad) el alma
gradualmente es atrapada en la corriente del renacimiento y, soñolienta, es
ayudada hasta el plano de la sala del letargo; cae entonces en un sopor del alma,
gradualmente “muere” al mundo astral y renace en una nueva vida terrestre de
acuerdo a sus deseos y gustos, y para la cual está adaptada en esa fase
particular de su desarrollo. No despierta plenamente con el nacimiento físico,
pero existe en un estado de arrobamiento de gradual despertar durante los años
de la niñez temprana, evidenciándose su despertar por el progresivo alborear de
la inteligencia en el niño, cuyo cerebro anda al paso con las demandas que se le
hacen. Entraremos más en detalle respecto a este tema en los capítulos
siguientes.
Todas estas cosas te las ha mostrado tu guía, y te ha dado ejemplos de todas las
cosas que acabamos de mencionar. Te has encontrado, y has hablado, con
amigos y seres queridos que se han separado del cuerpo y ocupan algunos de los
planos a través de los cuales pasaste. Notaste con asombro que estas almas
actuaban y hablaban como si su vida fuera la única natural, y de hecho,
parecían pensar que habías venido a ellos de algún mundo exterior. También
notaste que, mientras que los que estaban en cada plano conocían más o menos
bien los planos por debajo ellos, con frecuencia parecían en total ignorancia
respecto a los que estaban por encima —excepto en el caso de aquellos en los
planos superiores, que habían despertado a una comprensión consciente de lo
que todo ello significaba, y sabían que estaban apenas en una clase tratando de
ascender. Los de los planos más bajos parecían más o menos inconscientes del
verdadero significado de su existencia, por no haber despertado a la fase
espiritual consciente. También observaste cuán pocos cambios parecían haber
experimentado estas almas —cuán poco más parecían saber sobre las cosas
espirituales y ocultas que cuando estaban en la Tierra. Viste también, en los
planos más bajos, a un viejo amigo que en la vida terrestre era un materialista
declarado, y que no parecía comprender que estaba “muerto” y que creía que, por
alguna catástrofe de la naturaleza, había sido transportado a algún otro planeta
o mundo físico, y que era tan combativo como siempre a favor de su argumento
de que “con la muerte acaba todo”, y que se encolerizó porque los visitantes de
las esferas superiores le dijeron quiénes eran y de dónde venían; los llamó
pícaros e impostores y exigió que le mostraran algo de sus supuestas “esferas
superiores” si es que existían. Afirmó que sus súbitas apariciones y
desapariciones eran simplemente fenómenos físicos del nuevo planeta en el que
estaban viviendo. Dejándolo atrás en medio de sus insultos hacia ti por estar de
acuerdo con los “impostores” y “visionarios” quienes, para usar su expresión,
eran “muy poco mejores que los espiritualistas del antiguo mundo”, le suplicaste
a tu guía que te llevara a las esferas más altas. Él sonrió y dijo:
—Te llevaré hasta donde puedas ir.
Y entonces te condujo a un plano tan acorde con tus deseos, aspiraciones, gustos
y desarrollo que le pediste que te permitiera permanecer allí, en vez de devolverte
a la Tierra, pues sentías que habías alcanzado el “séptimo cielo” del mundo
astral. Insistió en tu retorno, pero antes de iniciarlo te dijo que aún estabas en
uno de los sub-planos de los planos comparativamente más bajos. Tú parecías
dudar de sus palabras y, como el materialista, le pediste que te mostrara cosas
mayores. Él respondió:
—No, hijo mío, has progresado justo hasta donde tus limitaciones te lo permiten
—has alcanzado esa parte de la “otra vida” que será tuya cuando te separes del
cuerpo, a menos que te las arregles para desarrollarte aún más y pasar así a un
grado superior. Hasta aquí puedes llegar pero no más lejos. Tienes tus
limitaciones, así como yo tengo las mías, todavía más lejos. Ninguna alma puede
viajar más allá de sus límites espirituales.
—Pero —continuó tu guía— más allá de tu plano y más allá del mío, hay plano
tras plano, conectados con nuestra Tierra, cuyos esplendores el hombre no
puede concebir. Y así mismo hay muchos planos alrededor de los otros planetas
de nuestro sistema —y hay millones de otros mundos— y hay sistemas de
universos así como hay sistemas de planetas —y luego grupos mayores de estos
sistemas— y así mayores y más grandes, más allá de la capacidad del hombre
para imaginar —cada vez más y sin parar, más y más altos hasta alturas
inconcebibles. Una infinidad de infinidades de mundos se extiende ante nosotros.
Nuestro mundo y nuestra cadena planetaria y nuestro sistema de soles, y
nuestros sistemas de sistemas solares, no son más que granos de arena en la
playa.
—Entonces —exclamaste— ¿Qué soy yo, pobre mortal, perdido entre toda esta
grandeza inconcebible?
—Tú eres lo más precioso, un alma viviente —respondió tu guía— y si fueras
destruido el sistema entero de universos se desmenuzaría, porque tú eres tan
necesario como la parte más grande de él —él no puede existir sin ti— tú no
puedes perderte o ser destruido— tú eres parte de todo él, y eres eterno.
—Y, más allá de todo esto que me has dicho —exclamaste— ¿Qué hay, y cuál es
el centro de todo?
El rostro de tu guía adquirió una expresión extasiada.
—El ABSOLUTO —respondió.
Y cuando volviste de nuevo a tu cuerpo físico —justo antes de que tu guía se
desvaneciera— le preguntaste:
—¿A cuántos millones de millas fuera de la Tierra hemos estado, y por cuánto
tiempo?
Él contestó:
—Tú nunca dejaste la Tierra en absoluto— y tu cuerpo apenas se quedó solo por
un instante de tiempo —tiempo y espacio no pertenecen al mundo astral.
_
Lección 11:
_
Más allá del límite
_
En estas lecciones no hemos tratado de forzar en el estudiante ninguna
concepción de la verdad que no esté de acuerdo con él, o que no armonice con sus
propios conceptos. Les brindamos a todos la libertad de sus propias convicciones,
prefiriendo que acepten sólo aquellas enseñanzas del yogi con las que puedan
estar de acuerdo, dejando a un lado el resto como no necesarias por el momento.
Nos limitamos a esbozar el concepto yogi del tema, tan simple y sencillamente
como podamos, que el estudiante entienda la teoría —si la acepta o no como
verdad es un asunto que no nos concierne. Si es verdad, lo es, no importa lo que
el estudiante pueda pensar y si él cree o no, eso no cambia las cosas. Pero, los
yogis no sustentan la idea de que alguien pueda ser castigado por no creer, así
como nadie puede ser premiado por creer —ellos sostienen que creer o no creer no
es un asunto de voluntad, sino de crecimiento y comprensión, por lo tanto, no es
consistente con la Justicia suponer que alguien sea castigado o premiado por
creer o no creer. Los yogis son gente muy tolerante. Ven bondad y verdad en todas
las formas de creencia y concepto de verdad, y jamás culpan a nadie por no estar
de acuerdo con ellos; no tienen credos establecidos y no le piden a sus seguidores
que acepten como artículo de fe todo lo que enseñan. Su consejo a los estudiantes
es:
“Tomen lo que les atraiga y dejen el resto —regresen mañana y tomen algo de lo
que rechazaron hoy, y así sucesivamente, hasta que reciban todo lo que tenemos
para darles— no se esfuercen por aceptar verdades intragables, porque cuando
llegue el momento para que las reciban les serán placenteras a su gusto mental—
tomen lo que gusten y dejen lo que no quieran —nuestra idea de la hospitalidad
no consiste en atiborrarlos de cosas intragables, insistiendo en que deben
ingerirlas para ganar nuestro favor, o serán castigados si no les gustan— tomen lo
suyo dondequiera que lo encuentren; pero no tomen nada que no les pertenezca
por derecho de comprensión; y no teman que algo que les pertenece les pueda ser
negado.”
Con estas premisas presentaremos nuestra lección —una importantísima.
Cuando el Ego abandona el cuerpo, en el momento de lo que llamamos muerte,
deja tras de sí los principios inferiores y pasa a estados que ahora
consideraremos. En primer lugar deja atrás el cuerpo físico. Como les dijimos en
la Primera Lección, este cuerpo físico está compuesto por millones de pequeñas
células —pequeñas vidas que tienen un trocito de mente o de inteligencia bajo el
control de la mente central del hombre; tienen también una reserva de prana o
fuerza vital, y una envoltura material o cuerpo, la suma de cuyos pequeños
cuerpecitos forma todo el cuerpo del hombre. Hemos dedicado un capítulo de
nuestro libro sobre Hatha-Yoga a considerar estas pequeñas vidas y debemos
referir al estudiante a ese libro para detalles más completos acerca de su vida y
trabajo. Cuando ocurre la muerte del hombre —cuando el Ego abandona la
cobertura material que ha usado durante el período de esa “vida” particular, las
células se separan y se dispersan y se instala lo que llamamos descomposición. La
fuerza que mantuvo a esas células unidas desaparece y ellas quedan libres para ir
por su cuenta y formar nuevas combinaciones. Algunas son absorbidas por los
cuerpos de las plantas de los alrededores y, eventualmente, se encuentran
formando parte del cuerpo de algún animal que se haya comido la planta, o como
parte de algún otro hombre que se haya comido la planta o la carne del animal
que se comió la planta. Por supuesto que ustedes entenderán que estas pequeñas
células vivientes no tienen nada que ver con la verdadera alma o Ego del hombre
—ellas no son más que sus antiguas sirvientes, y no tienen conexión con su
conciencia. Otros de esos átomos permanecen por algún tiempo en el suelo hasta
ser absorbidos por alguna otra forma viviente que necesite alimento. Como dijo un
gran escritor:
“La muerte no es sino un aspecto de la vida, y la destrucción de una forma
material no es sino el preludio de la construcción de otra.”

Desde el momento en que el Ego abandona el cuerpo físico y se suprime de las
células y de los grupos de células la influencia de la mente rectora, reina entre
ellas el desorden; se convierten en un ejército desorganizado, corriendo por aquí y
por allá, interfiriéndose unas a otras —empujándose y apartándose— y hasta
peleándose, siendo su único propósito escapar de la multitud, escapar de la
confusión general. Durante la vida del cuerpo su principal objetivo era trabajar
juntas en armonía, bajo las órdenes de sus oficiales —después de la muerte del
cuerpo, su única meta parece ser separarse y seguir cada una por su cuenta.
Primero los grupos se separan unos de otros —luego cada grupo se divide en
grupos más pequeños y así sucesivamente hasta que cada célula individual queda
separada de sus compañeras, y toma su propio camino, o va a donde sea
requerida por alguna forma de vida que la necesite. Como dijo un escritor sobre el
tema:
“El cuerpo nunca está más vivo que cuando está muerto; pues está vivo en todos
sus componentes y muerto en su totalidad.”

Cuando el Ego se separa del cuerpo físico en el momento de la muerte, el prana,
que ya no está bajo el control de la mente central, sólo responde a órdenes de los
átomos individuales, o sus grupos, que han formado el cuerpo individual y, a
medida que el cuerpo físico se desintegra y se descompone en sus elementos
originales, cada átomo toma consigo suficiente prana para mantener su vitalidad,
y ser capaz de formar nuevas combinaciones, mientras el prana sin utilizar
retorna al gran almacén universal de donde proviene.
Cuando el Ego abandona el cuerpo al momento de la muerte, se lleva consigo el
cuerpo astral así como los principios superiores. Como ustedes recordarán, este
cuerpo astral es la exacta contraparte del cuerpo físico, pero compuesto por una
materia de calidad más fina, y que es invisible a la visión ordinaria, pero que
puede ser nítidamente percibido por clarividencia o vista astral y, por
consiguiente, algunas veces puede ser visto por personas bajo ciertas condiciones
psíquicas. Los clarividentes describen como interesantísima la separación del
cuerpo astral del físico. La refieren elevándose del cuerpo físico como una nube de
vapor ligero y luminoso, pero conectada con él por un cordón delgado, sedoso y
vaporoso, que se hace cada vez más delgado hasta que se vuelve invisible hasta
para la visión clarividente, justo hasta que se rompe completamente. El cuerpo
astral permanece durante algún tiempo después de la muerte del hombre y, bajo
ciertas circunstancias, se hace visible a las personas vivas y se le llama
“fantasma”. A veces el cuerpo astral de una persona moribunda es proyectado por
un extremado deseo y puede hacerse visible a parientes y amigos con quienes el
difunto tenía afinidad.
Después de un tiempo, que varía según los casos, como veremos más adelante, el
cuerpo astral es descartado por el Ego, y comienza a su vez a desintegrarse. Este
cuerpo astral descartado no es más que un cadáver de materia más fina, y es lo
que los ocultistas llaman un “cascarón astral”. Cuando ha sido descartado no
tiene vida ni inteligencia, y flota en la atmósfera astral inferior hasta que se
desintegra en sus elementos originales. Parece sentir una atracción especial hacia
su antigua contraparte física y con frecuencia regresará a los alrededores del
cuerpo físico para desintegrarse con él. Las personas con vista psíquica, ya sea
normal o influenciada por el temor o emociones similares, con frecuencia ven
estos cascarones astrales flotando alrededor de cementerios, campos de batalla,
etc., y a menudo son confundidos con los “espíritus” de los fallecidos, cuando en
realidad no son más la persona que el cadáver físico que yace bajo tierra. Estos
cascarones astrales pueden ser “galvanizados” en una apariencia de vida al
ponerse en contacto con la vitalidad de algún “médium”, cuyo prana los anima y
cuya mente subconsciente les hace manifestar signos vitales e inteligencia parcial.
En algunas sesiones con médiums estos cascarones astrales se materializan por
medio de la vitalidad del médium y hablan, de manera torpe e inconexa, con los
que están alrededor, pero no es la propia persona la que habla, sino un mero
cascarón, animado por el principio vital del médium y del “círculo”, y que habla y
actúa como un autómata. Por supuesto, existen otras formas de retorno
espiritual, que son muy diferentes, pero los que investigan los fenómenos
espiritualistas deberían cuidarse de no confundir estos cascarones astrales con la
verdadera inteligencia de sus amigos difuntos. Y ahora, volvamos al Ego que ha
abandonado el cuerpo físico.
