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viernes, 1 de marzo de 2013

Padma Sambava Credo tibetano del nacer y del morir


Padma Sambava









Credo tibetano del nacer
 y del morir



I

Vida y obra de Padma Sambava, el Segundo Buda


No crean nada, oh monjes, simplemente porque se lo dieron... o porque es tradicional, o porque lo imaginaron. No crean lo que su maestro les  dice, simplemente por respeto al maestro. Pero luego de la indagación y el análisis, en razón de todo lo que descubran como conductor hacia el bien, el beneficio y el bienestar de todos los se res, crean en esa doctrina, adhiéranse a ella, y tómenla como su guía. Sidarta Gautama
Una siembra luminosa

 Entre los imponderables tesoros espirituales  que el budismo tibetano guarda en su tradición, se debe al maestro Padma Sambava un vasto y revelador tratado titulado La Liberación Natural Mediante la Contemplación de los Budas Iracundos y Apacibles. A él se le reconoce la introducción de las enseñanzas de Buda al Tibet durante el siglo VIII de la era presente.
 Según las crónicas de la época, antaño en ese país regían cultos religiosos bárbaros ante los cuales, un emperador esclarecido llamado Trisong Detsen (755-797) decidió encaminar el destino tibetano en dirección de las enseñanzas budistas, cuya trayectoria en la India ya llevaba doce siglos de fértil implantación. En ese sentido, su obra de esclarecimiento fue facilitada por la visión de otro emperador que lo precedió, Songtzen Gambo (627-749), quien en la culminación de una época de alta beligerancia nacional apuntada a neutralizar tendencias militaristas feudales, decidió abrir su país a la cultura de la India, después de explorar el acervo espiritual del Asia.
 Gambo, con la intención de proporcionarle al Tibet el lenguaje escrito que no poseía, envió a los eruditos más dotados de su reino a aprender sánscrito en centros religiosos indios, como paso previo para la traducción de los máximos textos budistas. Creía firmemente que un clima nacional de "sacralidad" podría orientar a su nación hacia la cohesión social y la grandeza moral.
 El budismo es una de las más refinadas filosofías antiguas y hace 2.500 años que constituye una reveladora corriente religiosa. Iniciada en la India por el príncipe Sidarta Gautama, posee como elementos primordiales una bondad amorosa universal, el culto de la no-violencia, un impulso de paz e indulgencia, Asimismo, estimula a los seres conscientes a que se basen en sólidos principios éticos y a que durante su existencia terrena se enfoquen hacia la búsqueda de la verdad y el significado de la vida. Sus enseñanzas contienen una profunda comprensión de la mente humana y proponen múltiples disciplinas meditativas. Esto último se encuentra tan arraigado en las tradiciones budistas, que es tomado como obvio. De allí que se dé por sobreentendida la práctica de la meditación, y que se enfatice su aprendizaje bajo la guía de maestros idóneos.
 La práctica de la meditación, especialmente dentro del budismo tibetano, apunta a que el discípulo descubra en sí mismo las zonas de conflicto, que comprenda la naturaleza de su ser y que desarrolle al máximo el potencial de su mente. El objetivo predominante es que la vida se colme de significados y de realizaciones, no simplemente para el bienestar personal, sino para el beneficio de todo el mundo.
 En la esfera devocional, a Padma Sambava. (que en sánscrito significa nacido de un loto), se lo considera como el Segundo Buda, porque cuando Sidarta estaba a punto de fundirse en el parinirvana, le dijo a sus seguidores: Esta vida mundana es transitoria, y la separación resulta inevitable. Pero en el centro de un lago inmaculado situado en las tierras de Udíyana, aparecerá alguien que será más sabio y poderoso que yo. Nacerá en el centro de una flor de loto, será conocido como Padma Sambava, y revelará enseñanzas de los Mantras Secretos que liberarán a todos los seres de la precariedad material.
 El término sánscrito parinirvana define la meta suprema de las aspiraciones budistas: la paz total, el reposo eterno. Sobreviene tras la muerte del cuerpo físico, una vez alcanzadas la plena purificación moral, la sabiduría suprema y el nirvana. Es un estado inefable e indescriptible. Implica el cese absoluto de la existencia mundana, la decadencia corporal, la muerte, el nacimiento y la repetición de los cielos encarnados.
 El nirvana es un estado de liberación suprema del sufrimiento y constituye el objetivo de todas las prácticas budistas. Es la finalización del samsara o cielo infinito de la existencia: el budismo sostiene que todos los seres no realizados transmigran continuamente de una vida a otra, que los cuerpos mueren pero las mentes son eternas y están atadas a tal ciclo por la ignorancia, los deseos y las ilusiones. El nirvana está al alcance de todos porque es la verdad implícita de la condición humana y los maestros afirman que para una mente iluminada y despierta nirvana y samsara no son más que dos caras de la misma moneda. Algunas escuelas budistas lo sitúan más allá de este mundo, pero la línea universalista del budismo tibetano (y de otras latitudes del Asia) lo asumen como parte de la vida corriente donde se producen los fenómenos sensoriales. De modo que quien alcanza el nirvana transforma los sucesos relativos cotidianos en una dimensión perfecta, extraordinaria, llamada estado de Buda o Budidad.
 Impresionado por las doctrinas budistas enseñadas en la universidad de Nalanda de la India, el rey tibetano Detsen le pidió apoyo a su rector, el maestro indio Khenpo Shantarakshita, para construir un primer monasterio en Samye. El sabio verificó que sus poderes eran insuficientes para enfrentar la reacción mágica y demoníaca de los chamanes adeptos a la antigua religión Bon, y convocó a Padma Sambava para concretar el difícil emprendimiento. Lo ligaban lazos de familia, pues el Segundo Buda tenía como consorte y discípula a la princesa Mandarava, hermana de Shantarakshita.
 Considerado como una emanación del habla de Buda Avalokitesvara (señor de la Compasión Universal), de la mente de Buda Amitaba (señor de la Luz Inconmensurable) y del cuerpo de Buda Sakyamuni (Gautama, el fundador, sabio del clan Sakya), las biografías de Padma Sambava exceden los matices de cualquier personaje histórico pues, a la par de sus acciones físicas entre los seres vivos, ostentaba los poderes de ocho apariencias distintas de carácter sobrenatural.
 La doctrina explica que todos los Budas de las Diez- Direcciones (cenit y nadir, norte, sur, este, oeste, noreste y noroeste, sudeste y sudoeste) y de los Tres Tiempos (pasado, presente y futuro) son en esencia idénticos y se unificaron en la figura de Padma Sambava, conocido también en la India como Gurú Padma y en el Tibet como Gurú Rinpoche. Las enseñanzas esenciales de Buda son siempre iguales para todos, pero según sea el estado de la evolución espiritual de los involucrados, pueden interpretarse de manera diferente. De allí las innumerables variaciones y corrientes del budismo. Padma Sambava se presentaba de modos disímiles, adecuados a la receptividad de los buscadores de la iluminación y de la consiguiente liberación del sufrimiento.
 Creció, igual que Buda, en un contexto palaciego como hijo adoptivo de Indrabodi, rey de Odiyana, quien lo visualizaba como su heredero y se negaba a permitirle una vida de peregrinaje iniciático y de exploración religiosa. Para librarse de tal designio, Padma Sambava quebró la ley del reino: durante una ceremonia real se sumergió en una danza alucinada y clavó de modo letal un tridente en el pecho del hijo de un ministro. Se lo condenó al exilio en lo que se consideraba el peor lugar del reino: los crematorios. Pero allí se reunían los adeptos al Tantra (en el budismo, disciplina contemplativa vivencial ajena a la abstracción filosófica) y se vinculó con infinidad de dakinís (emanaciones femeninas de la sabiduría búdica, angelicales o feroces según las circunstancias, eventualmente eróticas). Desde ese momento, sus conexiones con múltiples divinidades fueron espontáneas y constantes. Distintos maestros lo fueron iniciando en matices sutiles de la epopeya espiritual, en tanto perfeccionaba ceremonialmente el tantrismo con su consorte Mandarava. A cierta altura, desentrañó los secretos de la longevidad, trascendió los márgenes de la vida y de la muerte y, por consiguiente, se volvió inmortal.
 Cuando regresó a Odiyana disfrazado de mendigo, fue descubierto y el ministro cuyo hijo había muerto lo condenó a sucumbir en una gran pira, situación de la que Padma Sambava y Mandarava salieron totalmente ilesos. Hay otras versiones del incidente, y una de ellas narra que Mandarava era abadesa de un convento con 500 monjas, e hija del rey de lo que hoy es Mandi. El maestro entró al convento y la tomó como consorte, violando la ley. Ese monarca ordenó quemarlo pero las llamas se transformaron en un lago.
En consecuencia, y deslumbrado, el rey de Odiyana se convirtió en discípulo de su hijo. Dondequiera éste aparecía, revertía radicalmente mediante la fe situaciones de odio y violencia. Viajaba de modo incesante y así llegó a ser un máximo maestro tántrico en Nalanda.
 El Tantra es un método meditativo apuntado a lograr la experiencia iniciática que precede a la iluminación. Abarca cuatro dinámicas esenciales: el mandala (cosmograma gráfico que permite captar la realidad cósmica inductora de la realización espiritual del practicante), las asanas (posturas correctas para la meditación), el mudra (gesto de carácter ritual consumado con las manos y los brazos) y el mantra (invocación mental edificante ligada al acto meditativo).
 Padma Sambava diluyó de modo avasallador todas las fuerzas demoníacas que se mancomunaron para impedir que introdujera el budismo en el Tibet, y las crónicas señalan que trasmutaba sin cesar cuanta manifestación de negatividad aparecía en su área de influencia. No bien lo acometían los poderes imperantes basados en creencias míticas primitivas, Padma Sambava no cedía ante las fuerzas naturales hostiles desatadas en su contra, ni resultaba vulnerable a los designios mágicos destructivos.
 Sin cesar, cuando era enfrentado con el entendimiento antiguo, proporcionaba nuevas explicaciones y exponía -con obstinación hábil y transparente- las facetas místicas y luminosas de la existencia humana. Sabía de los ritos primitivos de los tibetanos que procuraba iniciar en el budismo hoy conocido como Escuela Vajrayana (diamantina, joya de la sabiduría que expresa la realidad suprema y que manifiesta una compasión universal). El budismo afirma que las deidades celestiales (budas apacibles) o las formas demoníacas (budas iracundos) son expresiones de la mente humana. Por lo tanto, la neutralización de tales potencialidades requiere que se domen las, propias emociones.
 No bien se consolidó una situación favorable al budismo en el Tibet, Shantarakshita asumió como abad del flamante monasterio de Samye, y comenzó la traducción sistemática al idioma tibetano de todas las enseñanzas del Buda preservadas en sánscrito. Muchos tibetanos fueron a estudiar a Nalanda, y numerosos maestros indios se radicaron en el Tibet.
 No hay acuerdo entre los cronistas sobre el tiempo que Padma Saraava permaneció entre los tibetanos, y así como algunos lo miden en meses, otros lo establecen en décadas. En un documento histórico llamado 'Declaración de Ba" se resuelve la discordancia mediante esta explicación: parecía que el maestro abandonaba el Tibet pero lo que en verdad partía eran proyecciones creadas por Padma Sambava, que se recluía en cavernas distantes, o continuaba su labor misionera en Nepal y Bhután, para la transmisión colectiva del Darma (la Enseñanza o Verdad). Sostenía siempre que el conocimiento espiritual debe personalizarse y convertirse en testimonio individual, pues si se mantiene en mera teoría no cumple función provechosa alguna.
 Dados sus poderes magnos, suele explicarse, concretaba grandes realizaciones que supuestamente demandarían mucho tiempo, cosa que en la práctica se volvía relativo. Hacía mucho en un instante, y cada instante equivalía a la eternidad. Y su leyenda afirma que Padma Sambava continúa viviendo como maestro en esté mundo, para beneficiar con su luz a todos los seres sensibles como gran regente del Vajrasatva (cúspide de los budas apacibles, custodios de los misterios sublimes) y para garantizar con su presencia que la genuina esencia del Darma permanezca para siempre en la tierra.
 El tratado La Liberación Natural Mediante la Contemplación de los Budas Iracundos y Apacibles detalla con profundidad e intensidad las cúspides del credo tibetano sobre el arte de morir y renacer, corno forma de superar progresivamente los obstáculos que traban el desarrollo espiritual. Su recopilación inicial se debe a la princesa Yeshe Togyel, consorte y discípula tibetana principal del maestro Padma Sambava, quien no sólo transcribió sus enseñanzas orales - en un lenguaje codificado que hoy se denominan escrituras de dakini- sino que Togyel los ocultó en cavernas y otros lugares secretos e inaccesibles cuando el maestro vaticinó que vendría una época muy adversa para las enseñanzas del Buda en la región, cosa que efectivamente ocurrió a partir del siglo IX.
 Los llamados termas (tesoros o reminiscencias de la Visión Pura), no sólo quedaron guardados en lugares conocidos apenas por sus discípulos más cercanos, que en encarnaciones posteriores los localizaron como reveladores de tesoros o tertones, sino que al mismo tiempo algunos quedaron como sembrados en la mente de otros iniciados, que los corporizaron en el futuro cuando las condiciones fueron mejores, En la práctica, el terma es inmaterial y permanece protegido en profundos niveles mentales, hasta que súbitamente lo devela uno de sus herederos espirituales. Hay siete tipos: algunos fueron escondidos en el seno de rocas, tierra o agua; otros quedaron como reminiscencias latentes; y otros fueron transmitidos de mente a mente (de maestro a discípulo).
 Uno de los tertones más famoso fue Karma Lingpa, quien localizó esta enseñanza en una cueva montañosa de la zona tibetana central, en el siglo XIV. Época luminosa, que el tibetólogo Robert Thurman describe así: “Todos aquellos lamas eran eruditos, santos, científicos y exploradores psiconáuticos (navegantes de la mente). Se cree que una gran cantidad de ellos había conquistado la capacidad que llamamos 'muerte lúcida'. Habían practicado a la perfección los yogas esenciales que se alcanzan durante una vida de enfoque total en la iluminación... Esos lamas eran los científicos más avanzados, santos hombres y mujeres carismáticos al extremo, respetados líderes sociales, y los más amados miembros de la sociedad tíbetana “. Cabe señalar que se llama lama a todo maestro espiritual, sea o no un monje.
 Siglos después de su recuperación en aquellos tiempos más propicios, una fracción funeraria de los mismos (el Bardo Thodol, que significa "liberación mediante el escuchar en el plano posmortem") fue traducido al inglés y publicado en Europa en 1927 bajo el título arbitrario de Libro Tíbetano de los Muertos.
 La tarea básica fue realizada por el lama Kazi Dawa Samdup, que el profesor británico W. Y. Evans-Wentz, del Jesus College de Oxford, compiló y publicó firmando el resultado con su nombre. Recién al publicarse la tercera edición en 1955, en
Estados Unidos un oportuno prefacio del lama Anagarika Govinda colocaba a Padma Sambava en su justo lugar corno autor original del trabajo. Evans-Wentz, que por cierto había querido emular al Libro Egipcio de los Muertos (otro título arbitrario con el que algunos egiptólogos del siglo XIX bautizaron a un  papiro en verdad titulado Libro de la Salida al Día), puso algunas cosas en su lugar en 1954 con la edición de otra fracción de las enseñanzas de Padma Sambava, bajo el título Libro Tíbetano de la Gran Revelación incluyó algunas secciones d  la biografía del Gurú Rinpoche escrita por la dakini Yeshe Togyel. Pero en general, la sobrecarga de interpretaciones intelectuales que elaboró este divulgador europeo de formación cristiana, tornó bastante indigeribles sus dos aportes divulgatorios.
 Para corregir ese fárrago retórico que en vez de esclarecer en Occidente las avanzadas enseñanzas del sabio Padma Sambava las oscurecía, el segmento de las ceremonias mortuorias de su prédica fue traducido de nuevo al inglés en 1975 por el lama Chógyam Trungpa y la investigadora Francesca Fremantle. La psicointerpretación del erudito lama contemporáneo resultó más extensa que el texto básico comentado: aclaró muchas zonas puestas en penumbra por Evans-Wentz, pero planteaba un problema nuevo. En vez de ir al "alma" del texto, se esmeraba en enumerar eruditamente en sánscrito el nombre de infinitas deidades totalmente desconocidas por lectores occidentales no budistas que sólo saben que el Tibet existe gracias a la prédica infatigable del Dalai Lama. Que no tienen la menor intención de adherir al ascetismo budista y que no saben qué pensar cuando Trungpa les expresa que “Ahora, los principios de los cinco Tagháta se transforman en los Héruka y sus consortes... Vajrapaní se manifestó como Hayagriva, la roja figura colérica con cabeza de caballo, y emitió tres relinchos para proclamar su presencia en el reino de Rudra, Luego penetró en el cuerpo de Rudra por el ano, y Rudra quedó humillado en extremo...
 Por fortuna, en 1994, Robert Thurman tradujo, con mayor amplitud temática la obra original y recuperó una gran cantidad de plegarias y visiones de Padma Sambava desechadas por las dos versiones precedentes. Allí reside su mérito: no dejó afuera la poesía espiritual del Nacido de un Loto, quien dijo: 'Vine como lluvia que cae por el mundo en formas innumerables para quienes estén listos para recibirme. Las acciones de los Iluminados son incomprensibles. ¿Quién puede definirlas o medirlas?'

El Libro Tibetano de los Muertos

 Uno de los preceptos centrales de la religión tibetana se basa en el concepto de reencarnación, lo cual incorpora a la muerte no como el fin de todas las cosas, sino como una etapa esencial de la evolución humana. Las traducciones más divulgadas del Bardo Thodol (a las que pueden agregarse otras tres: la de Giovanni Tucci, la de Eva K. Dargyay y la mancomunada de Stephen Hodge y Martin Boord) ponen en primer plano rituales a ser practicados con los difuntos, en especial una serie de recitados que tienen por finalidad guiar al fallecido hacia la consumación del nirvana en otras órbitas. Caso contrario, volverá a encarnar en este mundo de los seres pasibles de sufrimiento.
 En tibetano, bardo significa entre dos, estado intermedio o zona de transición. En el contexto más estricto, se asume como el interludio entre el acto de morir y la asunción de la vida siguiente.
 Las enseñanzas de Padma Sambava se inscriben en una de las tres grandes corrientes budistas, la Vajrayana (budismo Tántrico o Esotérico). Llamada también "vehículo de diamante", recurre a conjuros, rituales altamente sofisticados, símbolos y la adquisición de poderes sobrenaturales, a fin de alcanzar el estado de Iluminación. Todas estas técnicas psicofísicas se transmiten oralmente del maestro al discípulo, no hay manuales integrales al respecto. Los existentes son insuficientes sin la enseñanza oral. El practicante se identifica con Buda y puede alcanzar la Iluminación en una sola vida. Las prácticas tántricas se caracterizan por la inclusión de la vida sexual (shakti). Thurman propone que etimológicamente, Tantra significa red y establece una concordancia entre el mundo exterior y el interior, entre las deidades y los seres comunes. Las doctrinas tántricas detallan prácticas rituales en pos de realidades supremas. Así mismo, en tibetano el Tantra se conoce como rgyud, que significa continuidad.
 Las otras dos corrientes son el budismo Hinayana (o Theravada), denominado "pequeño vehículo", que enfatiza la austera vida individual en el seno de un monasterio como manera de emular a Buda (quien desechó el ascetismo extremo), conquistar la santidad mediante la práctica meditativa y extinguir el deseo y los residuos kármicos al final de la vida. El karma es una ley de la causa y el efecto: todas las acciones positivas o negativas pesan sobre cada individuo y lo condicionan a sufrir sus consecuencias durante una o varias existencias. El objetivo espiritual consiste en librarse del cielo de las existencias.
 En cambio, el budismo Mahayana o "gran vehículo" no admite la liberación personal como objetivo exclusivo y se aboca con la compasión como herramienta altruista principal a avanzar hacia la Iluminación junto a los semejantes, todas las vidas que haga falta.
 En las prácticas Vajrayana se identifican seis bardos: 1. el proceso del fallecimiento (intervalo desde el instante en que el individuo comienza a morir hasta que tiene lugar la separación de la mente y el cuerpo) y la eventual percepción de la Luz Clara (naturaleza búdica); 2. las visiones apacibles e iracundas (proyecciones de la mente humana que toman características de deidades del cielo o del infierno, semejantes a los estados psicodélicos); 3. período de devenir o renacimiento (donde la conciencia desciende y la mente -por la fuerza del karma- asume un nuevo cuerpo donde nacer: el budismo no postula la continuidad de una entidad que se reencarna sino que habla del renacimiento de un flujo de conciencia o emanación en un nuevo cuerpo); 4. la transición entre el nacimiento y la muerte (la conciencia común, despierta en la vida corriente); 5. el estado de sueño (lo que se experimenta cuando se duerme); y 6. la concentración meditativa (estabilidad durante los ejercicios de introspección).
 Lo singular del Bardo Thodol en su versión integral (con los votos y plegarias) es que deja de ser un manual funerario y se vuelve una guía para el acto de vivir. En todo momento de su crecimiento y evolución como ser humano, cada individuo muere en relación a su pasado, deja atrás facetas de su ego antiguo, y si no lo hace le resultará imposible encontrar su lugar en la nueva vida espiritual que le cabe como iniciado.
 Por eso el lama Govinda resalta que todos los que están ilustrados sobre la filosofía budista reconocen que el nacimiento y la muerte no son fenómenos que ocurren una sola vez en la vida; se producen ininterrumpidamente. En cada instante algo muere en nosotros y algo renace. Por lo tanto, los diferentes bardos representan distintos estados de conciencia en nuestra vida. El estar despierto con la conciencia normal de haber nacido en el mundo humano, el estado de inmersión en el sueño, el trance durante la. meditación profunda, la experiencia de morir, la experiencia de la realidad, la experiencia de renacer. Hay mucho para hacer en esta vida, que no se trata de una misa por los muertos, cosa a la cual se redujo al Bardo Thodol en los últimos tiempos. La obra se dirige no sólo a quienes ven que se aproxima el final de su vida, o que están cerca de la muerte, sino a quienes todavía tienen muchos años de vida encarnada, y que, por primera vez, advierten el significado de su vida como seres humanos. Nacer como ser humano es un privilegio, según la enseñanza de Buda, porque ello ofrece una rara oportunidad de: liberación a través del propio esfuerzo decisivo, a través de un darse vuelta en el profundísimo asiento de la conciencia.
 William Hart, en su obra sobre la meditación Vipassana, dice que el universo existe para cada uno tan sólo cuando lo experimentamos con el cuerpo o con la mente. No está en parte alguna, está siempre en el aquí y el ahora. Y la exploración de nuestro aquí y ahora es la única forma en la que podemos explorar el mundo, porque a menos que exploremos nuestro mundo interno, nunca podremos conocer la realidad. En la antigua lengua pali de la India, Vipassana significa visión cabal. Constituye la esencia de la enseñanza del Buda la experimentación real de las verdades que enunció. Sus palabras son la expresión de su experiencia meditativa y también instrucciones detalladas de la forma en que debe practicarse para alcanzar la meta que él alcanzó: la experiencia de la verdad. Muy por encima de los cultos tanatológicos imperantes en estos tiempos degenerados, las enseñanzas de Padma Sambava revelan los secretos de la vida. Lo cual les otorga un inmenso valor espiritual a la vez que las reviste de una infinita proyección universal.
 En cualquier aprendizaje general, un discípulo se da vuelta, se revierte: escucha, reflexiona y medita. Pero aquí se trata de algo distinto al escuchar en el contexto de la escucha, la reflexión y la meditación. Equivale a cierto tipo de enseñanza del Vajrayana que tiene la capacidad de provocar la liberación. Esta liberación "mediante el escuchar" no alude al acto físico, al uso del sentido del oído, por parte de alguna persona que escucha la lectura de la enseñanza de alguien llamado Buda. Más bien se trata de una experiencia de alguien que acepta la enseñanza con su corazón, se apropia de ella, y con ella se embebe, se empapa y se embriaga.
 Escuchar, en este caso, es abrirse con total permeabilidad. Es dejar que el corazón vibre y se colme infinitamente, con fe, sinceridad, devoción y entrega.
 Lo que tal vez comienza de modo intuitivo, va transformándose en entendimiento: el sentimiento se fusiona con el pensamiento. El corazón y la mente accionan de modo unísono. Por fin, la captación intuitiva y el discernimiento mental pasan a accionar en la experiencia directa del individuo, que convierte la enseñanza en una realidad viva, expansiva, ilimitada. Y es aquí que resuena expandida la premisa de Padma Sambava: "el conocimiento espiritual debe personalizarse y convertirse en testimonio individual, pues si se mantiene en mera teoría no cumple función provechosa alguna". O como expresa el Lama Govinda: "así, la convicción intelectual crece y se vuelve certeza espiritual, en un conocimiento donde el conocedor se vuelve uno con lo conocido".
 La liberación natural consiste en identificarse con lo que es, tal cual es, porque por encima de lo ilusorio de la vida y la muerte, el secreto consiste en librarse de la ignorancia. El Darma budista, clave de eternidad, de llama inagotable, de luz infinita, disipa las nubes del temor, abre camino a la llegada de un sol que trasmuta las fibras del ser. La muerte es algo ilusorio porque uno se ha identificado con una forma transitoria, temporal. Desde el momento de nacer comienza la hora de morir. Hecho inapelable que llega cuando y como sea, sin dar posibilidad de fuga. Es cuando las fantasías físicas, mentales o emocionales del individuo dejan paso a las vibraciones de unificación con el universo. Que en el budismo se denomina bodichita: una conciencia del despertar del espíritu suprapersonal que lo abarca todo, y que reside en todo ser vivo en estado potencial.
 Morimos y nacemos ininterrumpidamente. En la enseñanza tántrica que se produce es la muerte simbólica del "iniciado", que se abre a otras formas de percepción. Lo que llamamos iluminarse es darse a luz, conscientemente. No una vez sino infinitas veces, lejos de toda instancia de cristalización.
 La "liberación", dice por fin el Bardo Thodol, es un acto mental basado en reconocer claramente, que no hay otras ataduras que las que tejemos nosotros mismos a nuestro alrededor. Que los cielos, los infiernos, los dioses y los demonios -y también esta misma vida- no son sino fabricaciones de nuestra imaginación.
 Todos los textos de Padma Sambava incluidos en esta selección, fueron concebidos para ser recitados. Para el que quiera escucharlos y para que los escuche quien los recite. No una vez: muchas veces. Porque en última instancia, sólo de la confluencia de la sabiduría y la compasión surge el destello inconmensurable del Buda Amitaba, señor del Paraíso de Occidente (un estado de conciencia denominado también de la Tierra Pura). Igualmente conocido como Amitayus: el Buda de la longevidad inconmensurable.
 Morir, renacer.. en el devenir de la vida infinita no hay principio ni fin. En el budismo, mente y alma o espíritu son sinónimos. Y constituyen itinerarios intemporales que una luz clara y compasiva nutre como una madre celestial, eterna.
Miguel Grinberg

II
Meditación visualizadora del Maestro de los Tres Cuerpos

 La inconcebible realidad de Buda se resume en tres luminosidades o cuerpos que confluyen en la Iluminación: la realidad suprema, la beatitud personal y la emanación creativa en beneficio de todos los seres. Al mismo tiempo que el budismo tibetano remarca el valor de un Mentor (O maestro) personal, indica que existen tres venenos (la codicia, el odio y la ilusión) que fuerzan ciclos de vida carentes de luminosidad y encadenados al sufrimiento. La Iluminación liberadora se produce solamente cuando se los elimina de manera integral, como modo de acceder a la transformación inmediata del ser con base a las enseñanzas budistas sobre la Gran Perfección. He aquí la plegaria propuesta por el Maestro Padma Sambava en pos de tal visualización, prerrequisito de toda consumación.