Mientras el Ego, encerrado en su cuerpo astral, va saliendo lentamente del cuerpo
físico, toda la vida de la persona, desde la infancia hasta la vejez, pasa por su
visión mental. La memoria abandona sus secretos y, cuadro por cuadro, pasa en
rápida sucesión ante la mente, y muchas cosas se le aclaran al alma que se va —
se descubre la razón de muchas cosas, y el alma ve todo lo que significan— esto
es, entiende toda su vida completa, porque la ve como un todo. Esto sucede en
forma de un vívido sueño para el individuo moribundo, pero deja una profunda
impresión, y los recuerdos son conservados y utilizados por el alma en un período
posterior. Los ocultistas siempre han exhortado a los amigos y parientes de un
moribundo a mantenerse callados y tranquilos a su alrededor, a no molestarlo con
emociones conflictivas o sonidos que distraigan. El alma debe ser dejada para que
tome su camino tranquila y en paz, sin que sea retenida por los deseos o la
conversación de los que la rodean.
De esa manera el Ego sale del cuerpo. ¿A dónde va? Digamos aquí que los estados
futuros del alma, entre encarnaciones, nada tienen que ver con lugares —es un
asunto de “estados”, no de lugares. Hay numerosos lugares de existencia, y todos
se interpenetran, de manera que un espacio dado puede contener inteligencias
que viven en varios planos diferentes, sin que los que están en los planos
inferiores estén conscientes de la existencia y presencia de los que viven en los
más altos. Así es que saquen de sus mentes la idea de “lugar” —pues se trata de
un asunto de “estados” o “planos”.
Después de salir del cuerpo, si no es molestada por las insistentes llamadas de los
que dejó atrás (cuyas llamadas pueden consistir en violentas manifestaciones de
dolor y ansiosos pedidos para el regreso del que partió, por parte de alguien
querido o de alguno para quien la persona fallecida estaba atada por lazos de
compromiso), el alma cae en un estado de semi-conciencia —un estado
bienaventurado, apacible, feliz y reposado— un letargo del alma. Este estado
permanece durante algún tiempo (variando según los individuos, como veremos)
hasta que el cascarón astral se desprende de ella y flota en la atmósfera astral,
hasta que los segmentos inferiores de aquella materia etérea que encierran las
porciones inferiores de la mente se disuelvan gradualmente y también se aparten
del alma, dejándola en posesión solamente de las partes más elevadas de su
mentalidad.
El hombre de escaso desarrollo espiritual, y en consecuencia de mayor grado de
naturaleza animal, partirá con sólo una pequeña parte de su cuerpo mental, y
pronto llega a lo más alto que ha sido capaz de alcanzar en su vida terrena,
mental y espiritualmente. El hombre de altas dotes espirituales, gradualmente “se
desprende” de mucho de su cuerpo mental hasta que se ha desligado de todo,
excepto de las secciones más elevadas y desarrolladas en su vida terrestre. Por
supuesto que aquellos que se encuentran entre los dos tipos mencionados
actuarán de acuerdo a su grado de logro espiritual. Entonces, cuando el último
posible remanente de mentalidad inferior se ha separado del alma, ésta despierta,
mientras pasa a estados que serán descritos algo más adelante en esta lección. Se
verá que el hombre de mentalidad y desarrollo espiritual groseros permanece sólo
un corto tiempo en el estado de letargo, pues el proceso de abandonar los
cascarones es relativamente sencillo y no requiere mucho tiempo. Y de esta
manera se verá que el hombre que ha alcanzado un alto grado de desarrollo
espiritual descansa durante un período mayor, pues tiene mucho más de qué
deshacerse, y ese material descartado de la mente se separa de ella, uno tras otro,
como los pétalos de una rosa desde afuera hacia adentro. Cada alma despierta
cuando ha descartado todo lo que puede (o más bien todo lo que se separa de ella)
y cuando haya alcanzado el mejor estado que le sea posible. Aquellos que han
hecho verdadero progreso espiritual en la vida recién pasada, tendrán mucho más
material inútil y superado que descartar, mientras que el que haya desperdiciado
sus oportunidades, y muera casi como nació, tendrá poco de qué desprenderse, y
despertará en muy breve tiempo. Cada uno descansa hasta que se ha manifestado
su máximo punto de desenvolvimiento. Pero, antes de seguir adelante,
detengámonos un momento para decir que, tanto la caída en el estado de reposo,
como la firmeza y duración del mismo, pueden ser interferidas por aquellos que se
quedan en la vida terrestre. Un alma que “tiene en su mente” algo que comunicar,
o que es afligida por el dolor de aquellos que quedaron atrás (especialmente si oye
los lamentos y el constante llamado para que regrese) luchará contra el estado de
letargo, sobreponiéndose a él y hará desesperados esfuerzos por volver. Y, en la
misma forma, los llamados mentales de los que se quedaron atrás, perturbará al
que dormita una vez que ha entrado en ese estado y hará que el alma durmiente
se levante y se esfuerce por responder a los llamados o, al menos, despertará
parcialmente y retardará su desenvolvimiento. Estas almas semi-dormidas con
frecuencia se manifiestan en los círculos espiritualistas. Nuestro dolor egoísta y
nuestras demandas a menudo causarán mucho dolor, aflicción y desasosiego a
nuestros seres queridos difuntos, hasta que hayan aprendido el verdadero estado
de cosas antes de continuar y rehusar ser llamados desde la Tierra aun por
aquellos a quienes aman. Los ocultistas conocen casos en que las almas han
evitado el letargo durante años para permanecer alrededor de sus seres queridos
en la Tierra, pero ese camino es errado pues causa pesar y dolor innecesarios
tanto al fallecido como a los que se quedaron en la Tierra. Debemos evitar retardar
el proceso de aquellos que se han ido —dejémoslos dormir y descansar, esperando
la hora de su transformación. Es como hacerles vivir su muerte varias veces en
sucesión —aquellos que verdaderamente aman y comprenden lo evitan— su amor
y comprensión les mandan a dejar que el alma marche en paz, tome su bien
ganado descanso y alcance su completo desarrollo. Este período de letargo es
como la existencia del bebé en el vientre de su madre —duerme hasta que es
despertado a la vida y al dinamismo.
Sin embargo, antes de pasar al despertar, creemos apropiado señalar que
solamente el alma de la persona que ha perecido de muerte natural cae de
inmediato (si no es molestada) en el letargo. Los que mueren por “accidente”, o
que son asesinados —en otras palabras, los que abandonan súbitamente el
cuerpo, permanecen durante algún tiempo totalmente despiertos y en total
posesión de sus facultades mentales; con frecuencia no se dan cuenta de que han
“muerto”, y no pueden comprender qué les sucede. A menudo están totalmente
conscientes (por un corto período) de la vida en la Tierra y mediante sus
facultades astrales pueden ver y oír lo que sucede a su alrededor. No pueden
imaginar que han salido del cuerpo y se encuentran penosamente perplejos; su
destino sería muy desdichado durante unos días, hasta que el letargo se apodere
de ellos, a no ser por los Ayudantes Astrales, almas de estados más elevados de
existencia, que se aglomeran a su alrededor y lentamente les hacen conocer su
verdadera condición —les brindan palabras de consuelo y advertencia, y los
“cuidan” hasta que caen en el letargo tal como un niño cansado se duerme por la
noche. Estos ayudantes nunca faltan a su deber y nadie que muera súbitamente
es rechazado, sea “bueno” o “malo”, pues ellos saben que todos son hijos de Dios y
hermanos suyos. Se sabe de hombres de alto desarrollo espiritual y facultades,
que abandonan temporalmente sus cuerpos físicos (mediante sus cuerpos
astrales) con el propósito de brindar ayuda y consejo en tiempo de grandes
catástrofes. O después de una gran batalla, cuando se necesitan inmediata
asistencia y consejo. También, en tales momentos, algunas de las más altas
inteligencias en la escala de la evolución espiritual, descienden de sus
elevadísimos estados y, apareciendo como hombres, brindan palabras de estímulo
y el beneficio de su sabiduría. Esto no sólo en países civilizados, sino en todas
partes del mundo, pues todos son parientes. Muchos que han alcanzado las altas
esferas del desarrollo espiritual y que han avanzado mucho más que el resto del
grupo racial específico al cual pertenecen, y que se han ganado una permanencia
más larga en las esferas más altas, se dedican a esta y a similares tareas,
mientras esperan el progreso de sus hermanos, abandonando voluntariamente su
merecido descanso y felicidad por el bien de sus hermanos menos favorecidos. Por
supuesto que las personas fallecidas de la manera que hemos mencionado, caen
gradualmente en el letargo del alma y el proceso de deshacerse de las envolturas
limitantes avanza tal como en los casos de los que mueren de muerte “natural”.
Cuando el alma se ha despojado de sus envolturas limitantes, y ha alcanzado el
estado para el cual se preparó en sus vidas terrenas, incluyendo lo que ganó en
desarrollo en la última, pasa inmediatamente al plano del mundo astral que le
corresponde, y al cual es conducida por la Ley de Atracción. Ahora bien, el Mundo
Astral, con todas sus etapas y planos, no es un “lugar” sino un estado, como
dijimos antes. Esos planos se interpenetran y aquellos que habitan en un plano
no están conscientes de los que habitan en otro, ni pueden pasar de uno a otro
con esta excepción: los que habitan en un plano superior pueden ver (si lo desean)
los planos inferiores a ellos en orden de desarrollo, y también pueden visitar los
planos más bajos si desean hacerlo. Pero, los que están en los planos inferiores no
pueden ni ver ni visitar los superiores; esto no es porque hay un “vigilante en la
puerta”, ni nada parecido (pues no puede haber “puerta” para un plano o estado)
sino por la misma razón que un pez no puede elevarse por encima del agua y volar
por el aire como un pájaro —su naturaleza no le permite hacerlo. Un alma que
tiene a otra con la cual le unen antiguos lazos, y se encuentra que ella está en un
plano inferior al suyo, puede visitar al alma menos desarrollada y ayudarla en su
desarrollo mediante consejo e instrucción, preparándola así para su próxima
encarnación, de manera que cuando se vuelvan a encontrar en la vida terrenal, la
menos desarrollada haya crecido hasta mucho más cerca de su alma hermana y
puedan entonces seguir unidas a través de la vida o de las vidas. Esto, por
supuesto, asumiendo que el alma menos desarrollada quiera ser instruida.
Después de alcanzar un cierto grado de desarrollo, las almas están ansiosas por
ser instruidas cuando se hallan fuera del cuerpo (como se dijo antes) pues están
libres de las perturbadoras influencias de la vida terrenal y están más abiertas
para la ayuda del Espíritu. La enseñanza yogi se aventura a decir que, en raros
casos, el alma que ayuda puede conducir a su hermano menor hasta un estado
tal en que pueda liberarse de algunos principios mentales que han permanecido
aferrados a él después del despertar, y que lo mantienen en un cierto plano, y por
lo tanto incapaz de pasar al siguiente más elevado. Pero esto es raro y sólo puede
suceder cuando el alma ha estado cerca pero no es totalmente capaz de liberarse
de la envoltura limitante sin ayuda.
Los planos más bajos del mundo astral están llenos de almas de tipo grosero y no
desarrollado, que llevan vidas muy similares a las que vivieron en la Tierra. De
hecho, están conectadas tan cercanamente con el plano material, y son tan
atraídas por él, que están tan conscientes de mucho de lo que allí sucede que
podría decirse que viven en el plano material, e impedidas de participar
activamente en él solamente por un delgado velo que las separa de sus iguales
encarnadas. Estas almas rondan por los escenarios de su antigua degradación
terrestre, y con frecuencia influencian a alguna de su clase que bajo la influencia
del licor se halla abierta a influencias de esa naturaleza. De esa manera vuelven a
vivir sus antiguas vidas y se suman a la brutalidad y degradación de los vivos con
sus influencias y asociación. Hay numerosísimos de estos planos inferiores, así
como de los superiores, cada uno conteniendo almas desencarnadas de la clase
particular que le corresponde. Estas almas de los planos inferiores se encuentran
en estrecho contacto con el plano material, y en consecuencia, a menudo son
atraídas a las sesiones donde el médium y los asistentes están en un plano bajo.
Se disfrazan de “espíritus” de amigos de los visitantes, y otros, asegurando con
frecuencia ser algún personaje conocido y famoso; hacen las jugarretas vistas con
tanta frecuencia en las sesiones, disfrutan particularmente con tales cosas y con
“diabluras” si se las permiten. Ellas no se ligan con gente de los planos superiores,
ya esté encarnada o desencarnada.
Estas almas del plano inferior permanecen sólo poco tiempo en estado
desencarnado, y son fuertemente atraídas por la vida material, cuya consecuencia
es que se llenan de un gran deseo de reencarnar, y generalmente sólo pasan poco
tiempo entre dos encarnaciones. Por supuesto, cuando renacen, son atraídas
hacia y por, padres de las mismas tendencias, de manera que el entorno en su
nueva vida terrenal va a corresponder muy estrechamente al de la antigua. Estas
almas inmaduras y no desarrolladas, así como las de las razas salvajes, no
progresan sino muy lentamente, haciendo apenas un avance insignificante en
cada vida y teniendo que sufrir repetidas y frecuentes encarnaciones a fin de
lograr algún pequeño progreso. Sus deseos por lo material son fuertes y son
atraídas hacia y por ello —la influencia del Espíritu apenas ejerce una influencia
comparativamente ligera sobre ellas. Pero, aun éstas hacen algún progreso —
todas se mueven hacia adelante aunque sea poco.
Por supuesto, las almas en cada uno de los sucesivos planos más elevados, hacen
un progreso más rápido en cada una de sus vidas terrestres, tienen menos
encarnaciones y un período mucho más largo entre ellas. Sus inclinaciones y
gustos son de un orden superior, prefieren habitar en los lugares más altos de la
vida desencarnada, pensando en y contemplando las enseñanzas más elevadas,
ayudados como están por la ausencia de cosas materiales y animados por los
rayos de la mente espiritual proyectados sobre ellos para ayudar a su desarrollo.
De esta manera pueden prepararse para un gran progreso y con frecuencia pasan
siglos en los planos más elevados antes de reencarnar. En algunos casos, cuando
han avanzado demasiado para su especie, pasan miles de años en los planos
superiores, esperando hasta que la especie crezca lo suficiente para hacer
atractivo su renacimiento, y mientras tanto encuentran mucho trabajo útil que
hacer por las almas menos desarrolladas.
Pero, tarde o temprano, las almas sienten el deseo de adquirir nuevas
experiencias, y mostrar a la Tierra algunos de los avances que han logrado desde
su “muerte” y, por esas razones, y por la atracción de deseos que han estado
rondando por allí, no vividos o probados o, posiblemente influenciadas por alguna
alma querida de un plano inferior, están listas para encarnar y desean encarnar al
mismo tiempo para estar con ella (lo cual también es un deseo) las almas caen en
la corriente que arrastra hacia el renacimiento, la selección de los padres
apropiados, circunstancias ventajosas, entorno y, como consecuencia vuelven a
entrar gradualmente en un letargo y así, llegado el momento, “mueren” para el
plano en el que han estado existiendo y “nacen” a una nueva vida física en un
cuerpo. El alma no despierta completamente de su sueño inmediatamente al
nacer, sino que permanece en un estado como de letargo durante los días de la
infancia, evidenciándose su gradual despertar por la creciente inteligencia del
bebé, creciendo el cerebro del niño al ritmo de las demandas que se le hacen. En
algunos casos el despertar es prematuro y vemos casos de prodigios, niños-genios,
etc., pero tales casos son más o menos anormales e insanos. Ocasionalmente el
alma dormida del niño despierta parcialmente y nos inquieta con alguna reflexión
profunda, o conducta u observación madura.
Mucho de este proceso de preparación para la reencarnación es cumplido
inconscientemente por el alma, obedeciendo a sus inspiraciones y deseos, pues
realmente no ha crecido como para comprender todo lo que ello significa, todo lo
que hay por delante, y es arrastrada casi inconscientemente por la Ley de
Atracción. Pero, después de que las almas alcanzan un cierto grado de desarrollo,
toman conciencia del proceso de reencarnación y en esa forma están conscientes
de las vidas pasadas y, previo al renacimiento, pueden tomar parte consciente en
la selección de entornos y ambientes. Cuanto más alto ascienden en la escala,
mayor es su poder de conciencia y de elección.
Fácilmente se verá que hay planos sobre planos de existencia desencarnada; la
filosofía yogi enseña que hay siete grandes planos (denominados algunas veces los
“siete cielos” por los hindúes iletrados) pero, cada gran plano tiene siete subdivisiones,
cada sub-división tiene siete divisiones menores y así sucesivamente.
Es imposible para nosotros comenzar a describir la naturaleza de la vida astral
más elevada. No tenemos palabras para describirla, ni mentes para comprenderla.
La vida en los planos inferiores es muy similar a la vida en la Tierra, muchos de
los habitantes parecen creer que es parte de ella y, al no darse cuenta de que
están liberados de las limitaciones terrestres, se imaginan que el fuego les puede
quemar, que el agua les puede ahogar, etc. Prácticamente viven en la Tierra entre
sus escenarios. Lo que hay por encima de estos planos cuyos habitantes tienen
ideas y vidas más elevadas —y así sucesivamente, hasta la bienaventuranza de los
planos más altos, no puede ser comprendido por el hombre de hoy. En algunos de
los planos intermedios, aquellos que son aficionados a la música disfrutan al
máximo su amor por ella —los artistas su amor por su arte —los trabajadores
intelectuales prosiguen sus estudios —y así sucesivamente en esas direcciones.
Por encima de ellos están los que han despertado espiritualmente y tienen
oportunidades para desarrollarse y ganar conocimiento. Sobre éstos hay estados
que no podemos ni soñar. Y, recuerden esto, hasta aquellos planos más elevados
no son sino partes del alto plano astral, el cual no es sino uno de los más bajos
del Universo, y por encima de éste hay plano sobre plano de existencia. Pero, por
qué hablar de esto, amigos —no podemos comprometernos a enfrentar un
problema de altas matemáticas, cuando escasamente podemos sumar dos
números. Pero todo esto es para nosotros —todo para nosotros— y no podemos
ser despojados de nuestro legado.
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Lección 12:
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Evolución espiritual
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Desgraciadamente la hermosa doctrina de la evolución espiritual —esa joya en la
diadema de la filosofía yogi— es malentendida y malinterpretada, aun por muchos
de sus amigos. La masa de gente desinformada la confunde con las ideas más
toscas de las razas ignorantes de Asia y África —creen que enseña que las almas de
los hombres caen en cuerpos de animales inferiores después de la muerte; y, al
amparo de elevadas enseñanzas respecto a la reencarnación, muchos promulgan
teorías sosteniendo que el alma del hombre está atada a la rueda de los
renacimientos y debe vivir en un cuerpo tras otro —quiéralo o no— hasta que
transcurra cierto gran ciclo y la especie se mude a otro planeta. No obstante, todas
esas concepciones equivocadas están basadas en la verdad —son verdad, pero no
son toda la verdad. Es cierto que después de la muerte, el alma de un hombre
brutal, egoísta y bestial, será arrastrada por la fuerza de sus propios deseos hacia
un renacimiento en el cuerpo de una de las razas humanas más inferiores y
bestiales —ha reprobado el examen y fue devuelta a un grado inferior. Pero una vez
que el alma ha alcanzado el nivel de humanidad, aunque sea primitivo, no puede
retroceder al plano de la vida animal inferior. Por más bestial que pueda ser, ya ha
adquirido algo de lo que el animal carece y nunca lo puede perder. Y además, si
bien la especie —como especie— tiene que esperar hasta alcanzar ciertos grados
para poder avanzar, el individuo que ya se ha elevado por encima de la necesidad
de un renacimiento inmediato, no es forzado a reencarnar como un hombre de la
presente etapa de desarrollo, sino que puede esperar hasta que la especie lo
“alcance”, por decirlo así, y él se le incorpore en su trayectoria ascendente, mientras
el período intermedio se aprovecha entre los planos más elevados del mundo astral
o en estadías temporales conscientes en otras esferas materiales, ayudando en el
trabajo de evolución de toda la Vida.
Y, así, muy lejos de la espiritualidad despierta del hombre obligado a sufrir
continuos renacimientos involuntarios, él no vuelve a nacer excepto con su propio
consentimiento y deseo, y con una estabilidad de la conciencia —dependiendo esa
estabilidad del logro espiritual alcanzado. Muchos de los que leen estas líneas están
parcialmente conscientes de sus pasadas existencias carnales, y su atracción hacia
estos temas se debe a la semi-conciencia y reconocimiento de la verdad. Otros,
ahora encarnados, tienen diversos grados de conciencia, logrando en algunos casos,
una completa memoria de sus vidas pasadas. Y, está seguro, querido estudiante, de
que cuando alcances cierto grado de despertar espiritual (y puede que ahora ya lo
hayas alcanzado) habrás dejado atrás el renacimiento inconsciente y, después de
que hayas abandonado tu cuerpo presente —y después del período de reposo
espiritual— no volverás a renacer, hasta que estés listo y lo desees, y entonces
traerás contigo una memoria continua de todo lo que elegiste traer a tu nueva vida.
De manera que, deja esa impaciencia sobre el renacimiento forzado, y deja de
preocuparte por tu imaginaria pérdida de conciencia en vidas futuras. El logro
espiritual es lento y arduo, pero cada pulgada ganada es un gran adelanto y nunca
vuelves atrás, ni pierdes la más mínima parte de lo que has ganado.
Aun aquellos que renacen inconscientemente, como la mayoría de la especie, lo
hace contra su voluntad o deseo. Por el contrario, renacen porque quieren —porque
sus gustos y deseos crean anhelos que solamente la renovada vida carnal puede
satisfacer y, aunque no están totalmente conscientes de ello, ponen en marcha
nuevamente la Ley de Atracción y son conducidos a un renacimiento, justo en el
entorno mejor calculado para permitirle cumplir sus deseos y satisfacer sus anhelos
—deseos y anhelos que de esa manera mueren de muerte natural, y abren paso a
otros más elevados. Mientras la gente desee ansiosamente cosas materiales —las
cosas de la carne y de la vida material, y no sea capaz de divorciarse
voluntariamente de tales cosas— seguirá siendo arrastrada al renacimiento para
que esos deseos puedan ser realizados y satisfechos. Pero cuando uno, por
experiencia en muchas vidas, ha aprendido a ver las cosas tal como son, y a
reconocer que tales cosas no son parte de su verdadera naturaleza, entonces el más
ardiente deseo disminuye y finalmente se extingue, la persona escapa de la
actividad de la Ley de Atracción y no necesita sufrir nuevos renacimientos hasta
que se busque algún deseo o aspiración más altos, pues la evolución de la especie
ofrece nuevas eras y gentes. Es así como que si uno se remontara por encima de la
atmósfera terrestre —más allá de la esfera de la atracción de la Tierra— y entonces
esperara hasta que la Tierra girara sobre sí misma y viera, muy abajo, el lugar que
desea visitar, entonces todo lo que tendría que hacer sería dejarse caer hasta que la
fuerza de gravedad ejercida por la Tierra lo condujera hasta el lugar deseado.
La idea del renacimiento compulsivo es horrible para la mente del hombre
promedio, y con razón, puesto que viola su sentido intuitivo de la justicia y la
verdad de esta gran ley de Vida. Estamos aquí porque quisimos estar, obedeciendo
a la Ley de Atracción, obrando de acuerdo con nuestros deseos y aspiraciones —sí,
también a menudo, ansias— después de la partida de nuestra última residencia
carnal, y del período de descanso que siempre sigue a una vida. Y nunca estaremos
en otra parte, o en ninguna otra vida, a menos que sea en razón de esa misma ley,
puesta en operación en la misma forma. Es muy cierto que, el período entre vidas
nos da una oportunidad de recibir el elevado conocimiento del Espíritu con mayor
claridad que cuando está perturbado por cosas materiales pero, aun con esta ayuda
adicional, a menudo nuestros deseos son tan fuertes que nos hacen rechazar los
amables dictados del Espíritu, sobre lo que es mejor para nosotros (tal como
hacemos en nuestra vida diaria) y permitimos que nos atrape la corriente del deseo,
y somos arrastrados hacia el renacimiento en condiciones que nos permitan
manifestar y expresar esos deseos u anhelos. A veces la voz del Espíritu nos
influencia hasta cierto grado, y nacemos en condiciones que representan un
compromiso entre las enseñanzas del Espíritu y los deseos groseros, y con
frecuencia el resultado es una vida desgarrada por deseos conflictivos y ansias
levantiscas —aunque todo esto es una promesa de mejores condiciones para el
futuro.
Cuando uno se ha desarrollado lo suficiente como para estar abierto en su vida
física a la influencia de la Mente Espiritual, puede estar seguro de que su próxima
elección de renacimiento se hará con la total aprobación y sabiduría de esa parte
más elevada de su mente, y los viejos errores serán obviados.
Como una verdadera afirmación general, debemos decir que los que realmente
perciben dentro de ellos esa conciencia de siempre haber existido y de tener
prevista una existencia sin fin, no tienen nada que temer con motivo de futuros
renacimientos inconscientes. Ya han alcanzado la etapa de la conciencia por lo
cual, de allí en adelante, conocerán todo el proceso de las futuras encarnaciones, y
harán el cambio (si lo desean) tal como uno cambia el lugar de su residencia o viaja
de un país a otro. Están “liberados” de la necesidad del renacimiento inconsciente,
del deseo ciego que ha sido su parte en el pasado y que es el sino de la mayoría de
la especie.
Y ahora, después de este largo preámbulo, veamos lo que realmente significa
evolución espiritual, según lo enseñan los yogis.
La filosofía yogi enseña que el hombre siempre ha vivido y siempre vivirá. Que lo
que llamamos Muerte no es sino ir a dormir para despertar a la mañana siguiente.
Que Muerte no es sino una pérdida de conciencia temporal. Que la vida es
continua, y que su objetivo es desarrollo, crecimiento y desenvolvimiento. Que
estamos en la Eternidad ahora, tanto como siempre podremos estarlo. Que el alma
es el verdadero hombre, y no solamente un apéndice o añadido de su cuerpo físico,
como muchos parecen verla. Que el alma puede existir igualmente bien fuera del
cuerpo como en él, aunque cierta experiencia y conocimiento sólo pueden obtenerse
en razón de una existencia física —y como consecuencia de esa existencia. Que
ahora tenemos cuerpos, porque los necesitamos —cuando hayamos progresado
hasta cierto punto no necesitaremos la clase de cuerpos que ahora tenemos y
seremos liberados de ellos. Que en los planos más groseros de la vida fueron
ocupados por el alma cuerpos mucho más materiales —que en planos más elevados
ocupará cuerpos más finos. Que cuando vivimos fuera de las experiencias de una
vida terrenal, salimos del cuerpo hacia un estado de reposo, y después renacemos
en cuerpos, y en condiciones, de acuerdo con nuestras necesidades y deseos. Que
la verdadera Vida es realmente una sucesión de vidas —de renacimientos, y que
nuestra vida presente es meramente una dentro de un incontable número de vidas
previas, siendo nuestro presente yo el resultado de experiencias adquiridas en
nuestras previas existencias.
La filosofía yogi enseña que el alma ha existido por siglos, abriéndose su camino
ascendente a través de innumerables formas, desde las inferiores hasta las más
elevadas —siempre progresando, siempre desenvolviéndose. Que continuará
desarrollándose y desenvolviéndose, a través de incontables eras, en muchas
formas y fases, pero siempre cada vez más alto. El Universo es grande y amplio, y
en él hay innumerables mundos y esferas para sus habitantes, y cuando estemos
listos para mudarnos a esferas y planos superiores no seguiremos atados a la Tierra
ni un momento más. Los yogis enseñan que, mientras la mayoría de la especie
permanece en la etapa de la evolución espiritual inconsciente, quedan muchos que
están despertando a la verdad y desarrollando una conciencia espiritual de la
verdadera naturaleza y futuro del hombre, y que esas personas espiritualmente
despiertas nunca más tendrán que pasar por la cadena de continuos renacimientos
inconscientes, sino que su futuro desarrollo estará en un plano consciente, y que
gozarán completamente de constante progreso y desarrollo, en lugar de ser meros
peones en el ajedrez de la vida. Los yogis enseñan que hay muchas formas de vida,
muy inferiores al hombre —tan inferiores que no podemos concebirlas. Y que hay
niveles de vida tan por encima de nuestro actual plano de desarrollo que nuestras
mentes no pueden abarcar la idea. Las almas que ya han recorrido el Sendero por el
cual transitamos ahora —nuestros hermanos mayores— constantemente nos están
brindando su ayuda y estímulo, y con frecuencia nos extienden su mano
favorecedora —aunque no la reconozcamos. En planos por encima del nuestro hay
inteligencias que alguna vez fueron hombres como nosotros, pero que ahora han
progresado tanto en la escala que, comparados con nosotros, son ángeles y
arcángeles —y algún día nosotros estaremos entre ellos.