 ¡OM!
Al Mentor del Cuerpo de la Verdad, no nacido,
no desarrollado,
en el palacio del perfecto Reino de la Verdad que
todo lo impregna,
con reverente devoción, dedico mi fervorosa plegaria.
Libre por mi cuenta, todavía asido a la ilusión de
p
las ideas falsas,
acepto libremente la bendición del perfecto
Cuerpo de la Verdad,
como sabiduría primordial, sin esfuerzo, sin artificios.

Al Mentor del Cuerpo Beatífico, inmortal, embeleso supremo,
en el palacio de 1a resplandeciente beatitud universal, sabiduría pura,
con reverente devoción, dedico mi fervorosa plegaria.
Libre por mi cuenta, todavía dominado por
deseos y apegos,
acepto libremente la bendición sin esfuerzo del Cuerpo Beatífico,
como liberación natural de la sabiduría interna de la beatitud universal.

Al Mentor del Cuerpo Emanador, inefable, creado por sí mismo,
en el palacio del loto perfecto e inmaculado,
con reverente devoción, dedico mi fervorosa plegaria.
Libre por mi cuenta, todavía impregnado de odio
y de prejuicios,
acepto libremente la bendición sin esfuerzo del Cuerpo Emanador.
como prueba neta de la sabiduría introspectivo
de la autoiluminación.

A la imparcial beatitud grandiosa del Mentor del Triple Cuerpo,
en el palacio de la genuina Luz Clara de la introspección,
con reverente devoción, dedico mi fervorosa plegaria.
Libre por mi cuenta, sin abandonar el dualismo entre sujeto y objeto,
acepto libremente la bendición del éxtasis del Triple Cuerpo,
como espontaneidad de la sabiduría original del Triple Cuerpo.

Oh, compasión para estos seres conscientes que sufren,
que vagan por los cielos de la vida, enceguecidos
por ilusiones,
sin saber que sus propias mentes son el infinito
Cuerpo de la Verdad:
¡que todos ellos logren el Cuerpo de la Verdad!
Oh, compasión para estos seres conscientes,
confundidos por deseos,
que vagan por los cielos de la vida identificados con deseos y apegos,
sin saber que su conciencia aloja el gran deleite del Cuerpo Beatífico:
¡que todos ellos logren el Cuerpo de la Beatitud!

Oh, compasión para estos seres equivocados,
que vagan por los cielos de la vida con la mente
dualista del odio,
sin saber que sus propias mentes son el Cuerpo Emanador nacido libre:
¡que todos ellos logren el Cuerpo Emanador!

Oh, compasión por todos los seres que todavía no son Budas,
prisioneros del hábito finito de velos adictivos a los objetos,
sin saber que sus propias mentes son los Tres Cuerpos indivisibles:
¡que todos ellos alcancen los Tres Cuerpos del estado de Budidad!

III

La liberación natural mediante la visión desnuda, que identifica la inteligencia


¡Homenaje a la Deidad Tricorpórea (1), claridad natural de la inteligencia!

 Esto enseña la Liberación Natural mediante la Visión Desnuda que Identifica la Inteligencia, desde la Enseñanza Profunda de la Liberación Natural mediante la Contemplación de las Deidades Búdicas Apacibles y Feroces. Así, al identificar tu propia inteligencia, contémplala bien. ¡Oh hijo afortunado!

¡ema hoh!
(expresión de portento y gozo)
La mente única que impregna toda la vida y la liberación,
aunque constituye la naturaleza primordial, no es reconocida.
Aunque su reluciente inteligencia no sufre interrupción, no es asumida.
Aunque surge sin cesar en todo lugar, no es acatada.
Para dar a conocer su naturaleza objetiva,
los tres veces dos (2) Victoriosos proclamaron las
inconcebibles
ochenta y cuatro mil Enseñanzas del Darma (3),
que no enseñan otra cosa que esta realización.
Aunque las Escrituras son inconmensurables
como el cielo,
su sentido son pocas palabras que identifican la
inteligencia.
Ésta es la introducción directa a la intención de
los Victoriosos:
Sólo ella constituye el acceso a la liberación de las
vidas progresivas.
ikyai ho!
(Proclama de alerta)
¡Hijos afortunados! ¡Presten atención!
La “mente" - aunque tanto se conoce esta gran
palabra-
es algo que la gente desconoce, conoce mal o sólo
en partes;
y al no conocer su realidad con precisión,
plantea inconcebibles proclamas filosóficas.
El individuo común y alienado, al no advertirlo,
al no entender por sí mismo su propia naturaleza,
sufre mientras vaga por seis formas (4) de vida en
tres reinos,
tal es la falla de no advertir esta realidad de la mente.

Discípulos y Budas ermitaños (5) proclaman la realización
de un no egoísmo parcial, pero no lo conocen con
precisión.
Amarrados a las demandas de sus tratados y sus
teorías,
no contemplan la transparencia de la luz pura.
Discípulos y ermitaños se excluyen por aferrarse al sujeto y al objeto,
el extremismo sobre esas dos realidades aísla a
los centristas;
los Tantristas del rito y la ceremonia,
por extremismos en el servicio y la práctica,
y los Tantristas Magnos y Penetrantes (6),
 al aferrarse a la dualidad del ámbito y la inteligencia,
se equivocan por permanecer dualistas en la no
dualidad,
y desconectados de la no dualidad, no despiertan.
Con toda la vida y la liberación inseparables de
sus mentes, deambulan por el ciclo vital en vehículos de
abandono y discriminación,
En consecuencia, ¡absorbe todo lo creado en tu
libre inacción,
realiza la enorme liberación natural de todo
basándote en esta enseñanza
de la liberación natural mediante la
contemplación desnuda de tu propia inteligencia!
¡Así, en la Inmensa Perfección, todo es perfecto!

¡samaya gya gya gya!
(voto de protección angelical)

La "mente", este brillante proceso de inteligencia,
en un sentido existe y en otro sentido no existe.
Origina el placer y el dolor del vivir y liberarse.
Se acepta como esencial, en los once Vehículos (7) de la liberación.
 Sus nombres son incontables en varios contextos.
Algunos llaman a esta mente "la mente-realidad”.
Algunos esencialistas la mencionan como "ego".
Algunos discípulos la llaman "ausencia de ego”.
Los idealistas le dan el nombre de "mente".
Algunos la llaman "sabiduría trascendente".
Algunos la denominan "naturaleza de Buda".
Otros la llaman "el Gran Sello".
Algunos la denominan "Goteo del Alma'.
Algunos la llaman "el Reino de la Verdad".
Algunos la consideran como "el Cimiento".
Otros la llaman 'lo Ordinario".
Para presentar el ingresó por tres puntos (8) o esto mismo:
asumamos la conciencia pasada como algo sin
huella, claro y vacío,
la percepción futura como no producida
y nueva,
y la conciencia presente como algo en estado
natural, no plasmado.

De este modo, al conocer el tiempo en su modo común,
cuando te contemplas en plena desnudez,
tu aspecto es transparente, no hay nada para ver,
es la inteligencia desnuda, inmediata, clara.

 Es una vacuidad clara sin nada establecido,
pureza de una no dualidad de claridad-vacío;
impermanente, libre de toda entidad intrínseca,
no aniquilada, brillante y diferenciada,
no una unidad, sino claridad multidiscernida,
sin pluralidad, indivisible, de único sabor,
no derivada, consciente de sí misma, en su
realidad genuina.

Esta identificación objetiva de la realidad de las cosas
contiene completo en uno los indivisibles Tres
Cuerpos.
El Cuerpo Verdad: vacío exento de entidad intrínseca.
El Cuerpo Beatífico: que brilla con la energía natural de la libertad.
El Cuerpo Emanación: que surge sin cesar en todas partes.
Su realidad proviene de los tres en uno.

Para presentar el método potente de acceso a esta genuina realidad,
¡ ahora mismo tu propia conciencia es sólo esto!
Esto que consiste apenas en una claridad natural
no tramada.
¿Por qué dices "no entiendo la naturaleza de la mente”,
si aquí, en esta clara inteligencia sin fisuras, no hay nada sobre lo cual meditar?
¿Por qué dices "no veo la realidad de la mente",
dado que el pensador en la mente es sólo esto?
¿Por qué dices "hasta cuando la busco no la
encuentro",
si aquí no hay nada para hacer?
¿Por qué dices 'haga lo que haga, no funciona",
 si basta quedarse quieto sin tramar nada?
¿Por qué dices "no puedo quedarme quieto",
si es correcto contentarse con la inacción?
¿Por qué dices "soy incapaz de hacerlo",
si la claridad, lo consciente y el vacío son
automáticamente indivisibles?
¿Por qué dices "la práctica no resulta eficaz",
si es algo natural, espontáneo, libre de causa y
estipulación?
¿Por qué dices "se busca, pero no se encuentra",
si el pensamiento y la liberación natural son
simultáneos?
¿Por qué dices "los remedios son ineficaces”?
Si tu propia inteligencia es apenas esto,
¿por qué dices "esto no lo conozco"?

Ten certeza de que la naturaleza de la mente es una
vacuidad sin bases;
tu mente es insustancial como, un espacio vacío...
¡Te guste o no, observa tu propia mente!
No te ciñas al panorama de la vacuidad
aniquiladora.
Ten certeza de que la sabiduría espontánea fue
siempre clara:
es espontánea en sí misma como la esencia del sol...
Asegúrate de que no se interrumpa la sabiduría
Inteligente,
que sea como la corriente continua de un río...
¡Te guste o no, observa tu propia mente!

Ten la seguridad de que no la conocerás
pensando razones diversas,
su movimiento es insustancial como las brisas en
el cielo...
¡Te guste o no, observa tu propia mente!
Asegúrate de que lo que aparece es tu pronta
percepción.
Lo que aparece es percepción natural, como un
reflejo en el espejo...
¡Te guste o no, observa tu propia mente!
Asegúrate de que todos los signos se liberen en el
instante,
autooriginados, autopronunciados, como nubes
en el cielo...
¡Te guste o no, observa tu propia mente!
No hay nada que no esté incluido en la mente.
¿Dónde se produce la meditación sino en la mente?
No hay nada que no esté incluido en la mente.
No existe otra enseñanza para practicar salvo la
práctica de la mente.
No hay nada que no esté incluido en la mente.
No existen compromisos que mantener fuera de la mente.
No hay nada que no esté incluido en la mente.
No existe meta que alcanzar fuera de la mente.
¡Observa otra vez! ¡Observa otra vez! ¡Observa
tu propia mente!
Si buscas afuera en el ámbito del espacio,
de la mente no emanarán sus reflexiones.
Cuando buscas aquí dentro de tu propia mente,
no hay emanador de las emanaciones de la mente.
Tu mente es claridad sin alucinaciones.
Es el Cuerpo-Verdad, consciente de sí mismo,
vacuidad de luz clara,
sin nubes y translúcido como el amanecer
en el cielo,
no restringido por las formas, es distinguido
claramente en todas partes.
Que adviertas o no este punto, establece
una enorme diferencia.

Luz clara, espontánea, de primordialidad no fabricada,
¡asombra que esta hija de la conciencia no tenga padres!
Esta sabiduría espontánea, ¡asombra que nadie la haya hecho!
Como no conoció el nacimiento, ¡asombra que nunca vaya a morir!
Obviamente clara, ¡asombra que carezca de alguien que la vea!
Al deambular por el cielo, ¡asombra que no sea
un mal real!
Al sustentar la naturaleza de Buda, ¡asombra que
no sea un bien real!
Al estar en todas partes, ¡asombra que no
conozca la realidad!
Más allá de esto, ¡asombra que anhele otros frutos!
Puesto que tú eres ella, ¡asombra que la busques
en otras partes!

¡Ema!