La filosofía yogi enseña que TÚ, que lees estas líneas, has vivido muchísimas vidas.
Has vivido en las formas inferiores, abriéndote camino gradualmente en la escala.
Cuando pasaste a la fase humana de existencia viviste como cavernícola, hombre de
las cavernas, salvaje, bárbaro; guerrero, caballero, clérigo; erudito en la Edad Media
—ora en Europa, ora en India; ora en Persia, ora en Oriente, ora en Occidente. En
todas las épocas, en todos los climas —entre todos los pueblos— has vivido,
exististe, jugaste tu papel y moriste. En cada vida ganaste experiencias, aprendiste
tus lecciones, te beneficiaste de tus errores; creciste, te desarrollaste y te
desenvolviste. Y, cuando abandonaste el cuerpo y entraste al período de descanso
entre encarnaciones, tu recuerdo de la vida pasada gradualmente se desvaneció,
pero dejó en su lugar el resultado de las experiencias que adquiriste en ella. Así
como no recuerdas mucho sobre determinado día, o semana, veinte años atrás, aun
cuando las experiencias de ese día o semana hayan dejado huellas indelebles en tu
carácter, y hayan influenciado desde entonces todas tus acciones —así, mientras
puedes haber olvidado los detalles de tus previas existencias, aunque hayan dejado
su impronta en tu alma, y tu vida diaria sea ahora lo que es en razón de aquellas
experiencias pasadas.
Después de cada vida hay una especie de condensación de las experiencias, y el
resultado —el verdadero resultado de la experiencia— va a formar parte del nuevo
yo —del yo mejorado— que después de algún tiempo busca un nuevo cuerpo donde
reencarnar. Pero en muchos de nosotros no hay una total pérdida de memoria de
las vidas pasadas —a medida que progresamos llevamos con nosotros algo más de
conciencia cada vez— y hoy en día muchos de nosotros tenemos atisbos ocasionales
de remembranzas de alguna existencia pasada. Vemos una escena por primera vez
y nos parece maravillosamente familiar, a pesar de que nunca antes la hemos visto.
Hay una suerte de memoria persistente que incomoda. Podemos ver una pintura —
alguna antigua obra maestra— y sentimos instintivamente como si ya la
hubiéramos contemplado en el oscuro pasado y nunca antes hemos estado cerca de
ella. Leemos algún viejo libro, y nos parece un viejo amigo aunque no recordemos
haberlo visto nunca en nuestra vida presente. Escuchamos alguna teoría filosófica,
e inmediatamente nos “aficionamos”, como si fuera algo conocido y querido en
nuestra niñez. Algunos de nosotros aprendemos ciertas cosas como si estuviéramos
reaprendiéndolas —y, de hecho, tal es el caso. Nacen niños que desde la temprana
infancia se convierten en grandes músicos, artistas, escritores o artesanos, aunque
sus padres no tengan esa clase de talentos. Los
Shakespeares surgen de familias cuyos miembros no tienen talentos y asombran al
mundo. Los Abraham Lincolns vienen de las sendas de la vida, y cuando se les
impone alguna responsabilidad muestran el mayor genio. Estas y muchas cosas
similares sólo pueden explicarse por la teoría de la existencia previa. Conocemos
personas, y nos asalta, irresistiblemente a pesar de nuestras protestas, la
convicción de que la hemos conocido antes —que han significado algo para nosotros
en el pasado pero, cuándo, ¡oh! ¿Cuándo?
Algunos estudios se nos hacen muy fáciles, mientras que otros requieren gran
trabajo. Ciertas ocupaciones nos parecen más simpáticas y, no importa cuántos
obstáculos haya en el camino, seguimos abriéndonos paso hacia el trabajo afín. Nos
enfrentamos a algún obstáculo desconocido, o las circunstancias exigen el
despliegue de poderes o cualidades desusadas en nosotros y, ¡he aquí que tenemos
la habilidad para realizar la tarea! Algunos de los más grandes escritores y oradores
descubrieron sus talentos “por accidente”. Todas estas cosas se explican por la
teoría de la evolución espiritual. Si la herencia lo es todo, ¿cómo puede suceder que
algunos hijos de los mismos padres se diferencien tanto de los demás, de sus
padres y de los parientes de ambas ramas de la familia? ¿Todo es herencia o
atavismo? Entonces, por favor, dígannos, ¿de dónde heredó Shakespeare —de quién
revierte?
Puede amontonarse un argumento sobre otro para probar lo razonable del
renacimiento pero, ¿qué importaría? El hombre puede comprenderlo
intelectualmente y admitir que era una razonable hipótesis de trabajo pero, ¿qué
concepción intelectual alguna vez dio paz al alma —le dio ese sentido de realidad y
verdad que le permitiría bajar al valle de sombras de la muerte sin vacilación —con
una sonrisa en su rostro? ¡No! Esa certeza viene sólo de la luz que la mente
espiritual esparce sobre las facultades mentales inferiores. El intelecto puede
arreglar los hechos, y deducir de ellos un curso de acción, pero el alma sólo se
satisface con las enseñanzas del Espíritu, y hasta que las reciba tiene que sentir el
desasosiego y la incertidumbre que llegan con el desarrollo del intelecto, y se hace
la gran pregunta “¿por qué?” que por sí sola no puede responder.
La única respuesta a la pregunta: “¿es un hecho el renacimiento?” es: “¿tu alma lo
reconoce como tal?”. A menos que el alma perciba por sí misma que la teoría es
cierta —porque coincide con esa convicción interna, es inútil discutir el asunto. El
alma debe reconocerlo por sí misma —debe responder su propia pregunta. Es cierto
que la presentación de la teoría (la llamamos “teoría” aunque los yogis la conocen
como hecho) despertará recuerdos en la mente de algunos— puede darles valor
para considerar como razonables los pensamientos y preguntas medio formados
que han rondado por años alrededor de sus mentes —pero es todo lo que pueden
hacer. Hasta que el alma aprehenda y “sienta” la verdad del renacimiento, debe
errar actuando en el plano subconsciente de la vida, teniendo un renacimiento
forzado por sus propios deseos y anhelos, perdiendo gran parte de su conciencia.
Pero, una vez que el alma ha aprendido a “sentir” la verdad, no vuelve a ser la
misma —lleva consigo recuerdos del pasado, a veces pálidos y a veces nítidos— y
comienza a manifestar una elección consciente en el asunto del renacimiento. Tal
como actúa la planta en el plano subconsciente, y el animal en el plano semiconsciente
—y el hombre en los planos de conciencia gradualmente progresivos, así
el hombre evoluciona gradualmente desde el estado de renacimiento subconsciente,
hacia el plano semiconsciente, y de allí en adelante, incrementando
poco a poco su conciencia, hasta vivir en el plano consciente, tanto en su vida
física, como durante el período de reposo y en el nuevo nacimiento. Hoy en día hay
entre nosotros hombres que están plenamente conscientes de existencias pasadas
(pocos, es cierto, pero muchos más de lo que la mayoría de la gente imagina), y que
han sido así desde la temprana infancia, sólo que los días de su infancia
transcurrían en un estado de somnolencia hasta que sus cerebros físicos estuvieron
lo suficientemente desarrollados para permitirle al alma pensar claramente. De
hecho, muchos niños parecen tener una débil conciencia del pasado pero,
temerosos de los comentarios de los mayores, aprenden a ocultar esos trozos de
remembranza hasta que ya no pueden recordarlos.
A los que no han despertado a la verdad del renacimiento, no pueden imponérsela
con argumentos, y aquellos que “sienten” su verdad no necesitan de argumentos.
De manera que en esta breve presentación de la teoría no hemos tratado de
argumentar el asunto. Los que leen esta lección son atraídos por el tema en razón
del interés despertado en alguna vida pasada, y sienten realmente que tiene que
haber alguna verdad en él, aunque tal vez no hayan llegado todavía al punto en que
puedan asimilarla completamente.
Muchos de aquellos en quienes la verdad de la propuesta es mantenida por sus
íntimos sentimientos o recuerdos fragmentarios muestran aversión a aceptarla
completamente. Temen a la idea de renacer sin su consentimiento o su
conocimiento. Pero, como les hemos dicho, ese es un temor infundado pues, si
realmente están comenzando a “palpar” la verdad del renacimiento, su período de
manifestación subconsciente en ese plano está terminando.
Muchos dicen que no tienen deseos de volver a vivir, pero en realidad quieren decir
que no les gustaría vivir exactamente la vida que tienen —por supuesto que no,
ellos no quieren la misma experiencia otra vez— pero, si hay una sola cosa en la
vida que les gustaría; una simple posición que quisieran alcanzar; un simple deseo
que consideran que debería cumplirse para hacerlos felices— entonces realmente
desean volver a vivir para asegurarse lo faltante. Están aquí porque querían estar
aquí —o tenían deseos que pedían satisfacción— y volverán a vivir en las
circunstancias necesarias para satisfacer sus deseos o anhelos, o que puedan
proporcionarle la necesaria experiencia para un mayor crecimiento espiritual.
Al estudiante de este asunto de la evolución espiritual, se le abre un gran mundo de
interesantes hechos. Se arroja luz sobre la historia y el progreso de la humanidad, y
se le presenta un fascinante campo de investigación. Debemos resistir la tentación
de introducirnos en esta rama del tema, pues podría conducirnos hacia atractivos
senderos que, debido a la falta de espacio, nos están vedados en estas lecciones
elementales. No obstante podemos hallar sitio para decir algo más acerca de estos
temas.
La Tierra es uno dentro de una cadena de planetas pertenecientes a nuestro
sistema solar, todos los cuales están íntimamente conectados a los demás en esta
gran ley de la evolución espiritual. Grandes oleadas de vida pasan rápidamente por
la cadena, llevando especie tras especie, de un planeta a otro a lo largo de la
cadena. Cada especie permanece en un planeta durante un cierto período y luego,
al haberse desarrollado, pasa al planeta superior siguiente en la escala de la
evolución, para encontrar allí condiciones más apropiadas para su
desenvolvimiento. Pero este progreso de un planeta a otro no es circular —recuerda
una espiral, girando y girando, mientras se eleva con cada curva.
Supongamos un alma conducida a uno de los planetas de nuestra cadena
planetaria, en un estado de relativo subdesarrollo en el crecimiento espiritual —
ocupando un lugar bajo en la escala de la evolución. En numerosas encarnaciones
el alma adquiere las experiencias que le llegan en esa etapa, y luego es conducida
hacia el siguiente planeta más alto en la cadena, junto con el resto de esta especie
en particular, y reencarna allí. En este nuevo hogar ocupa un plano francamente
más adelantado que el que ocupaba en el anterior —constituyendo toda la especie
el núcleo de una nueva especie allí, siendo algunos los pioneros, mientras que otros
les seguirán más tarde. Pero aun esta etapa avanzada (comparada con la del
planeta que acaba de dejar atrás) puede ser muy inferior, en la escala del progreso,
a la de otras especies llevadas junto con ella al mismo planeta. Algunas de las
especies, las más insignificantes en el punto de evolución de esta Tierra, pueden
haber estado mucho más cercanas a las más elevadas etapas de desarrollo en el
último planeta habitado por ellas, y aun así han progresado significativamente con
el cambio —la más alta de un planeta inferior tal vez esté menos desarrollada que la
más baja de otro más adelantado a lo largo de la cadena planetaria. Muchas de las
especies que anteriormente habitaron la Tierra, cuyas huellas se encuentran
ocasionalmente, han pasado a una etapa superior de desarrollo. La Historia nos
muestra que una especie tras otra entraron a escena durante el desarrollo de la
Tierra —representaron su papel en el escenario de la acción, y desaparecieron— ¿A
dónde fueron? Las filosofías ocultas proporcionan el eslabón faltante a la
explicación. Nuestra especie ha crecido desde la edad de piedra —y aun más
atrás— continuará progresando y desaparecerá, dejando el espacio a alguna otra
especie que desde ya pudiera estar enviando pioneros desde algún otro planeta.
Esto no significa, necesariamente, que todas las razas de las que nos habla la
Historia hayan desaparecido de la Tierra. Por el contrario, los ocultistas saben que
algunas, de hecho, la mayoría, de las razas conocidas por la Historia, han
encarnado en alguna de las razas de hoy. La confusión se explica por el hecho de
que cada especie tiene varias sub-especies, que realmente pertenecen a la raza
principal. Por ejemplo, los ocultistas saben que los antiguos egipcios, los romanos,
los griegos, los atlantes, los antiguos persas, etc., etc. viven ahora en esta Tierra —
que las almas que antiguamente encarnaron en aquellas razas, están encarnadas
ahora en la razas modernas. Pero, hay otras razas —las prehistóricas— que
desaparecieron completamente de la atracción terrestre, y se han ido a los planos
más elevados de acción de planetas más elevados. Hay numerosos planetas más
abajo en la escala del progreso que nuestra Tierra, y hay otros más elevados, hacia
los cuales nos dirigimos. Por supuesto, hay otros sistemas solares —otras cadenas
de soles— otros sub-Universos (si se nos perdona utilizar este término), y todo esto
está por delante de todas las almas, no importa cuan inferiores o humildes sean.