Esta no-cosa brillante, conciencia de! ahora:
¡he aquí el pináculo de todas las visiones!
Esta libertad total, no-perceptora, universal:
¡he aquí el pináculo de toda meditación
Este relajado abordaje de la vida, no planeado,
¡he aquí el pináculo de toda conducta!
Este logro sin esfuerzo, primordial, no buscado,
¡he aquí el pináculo de todos los logros!

Cuatro puntos inequívocos de la enseñanza del
Vehículo Universal:
La visión de este gran vehículo no sufre error,
como ocurre con esta brillante conciencia del ahora,
llamada "vehículo" pues es clara e inequívoca.
Este gran vehículo es inequívoco en la
meditación,
como ocurre con esta brillante conciencia del ahora,
llamada "vehículo" pues es clara e inequívoca.
Este gran vehículo es inequívoco en la conducta,
como ocurre con esta brillante conciencia del ahora,
llamada "vehículo” pues es clara e inequívoca.
Este gran vehículo es inequívoco en el gozo,
como ocurre con esta brillante conciencia del ahora,
llamada "vehículo" pues es clara e inequívoca.

Enseñanza de los cuatro grandes designios de la
inmutabilidad:
Este gran designio de la visión inmutable
es justo esta brillante percepción consciente del
ahora,
llamada "designio” por su firmeza en los tres tiempos.
Este gran designio de la meditación inmutable
es justo esta brillante percepción consciente del
ahora,
llamada "designio” por su firmeza en los tres tiempos.
Este gran designio de la conducta inmutable
es justo esta brillante percepción consciente del
ahora,
llamada "designio" por su firmeza en los tres tiempos.
Este gran designio del gozo inmutable
es justo esta brillante percepción consciente del
ahora,
llamada "designio" por su firmeza en los tres tiempos.
Instrucción que enseña la unicidad de los tres
tiempos:
abandona la noción "pasado" no siguiendo las
sendas antiguas;
corta las conexiones mentales, no siguiendo
planes futuros;
no te aferres al ahora, quédate en la experiencia
del espacio.
Libre de la meditación, no medites en absoluto,
básate en la mente despierta, no distraído por la
distracción,
libre de la concentración y la distracción, contempla en desnudez.
Brillantez autoconsciente, que se conoce a sí
misma, con claridad propia,
pues eso que emerge es “espíritu iluminado”,
inmeditable, más allá de los objetos del
conocimiento,
imposible de distraer, claridad brillante y natural.
La visión de la vacuidad de la liberación natural
es el brillante y vacío Cuerpo de la Verdad.
La realización de la Budidad no se logra
mediante caminos:
el Buda Purificador puede verse ahora mismo.

Instrucción para acabar con los seis extremos:
aunque existe gran cantidad de consideraciones
discordantes,
en esta mente autoconsciente, en esta sabiduría
de originalidad propia,
no hay dualidad entre la visión y lo visto.
Busca al que ve en el ver y el no ver.
Cuando se busca al que ve no se lo encuentra,
entonces se alcanza el final de los vislumbres.
¡El impacto de lo visto desemboca justo en eso!
En la total ausencia de algo para ver,
no te alucines con el falso vacío de la nada
absoluta
es el claro destello de la conciencia del ahora, del
autodespertar.
¡Es así como se ve la Gran Perfección!
Aquí no existe la dualidad del darse cuenta y del
no darse cuenta.

Aunque en el sendero ascendente de la conciencia
común consciente de sí misma,
existe una gran cantidad de meditaciones
discordantes,
no hay dualidad entre la meditación y lo
meditado.
Al procurar el vehículo del meditar y no meditar,
cuando buscas al meditador y no lo encuentras,
entonces se alcanza el final de las meditaciones.
¡El impacto de la meditación desemboca justo
en eso!
En la total ausencia de la meditación y lo meditado,
no sucumbas a la salvaje tenebrosidad de la
desilusión.

En el claro brillo no planeado de la conciencia del ahora,
aquí, no hay dualismo permanente-impermanente.
Aunque existe un enorme número de éticas
discordantes,
en la exclusiva gota de la sabiduría consciente de
sí misma
no hay dualidad entre el actor y lo actuado.
Al buscar al agente de la actuación y la no actuación,
la procura del propio actor no da resultado,
entonces alcanzas el final de las acciones éticas.
¡La esencia de la ética desemboca justo en eso!
En la absoluta ausencia de la acción y lo actuado,
no sucumbas a los errores del instinto impulsivo.
En el claro brillo no planeado de la conciencia
del ahora,
sin elegir ni ser decepcionado por el artilugio,
en eso consiste la perfecta acción ética.
Libre del dualismo de lo perfecto y lo imperfecto.

Aunque haya una gran cantidad de goces discordantes,
en la mente despierta, en sí los Tres Cuerpos sin esfuerzo,
no existe dualidad entre el logro y lo logrado.
¡Busca a quien disfruta el goce!
Cuando se busca al que disfruta, no se lo encuentra.

Así se alcanza el fin de los goces proyectados.
La esencia del goce es justamente eso.
En la absoluta ausencia del logro del goce,
no sucumbas a la preocupación sobre el
abandono y el empeño.
Este claro brillo no planeado de la conciencia del
ahora,
es en sí mismo la realización de los Tres Cuerpos
manifiestos.
Es en sí mismo el goce de la Budidad primordial.

Este conocimiento, libre de ocho extremos (9) como
el ser y la nada,
es llamado el centro, no colapsa en extremo alguno;
es llamado inteligencia despierta, lucidez no
interrumpida.
Como contiene la esencia del vacío y la lucidez,
es llamado "esencia de los Señores Beatíficos”.
Cuando conoces este significado, lo trasciendes todo.
De allí que se llame Sabiduría Trascendente.
¡Como sobrepasa la mente, libre de límites y
origen,
es llamado el Gran Sello!
Así, realizarlo o no realizarlo es la base
de la liberación o de la vida apegada, de la
felicidad o del sufrimiento:
por eso se lo llama base universal.
Dado que no se sujeta a algo especial,
este espacio interno de lo normal,
esta brillante y diferenciada conciencia de sí
mismo,
recibe el nombre de conciencia normal.
Sea. cual fuere el acertado nombre poético que se le
asigne,
de hecho, no es más que conciencia despierta del
ahora:
¿quién podría anhelar más que eso?
Es como si trataras de buscar sus huellas cuando
un elefante pisotea el mundo entero: es imposible
hallarlas.
Salvo con la mente, es imposible hallar la
Budidad.
Si no reconoces esto, si buscas la mente afuera.
En pos de cualquier cosa, ¿cómo podrá hallarse a
sí misma?
Es como un tonto que divaga entre una multitud,
olvidándose a sí mismo en su seno,
sin reconocerse, buscándose,
confundiéndose, viéndose en los demás.
Si no percibes la realidad básica de las cosas,
si no distingues tus percepciones como tu propia
mente,
te sumerges en el cielo de lo viviente.
Al no distinguir tu mente como Buda, oscureces
el nirvana.
Vida y liberación, al conocer y no conocer,
en un instante se esfuma la distinción entre ellas.
Ver la propia mente en otro lugar es un error;
pero divagar y no divagar son en verdad lo
mismo.
Un ser no posee una segunda continuidad de la
mente;
al dejar la mente en si misma, se la libera.
Si no distingues al propio error como mente,
jamás advertirás el impacto de la realidad:
surgido de sí mismo, creado por sí mismo,
el ser observa al ser.
¿De dónde emergieron primero estas visiones?
¿Dónde permanecen entretanto?
Finalmente, ¿hacia dónde van?
Es como el reflejo de un cuervo en un lago;
se aleja volando, pero el reflejo no se va.
Así manan las percepciones desde la mente;
al alzarse desde la mente, se liberan en la mente.

La mente en sí, este claro vacío que todo lo conoce,
consciente de todo, es como el cielo:
una claridad-vacío primordial, indivisible.
En la claridad de la sabiduría intuitiva original,
justamente esa determinación es la realidad.
La razón es que toda apariencia y toda existencia
se conoce como tu propia mente, y la mente en sí
se realiza, de modo espacial, en su inteligencia y su
claridad.
Aunque el ejemplo del espacio se refiere a la realidad,
es sólo un símbolo que lo hace más bien
parcialmente.
En sí misma, la mente es universalmente clara,
vacía e inteligente.
Y el espacio es un vacío ininteligible, libre de
objetos sólidos.
Por ello, el espacio no puede ilustrar plenamente
la eclosión de la mente:
no vaciles, sólo enfócate en la realidad actual de
la mente.

Toda esta apariencia superficial
es exclusivamente un estado ajeno a la verdad,
como el miedo.
Por ejemplo, toda apariencia y existencia, la vida y
la liberación,
se asumen únicamente como tu mente natural.
Entonces, sólo transformando el proceso de tu
mente
puedes percibir tu transformación en el mundo
externo.
Por lo tanto, todo es la percepción de la mente,
cada una de las seis migraciones (10) tiene
percepciones específicas,
y los fundamentalistas externos tienen sus
absolutismos y nihilismos.
Cada uno de los nueve vehículos (11) tiene sus
vislumbres individuales.
Advierten la variedad, distinguen la variedad,
yerran al sostener dicotomías y al aferrarse a las
distinciones.
Al entender todas las apariencias como mente,
al verlo todo sin aferrarse a nada, uno despierta.

Uno no yerra cuando percibe, yerra cuando se
aferra;
pero al saber que el aferrarse es mente, se libera.
Todo lo que percibes es la percepción de la mente.
Los objetos aparentemente inanimados del
entorno son mente.
Los seis tipos aparentes de seres animados son mente.
La aparente felicidad de los humanos elevados y
los dioses es mente.
Los aparentes sufrimientos espeluznantes son mente.
Los aparentes cinco venenos (12) adictivos que
confunden son mente.
La aparente inteligencia sabia original es mente.
La aparente realización de la bondad y la
liberación es mente.
Las aparentes obstrucciones de demonios y
fantasmas son mente.
La aparente bondad de las deidades y los logros
son mente.
Las aparentes variadas purezas son mente.
El aparente enfoque enfático y no conceptual es
mente.
Los aparentes signos y colores de las cosas son
mente.
La aparente no elaboración sin significados es
mente.
La aparente no dualidad de uno y muchos es mente.
La aparente ausencia del ser y el estado de nada
son mente.

Fuera de la mente, nada es aparente.
La realidad de la mente brota incesantemente
como apariencia.
Al emerger, sin dualidad como el agua y las olas
de los océanos,
queda libre en la realidad experiencias de la mente.
Aunque sin cesar se designen nombres como
referentes,
objetivamente nada existe fuera de la unidad de
la mente.
Esa unidad es libre: carece de suelo y de raíces.
No puede verse en una visión ni en alguna
dirección.
No puede verse como algo, pues no posee estado
alguno.
No puede verse como vacío, pues brilla como
claridad inteligente.
Y no puede verse separada, pues no hay dualidad
entre vacío y claridad.
Ahora: tu propia conciencia es clara y distinta:
aunque actúa de tal modo, su agente es
desconocido.
Si bien no posee realidad intrínseca, las
experiencias se perciben.
Si practicas esto, serás plenamente liberado.
Te realizarás pese a la agudeza de tus facultades.
Si bien tanto el sésamo como la leche producen
aceite o manteca,
eso no sucederá sin presionar o sin batir.
Aunque todos los seres son la esencia real de la Budidad,
no despertarán si no efectúan prácticas.
Sin la práctica, despertará hasta un boyero,
pero no podrá explicarlo, apenas lo determinará
directamente.
Cuando pruebas el azúcar en tu boca,
no necesitas que los otros te lo expliquen.
Si ellos no entienden esta realidad, hasta los más
expertos se equivocarán.
Aunque sean hábiles en explicar los nueve vehículos,
será como describir con rumores un lugar donde
nunca estuvieron:
no estuvieron cerca de la Budidad ni por un instante.

Si percibes esta realidad, quedarás libre de la
virtud y del vicio.
Si no lo haces, todas tus virtudes y vicios
obtendrán vida en cielos o infiernos.
Al realizar tu mente como un vacío de sabiduría intuitiva,
la virtud y el vicio no pueden imponer sus efectos.
Así como una fuente no puede manar desde un
cielo hueco,
así en la vacuidad la virtud y el vicio dejan de ser objetos.

Por lo tanto, para ver intuitivamente tu propia
inteligencia desnuda,
esta Liberación Natural Mediante la Visión
Desnuda es extremadamente profunda.
Así que explora esta realidad de tu propia
inteligencia.
¡Profunda! ¡Sellada!
¡Ema!

Oh Maravilla,
Inteligencia Identificadora,
la Liberación Natural Mediante la Visión Desnuda,
es para el beneficio de las últimas generaciones
de todos  mis Tantras (13), Escrituras e
Instrucciones,
si bien pocas y breves, con ellas en la mente.
Aunque las alcanzo recién ahora, las oculté como
Tesoros:
¡que aquellos con una buena evolución las descubran¡
¡samaya gya gya gya!

¡Que este tratado que identifica con claridad la inteligencia, llamado La Liberación Natural mediante la Visión Desnuda, compuesto por el Mentor de Odiyana, Padma Sambava, jamás se pierda hasta que acabe el ciclo de la vida!
IV
Credo Tibetano del Morir y del Renacer
Introducción

 El Bardo Thodol tibetano es un texto religioso sagrado que en general forma parte de un rito funerario. El oficiante (un lama o maestro, que puede o no ser un monje) lo recita durante 49 días, y en etapas, al difunto, en presencia o ausencia. Describe una serie de visiones que se producen en la conciencia del fallecido durante ese período, para ayudarlo a ubicarse en el proceso de la transición (o estado intermedio). Si su vida ha sido ejemplar, puede salir del cielo de los nacimientos en sucesivas encarnaciones. Caso contrario, el recitado apunta a que descubra su verdadera naturaleza y que así enfocado asuma una transformación purificadora entre su cuerpo pasado y su cuerpo futuro.
 Cada bardo (o plano existencias) que atraviese el difunto le exigirá la aceptación de un nuevo plano luminoso: en cada uno de ellos el viajero por la luz será abordado por el Buda de ese plano. La visión de la deidad pertinente puede ser benévola y amorosa, pero también puede resultar tremenda e intimidante. La recomendación central consiste en no dejarse abrumar por la visión, ni permitir que la misma lo absorba. Se resalta que todas las imágenes no provienen de otro lugar que la propia mente de¡ protagonista de los bardos, o sea, son proyecciones de su memoria en marcha hacia la llamada Luz Clara.
 La travesía por los diversos planos se extiende hasta que el viajero alcanza una visión cuyo potencial de atracción, casi magnética, lo absorbe. Se sostiene que para el puro de corazón la meta será como una portentosa mansión universal y eterna. En cambio, si su existencia estuvo cargada de negatividades, puede brindársela un reingreso a la vida en un nuevo cuerpo, con los potenciales necesarios para una existencia compasiva.
 El ciclo de morir y el renacer implícito en el Bardo Thodol es un viaje por la propia conciencia. Los maestros señalan qué “el viaje por la Luz se basa en la capacidad de saber que las transiciones o bardos son la única dinámica  posible. Se viaja sin cesar por la propia percepción. Al perder el cuerpo físico cuando fallecemos, ello nos fuerza a encarar nuestros valores espirituales. Y regresamos a una vida física para descubrir el modo de existir honrando tales valores. Ése es el bardo del ciclo de los renacimientos. Nuestro anhelo mantiene activa la rueda de la vida. Nuestra identificación nos impulsa hacía delante como sí se tratara de una especie de imán del alma. Impulsamos nuestra realidad al tiempo presente porque aspiramos a colmar una lección implícita. La libertad reside en aceptarla, aprenderla y ejecutarla”.
 Independientemente de que se admita o no el cielo mencionado, más allá de las convicciones religiosas que se tengan en lo referido a las cuestiones del morir y el renacer, se crea o no en la posibilidad de emanar hacia un nuevo cuerpo, este Credo también puede ser recitado en vida por quien quiera hacerlo. En todo caso, permite abrir una reflexión constante sobre el sentido de la vida y, dado que todos deberemos morir en algún momento, nos prepara  para una despedida armónica. Toda vida bien vivida es un pasaporte hacia la Luz Clara, que ilumina y libera.