En este momento nuestra especie está atravesando un importantísimo período de
evolución. Está pasando de la etapa del desarrollo espiritual inconsciente a la etapa
consciente. Muchos ya han alcanzado su etapa consciente, y muchos más están
despertando. Finalmente toda la especie la alcanzará, siendo esto anterior a su
mudanza. Este gradual despertar a la conciencia espiritual es el causante de todo
este desasosiego en el mundo del pensamiento —de esta ruptura con viejos ideales
y formas— de esta sed de verdad, de este correr de un lado a otro tras nuevas
verdades replanteando las viejas. Es un período crítico de la historia de la especie, y
muchos sostienen que esto implica una posible división de la especie en dos subespecies,
una de las cuales tendría conciencia espiritual, y se adelantaría a la
restante sub-especie de hermanos más lentos que tienen que cultivarse
gradualmente. Pero las razas se unirán de nuevo antes de salir finalmente de la
Tierra, según está dispuesto por la Ley de Causa y Efecto Espiritual. Todos estamos
interesados en el progreso de los demás —no sólo porque somos hermanos, sino
porque nuestra propia alma tiene que esperar hasta que toda la especie progrese.
Por supuesto que el alma que evoluciona más rápidamente no tiene que reencarnar
simplemente porque su hermano más lento tiene que hacerlo. Por el contrario, el
alma más altamente desarrollada pasa un largo tiempo esperando en los planos
más altos del mundo astral, mientras sus hermanos más lentos forjan su evolución
en los repetidos nacimientos, estancia que le brinda al alma desarrollada gran
felicidad y provecho, como se explicó en otras lecciones. No obstante, muchas de
estas “almas en espera”, eligen sacrificar su bien ganado descanso, regresando a la
Tierra para ayudar y levantar a sus hermanos, tanto en forma de ayudantes
espirituales, o hasta con un renacimiento deliberado y consciente (no necesario
para su desarrollo) en que toman deliberadamente un cuerpo carnal, con todas sus
aflicciones, con la finalidad de ayudar a sus hermanos más débiles a alcanzar la
meta. Los grandes maestros de los pueblos, han sido muchas veces estas almas
auto-sacrificadas que voluntariamente “renuncian al cielo” por amor a sus
prójimos. Es muy difícil imaginar cuán grande es este sacrificio —ese retornar
desde un plano de alto desenvolvimiento espiritual a una civilización relativamente
poco desarrollada. Es como un Emerson haciendo trabajo misionero entre los
bosquimanos.
¿Hacia qué meta tiende toda esta evolución? ¿Qué significa todo? Desde las formas
de vida más inferiores, hasta las más elevadas —todas están en el Sendero. ¿Hacia
qué lugar o estado conduce el Sendero? Tratemos de responder pidiéndoles que
imaginen una serie de millones de círculos concéntricos. Cada círculo representa
una etapa de vida. Los círculos exteriores están llenos de vida en sus formas
inferiores y más materiales —cada círculo más cercano al centro sustenta formas
cada vez más elevadas— hasta que los hombres (o los que fueron hombres) se
vuelven como dioses. Las formas de vida se vuelven cada vez más altas, hasta que
la mente humana no puede concebir la idea. Y, ¿qué hay en el centro? El cerebro de
todo el cuerpo espiritual —el Absoluto— ¡Dios!
¡Y todos nos dirigimos hacia ese centro!
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Lección 13:
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Causa y Efecto Espiritual
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Vida es la constante acumulación de conocimientos —el almacenamiento del
resultado de las experiencias. La ley de causa y efecto está en constante actividad,
y cosechamos lo que sembramos —no como una forma de castigo, sino como el
efecto que sigue a la causa. La teología nos enseña que somos castigados por
nuestros pecados, pero el conocimiento más elevado nos muestra que somos
castigados por nuestros errores y no a causa de ellos. El niño que toca la estufa
caliente es castigado en razón del acto en sí, no por algún poder superior por
haber “pecado”. Pecar es mayormente un asunto de ignorancia y error; los que
han alcanzado el plano superior del conocimiento espiritual han recibido un
conocimiento tan convincente acerca de lo insensato y desatinado de ciertas
acciones y pensamientos, que es casi imposible que las realicen. Esas personas no
temen que haya un ser superior esperando para arrojarlos al suelo con un enorme
garrote por hacer ciertas cosas, simplemente porque esa inteligencia ha dictado
una ley, aparentemente arbitraria, prohibiendo la realización de ese acto. Por el
contrario, ellos saben que las inteligencias superiores no están poseídas por otra
cosa que no sea un intenso amor hacia todas las criaturas vivientes, y están
deseosas y listas para ayudarlas siempre, tanto como sea posible dentro de los
límites de la ley. Pero esas personas reconocen lo insensato de tales acciones, y en
consecuencia se abstienen de cometerlas —de hecho, han perdido el deseo de
cometerlas. Es casi exactamente igual al ejemplo del niño y la estufa. Un niño que
quiere tocar la estufa lo hará tan pronto tenga la oportunidad, desoyendo las
órdenes del padre y a pesar de la amenaza de castigo. Pero, una vez que el niño
experimente el dolor de la quemadura, y reconozca que hay una conexión
inmediata entre una estufa caliente y un dedo quemado, se mantendrá lejos de la
estufa. El amoroso padre quisiera proteger al hijo del resultado de sus propias
insensateces, pero la naturaleza infantil insiste en aprender ciertas cosas por
experiencia, y el padre es incapaz de impedirlo. De hecho, el niño que es vigilado y
restringido demasiado estrechamente, usualmente “estalla” más tarde en la vida, y
aprende algunas cosas por sí mismo. Todo lo que el padre puede hacer es rodear
al niño de la seguridad normal, y brindarle el beneficio de su sabiduría, una
porción de la cual almacenará —y luego confiar a la ley de la vida producir el
resultado.
De esa manera el alma humana está aplicando constantemente el juicio de la
experiencia a todas las fases de la vida —pasando de una encarnación a otra,
aprendiendo constantemente nuevas lecciones, y adquiriendo nueva sabiduría.
Más tarde o más temprano descubre cuan nocivas son ciertas actitudes y
descubre lo insensato de ciertas acciones y modos de vida, y como el niño
quemado, en lo adelante evita esas cosas. Todos sabemos que ciertas cosas “no
son tentación para nosotros”, pues en cierto momento de alguna vida pasada
aprendimos la lección y no necesitamos volverla a aprender —mientras que otras
cosas nos tientan dolorosamente, y por ello sufrimos gran dolor. ¿Qué utilidad
tendrían todo ese dolor y pesadumbre si esta única vida fuera todo? Pero llevamos
el beneficio de nuestra experiencia hasta otra vida, y allí evitamos el dolor.
Podemos ver a nuestro alrededor y preguntarnos por qué algunos de nuestros
conocidos no pueden ver la insensatez de ciertas formas de actuar, cuando es tan
clara para nosotros —pero olvidamos que ya hemos pasado justamente por la
misma etapa de experiencia que ellos están recorriendo ahora, y superamos el
deseo y la ignorancia— no nos damos cuenta de que en futuras vidas esas
personas estarán libres de esa insensatez y dolor, pues habrán aprendido la
lección, tal como hicimos nosotros.
Es difícil para nosotros comprender a cabalidad que somos lo que somos sólo por
el resultado de nuestras experiencias. Tomemos como ejemplo una sola vida.
Piensas que te gustaría eliminar de tu vida alguna experiencia dolorosa, algún
episodio desgraciado; algunas circunstancias mortificantes; pero, ¿alguna vez te
detuviste a pensar que si fuera posible eliminar esas cosas, necesariamente
estarías obligado a quedarte sin la experiencia y conocimiento que te proporcionan
esos hechos? ¿Te gustaría carecer del conocimiento y experiencia que has
adquirido de esa manera? ¿Te gustaría regresar al estado de inexperiencia e
ignorancia en que te encontrabas antes de que ocurriera el hecho? Porque si
retornaras al viejo estado, con toda seguridad volverías a cometer el mismo error.
¿Cuántos de nosotros desearíamos borrar completamente las experiencias por las
que hemos pasado? Deseamos olvidar completamente el hecho, pero sabemos que
tenemos la experiencia resultante alojada en nuestro carácter y no quisiéramos
desprendernos de ella, porque eso significaría deshacernos de una parte de
nuestra estructura mental. Si tuviéramos que deshacernos de la experiencia
adquirida mediante el dolor, nos desprenderíamos de un trozo de nosotros
mismos, y luego de otro, hasta que al final no nos quedaría nada sino el cascarón
mental de nuestro antiguo yo.
Pero, dirán ustedes, qué utilidad tienen las experiencias obtenidas en vidas
anteriores, si no las recordamos —están perdidas. Sin embargo, ellas no están
perdidas, están contenidas en su estructura mental, y nada se las puede quitar
nunca —son de ustedes para siempre. Su carácter está formado, no sólo por sus
experiencias en esta vida particular, sino también por el resultado de sus
experiencias en muchas otras vidas y etapas de existencia. Ustedes son lo que son
hoy en razón de esas experiencias acumuladas —las experiencias de las vidas
pasadas y de la presente. Recuerdan algunas de las cosas de esta vida que han
forjado su carácter —pero, muchas otras igualmente importantes, en la vida
presente, las han olvidado— no obstante, su resultado permanece con ustedes,
pues ha sido entrelazado en su ser mental. Y, aunque no recuerden sino poco, o
nada, de sus vidas pasadas, las experiencias adquiridas en ellas siguen con
ustedes, ahora y para siempre. Son esas pasadas experiencias las que les dan
“predisposiciones” en ciertas direcciones —que les hacen difícil hacer ciertas cosas
y fácil hacer otras— lo que les hace que “instintivamente” reconozcan ciertas
cosas como desatinadas o incorrectas y que les hacen evitarlas como insensatas.
Les dan sus “gustos” e inclinaciones, y hacen que algunos caminos les parezcan
mejores que otros. Nada se pierde en la vida, y todas las experiencias del pasado
contribuyen a su bienestar en el presente —todas sus dificultades y dolores del
presente darán fruto en el futuro.
No siempre aprendemos la lección en un intento, y somos enviados de vuelta a
nuestra tarea, una y otra vez, hasta que la hemos cumplido. Pero ni el más
pequeño esfuerzo se pierde nunca, y si hemos fallado con la tarea en el pasado,
hoy nos es más fácil cumplirla.
Un escritor norteamericano, Berry Benson, en el Century Magazine de mayo de
1894, nos da una hermosa ilustración de una de las formas de funcionamiento de
la Ley de la Evolución Espiritual. Aquí lo reproducimos:
“Un niñito iba a la escuela. Era muy pequeño. Todo lo que sabía era lo que había
asimilado con la leche materna. Su maestro (que era Dios) lo ubicó en el grado
más bajo y le dio estas lecciones para que las aprendiera:
“No matarás. No causarás daño a ningún ser viviente. No robarás”.
Entonces, el hombre ya no mataba; pero era cruel y robaba. Al final del día
(cuando su barba era gris, y había llegado la noche), su maestro (que era Dios) le
dijo:
“Has aprendido a no matar, pero las otras lecciones no las aprendiste. Regresa
mañana”.
A la mañana siguiente regresó como niño. Y su maestro (que era Dios) lo ubicó
en un grado algo más alto, y le dio estas lecciones para que las aprendiera:
“No causarás daño a ningún ser viviente. No robarás. No mentirás”.
Entonces el hombre ya no hizo daño a ningún ser viviente; pero robaba y mentía.
Y, al final del día (cuando su barba era gris y había llegado la noche), su maestro
(que era Dios) le dijo:
“Has aprendido a ser misericordioso. Pero las otras lecciones no las aprendiste.
Regresa mañana”.

De nuevo, al día siguiente, regresó como niñito. Y su maestro (que era Dios) lo
ubicó en un grado aún algo más alto, y le dio estas lecciones para que las
aprendiera:
“No robarás. No mentirás. No serás codicioso”.
Entonces, el hombre ya no robaba; pero mentía y era codicioso. Y, al final del día
(cuando su barba era gris y había llegado la noche), su maestro (que era Dios) le
dijo:
“Has aprendido a no robar. Pero las otras lecciones no las aprendiste. Regresa
mañana, hijo mío”.

Esto es lo que he leído en los rostros de hombres y mujeres, en el libro del
mundo, y en el pergamino de los cielos, que está escrito con estrellas. La gran
lección a ser aprendida por todas las almas es la verdad de la Unidad del Todo.
Este conocimiento lleva consigo todos los demás.
Hace que uno siga el precepto del Hijo de María, que dijo:
“Y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu
mente, y con toda tu fuerza”; y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Cuando el hombre toma conciencia de la verdad de que Todo es Uno —de que
cuando se ama a Dios se ama al Todo, que el prójimo es, de hecho, él mismo—
entonces no le faltan sino unos pocos grados para llegar a la “universidad” del
conocimiento espiritual.
Esta convicción en la Unidad del Todo, lleva consigo ciertas normas de acción —
de ética divina— que trascienden todas las leyes humanas orales o escritas. La
paternidad de Dios y la hermandad del hombre se convierten en una realidad,
más que en una mera repetición de palabras sin significado. Y esta gran lección
tiene que ser aprendida por todos —y todos la estamos aprendiendo por grados.
Y esta es la meta de la presente etapa de la evolución espiritual —conocer a Dios
tal cual es; conocer nuestra relación con los demás— saber qué somos. Ante
nosotros hay más escuelas, colegios y universidades de conocimiento espiritual,
pero estas verdades son las lecciones que se enseñan en los grados en que
estamos al presente. Y todo este dolor, dificultades, pesares y trabajo, no han
sido sino para enseñarnos estas verdades —pero, una vez alcanzada la verdad,
se ve que valió la pena aun el alto precio que se pagó por ella.
Si le preguntan a los yogis cuál es nuestro deber para con Dios (entendiendo a
Dios en su más alta concepción) ellos responderán
“Amen a Dios, y el resto se les hará claro —y conocerlo es amarlo, por tanto,
aprendan a amarlo”.
Y si les preguntan cuál es su deber para con su prójimo, simplemente
responderán:
“Sean misericordiosos —y tendrán todo lo demás”.
Estos dos preceptos, si se siguen, le permitirán a uno vivir la Vida Perfecta. Son
simples, pero contienen todo lo que es necesario saber respecto a las relaciones de
uno con el Poder Infinito y con el prójimo. Todo lo demás es espuma y sedimento
—desechos inútiles que se han acumulado alrededor de la Divina Llama de la
Verdad. Los mencionamos aquí porque resumen la idea de conciencia que toda la
especie está luchando duramente por adquirir. Si logras hacerlos parte de ti,
habrás logrado un gran progreso en el Sendero —habrás pasado el Gran Examen.