Recitado tradicional

 Oye, hijo dilecto. Es la hora de que busques tu camino. Cuando tu respiración se detenga, vislumbrará la luz radiante de la primera transición, tal como te la describió tu maestro en vida. Tu respiración externa se detiene y experimentas la realidad en sí, vacía y sin adornos como el espacio: es tu inmaculado conciencia desnuda, tu mente despojada de eje y de horizonte. Pura vacuidad luminosa. En ese instante, reconócela como quien eres, permanece en ese estado. Cuando suceda, te ayudaré a asumirlo.
 El espejismo que enfrentas es como si la tierra se disolviera en el agua. El humo indica que el agua se disuelve en el fuego. Las luciérnagas son la señal del fuego diluyéndose en el aire. La llama de la vela parpadea como signos del viento que se diluye en la conciencia. El ciclo iluminado por la luna señala que la conciencia se disuelve en lo luminiscente (lo aparente). El cielo iluminado por el sol indica que la luminosidad se diluye en lo radiante (lo agregado). El cielo oscuro es señal de que lo radiante se disuelve en lo inminente (el logro). La nochecita que precede al amanecer indica que lo inminente se disuelve en la Luz Clara.
 Ahora que alcanzas la llamada "muerte”, debes conducirte de acuerdo con tu concepción del espíritu de la iluminación. Piensa así: “Llegué al momento de morir. Desde aquí, confiaré en esta experiencia y desarrollaré mi espíritu sólo mediante la contemplación del espíritu de la iluminación por el amor y la compasión. Por el bien del gran espacio colmado de seres, procuraré la Budidad perfecta.
 En especial, debes pensar concentrado en lo siguiente: "Ahora, por el bien de todos los seres, reconoceré a la radiante Luz Clara de la muerte como el Cuerpo de la Verdad. Dentro de este estado, procuraré la realización suprema del Gran Sello (la estructura espiritual del ser) para colmar los propósitos de todos los seres. Sí no lo consiguiese, entonces asumiré apenas que estoy en la etapa intermedia. Y manifestaré que el Gran Sello de la Integración o estructura espiritual del ser es indisoluble ante la muerte. Entonces procederé en beneficio de todos los seres del espacio ¡limitado manifestándome con la forma más adecuada para cumplir ese propósito. Sin permitir que se pierda la voluntad de esta concepción espiritual, debes recordar la experiencia de todas las instrucciones que hayas practicado previamente.
 Oh, hijo dilecto. La pura Luz Clara de la realidad amanece para ti. ¡Reconócela! Esta conciencia actual, pura e incorruptible, percepción natural del vacío puro, carente de toda sustancia, color o atributo, es la realidad Madre, Buda de todas las Benevolencias. Y esta conciencia tuya de la vacuidad natural incorruptible no debe sucumbir ante la falsa vacuidad aniquiladora, pues es incesante, brillante, distinta y vibrante, Esta conciencia es el Padre, mente primordial, iluminación, Buda de todas las Benevolencias. Esta presencia de la indivisible vacuidad naturalmente insustancial de tu percepción y de la vibrante presencia brillante de tu conciencia despierta: ¡tal es el Cuerpo de la Verdad del Buda! Tu conciencia perdura así en esta vasta masa de luz, claridad-vacío indivisible, no sujeta al nacimiento ni a la muerte: ¡tal es el Buda de la Luz Inmutable! Resulta suficiente saber esto. Reconocer este aspecto puro de tu conciencia como el Buda  sin que pierdas tu naturaleza, es habitar en  la realización suprema de todos los Budas.
 Oh, hijo dilecto. ¡Medítalo centrado en tu deidad arquetipo! No te distraigas. Apunta toda tu voluntad hacia ella. Medítalo como algo aparente aunque inconsistente como el reflejo de la luna en el agua. ¡No lo medites como algo material!
 ¡Medita en el Señor de la Gran Compasión!
 Escucha, hijo dilecto, con intensa concentración. Hay seis tipos de transiciones: la vida natural, el sueño, la contemplación, el momento de la muerte, la realidad intermedia, y la existencia emergente.
 Escucha con mucha atención. Despuntarán sobre ti tres transiciones: la de la muerte, la de la realidad y la de la nueva existencia. Ayer no reconociste, la luminosidad radiante de la muerte, y por eso desembocaste aquí. No te distraigas ante lo que voy a describir. Luego despuntarán para ti la realidad intermedia y la transición hacia la existencia.
 Oh, hijo dilecto. Ahora experimentas la llamada "muerte". Vas desde este mundo hacia el más allá. Pero no estás solo: le ocurre a todos los seres. Que no te tienten el apego y la insistencia sobre esta vida. Aunque te atraiga y persistas en el anhelo, no tienes el poder para permanecer aquí, no podrás interrumpir tu migración por el cielo de la vida.¡ No anheles! ¡No te aferres! Ten presentes las Tres Joyas: el Buda, la Enseñanza, la Comunidad.
 Oh, niño querido. Por más terroríficas que sean las visiones de la realidad intermedia que caigan sobre ti, no olvides las palabras que siguen. Evoca en tu mente su significado sin cesar. En ellas está la clave del reconocimiento.
 “Ahora  que ingreso a la realidad intermedia, abandonar las alucinaciones del terror instintivo, reconoceré que todos los objetos que surgen ante mí son un vislumbre de mi propia mente, y lo entenderé como, una etapa de la transición. Ahora, en el momento más crítico, más crucial, donde todo cesa, no temeré mis propias visiones de las deidades apacibles y furiosas”.
 Recita estos versos claramente y en voz alta, y recuerda su significado. No los olvides, pues son la clave para que reconozcas que todas las visiones terroríficas que se manifiestan son apenas proyecciones de tu propia mente.
 Oh, hijo dilecto. Ahora que tu mente y tu cuerpo se separan, la realidad pura se manifiesta con visiones sutiles y deslumbrantes, que experimentas con gran vivacidad, que de modo natural te asustan y te preocupan, que resplandecen como un espejismo en las llanuras del otoño. ¡No las temas! ¡No te aterrorices! ¡Que no te atrape el pánico   Son lo que constituye tu cuerpo mental instintivo. No es algo material, no son tu carne ni tu sangre. Estos sonidos, luces y rayos que te atosigan, no pueden lastimarte. No pueden matarte. Basta que los reconozcas como percepciones tuyas. Entiéndelo: te encuentras en el centro de la transición.
 ¡Escucha! Si no los reconoces como percepciones tuyas, por más meditaciones y prácticas que hayas efectuado en el mundo humano, si no te atienes a esta instrucción particular.. las luces te intimidarán, los sonidos te producirán pánico, los rayos te causarán terror. Si desconoces la clave de esta instrucción no reconocerás la vibración, la luminosidad y los destellos, y te perderás en los fenómenos de la existencia cíclica.
 Oh, hijo dilecto. Permaneciste inconsciente cuatro días y medio, pero ahora vas adelante. Despiertas con una preocupación: "¿Qué me está sucediendo?" Reconócelo, estás en la transición. Ahora, dado que la existencia cíclica está suspendida, todas las cosas se manifiestan como luces y deidades. Todo el espacio brilla colmado de luz azulada, Desde el reino central del Buda, entonces, Vairochana, Señor supremo de la Meditación, aparecerá ante ti con su cuerpo blanco, sentado en el trono del león, ostentando en su mano una rueda de ocho radios, abrazado a su consorte, la Dama del Reino Espacial. Desde el centro del corazón de esta divina pareja, la nítida luminosidad celeste de la sabiduría de la Perfecta Realidad, intensa y abrumadora, brillará ante ti y tus ojos apenas soportarán su resplandor. Simultáneamente, la tenue luz blanca de las deidades relucirá ante ti y te penetrará a la par del brillo azulado. En ese momento, influenciado por las tendencias negativas de tu pasado, entrarás en pánico a causa del contraste con la perfección, y tratarás de huir de ella. En cambio, preferirás la luz blanca de las deidades cuando te aproximes a ellas.
 Que no te intimide el destello azul celeste, claro, intenso, brillante, sabiduría suprema asustadora, Luz Clara. ¡No le temas! Es la luz radiante del Divino Trascendente, la sabiduría de la Realidad Perfecta. Con fe y reverencia, permite que te atraiga. Recita como plegaria: “Esta es la luz radiante de la compasión del Señor Vairochana. ¡debo refugiarme en ella!' Es así como el divino viene a escoltarte por los pasadizos de la transición. Es el rayo luminoso de la compasión de Vairochana. Que no te seduzca la tenue luz blanca de las deidades. ¡No te apegues a ella! ¡No la anheles! Si te adosas a ella, vagarás por el reino de las deidades, y seguirás prisionero del cielo del nacer y del morir en los seis estados de la existencia fenoménica. Es un obstáculo en el sendero del, cese de los ciclos, el rumbo de la liberación. No te dejes deslumbrar, céntrate devotamente en la intensa y penetrante luz azulada, orienta tu intensa voluntad hacia Vairochana, y repite conmigo esta plegaria:
 'Cuando vague por el ciclo de las existencias impulsado por mis poderosas ignorancias, ¡que el divino Vairochana me guíe por la senda de la Luz Clara de la Radiante Perfección! ¡Que su consorte Dhatwishari vaya detrás de mí, y me libre de los peligrosos túneles de la transición, y me conduzca a la Iluminación (Budidad) perfecta!'
 Cuando pronuncies esta plegaria con ardorosa devoción, te disolverás en el arco iris luminoso de la pareja de Vairochana y su consorte, ingresarás al centro de la Tierra Pura, y te volverás un Buda en el seno del Cuerpo de la Beatitud Perfecta.
 Escucha atentamente, hijo dilecto.
 Si bien se te explicó la naturaleza de los cinco clanes de seres iluminados a medida que fueron apareciendo, bajo la influencia de tus pasadas influencias negativas caíste en el pánico y ahora te sientes perdido. Si hubieras reconocido como proyecciones tuyas el resplandor natural de alguna de las cinco sabidurías, te habrías disuelto en el arco iris de alguna de ellas para convertirte en un buda celestial en el cuerpo de la beatitud. Pero no reconociste la luminosidad y sigues deambulando sin rumbo. ¡No te distraigas! Los cinco grupos de budas y la visión de la confluencia de las cuatro sabidurías te escoltan en su dirección. ¡Reconócelas!
 Una hueste de cuarenta y dos deidades del Cuerpo Beatífico emerge desde el centro de tu corazón y se presenta ante ti: ¡reconócelas como tu propio vislumbre de la pureza! Oh, noble amigo. Estos reinos de pureza no existen en parte alguna: se anidan en tu propio corazón. Desde allí emergen y ahora se manifiestan. Son manifestaciones naturales de tu propia conciencia: ¡reconócelas como lo que son!
 Estas deidades, ni grandes ni pequeñas, poseen simetría, con sus ornamentos, colores, posturas, tronos y gestos. Cada uno de los cinco budas está impregnado de cinco mantras, y los envuelve un aura colorido-. Cada bodisatva de cada clan está abrazado a !u consorte, y cada grupo está rodeado por un mandala de arco iris: son tus deidades arquetípicas. ¡Reconócelas!
 Desde el corazón de cada una de esas parejas surgen rayos de sabiduría que apuntan a tu propio corazón, cada uno de ellos extremadamente sutil y claro, como si las hebras luminosas tejieran una cuerda.
 Desde el centro del corazón de Vairochana, una deslumbrante tela de luz blanca radiante con los rayos de la sabiduría perfecta se conectará con el centro de tu corazón. Encierra blancas gotas luminosas, como si te enfrentaran espejos, imponentes y penetrantes. Gota tras gota, sin centro ni límites.
 Desde el corazón de Vajrasatva, espejo de sabiduría, una tela de luz azul radiante brillará hasta conectarse con tu corazón, adornada con gotas celestes como bolas turquesas, todas brillando sobre ti.
 Desde el corazón de Amitaba, la tela de la sabiduría de la igualdad brillará sobre ti con una radiante luz amarilla, con gotas doradas como bolas de oro, como si amanecieran en ti.
 Oh, hijo dilecto. Todo ello emana de la dinámica natural de tu propia conciencia. No salen de parte alguna. ¡No te adhieras a ello! ¡No te asustes! Permanece sereno en la experiencia, sin sacar conclusiones. Todas las imágenes de deidades y todos los rayos radiantes se disolverán frente a ti, y te convertirás en un ser iluminado.
 Como el ejercicio de la sabiduría de tu conciencia primigenia no es perfecto, no lograrás distinguir la luz verde de la energía que todo lo realiza.
 Habrás experimentado la visión de las cuatro Sabidurías combinadas, la senda íntima del discernimiento puro, divino, indivisible. Confía en estas visiones: las reconocerás como el niño que se encuentra con su madre o como el saludo de un familiar muy apreciado. Se disolverán todas tus impresiones materiales. Y si eres capaz de reconocer tus vislumbres como creaciones propias, tu ser ganará confianza para avanzar en el sendero inmutable de la realidad pura: lograrás el discernimiento divino. Tu conciencia se disolverá en el seno de la gran mente primordial y te volverás un Buda del Cuerpo Beatífico, hecho irreversible por el cual jamás volverás a la rueda de los cielos vitales.
 Oh, hijo directo. Junto con las luces radiantes de la sabiduría, también emergerán las luces impuras Y engañosas de los seis tipos de existencia: la sutil luz blanca de los dioses, la sutil luz roja de los titanes, la sutil luz azul de los seres humanos, la sutil luz verde de los animales, la sutil luz amarilla de los entes voraces, y la sutil luz grisácea de los entes infernales. Todas ellas aparecen entrelazadas con las luces de la sabiduría pura. Por lo tanto, no te dejes atraer ni te apegues a alguna de ellas. ¡Relájate en la experiencia de la no percepción, de la ausencia de cualquier pensamiento evaluador. Si te asustan los destellos de la sabiduría y te adhieres al cielo de luces impuras de la existencia, asumirás el cuerpo de alguna de esas formas. No alcanzarás la instancia de la liberación del gran océano del sufrimiento del cielo vital. Sólo experimentarás problemas!
 Oh, noble criatura. Si no recibiste orientaciones de un maestro, y te asustan o te aterrorizan estas imágenes y las luces de la sabiduría pura, quedarás adherido a los reflejos impuros de la existencia en ciclos. ¡No lo permitas! ¡Confía en estas deslumbrantes y penetrantes luces de pura sabiduría! Cuenta con ellas y piensa: "Que estos rayos luminosos de la sabiduría de la compasión de los Señores Beatíficos de los cinco clanes vengan a mí y me sustenten compasivamente, ¡debo refugiarme en ellos!”. No te apegues, ni atiendas las engañosas luces de las seis especies, enfoca tu voluntad en el clan de los cinco budas y sus consortes.
 Repite esta plegaria:
“Cuando vago por el ciclo de la vida
impulsado por los cinco poderosos venenos,
 ¡que los Divinos Victoriosos de los cinco
clanes me guíen por el sendero
de la Luz Clara de las cuatro sabidurías combinadas!
¡Que los supremos consortes me apoyen en la travesía
y me libren de los reflejos impuros de los seis dominios!
¡Que me libren de los peligrosos túneles de la transición,
y que me conduzcan a las cinco supremas Tierras Puras!”
 Escucha con atención estas recomendaciones, hijo dilecto. En los infiernos, los cielos, y en las transiciones, el cuerpo nace por aparición. Pero cuando se produjeron durante el intermedio las percepciones de las deidades apacibles y furiosas, no las identificaste y te desmayó el terror. Al recuperar tus sentidos, tu conciencia ganó lucidez, y de inmediato emergió como semejanza de¡ cuerpo que tenías antes. Con ese cuerpo espectral, hallarás parientes y lugares familiares como si se tratara de un sueño. Cuando trates de comunicarte, no obtendrás respuestas. Verás que tus seres queridos lloran y te dirás: “Estoy muerto, ¿qué puedo hacer?" Sientes un dolor lacerante, como si fueses un pez arrojado a arenas ardientes. Pero por más que sufras, el atormentarte no servirá para nada. Si tuviste un maestro espiritual, invócalo. O rézale a alguna compasiva deidad arquetípica. No te adhieras a tus seres queridos: es inútil.
 Dirige tus plegarias a los Compasivos: no sufras ni sientas terror.
 Llevada por el tenue viento de la evolución, tu mente se vuelve indefensa e inestable. Cabalgas en el aliento como una pluma suelta en un vendaval: giras y te precipitas. Le dices a los enlutados: "¡No lloren más, estoy aquí!”. Pero no se darán por aludidos, y asumes que estás muerto, y sientes una inmensa angustia. ¡No te sometas a ese dolor! Se presenta una neblina persistente, gris como un cielo de otoño antes del amanecer, no es de día ni de noche. Este tipo de intermedio puede durar entre un día y siete semanas, según las diferentes historias evolutivas de cada cual.
 Oh, hijo dilecto. Durante esta etapa, el potente viento de la evolución te acometerá a los grandes pecadores desde todas las direcciones, con ferocidad insostenible, aterrorizándolos. Sentirán el acoso de demonios y bestias carnívoras. Oirán alaridos espeluznantes. Serán acosados por nevadas, tormentas y neblinas. Escucharán el ruido de avalanchas, inundaciones, bosques incendiándose, huracanes. Con pánico tratarán de evadirlos y se encontrarán a punto de caer desde el borde de un triple abismo -rojo, negro y blanco- insondable, espantoso.
 Oh, hijo querido. En verdad, no se trata de un abismo. Es un torbellino de codicia, odio y desilusión. ¡Debes reconocerlo como una fase de la existencia intermedia! Rézale al Señor de la Compasión: “Oh compasivo, maestro espiritual, triple joya, no me abandones en estos horribles estados, no me olvides...”
 Quienes acumularon méritos, virtudes, y fueron sinceros en la práctica del Darma, son amenazados con deleites diversos y atraviesan variados embelesos. Los que fueron dominados por la ilusión, sin asumir vicios o virtudes fuertes, no acceden a vivencias felices ni a sufrimientos, quedan estupefactos e indiferentes.
 Brevemente, creerás refugiarte bajo puentes o en catedrales, santuarios, templos o cabañas, pero no hallarás reposo. Dado que tu mente carece de cuerpo, no podrás afincarte. Sentirás frío, enojo, desazón. Y tu conciencia se volverá errática, volátil, inestable. A esa altura recordarás que estás muerto y preguntarás qué debes hacer. Tu corazón se sentirá frío y frágil. La cuestión es que debes realizar una travesía y no es posible estacionarse en parte alguna. Que nada de eso te preocupe, deja que tu, mente se apacigüe, aunque la aflicción sea abrumadora.
 Pensarás: "¡Qué lindo sería tener un nuevo cuerpo!" Y tendrás visiones sobre el modo de lograrlo. Hasta intentarás, nueve veces, el reingreso a tu cadáver, que en la realidad del intermedio estará congelado si es invierno, o se habrá descompuesto si es verano... ¡Renuncia a obtener un cuerpo! ¡Enfócate sin distracción alguna en la experiencia de la inacción creativa!
 Escucha: esos padecimientos provienen de tus propios actos evolutivos o involutivos cuando vivías,, no hay otro a quien echarle las culpas. Se trata de tu propia evolución, así que alza tus ruegos devotos a las Tres Joyas. Ellas pueden protegerte.- Si no lo haces, si no sabes cómo meditar en el Gran Sello, o no te refieres a tu deidad arquetípica, entonces tu ángel nativo acumulará una piedrita blanca por cada virtud que hayas acumulado y tu demonio nativo acumulará una piedrita negra por cada vicio. Sentirás preocupación, ansiedad, miedo. Temblarás, porque aunque lo ruegues, Yama, el Señor de la Muerte, juzgará todas tus acciones pasadas, buenas o malas, y de nada servirán tus mentiras... Pero si logras reconocer que no se trata de otra cosa que alucinaciones tuyas, resultado de tus acciones en el pasado, advertirás que no hay un Yama externo con una existencia sustancial, ni ángel, ni demonio, ni ogros con cabeza de toro, ni nada que se le parezca. Reconócelo: ¡es el estado de transición!
 Si no logras asumir nada de lo que se te explica, los recuerdos de tu cuerpo anterior se irán diluyendo poco a poco, y tu posible configuración futura comenzará a rondarte. Visualizarás cuerpos en los cuales puedas renacer, y serán gradualmente infinitas las atracciones. El ámbito hacia el cual la evolución impele tu renacimiento ganará claridad. ¿Cuáles son las seis luces de los seis reinos de la existencia? La blanca de los dioses, la roja de los titanes, la azul de los humanos, la verde de los animales, la amarilla de los entes voraces, la gris de los entes infernales. En ese instante, tu cuerpo astral adoptará el color de la especie de existencia que asumirás al renacer. Aquí resulta fundamental el contenido de la instrucción.- contempla el color que sea como el Señor de la Gran Compasión. Concéntrate en la clave: permite que la imagen se disuelva, lentamente en la realidad vacía, luminosa. Así quedarás libre de cualquier renacimiento.
 Pero si no logras bloquear el acceso a una matriz, deberás entonces elegir una matriz apropiada. Deberás adoptar un nuevo cuerpo. Explorarás el territorio como si se tratara de un nuevo continente. Aparecerán signos variados sobre el lugar y las condiciones del nacimiento venidero. Oscilarás entre el regocijo y la repugnancia. Pero jamás ingreses atropellado en la primera matriz que se te presente. Recuerda que tienes dos opciones basadas en dos instrucciones. una, transmitir tu alma a los territorios puros del Buda; otra, elegir el acceso a una matriz para otro impuro ciclo vital. Si todos tus impulsos para convertirte en un buda celestial transfigurado no dieron resultado, haz
uso de tu clarividencia para elegir el mejor lugar del reino humano, allí donde el Darma se haya expandido. Ten mucho cuidado. No pierdas de vista la luz azul del reino humano y la luz blanca del reino divino. Y cuando elijas, recuerda que siempre estará presente la influencia de tus anteriores cielos evolutivos o involutivos.
 Escucha, noble criatura. Si no lograste despojarte de la codicia y del odio, pero sabes cómo elegir el acceso a una matriz, entonces, sin importar el contenido de tus visiones, pronuncia el nombre de las Tres Joyas, ¡y pídeles refugio! Rézale al gran Señor de la Compasión. Avanza con tu cabeza erguida. Reconoce que te encuentras en la transición, en el estado intermedio. Abandona el amor posesivo que tenías hacia los seres queridos que quedaron atrás, tu hijo, tu hija, tus amigos. No podrán ayudarte ahora. ¡Avanza hacia la luz azul del reino humano y la luz blanca del reino di- vino! ¡Avanza hacia la hermosa casa enjoyada y hacia el jardín del placer!

V

Invocaciones y plegarias


Invocación para obtener ayuda de los Budas y los Bodisatvas
(RECITADO DEL OFICIANTE)
OM
 Oh Budas y Bodisatvas de las diez direcciones, compasivos y conocedores de todo, dotados del ojo divino, dotados de amor, refugio de todos los seres conscientes. Por el poder de tal compasión condesciendan a venir a este lugar y acepten estas ofrendas físicas y mentales.
 Oh Compasivos que poseen la inconcebible sabiduría del conocimiento absoluto, el amor compasivo, el poder del accionar divino y del proteger más allá de toda comprensión.
 Oh Compasivos, esta persona llamada (nombre del involucrado) va hacia el más allá. Deja este mundo. Da el salto insondable. Carece de amigos, Sufre inmensamente: no tiene refugio, ni protectores, ni fuerzas o aliados. Su percepción de esta vida declina. Va rumbo hacia otra latitud. Penetra en la densa oscuridad., Cae en el gran abismo. Se pierde solitario en una jungla. Lo impulsan las fuerzas evolutivas: entra en un vasto baldío, lo arrastra un océano gigante. Soplan sobre él los vientos de la evolución, va hacia donde los pies no encuentran donde pisar, es capturado por un gigantesco conflicto. Lo atrapa un enorme espíritu de aflicción y es aterrorizado por los mensajeros del Señor de la Muerte. Está inerme a merced de la existencia evolutiva, privado de energía propia. Le llegó el tiempo de partir, solitario, sin amigos.
 Oh Compasivos, protejan a (tal y tal) que se encuentra indefenso. ¡Ayúdenlo! Sean sus fuerzas y su compañía. Sálvenlo de la inmensa tiniebla de la transición. Apártenlo del enorme vendaval rojo de la evolución. Líbrenlo del gran terror del Señor de la Muerte. Evítenle los largos y estrechos pasadizos de la transición.
 Oh Compasivos, que no sea débil la fuerza de la compasión: auxílienlo Que no caiga en los tres estados miserables. Mantengan los antiguos votos: que el poder de la compasión no se debilite.
 Oh Budas y Bodisatvas, envuelvan a (tal y tal) sin que se debilite el arte del poder compasivo. Cuídenlo con la máxima compasión. Que no quede a merced de la evolución negativa.
 Que las Tres Joyas lo protejan de los sufrimientos de la transición.

 Plegaria de refugio ante los terrores de la transición

 Ahora que se agotan los impulsos de mi vida
y mis seres queridos ya no pueden ayudarme,
debo deambular solitario por la zona transitoria:
que los Budas apacibles y furiosos apliquen la
fuerza de su compasión,
para disipar la densa niebla de oscura ignorancia.

Ahora que ando solo y errante, lejos de quienes
amo,
y que todas mis visiones son imágenes huecas,
que los Budas ejerzan la fuerza de su compasión
para frenar los terrores pavorosos del intermedio.

Cuando despunten los cinco luceros
de la sabiduría brillante,
ojalá pueda reconocerlos sin miedo como a mí
mismo.
Cuando surjan las formas apacibles y furiosas,
ojalá pueda discernir la transición, firme y sin miedo.

Cuando sufra a causa de propensión negativa,
que las deidades apacibles y furiosas disipen
el padecimiento.
Cuando la realidad brame con un millar de truenos,
que todo se convierta en el mantra 1 de la doctrina.

Cuando el ímpetu evolutivo me apremie
sin tregua,
que los Budas apacibles y furiosos disipen
mis padecimientos.
Cuando me desgarren las miserias de mis propias
tendencias,
que me envuelva la luz clara y concentrada de la
beatitud.

Cuando renazca por aparición en la existencia
intermedia,
que las profecías malignas de los demonios no se
impongan allí.
Cuando llegue donde sea por el poder del
pensamiento,
que no imperen los pavores de los efectos
negativos.

Cuando bestias feroces rujan con salvajismo
predador,
que me envuelvan los sonidos sagrados del
mantra de seis sílabas.
Cuando sea acosado por nieves, lluvias, vientos y
tinieblas,
que encuentre la visión divina de la sabiduría resplandeciente.

Que todos los seres compatibles con la misma
transición,
eviten la rivalidad y renazcan en estados superiores.
Cuando esté hambriento y sediento por intensas
adicciones,
que no padezca hambre, sed, calor y frío reales.

Cuando contemple la cópula de mis padres en
la próxima vida,
que pueda verlos como padre-madre del Buda
compasivo.
Y al elegir conscientemente mi nacimiento, para
el bien de los demás,
que se me otorgue el mejor cuerpo adornado con
señales de gracia.

Tras obtener para mí el mejor cuerpo viviente,
que puedan liberarse gentilmente todos los que
me oigan y vean.
Si me es concedido no continuar mis tendencias
negativas,
que pueda seguir y desarrollar los méritos que
posea.

Dondequiera que nazca en la vida venidera,
que reencuentre a mi deidad arquetipo en esta
vida.
Capaz de hablar y comprender en el instante de
nacer,
que pueda recordar el compendio de mis vidas
pasadas.

Que en todas las facetas de mi aprendizaje, altas,
bajas y medianas,
que lo entienda todo en el momento de escuchar
y ver.
Que sea bendita la tierra donde me toque nacer,
y que todos los seres se colmen de felicidad.

Oh Victoriosos, apacibles y furiosos como lo son
sus cuerpos,
ojalá yo y todos los demás podamos igualar
sus superiores y auspiciosos signos de grandeza
y la pureza infinita de los mundos donde reinan.

Por la vasta compasión todopoderosa, apacible y
furiosa,
por el poder de la verdad de la realidad perfecta,
y las bendiciones de los adeptos realizados:
¡ojalá pueda realizar todo lo que incluye esta
plegaria!

Versos principales de las seis transiciones

Oh, ahora que amanece sobre mí la transición del
nacimiento,
desistiré de la pereza, para la cual no hay tiempo
en la vida del devoto,
entraré a la Realidad sin distraerme, atento,
reflexivo y meditando,
y asumiré como sendero las percepciones y la mente,
y realizaré los Tres Cuerpos de la iluminación.
Ahora que obtuve un cuerpo humano
no es el momento para vagar
por las distracciones.

Oh, ahora que amanece sobre mí la transición del
soñar,
dejaré de ser como un cadáver sumido en sueños
ilusorios,
y con la mente despierta abordaré la experiencia
de la realidad.
Consciente del sueño, disfrutaré los cambios
como una luz clara.
No dormiré indolentemente como una bestia,
sino que refinaré la práctica de unificar el dormir
y la realización.
Oh, ahora que amanece sobre mí la transición de
la meditación,
abandonaré la hueste de errores que distraen,
me centraré en la experiencia de libertad
extrema, sin desbordes ni controles,
y lograré la estabilidad con estados de creación y
perfección.
Así, enfocado en la meditación, apartado de las
especulaciones,
no seré un juguete de las pasiones distorsionantes.

Oh, ahora que la transición que antecede a la
muerte amanece sobre mí,
desistiré de la atracción, la ansiedad y la
debilidad ante las cosas mundanas,
ojalá nada me distraiga en el ámbito de las
enseñanzas brillantes (iluminadoras,
y ojalá pueda proyectarme hacia el espacio
celestial de los No Nacidos:
y cuando llegue el momento de abandonar esta
sangre y esta carne
pueda saber que el cuerpo es impermanente e
ilusorio.

Oh, ahora que la transición hacia la realidad
amanece sobre mí,
abandonaré todo temor, miedo y terror
que causan los fenómenos,
y ojalá pueda reconocerlos como proyecciones de
mi mente,
ojalá las reconozca como apariciones del estado
intermedio,
pues dicen que cuando llega la hora de asumir el
punto crucial
no deben intimidarnos los Apacibles y Furiosos
que emanan de¡ pensamiento.
Oh, ahora que la transición del renacimiento
amanece sobre mí,
concentraré mi mente en un único anhelo,
ojalá consiga expandir los resultados de las
buenas acciones,
y ojalá se cierre el portal de la matriz y la
convulsión recordada:
llegó el instante que requiere coraje y amor puro,
y abandonar los celos para meditar sobre el
Maestro, madre y padre.

Distraída la- mente, sin pensar, "la muerte se
aproxima,
esclavizarse en los asuntos insensatos de la vida
mundana,
para regresar completamente vacío: es un trágico
error.
Reconocer lo necesario es la santa enseñanza de
los dioses,
¿por qué no vives esta verdad divina a partir de
ahora?".
Estas son palabras de los grandes adeptos.
Si no retienes en tu mente el precepto de tu Mentor,
¿no te conviertes en alguien que se engaña a sí
mismo?


Invocación protectora en el angosto y peligroso túnel de la transición

Oh Congregación oceánica de Conquistadores
Benévolos, apacibles
y furiosos, los Conquistadores y sus Hijos en las
Diez Direcciones.
¡Honra a las huestes de Maestros, Arquetipos y
Ángeles!
¡Que su inmenso amor me guíe por el sendero!

Cuando ilusionado vague por el mundo de los
fenómenos,
que los mentores del Linaje Inspirado me
conduzcan,
que sus huestes de Consortes angelicales me
respalden
por el sendero de firme luz del aprendizaje, la
reflexión y la meditación,
y me ayuden a salvarme en el temible túnel de la
transición,
y me guíen al perfecto estado de Budidad
(Iluminación).

Cuando recargado de violencia yerre por el
mundo de los fenómenos,
que el Señor de la Realización me oriente
a través del luminoso sendero del Espejo de la
Sabiduría,
y que la Reina de la Verdad venga detrás de mí,
y me ayuden a cruzar el peligroso camino de la transición
y me guíen al perfecto estado de Budidad.

Cuando llevado por el intenso orgullo ande por el
mundo de los fenómenos,
que la Mente Indestructible del Embellecedor me
indique el rumbo
y que la Madre con el Ojo Iluminado sea mi retaguardia
a través del luminoso sendero de la Sabiduría de
la Equidad,
para salvarme del peligroso túnel de la transición
y me guíe al perfecto estado de Budidad.

Cuando con inmenso apego vague por el mundo
de los fenómenos,
que el Señor de la Trasmutación me conduzca
a través del luminoso sendero de la Sabiduría
Equilibradora.
Que su consorte me apoye a lo largo del camino,
me libre de los peligrosos estrechos de la transición,
y me guíe al perfecto estado de Budidad.

Cuando con envidia enorme vague por el mundo
de los fenómenos,
que el bienaventurado de la Meditación me conduzca
por la clara luz de la sabiduría que todo lo realiza.
Que su consorte me apoye a lo largo del camino,
me libre de los peligrosos pasadizos de la transición,
y me guíe al perfecto estado de Budidad.

Cuando llevado por los cinco venenos vague por
el mundo de los fenómenos,
que los bienaventurados Victoriosos de los cinco
clanes me guíen por el camino,
en combinación con la clara luz de las cuatro
sabidurías.
Que las cinco Budas consortes me apoyen a lo
largo del sendero,
y me protejan de las luces impuras de los seis reinos.
Que me libren de los peligros de los túneles del
intermedio
y que me conduzcan hacia las cinco tierras puras
supremas.

Cuando deambule por los cielos de la vida
llevado por fuertes instintos,
que los científicos supremos me guíen por el camino
de la clara luz de la sabiduría orgásmica.
Que su mejor ángel consorte me respalde todo el
y me libre de los peligrosos estrechos de la transición,
y me conduzca a la perfecta Budidad.

Cuando vague por el ciclo de la vida llevado por
fuertes alucinaciones,
que una corte de Budas apacibles y furiosos me
guíe por el camino
de la luz que conquista las visiones terribles del
odio y del miedo.
Que la diosa angélica espacial me apoye a lo
largo del sendero,
me libre de los peligrosos pasajes del intermedio
y me conduzca a la perfecta Budidad.

Que los elementos del espacio no se alcen como
enemigos,
y que podamos contemplar el reino del Buda de
zafiro (paterno-materna¡).
Que los elementos del agua no se alcen como
enemigos,
y que podamos contemplar el reino del Buda de
diamante.
Que los elementos de la tierra no se alcen como
enemigos,
y que podamos contemplar el reino del Buda dorado.
Que los elementos del fuego no se alcen como
enemigos,
y podamos contemplar el reino del Buda de rubí.
Que los elementos del aire no se alcen como
enemigos,
y podamos contemplar el reino del Buda de
esmeralda.
Que los elementos del arco iris no se alcen como
enemigos,
y podamos contemplar los reinos iluminadores de
los Budas.
Que todos los sonidos, luces y rayos de la
transición no sean enemigos
y podamos ver los reinos magníficos de las
fuerzas Apacibles o Furiosas.
¡Que reconozca todos los sonidos como mis sonidos!
¡Que reconozca todas las luces como mis luces!
¡Que reconozca todos los rayos como mis rayos!
¡Que discierna como mía la realidad de la transición!
¡Y que en ella se realice el reino de los
Tres Cuerpos del Buda
(la Verdad Absoluta, la Beatitud y la
Transformación)!

VI
Padma Sambava se despide del Tibet

 Yeshe Topyel narra que el Rey y todos los discípulos se postraron primero, luego deambularon en derredor y  por fin rogaron: “ !Por favor, permítanos acompañarlo como asistentes!” El Maestro Padma, como respuesta, entonó esta canción de aceptación.

Me refugio en el Triple Refugio
del Buda, la Enseñanza y la Comunidad.
Le suplico a las tres raíces
del maestro, la deidad tutelar y la deidad angelical.
Concedo la bendición de las tres perfecciones
de la iluminación, la compasión y la emanación.
¡Escuchen, rey tibetano y demás súbditos!
Les cantaré una canción que ilustra el significado
del Darma (la Enseñanza).
El buitre, que se desliza a través de los cielos,
desciende por comida dado el poder del deseo.
¿No se da cuenta cuando lo captura una trampa?

La leona blanca, que reposa majestuosamente en
los glaciares,
deambula por los bosques dado el poder del deseo.
¿No se da cuenta cuando la ventisca se desata?

El tigre, que vive en los bosques de sándalo hacia
el sur,
anda errante por las cañadas dado el poder del deseo.
¿No  se da cuenta cuando se desprende una
avalancha?