La doctrina de la Causa y Efecto Espiritual se basa en la gran verdad de que cada
hombre está bajo la Ley, prácticamente la conductora de su propio destino —su
propio juez— su propio premiador o castigador. Que cada pensamiento, palabra o
acción tiene su efecto en la vida, o vidas, futuras del hombre —no en la forma de
premio o castigo (tal como esas palabras generalmente se comprenden) sino como
el inevitable resultado de la gran Ley de Causa y Efecto. El funcionamiento de la
Ley, que nos rodea con determinados grupos de condiciones en un nuevo
nacimiento, está influenciado por dos grandes principios generales:

(1) Los deseos, aspiraciones, simpatías, antipatías y anhelos prevalecientes en el
individuo en esa particular etapa de su existencia y,
(2) La influencia del espíritu en desarrollo que, presionando ansiosamente hacia
adelante por una expresión más plena y con menos limitaciones, lleva a dirigir
hacia el alma que reencarna una influencia que la hace que sea tutelada en su
selección de las condiciones deseables de su nuevo nacimiento.

Sobre las influencias aparentemente conflictivas de estas dos grandes fuerzas
descansa el gran tema de las circunstancias y condiciones que rodean el
renacimiento del alma, y también muchas de las condiciones que rodean la
personalidad en la nueva vida —pues esas condiciones están fuertemente
gobernadas a través de toda la vida por estas fuerzas conflictivas (o
aparentemente conflictivas).
La urgencia de los deseos, aspiraciones y hábitos de la vida pasada, presiona
fuertemente al alma hacia la encarnación en condiciones más adecuadas para la
expresión de esas simpatías, gustos y deseos —el alma quiere avanzar en la línea
de su vida pasada, en medio de lo cual, naturalmente, busca las circunstancias y
entornos más ajustados a su personalidad. Pero, al mismo tiempo, el espíritu en el
alma, sabe que el desarrollo del alma necesita algunas otras condiciones para
sacar ciertas partes de su naturaleza que han estado suprimidas o no
desarrolladas, y así ejerce una atracción sobre el alma que reencarna,
arrastrándola un poco a un lado de la ruta elegida, e influenciado en cierto grado
esa elección. Un hombre puede tener un irresistible deseo de riqueza material, y la
fuerza de su deseo le hará elegir circunstancias y condiciones para nacer en una
familia donde hay mucho dinero, o en un cuerpo mejor adaptado para conseguir
sus deseos, pero el espíritu, sabiendo que el alma ha rechazado el desarrollo de la
misericordia, lo colocará un poco a un lado, y le conducirá hacia una ronda de
circunstancias que harán que el hombre tenga que sufrir dolor, contratiempos y
pérdidas, aun cuando logre tener mucho dinero en su nueva vida, a fin de que
desarrolle esa parte de su naturaleza.
Podemos ver ejemplos de estos últimos casos en algunos de los hombres muy
ricos de Norteamérica. Ellos nacieron en circunstancias en las que tuvieron la más
libre expresión del deseo de riqueza material —poseyeron las facultades mejor
adaptadas para ese único fin, y se las arreglaron para rodearse de las
circunstancias mejor calculadas para que esas facultades se manifestaran más
libremente. Lograron sus deseos, y acumularon riquezas en una forma
desconocida en otros tiempos. Pero, por regla general, son los más infelices e
insatisfechos. Su riqueza es un peso alrededor de su cuello, y son atormentados
por temores de perderla y por la ansiedad de cuidarla. Sienten que no les ha
traído verdadera felicidad, y que, por el contrario, les ha separado de su prójimo y
de la felicidad que conocen aquellos de medios modestos. Andan ardorosa,
incansable y constantemente en busca de algún nuevo estímulo que distraiga sus
mentes de su verdadera condición. Perciben un sentido de deber hacia la especie
y, aunque no comprenden exactamente el sentimiento que hay detrás, se
esfuerzan por balancear las cosas contribuyendo con colegios, hospitales, obras
de caridad, y otras instituciones similares que han brotado como hongos en
respuesta al despertar de conciencia de la especie a la realidad de la hermandad
del hombre y de la unidad del Todo. Antes de que llegue el fin, sentirán en las
profundidades de su alma que ese éxito no les ha traído verdadera felicidad y, en
el período de reposo que siga a su separación del cuerpo físico, “harán inventario”
de sí mismos y reajustarán sus acciones mentales y espirituales, de manera que
cuando nazcan de nuevo ya no dedicarán más todas sus energías a acumular
riquezas que no pueden utilizar, sino que vivirán una vida más equilibrada,
encontrarán felicidad en sitios inesperados y desarrollarán mayor espiritualidad.
No porque hayan sido impresionados por el sentido de alguna “iniquidad” en
especial en la adquisición del dinero, sino porque el alma ha descubierto que no
hay felicidad segura por ese camino, y está buscándola en otros lugares, y porque
ya agotó el deseo de riqueza, por lo cual vuelve su atención hacia otras cosas. De
no haber el espíritu ejercido su influencia, el hombre hubiera nacido en
condiciones tendientes a producir riqueza, pero no hubiera estado hecho para ver
la unilateralidad de esa vida, en cuyo caso hubiera seguido estando poseído por
ese anormal deseo de riqueza que le hubiera hecho volver a nacer una y otra vez,
con mayor poder cada vez, hasta que se hubiera convertido prácticamente en un
demonio del dinero. Pero la influencia del espíritu siempre contrarresta los deseos
anormales, aunque a veces deben vivirse varias encarnaciones antes de que el
alma se desprenda de su deseo, y comience a ser influenciada por el espíritu en
forma significativa. A veces la influencia del espíritu no es lo suficientemente
fuerte como para evitar un renacimiento en condiciones altamente favorables a los
viejos deseos, pero en tales casos, a menudo es capaz de conducir los
acontecimientos durante la vida del hombre, de modo de enseñarle la lección
necesaria para frenar sus indomables deseos, colocándolo al alcance de la Ley de
Atracción y causándole algún dolor para que le sucedan —ciertos contratiempos
—ciertos fracasos— que le hagan comprender el dolor, los contratiempos, fracasos
y tristezas de otros, llevándolo hacia una forma de vida que le ayude a desarrollar
sus facultades más elevadas. Muchos de los repentinos golpes de “infortunio”
provienen realmente de este elevado principio del hombre, con el fin de enseñarle
ciertas lecciones para su propio bien. No es necesariamente una fuerza superior la
que hace que el hombre comprenda esas lecciones de vida, sino que generalmente
es su propio ego —el espíritu dentro de él— quien le produce esos resultados. El
espíritu sabe lo que es mejor para el hombre, y cuando ve a su naturaleza inferior
arrastrándolo, trata de sacarlo de su camino o detenerlo repentinamente si es
preciso. Recuerden, esto no es un castigo, sino la mayor bondad. El espíritu es
parte de ese hombre, y no una fuerza externa —aunque, por supuesto, es la parte
divina de él— esa parte de él en comunicación más cercana con la Gran
Inteligencia gobernante a la que llamamos Dios. Este dolor no es causado por
ningún sentimiento de justa indignación, venganza, impaciencia o ningún
sentimiento similar por parte del espíritu, sino que es semejante al del padre más
amoroso, que se ve obligado a quitarle de las manos al niño algo peligroso que
podría lastimar al pequeño —es la mano que aparta al niño del borde del
precipicio, aunque el pequeño grite con rabia y disgusto porque sus deseos fueron
frustrados.
El hombre, o mujer, cuya mente espiritual se ha desarrollado percibe este estado
de cosas y, en lugar de luchar contra el espíritu, cede sin discusión, y obedece a
su mano rectora, ahorrándose así mucho dolor. Pero, aquellos que no saben,
rabian y se rebelan ante la mano restrictiva y rectora, la atacan y tratan de
librarse de ella, atrayendo con eso hacia ellos amargas experiencias, necesarias
por su rebeldía. Estamos tan dispuestos a resentir la influencia externa en
nuestros asuntos que nos desagrada esa idea de restricción, pero si sólo
recordáramos que es una parte de nosotros —la porción más elevada— la que
envía esas directrices, entonces veríamos las cosas bajo otra óptica. Y tenemos
que recordar esto: que no importa cuán adversas para nosotros parezcan ser las
circunstancias o condiciones, ellas son exactamente lo que necesitamos en las
precisas circunstancias de nuestra vida, y tienen como único objetivo nuestro bien
último. Quizás necesitemos reforzar ciertas líneas, a fin de perfeccionarnos —y
estamos capacitados para recibir las experiencias justamente calculadas para
completar esa parte particular de nosotros. Podemos estar inclinándonos
demasiado en una dirección, entonces se nos refrena y se nos estimula en otra.
Estas pequeñas cosas —y las grandes, todas tienen significado. Entonces nuestros
intereses están más o menos atados a los de otros, debido a las leyes de atracción,
y nuestras acciones pueden tratar de reflejarse en ellos y las de ellos sobre
nosotros, para nuestro mutuo desarrollo y bien último. Tendremos más que decir
sobre el tema un poco más adelante.
Si permanecemos en silencio, y examinamos tranquilamente nuestro pasado (de la
vida presente, queremos decir), veremos que ciertas cosas han conducido a otras,
y que pequeñas cosas han conducido a las más grandes —que pequeñas
encrucijadas han resultado en un cambio total en nuestra vida. Podemos rastrear
el hecho más importante de nuestra vida hasta algún incidente o hecho
insignificante. Podemos mirar hacia atrás y ver cómo las experiencias dolorosas
del pasado nos han fortalecido, y nos han conducido hacia una vida más completa
y más plena. Podemos ver cómo ese hecho del pasado en particular, que parecía
innecesariamente cruel y no solicitado, fue precisamente lo que nos condujo a
algo grande del presente. Todo lo que se necesita es la perspectiva de los años. Y
si nos damos cuenta de que somos capaces de ver esto, podremos sobrellevar con
más filosofía los dolores y hechos desagradables del presente, sabiendo que
significan el bien último. Cuando dejamos de pensar en estas cosas como
castigos, o como una desconsiderada intromisión de alguna fuerza externa, o
como crueldad de la Naturaleza, y comenzamos a verlas o bien como consecuencia
de nuestras vidas pasadas o como resultado de la mano directriz del espíritu,
dejaremos de protestar y de luchar como lo hicimos en el pasado, nos
esforzaremos por trabajar conjuntamente con la Gran Ley, y de esa manera
evitaremos roces y dolor. Y, no importa qué dolor, tristeza o problema podamos
estar padeciendo, si aceptamos la guía del espíritu, se nos abrirá un camino —un
paso cada vez— y si lo seguimos obtendremos paz y energía. La Ley no carga
sobre una espalda más de lo que ésta puede soportar, y no sólo le tibia el viento a
la oveja esquilada, sino que calma a la oveja esquilada que está contra el viento.
Hemos hablado de nuestros intereses atados a los de otros. Esto es también un
principio de la ley espiritual de causa y efecto. En nuestras vidas pasadas hemos
estado unidos a determinadas personas, ya sea por amor o por odio —ya sea por
acción o por crueldad. Y en esta vida esas personas tienen ciertas relaciones con
nosotros, todas tendientes a la mutua conciliación y al mutuo avance y desarrollo.
No es una ley de venganza, sino simplemente la ley de causa y efecto que nos hace
recibir un golpe (cuando éste es necesario) de alguien a quien hemos golpeado en
alguna vida pasada —y no es meramente una ley de premiar por el bien, sino la
misma ley de causa y efecto, la que hace que alguien a quien hemos ayudado y
consolado en alguna vida pasada, cure nuestras heridas y nos consuele. La
persona que nos causa un daño, puede no tener intención de hacerlo, siendo un
sujeto perfectamente inocente, pero somos conducidos a unas condiciones en las
que somos lesionados por las acciones de aquella persona, aunque ella sea
inconsciente de ello. Si nos hiere conscientemente, aunque sea por obediencia a la
ley, es porque aún se encuentra en ese plano, desea hacernos daño y es guiada
por la ley de atracción hacia una circunstancia desde donde podemos recibir daño
de ella. Pero, aun ese daño está calculado para beneficiarnos al final, tan
maravillosa es esta ley. Por supuesto, si alguna vez llegamos a una posición desde
donde podemos ver la verdad, no necesitamos tantas de esas lecciones y,
habiéndose extinguido su necesidad, la ley nos permite escapar de lo que de otra
manera nos hubiera producido dolor.
La condición antes mencionada puede ser ilustrada con el caso de alguien que,
por razones egoístas, en una pasada encarnación ganó deliberadamente el amor
de otro y entonces, habiendo satisfecho tercamente su deseo, desechó al otro,
como si fuera un juguete roto. Aunque no pretendemos explicar el funcionamiento
exacto de la ley en algún caso en particular, aquellos que han estudiado esos
temas desde un punto de vista más elevado, nos han informado que en un caso
como el antes mencionado, probablemente en esta vida el traidor se enamore
apasionadamente de la persona que fue su víctima en la vida pasada, pero ella
será absolutamente incapaz de corresponderle, y aquél sufrirá todo el dolor que
causa amar en vano, y como resultado llegará a comprender la santidad del afecto
humano, y la malignidad de jugar con él. Es de hacer notar en este caso que la
persona causante del dolor en la vida presente es un sujeto perfectamente
inocente en todo el asunto y por ese motivo no genera nuevas causas y efectos.
Es muy probable que aquellos a quienes hemos amado y de quienes hemos sido
amigos en vidas pasadas, estén conectados con nosotros en nuestra vida presente,
mantenidos cerca por la ley de atracción. Las personas que llegan a estar en
estrecha relación con nosotros son, con toda probabilidad, aquellas que en vidas
pasadas estuvieron cerca de nosotros. Simpatías y antipatías repentinas,
observadas con tanta frecuencia entre la gente, pueden adjudicarse a esta teoría
del renacimiento, y muchos de los acontecimientos de nuestra vida diaria llegan
por esta ley espiritual de causa y efecto. Estamos constantemente conectados con
las vidas de otros, por dolor o por felicidad, y la ley debe seguir su curso. El único
escape del total cumplimiento de la ley es la adquisición por nuestra parte del
conocimiento de la verdad, y el consecuente ajuste de nuestras vidas a los
lineamientos de esta elevada verdad, en cuyo caso somos dispensados de
lecciones innecesarias, y cabalgamos en la cresta de la ola, en lugar de ser
abrumados por ella.
Cuidémonos de no activar esta ley de causa y efecto por medio del odio, malicia,
celos, rabia y malevolencia general hacia los demás. Seamos tan bondadosos como
podamos, en toda justicia con nosotros y con los demás, y evitemos el odio y los
deseos de venganza. Vivamos, soportando nuestras aflicciones con tanta
benevolencia como podamos reunir, confiemos siempre en la conducción del
espíritu y en la ayuda de la suprema Inteligencia. Sepamos que todo está
trabajando en conjunto por el bien, y que no podemos ser privados de ese bien.
Recordemos que esta vida no es sino un grano de arena en el desierto del tiempo,
y que tenemos largas edades por delante, en las cuales tendremos una
oportunidad de realizar todas nuestras aspiraciones y más elevados deseos. No se
desanimen, porque Dios prevalece y todo es por bien.
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Lección 14:
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El Sendero Yogi de la realización
_
Como se ha visto previamente en estas lecciones, el estudiante que se ha
instruido concienzudamente en los principios fundamentales de la Filosofía Yogi,
verá fácilmente que cualquiera que comprende y acepta estas técnicas, y las hace
parte de su vida diaria, naturalmente vivirá una vida muy diferente de uno para
quien su presente vida terrestre lo es todo, y cree que la muerte extingue la
individualidad y que no hay vida o vidas futuras. Le hará también vivir de forma
muy diferente a la persona que cree que no somos sino criaturas de una
Providencia totalmente caprichosa, que no tenemos sino poca responsabilidad
propia y que nuestra “salvación” depende de una “creencia” superficial en ciertas
enseñanzas, y de una forma establecida de asistencia a determinadas prácticas
de culto religioso. Ahora, recuerden por favor, que la filosofía yogi no critica
ninguna forma de religión —ella enseña que todas las formas de religión son
buenas y que cada una tiene un lugar específico que llenar— cada una colma la
necesidad de la humanidad en alguna de sus etapas. Cree que no importa cual
forma de culto se practica —no importa cual concepto se tiene de la Deidad— que
cada hombre realmente rinde culto a la Única Inteligencia Suprema, a la cual
conocemos por muchos nombres, y que las diversas formas de ese culto son
inmateriales, la verdadera prueba a ser aplicada es la motivación detrás de cada
una.
Pero la filosofía yogi y, de hecho, las enseñanzas de todos los ocultistas, no
importa a qué raza pertenezcan o cuál pueda ser el credo que practican,
sostienen que el hombre es un ser responsable, que realmente se hace sus
propias condiciones y se confiere sus propios premios y castigos como
consecuencia natural de sus acciones. También enseña que el hombre no puede
escapar a su propio bien y, aunque pueda resbalarse y retroceder cien veces,
siempre hará un pequeño progreso y al final vencerá a su naturaleza material y
entonces se desplazará rápidamente hacia la gran meta. Enseña que todos somos
hijos de Dios, no importa qué forma de culto practiquemos —y que ningún hijo
de Dios está destinado a ser completamente rechazado o condenado. Enseña que
somos castigados por nuestros pecados, en vez de a causa de ellos, y que la ley
de causa y efecto tiene su resultado inevitable. Enfatiza la enseñanza de que “lo
que sembremos cosecharemos”, y muestra cómo y cuándo cosechamos lo que
hemos sembrado. Muestra cómo nuestros bajos deseos y pasiones nos oprimirán
y nos rodearán de entornos que nos harán sobrevivir a ellos, y hacer que nos
repugnen y nos cansen tan completamente que el alma eventualmente rechace
con horror su vida pasada de ordinariez material y, al hacerlo, reciba un impulso
en la dirección correcta. Nos muestra que siempre tenemos con nosotros al
espíritu, ansioso y deseoso por brindarnos ayuda y guía y que, a través del
espíritu, siempre estamos en cercana comunicación con la fuente de toda vida y
energía.
Los hombres tienen distintos temperamentos, y la trayectoria que sería más
apropiada para uno, no se adaptaría a los requerimientos de otro. Alguno
buscará progreso y desarrollo en una dirección, el otro de una forma diferente y
un tercero aun por otra vía. La Filosofía Yogi enseña que el camino que parece
atraer más al temperamento y disposición generales del hombre es el que mejor
se adapta a su necesidad en el momento. Ellos dividen el Sendero de la
Realización en tres vías que conducen al gran camino principal; a estas tres vías
las llaman (1) Raja-Yoga; (2) Karma-Yoga y (3) Gnani-Yoga; siendo cada una de
esas tres formas de yoga una vía que conduce hacia el Gran Camino, y siendo
recorrido cada uno por aquellos que lo prefieren —aunque todos conducen al
mismo sitio. En esta lección daremos una breve descripción de cada una de las
tres vías, que en conjunto se conocen entre los yogis como “El Triple Sendero”.
Algunos maestros tratan lo que se conoce como “Bhakti-Yoga” como si fuera una
vía separada, pero nosotros preferimos considerarlo un incidente de cada una de
las tres vías, pues el “Bhakti-Yoga” es realmente lo que podríamos llamar la
forma “religiosa” del yoga, que enseña el amor y culto a Dios, según como éstos
se presenten ante nosotros a través de los lentes coloreados de nuestro credo
particular. No podemos ver cómo uno puede seguir cualquiera de las vías del
Yoga sin estar lleno de amor y reverencia por el gran Centro de toda la Vida —el
Absoluto —Dios— cualquiera que sea el nombre que le demos. El término
“Bhakti-Yoga” realmente significa “camino de devoción”. Confiemos en que todos
nuestros estudiantes, no importa cual de las tres vías decidan seguir, llevarán
consigo la devoción inculcada en el “Bhakti-Yoga” del grupo religioso particular al
cual estén afiliados, y no sientan que el “Triple Sendero” les pide que renuncien a
lo que les ha sido caro desde la niñez. Por el contrario, creemos que un estudio
cuidadoso de la Filosofía Yogi les despertará un nuevo interés hacia la religión, y
hará que muchos comprendan mucho de lo que antes no “creían” sino
ciegamente, y les hará desarrollar un espíritu religioso más profundo en lugar de
uno más limitado.
El “Raja-Yoga” está dedicado al desarrollo de los poderes latentes del hombre —
alcanzar el control de las facultades mentales mediante la voluntad —alcanzar el
dominio de sí mismo —el desenvolvimiento de la mente a fin de que el alma
pueda ser ayudada en su desarrollo. Enseña como primer paso el cuidado y
control del cuerpo, como se enseña en el “Hatha-Yoga”, sosteniendo que el
cuerpo debe convertirse en un instrumento eficiente, y bajo buen control, antes
de que puedan lograrse los mejores resultados en cuanto a líneas físicas y
mentales. Mucho de lo que en los últimos años ha atraído al mundo occidental
con el nombre de “Ciencia Mental” o similares, realmente proviene de la fórmula
“Raja-Yoga”. Esta forma de yoga reconoce el maravilloso poder de la mente
entrenada y de la voluntad, y los maravillosos resultados que pueden obtenerse
con el entrenamiento de los mismos, y su aplicación por concentración y
dirección inteligente. Enseña que la mente no sólo puede dirigirse hacia afuera,
influenciando objetos y cosas externas, sino que también puede ser volcada hacia
adentro, y concentrada sobre el tema particular que tengamos ante nosotros, a
fin de que pueda ser desarrollado y descubierto mucho conocimiento escondido.
Muchos de los grandes inventores realmente están practicando
inconscientemente “Raja-Yoga”, en esta aplicación hacia adentro, mientras que
muchos líderes en el mundo de los negocios hacen uso de su aplicación
concentrada hacia el exterior en su manejo de los negocios.
Pero el seguidor de la vía del “Raja-Yoga” no se contenta sólo con la obtención de
poderes para alguno de los usos mencionados. Él busca alturas aún mayores y
procura, por este o por un proceso similar, volcar el foco de la mente concentrada
hacia su propia naturaleza, sacando en esa forma a la luz muchos secretos
escondidos del alma. Mucho de la Filosofía Yogi realmente ha sido sacado a la luz
de esa manera. La experiencia del “Raja-Yoga” es eminentemente práctica, y está
en la naturaleza del estudio y práctica de la química —se demuestra a sí misma
con cada paso del estudiante. No se extiende en vagas teorías, sino que enseña
experiencias y hechos del principio al fin. Esperamos poder ofrecerles a nuestros
estudiantes, en el futuro próximo, un trabajo práctico sobre el tema del “Hatha-
Yoga”, por el cual parece haber una gran necesidad en el mundo occidental, que
parece estar esperando que le digan “cómo” hacer esas cosas, consideradas
posibles por numerosos escritores que han atrapado la teoría, pero no han
conocido la práctica que la acompaña.
“Karma-Yoga” es el “yoga” del trabajo. Es la vía seguida por aquellos que
disfrutan de su trabajo —que tienen un vehemente interés por “hacer cosas”, con
la mente o con las manos— aquellos que creen en el trabajo “por amor al
trabajo”. “Karma” es la palabra sánscrita empleada para la “Ley de Causa y
Efecto Espiritual”, de la cual hemos hablado en una lección anterior. “Karma-
Yoga” enseña cómo puede uno transitar por la vida trabajando —e interesándose
por la acción— sin ser influenciado por consideraciones egoístas, que podrían
iniciar una nueva cadena de causa y efecto que le ataría a objetos y cosas,
retardando así su progreso espiritual. Enseña el “trabajo por amor al trabajo”
más que por un deseo de resultados. Por extraño que pueda parecer a muchos de
nuestros lectores occidentales, es un hecho que muchos de los hombres
occidentales que han logrado mucho, en realidad han estado poseídos por esta
idea sin darse cuenta de ello, y han trabajado realmente por el placer de la acción
y el esfuerzo creativo, preocupándose en verdad apenas por el fruto de sus
esfuerzos. Algunos de ellos dicen que “han trabajado porque no podían evitarlo”,
más que por el mero deseo de ganancia material. Al seguidor del “Karma-Yoga”,
le parece a veces como si él no fuera el verdadero trabajador, sino que su mente y
su cuerpo estuvieran haciendo el trabajo, y él —su yo— permanece afuera,
mirándose trabajar o actuar. Existen fases inferiores y superiores de “Karma-
Yoga” que no podemos explicar aquí, pues cada rama del Yoga es por sí misma
un gran tema.
”Gnani-Yoga” es el “yoga” de la sabiduría. Lo siguen aquellos de tipo intelectual,
deseosos de razonar, probar, experimentar y clasificar el conocimiento oculto. Es
la vía del erudito. Sus seguidores son fuertemente atraídos por la metafísica.
Ejemplos de la idea de “Gnani-Yogi” —ejemplos aparentemente muy disímiles—
se encuentran entre los grandes filósofos de tiempos antiguos y modernos y, en el
otro extremo, entre aquellos con una fuerte tendencia hacia las enseñanzas
metafísicas. De hecho, casi todos los estudiantes de la Filosofía Yogi son más o
menos atraídos por el “Gnani-Yoga”, aun cuando se digan seguidores de una de
las otras tres vías. Por ejemplo, estas lecciones son parte del trabajo “Gnani-
Yoga” aunque están combinadas con otras formas de Yoga. Muchos yogis
combinan en sí mismos los atributos de los seguidores de varias formas de yoga,
aunque sus tendencias naturales les hagan preferir una de las vías más que las
otras.
De las tres formas de Yoga, la segunda, o “Karma-Yoga” es quizás la más fácil de
seguir por el estudiante. Requiere menos estudio, y menos práctica —menos
investigación que el “Gnani-Yoga” y menos entrenamiento que el “Raja-Yoga”. El
karma yogi simplemente trata de llevar una vida buena, haciendo su trabajo con
lo mejor de sus habilidades, sin ser arrastrado por la esperanza de recompensa—
crece en una comprensión de la verdad de acuerdo a su naturaleza, y se
conforma con desplegarse gradualmente, como una rosa, de vida en vida hasta
que alcance un grado elevado de realización. No busca poderes inusuales, y en
consecuencia no se esfuerza por desarrollarlos. No busca la solución de los
grandes problemas de la naturaleza y de la vida, sino que se conforma con vivir,
un día a la vez, sabiendo y confiando que todo le irá bien —y así será. Mucha de
la gente del “Nuevo Pensamiento” en Norteamérica, son realmente karma yogis.
El raja yogi, por el contrario, siente el deseo de desarrollar sus poderes latentes y
de investigar dentro de su propia mente. Ansía manifestar poderes ocultos y
facultades, y siente un intenso deseo de experimentar en esas direcciones. Está
vivamente interesado en la psicología y en los “fenómenos psíquicos” y en todos
los fenómenos ocultos y enseñanzas en temas similares. Es capaz de lograr
mucho por el esfuerzo decidido, y con frecuencia presenta maravillosos
resultados mediante la concentración de la voluntad y la mente. El mayor placer
del gnani yogi consiste en el razonamiento metafísico, o en la intensa búsqueda
intelectual. Él es filósofo, erudito, predicador, maestro, estudiante; y con
frecuencia llega a extremos siguiendo su línea de trabajo favorita, perdiendo de
vista las otras facetas del tema.
El hombre mejor adaptado para lograr un avance general a lo largo de las vías
ocultas es el que evita llegar a los extremos en cualquiera de las ramas del
asunto, pero que, mientras en lo esencial sigue sus propias inclinaciones hacia
ciertas formas de “Yoga”, mantiene un conocimiento general de las diversas fases
de la gran filosofía. Al final, el hombre debe desarrollar todas las facetas,
entonces por qué no mantenerse en contacto con todas mientras avanzamos. Al
seguir este curso evitamos la unilateralidad, el fanatismo, la estrechez, la
cortedad de vista y la intolerancia.
Los estudiantes yogi pueden dividirse en tres categorías generales: (1) los que, en
pasadas encarnaciones, han hecho considerables progresos en una misma
dirección, y han despertado a la conciencia en la vida presente con las más
fuertes tendencias hacia el ocultismo y temas similares. Estas personas
aprenden rápidamente y están conscientes del hecho de que no están sino
reaprendiendo alguna lección aprendida en el pasado. Aprehenden
intuitivamente las verdades ocultas y encuentran en esos estudios alimento para
las necesidades del alma. Por supuesto, esas almas se encuentran en varias
etapas de desarrollo. Algunas no tienen sino una comprensión elemental sobre el
tema, su conocimiento en la pasada encarnación no fue más que superficial;
otros han progresado más, y son capaces de llegar más lejos en su presente tarea
que otros menos desarrollados; hay aun otros muy desarrollados, y a los que no
les falta sino poco para alcanzar el estado de encarnación “consciente”, es decir,
el estado de poder despertar a un conocimiento consciente de las vidas pasadas.
La última sub-clase mencionada es susceptible de ser considerada “rara” por sus
relacionados, especialmente en su vida temprana —a sus compañeros les
parecen “viejos” y “extraños”. Se sienten como si fueran extranjeros en una tierra
extraña, pero están seguros de que tarde o temprano entrarán en contacto con
otros, o conocerán enseñanzas que les permitirán retomar de nuevo sus estudios.
(2) Aquellos que, en mayor o menor grado, despiertan a un conocimiento
consciente de sus vidas pasadas y lo que aprendieron allí. Esas personas son
relativamente escasas y, aun así, hay muchas más de lo que generalmente se
supone, pues no se prestan a brindar su confianza a logros ocasionales y
generalmente miran su conocimiento y memoria del pasado como algo sagrado.
Estas personas van por el mundo sembrando una pequeña semilla aquí y otra
más allá, semillas que si caen en tierra fértil fructificarán en las futuras
encarnaciones de aquellos que las reciben.
(3) Aquellos que han aprendido algunas verdades ocultas en pasadas
encarnaciones —algunas palabras de sabiduría, conocimiento o consejo vertidas
por alguno de los que han avanzado más en el sendero. Ellos dejan enterrarse
profundamente esas semillas de pensamiento en su suelo mental, si es rico, y en
la siguiente vida aparece la planta. Esas personas están poseídas por una
inquietud que las deja insatisfechas con las explicaciones corrientes de las cosas,
y que las hace buscar aquí y allá una verdad que instintivamente saben que se
encuentra en alguna parte. Con frecuencia corren detrás de falsos profetas, y van
de un maestro a otro, encontrando un poquito de verdad aquí, corrigiendo un
error allá. Tarde o temprano encuentran un anclaje, y en su descanso acumulan
cantidades de conocimientos que (después de haber sido digeridos durante el
período de reposo del alma en el Mundo Astral) les serán de gran valor en su
próxima encarnación.
Rápidamente se admitirá que es prácticamente imposible dar instrucciones
detalladas que se ajusten a las diversas necesidades de estos diferentes
estudiantes. Todo lo que se puede hacer (aparte de instrucción personal a cargo
de algún maestro competente) es dar palabras de consejo y de estímulo. Pero no
dejen que esto los desanime. Recuerden esto —que es una gran verdad oculta—
cuando el estudiante está listo el maestro aparece —la senda se les irá abriendo
paso a paso, y a medida que surja cada nueva necesidad espiritual, estará en
camino la forma de satisfacerla. Puede que venga de afuera —puede venir de
adentro— pero vendrá. No dejen que el desánimo se apodere de ustedes porque
parecen estar rodeados por el entorno más desfavorable, con nadie cerca a quien
puedan hablar de estas grandes verdades que se están desarrollando ante su
visión mental. Probablemente ese aislamiento es justo lo que necesitan para
adquirir auto-confianza y curarse de ese deseo de apoyarse sobre alguna otra
alma. Tenemos que aprender esa lección —y muchas otras— y el camino que nos
parece más difícil de transitar es el que está dispuesto para nosotros, de manera
que podamos aprender la lección que necesitamos, bien y “para bien”.
El resultado es, que alguien que ha captado las ideas fundamentales de esta
filosofía, comenzará a ver que se desprende del temor —pues, cuando comprende
exactamente lo que él es, ¿cómo puede temer? No habiendo nada que realmente
pueda hacerle daño, ¿por qué debería temer? Por supuesto que la preocupación
sigue al temor y a donde va el temor, le siguen muchas otras faltas mentales
secundarias. Envidia, celos y odio —malicia, falta de caridad y condena— que no
pueden existir en la mente de alguien que “comprende”. Fe y confianza en el
espíritu, y aquello de lo cual el espíritu proviene, deben manifestarse al alma
despierta. Alguien así reconoce naturalmente la guía del espíritu y sin
vacilaciones la sigue, con respeto —y sin dudas. Alguien así no puede evitar ser
amable —para él la gente del mundo exterior se parece a niños pequeños
(muchos de ellos como bebés aún sin nacer) y los trata caritativamente, no los
condena en su corazón, porque los conoce por lo que son. Alguien así hace el
trabajo que se le presenta, sabiendo que ese trabajo, sea humilde o encumbrado,
se le ofrece por sus propios actos y deseos, o por sus necesidades— y está bien
en cualquier evento, que no es sino un escalón hacia cosas mejores. Alguien así
no le teme a la vida —no le teme a la muerte— tan buenas la una como la otra.
El estudiante que espera hacer progresos, debe hacer de esta filosofía una parte
de su vida diaria. Debe llevarla consigo siempre. Esto no significa que deba forzar
a otros sus puntos de vista y sus opiniones —de hecho, eso es expresamente
contrario a las enseñanzas ocultas, pues nadie tiene derecho de imponer
opiniones a otros, y es contrario al crecimiento y libertad naturales del alma
individual. Pero el estudiante debe ser capaz de llevar consigo un permanente
sentido de la realidad y verdad de su filosofía. No necesita sentir temor de llevarla
consigo a todas partes, pues ella se ajusta a todas las fases de la vida. Si uno no
puede llevarla al trabajo, algo anda mal, ya sea con la filosofía, con el trabajo o
con el individuo. Y nos ayudará a trabajar mejor —a hacer un trabajo más
activo— porque sabemos que el trabajo es necesario para el desarrollo de alguna
parte de nosotros —de otra manera no se nos presentaría— y, no importa cuán
desagradable sea la tarea, debemos ser capaces de cantar con alegría cuando
comprendemos justo qué somos y cuántas grandes cosas hay frente a nosotros.
Al esclavo encadenado a la galera —si tiene paz en su alma y conocimiento en su
mente— se le puede tener menos piedad que a un rey en su trono pero que
carece de esos atributos. No debemos evadir nuestros deberes, ni huir de nuestro
destino —pues realmente no podemos escapar de ellos excepto cumpliéndolos. Y
las cosas muy desagradables realmente fortalecen nuestro carácter, si estamos
aprendiendo correctamente nuestra lección. Y entonces, recuerden, “aún esas
cosas pasarán”.
Uno de los grandes obstáculos para el progreso del estudiante hacia las fases
más elevadas del ocultismo, particularmente la fase fenoménica, es la falta de
auto-control. Cuando uno desea ser colocado en posesión de poder, el cual si es
utilizado sin cuidado o mal utilizado, puede resultar en que se lastime a uno
mismo o a otros, es de la mayor importancia que esa persona haya logrado el
dominio de sí mismo, el control del lado emocional de su naturaleza. Imaginen a
un hombre en posesión de elevados poderes ocultos que pierda su ecuanimidad y
sea presa de la rabia, emitiendo vibraciones de odio y furia intensificadas por la
fuerza ampliada de sus poderes desarrollados. Tales expresiones, en un hombre
que haya logrado poderes ocultos, serían muy dañinas para él, pues tal vez se
manifestarían en un plano donde tales cosas tienen un efecto exagerado. Un
hombre cuyas investigaciones le lleven al plano astral, debería cuidarse de tal
falta de auto-control, pues un desliz de este tipo puede serle fatal. Pero el mundo
de las fuerzas superiores está tan maravillosamente balanceado que un hombre
de temperamento violento, o uno que carezca de auto-control, no puede hacer
sino pequeños progresos en las prácticas ocultas —siendo ésta una prueba
necesaria. De manera que una de las primeras cosas que debe lograr el
estudiante que desee avanzar es el dominio de su naturaleza emocional y la
adquisición de auto-control.
También se necesita una cierta dosis de coraje de la más alta calidad, pues en el
plano astral uno experimenta algunas extrañas visiones y sucesos, y aquellos
que deseen viajar allí deben haber aprendido a dominar el temor. También
necesita calma y equilibrio. Cuando recordamos que la preocupación y emociones
afines causan vibraciones a nuestro alrededor, puede verse fácilmente que tales
condiciones mentales no son propicias a la investigación psíquica —de hecho,
cuando estos elementos están presentes no pueden obtenerse los mejores
resultados.
El ocultista que desee alcanzar grandes poderes debe limpiarse primero de avidez
por esas cosas para la gratificación de sus propios fines básicos, pues la
búsqueda de poderes ocultos con ese fin sólo le traerá dolor y desengaños, y al
que intente prostituir las fuerzas psíquicas con fines básicos le traerá un
torbellino de resultados indeseables. Tales fuerzas, cuando se utilizan mal,
reaccionan como un boomerang contra el que las envía. El verdadero ocultista
está lleno de amor y sentimientos fraternos hacia su prójimo, y se esfuerza por
ayudarlo en lugar de limitarle su progreso.
Entre todos los numerosos libros escritos con el propósito de arrojar luz sobre el
sendero del estudiante de ocultismo, no sabemos de ninguno más ajustado a ese
propósito que el librito titulado Luz en el Sendero, escrito por “M. C.”,(1) por
inspiración de algunas inteligencias muy por encima de lo ordinario. Está velado
en el estilo poético común a los orientales, y a primera vista puede parecer
paradójico. Pero está lleno de los más exquisitos fragmentos de sabiduría
ocultista, para aquellos que sean capaces de leerlos. Debe leerse “entre líneas”, y
tiene la peculiaridad de que se hará aparente a cualquiera que lo lea
cuidadosamente. Es decir, les proporcionará tanta verdad como ustedes sean
capaces de aprehender hoy; y mañana, cuando lo retomen, les dará más, con las
mismas líneas. Mírenlo dentro de un año, y nuevas verdades aparecerán ante
ustedes —y así sucesivamente. Contiene esbozos de verdad tan maravillosamente
planteados —y sin embargo semi-ocultos— que a medida que ustedes avancen en
discernimiento espiritual —y cada día están preparados para verdades
superiores— encontrarán que en este libro se levanta velo tras velo ante la
verdad, hasta que estén completamente deslumbrados. Es igualmente notable
como libro capaz de brindar consuelo a los que están desconcertados o afligidos.
Sus palabras (aunque no sean comprendidas sino a medias) resonarán en los
oídos de sus lectores y, como una hermosa melodía, alivian, consuelan y calman
a los que las escuchan. Le aconsejamos a todos nuestros estudiantes que lean a
menudo y con cuidado este librito. Encontrarán que describe varias experiencias
espirituales a través de las que pasarán, y les prepararán para la próxima etapa.
Muchos de nuestros estudiantes nos han pedido que escribamos un librito como
explicación elemental de Luz en el Sendero —tal vez el Espíritu nos lleve a hacerlo
alguna vez en el futuro— tal vez no.
No es sin un sentimiento como de tristeza que escribimos estas últimas líneas.
Cuando escribimos nuestra Primera Lección, invitábamos a nuestros estudiantes
a sentarse para un curso de charlas —puro y simple— sobre un gran tema.
Nuestro objetivo era presentar estas grandes verdades en una forma sencilla,
práctica y simple, de manera que muchos se interesaran en ellas y fueran
conducidos hacia exposiciones más elevadas de la verdad. Hemos sentido ese
amor y apoyo tan necesario para un maestro, y desde el principio se nos
manifestó la simpatía de la clase. Pero, al repasar nuestro trabajo nos parece que
hemos dicho tan poco —hemos dejado tanto por decir— y, sin embargo, hemos
hecho lo mejor que pudimos, considerando el poco espacio de que disponíamos y
el inmenso campo a ser cubierto. Creemos que apenas hemos comenzado y no
obstante ya es hora de decir “adiós”. Quizás le hemos aclarado algo ciertos
puntos a algunos pocos que estaban confundidos —tal vez le abrimos la puerta a
los que estaban buscando una entrada al templo— ¿quién sabe? Si hemos hecho
aunque sea un poco por solamente una persona, nuestro tiempo ha sido bien
empleado.
Alguna vez en el futuro podríamos ser llamados a pasarles una exposición más
elevada y más avanzada de este gran tema —este es un asunto que depende
mucho de los deseos de ustedes— si nos necesitan nos encontrarán listos y
deseosos de reunirnos con ustedes en el estudio de las grandes verdades de la
Filosofía Yogi. Pero, antes de que den el próximo paso adelante, asegúrense de
que entienden cabalmente estas lecciones elementales. Repásenlas una y otra vez
hasta que su mente haya aprehendido completamente los principios. En cada
lectura encontrarán expuestos nuevos rasgos. A medida que sus mentes se
desarrollen, encontrarán nuevas verdades esperándolos aun en las mismas
páginas que han leído y releído varias veces. Esto, no porque haya algún mérito
especial en nuestro trabajo (porque a nuestro criterio este trabajo es imperfecto,
muy imperfecto), sino por la propia verdad inherente a la filosofía que hace que
todo lo que se escriba sobre ella se llene de temas para pensar y considerar
profundamente.
Adiós, queridos estudiantes. Les agradecemos su amabilidad en escucharnos
durante el transcurso de esta Clase. Hemos sentido su simpatía y amor, así como
ustedes deben haber sentido el nuestro. Estamos seguros de que cuando lean
estas líneas —henchidos de nuestro vínculo con ustedes— sentirán nuestra
cercanía en espíritu —y estarán conscientes de ese cálido apretón de manos que
les extendemos a través de las millas que nos separan físicamente.
Recuerden estas palabras de Luz en el Sendero: “Cuando el discípulo está listo
para aprender, entonces es aceptado, reconocido y admitido. Tiene que ser así,
pues él ha encendido su lámpara y ésta no puede estar escondida”.
Por lo tanto les decimos “La Paz sea con
ustedes".

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