El gran pez, que nada a través de las aguas,
persigue la carnada dado el poder del deseo
¿No se da cuenta cuando lo atrapa una red?

Vuestra mente, el buda primordial,
busca por todas partes dado el poder del deseo.
¿No se da cuenta que deambula por el mundo de
los fenómenos (Samsara)?

Ahora, que habéis obtenido el precioso cuerpo
humano,
sois arrastrados continuamente por las acciones mundanas.
¿No os dais cuenta que vuestra vida se disipa?

Escuchad una vez más, rey tibetano y demás súbditos.
Cuando os halléis en una ruidosa masa de mucha
gente,
¡asumid la instrucción de vuestro cuerpo como la
ermita!
Si queréis dejar atrás la mente distraída, venid y
seguidme.

Cuando vuestra atención deambule en lo externo
¡asumid la instrucción de tomar las percepciones
como el sendero!
Si queréis dejar de aferraros a las apariencias,
venid y seguidme.

Cuando todo tipo de pensamientos fluyan por dentro,
¡asumid la instrucción para hallar los tres kayas 1!
Si queréis abandonar el raciocinio conceptual,
venid y seguidme.

Cuando el letargo, la excitación, o la pereza
ocurran en vuestra meditación,
¡asumid la instrucción de la alquimia que las
trasmuta en oro!
Si queréis lograr la fortaleza de la meditación,
venid y seguidme.
Cuando os halléis en la meditación o la
posmeditación,
¡asumid la instrucción de la lámpara que ilumina
la oscuridad!
Si queréis generar experiencia y samadhi 2,
Venid y seguidme.

Cuando os perturbe el estar aferrados a vuestros
cuerpos,
¡asumid la instrucción del desapegarse de vuestra
casa de huéspedes!

Si queréis abandonar vuestra tierra madre, venid
y seguidme.
Cuando os volváis sostén del ritual de alguna otra
forma,
¡asumid la instrucción de tomar al emisario como
sendero!
Si queréis esforzaras por el sendero corto, venid y
seguidme.

Cuando visualicéis vuestro cuerpo como el
sendero de la medianía,
¡asumid la instrucción del inmediato calor extático!
Si queréis cultivar la naturaleza del éxtasis y la
vacuidad, venid y seguidme.
Cuando seáis abrumados por el dormir en la
ignorancia,
¡asumid la instrucción de la luminosidad del sueño!
Si queréis tomar como sendero las emociones
perturbadoras, venid y seguidme.

Cuando recibáis las cuatro potenciaciones
secretas del camino de la maduración,
¡asumid la instrucción de colmar el vaso hasta su
borde!
Si queréis que madure vuestra naturaleza, venid
y seguidme.

Cuando practiquéis la yoga del desarrollo,
¡asumid la instrucción de vuestro cuerpo como el
mandala 3¡
Si queréis cultivar el sendero de la percepción pura, venid y
seguidme.

Cuando seáis calumniados por gente ordinaria,
¡asumid la instrucción del sonido que es como un
eco!
Si queréis no temer el criticismo de los demás,
venid y seguidme.

Cuando os encontréis con vuestro odioso enemigo,
¡asumid la instrucción de ser pacientes frente al
reproche!
Si queréis no temer el enfrentamiento con un
adversario hostil, venid y seguidme.

Cuando recibáis el afecto de vuestros familiares,
¡asumid la instrucción de cortar la raíz del ciclo
de fenómenos!
Si queréis estar libres del condicionamiento de los
parientes, venid y seguidme.

Cuando seáis reverenciados por discípulos y
benefactores,
¡asumid la instrucción de cortar naturalmente los
apegos!
Si queréis no tener ataduras con discípulos y benefactores,
venid y seguidme.

Cuando sintáis la atracción de los placeres
sensoriales externos,
¡asumid la instrucción de la garza pescadora!
Si queréis no quedar atados a las acciones
mundanas, venid y seguidme.

Cuando vuestro cuerpo sea afligido por la
enfermedad de los cuatro elementos,
¡asumid la instrucción del sabor igual del cuerpo
ilusorio!
Si, queréis no temer los males físicos, venid y
seguidme.

Cuando en el momento de morir cese vuestro
núcleo vital,
¡asumid la instrucción de la conciencia
insostenible!
Si queréis no temerle a la transición, venid y
seguidme.
Cuando no hayáis cortado las causas del renacer
en el mundo de los fenómenos,
¡asumid la instrucción que cierra las puertas a las
seis clases de seres!
Si queréis cruzar el abismo de los seis dominios,
venid y seguidme.

¿Habéis entendido esto, rey y demás súbditos?
Si no sentís una fe sincera,
no despuntará la sabiduría de la certidumbre.
Si la sabiduría de la certidumbre no despunta,
no realizaréis la instrucción del maestro.

Si no realizáis la instrucción del maestro,
no percibiréis vuestra mente como el buda.
Practicad la instrucción del maestro
con fe, devoción, y reverencia.

Estoy más allá del nacimiento y de la muerte
y no estoy sujeto al alejarme o al permanecer.
Mi sabiduría y mi compasión son incesantes.
En la preciosa joya de mi mente
los conceptos de placer o dolor no existen.

Si podéis visualizarme en la corona de vuestra cabeza,
me hallaré más allá del estar cerca o lejos.
El mandala búdico de mi cuerpo no posee
materialidad.
De este modo, generad devoción en vuestra mente.
Dado que ahora me ausentaré de modo milagroso,
no podréis seguirme con vuestros cuerpos
materiales.
Esforzaos contantemente en la formulación de
súplicas,
y siempre estaréis en mi presencia.

 La princesa Yeshe Togyel, consorte y discípula del Maestro, narró que tras decir esto último, Padma Sambava se montó a un rayo de luz solar y en un instante se remontó hacia el cielo. Desde la dirección sur, giró la cabeza para mirar atrás y envió un destello de inconmensurable bondad amorosa que proyectó a sus discípulos a un estado de no retorno. Acompañado por una asamblea parecida a  una nube de ángeles femeninos (dakinis o danzarinas celestiales que hacían ofrendas musicales, se dirigía hacia el continente sur occidental de Chamara.

VII
Testamento de Padma Sambava al pueblo tibetano de las generaciones futuras



Reyes, ministros, y pueblo del Tibet, la frontera primitiva.
Sois una raza de demonios de rostros rojos,
carentes de compasión y buena voluntad.
El padre de vuestra raza es un simio con escasa
modestia o vergüenza.
Y la raza de vuestra madre es un demonio de los
peñascos, beligerante y hostil al Darma.
Sois una estirpe de gentes bestiales, llena de
anhelos de riqueza.
A menos que practiquéis la virtud, caeréis a los
peldaños más bajos en la vida venidera.
No olvidéis que la vida es un destello y que de
pronto moriréis.
Lo que se junta debe partirse, de modo que cesad la
lucha y no causéis trastorno.
Lo que se acumula debe ser abandonado, de modo
que no procuréis riquezas sin moderación.
El apego es una atadura, por lo tanto no os
aferréis de manera desenfrenada.
Lo que nace debe morir, así que pensad en
vuestra próxima vida.
El más pecador va al infierno: ¿quién puede
tolerar eso?
Por la codicia renacéis como fantasmas famélicos
y sufriréis tanto hambre como sed.
Al rechazar el Darma os convertís en bestias:
tened eso en cuenta.

Esta vida es apenas un préstamo, nadie sabe
cuándo la perderá.

Las apariencias son ilusorias, comprended su
impermanencia.
El alimento y la riqueza son como gotas ale rocío:
desaparecen de manera incierta.
Recordad que los sirvientes son como viajeros que
halláis por el camino.
La enemistad es una decepción: entenderlo es
asumir el error.
Tengan en cuenta que los apegos familiares son el
pasaje a un mundo de ilusiones.
Entended que la descendencia consiste apenas en
acreedores evolutivos que reclaman una
deuda.
Vuestras vidas se deslizan mientras os declináis a
la charla ociosa:
¿habéis advertido la llegada de los soldados del
rey Yama (dios del infierno y juez de los
muertos)?

Escuchadme, pueblo tibetano, demonios de rostro
rojo,
procurad las tres joyas como escudo contra los
tres reinos inferiores.
Tomad al maestro (guru), a la deidad tutelar
(Yidam) y a la deidad angelical (dakiní)
como vuestro apoyo tanto en ésta como
en las vidas futuras.
Como camino hacia la libertad, practicad el
vislumbre, la meditación y la conducta.

Aceptad al Gran Compasivo como la deidad
destinada al Tibet.
Olvidad las diez no virtudes y adoptad las diez
virtudes.
Si procedéis así tendréis felicidad en esta vida y
mayor felicidad en la próxima.
Yo, Padmakara, voy a alejarme ahora:
ya viváis en el presente o aparezcáis en el futuro,
que todo el pueblo del Tibet preserve esto en sus
corazones.

NOTAS

SECCIÓN III
1.  Los tres cuerpos o kayas de Ruda (tríkaya): Dharmakaya - Cuerpo de¡ Darma o "Cuerpo de la Realidad", que no posee forma, no cambia, es trascendental e inconcebible. Sinónimo de "tal es", o vacuidad. Sambogayaka - 'Cuerpo del Deleite" el cuerpo celestial del Buda. Personificación de la perfección eterna en su sentido supremo, "Reside" en la Tierra Pura y jamás se manifiesta en la órbita mundana, sino sólo en las esferas celestes, acompañado por Bodisatvas iluminados. Nirmanakaya - Cuerpo encamado del Buda: a fin de beneficiar a ciertos seres conscientes, el Buda se encarna en un cuerpo visible apropiado, tal como el del Buda Sakyamuni.

2.  Pasado, presente y futuro.
3.  Darma - Enseñanzas de los Budas, referidas a la realidad suprema. Antes de la manifestación de Sidarta Gautama en la India el término significaba "ley", "doctrina" o "religión'. A posteriori, constituyen la suma de sus prescripciones que revelan la Verdad en Sí.
4.  Seres bestiales o ignorantes, idólatras orgullosos, espíritus voraces entregados a la codicia y la avaricia, semidioses dominados por la envidia y los celos, seres humanos signados por el apego y la lascivia, y seres infernales víctimas del odio y la ira. Las tres esferas: el deseo, las formas sutiles y las cosas sin forma.
5.  Buscadores de santidad, librados de adicciones artificiales, con una percepción parcial de las estructuras sutiles de la realidad suprema.
6.  Aquí Padma Sambava impugna la práctica individualista y dualista (en base al objeto y el sujeto), a los ritualistas tántricos ambiguos en lo referido a su fusión con las deidades que invocan, a los budistas universalistas adscriptos a una apreciación relativa de 1a realidad suprema, y a los yogis que eluden la simbiosis de su mente con la perfección del entorno puro expresado en los mandalas (representación gráfica del universo como reino espiritual de los Budas y su séquito).
7.   Se refiere a las once modalidades con que diferentes escuelas de pensamiento definen a la mente en la India. La meta consiste en deshacer las divisiones temporales para sumergirse en la conciencia intemporal. Ajena al dualismo entre complejidad y simplicidad. Ello puede implicar simultáneamente los tres portales budistas: el cuerpo, el habla y la mente.
8.   Ante el desdoblamiento temporal entre pasado, presente y futuro, cabe librarse de tal adherencia al paso del tiempo para poder ingresar a una conciencia intemporal.
9.    En la práctica, se trata de cuatro pares de extremos conflictivos: nacimiento y muerte, permanencia e impermanencia, identificación y diferenciación, ir y venir.

10. Referencia a las seis direcciones de la reencarnación: Naraka (infierno), Presta (espíritu famélico), Tiryagyoni (animal), Asura (entidades naturales malévolas), Manusya (existencia humana), y Deva (existencia celestial).
11. La tradición Nyingma (antigua escuela de¡ Tantra secreto) clasifica el Darma de Buda en nueve vehículos sucesivos, colectivamente contenidos en el vehículo de la Causa y el vehículo del Efecto. El primero tiene tres divisiones: el vehículo Hinayana de los Sravakas, el vehículo Hinayana de los Pratyekabudas y el vehículo Mahayana de los Bodisatvas. En el vehículo de los Efectos hay dos divisiones: los tres vehículos del Tantra externo y los tres grandes métodos del Tantra interno. Cada uno abarca múltiples definiciones y explicaciones sobre su visión, la meditación, la acción y sus resultados. En las antiguas traducciones de los Tantras Nyingma hay tres linajes: el Oral Distante (enseñanzas orales directas de Buda), los Tesoros Cercanos (enseñanzas descubiertas en textos-tesoro escritos y escondidos en lugares sagrados por el maestro Padma Sambava, su discípula Yeshe Togyel y otros, para beneficio de generaciones futuras), y el de las Visiones Puras Profundas enseñanzas recibidas de varios santos durante visiones en la meditación o la posmeditación).
12. Los venenos son impulsos negativos fundamentales referidos al deseo y la pasión, el rencor, la antipatía y la ignorancia. Sus motivaciones inducen la acumulación de malas conductas en la acción, la palabra y el pensamiento que, a su vez, encadenan a los seres en la prisión de la rueda de la existencia y en malos estados de renacimiento.
13.  Colección de textos que establecen una red de correspondencias simbólicas entre los universos externo e interno, inclusive entre las deidades y los seres comunes (o no liberados). Los Tantras enseñan una vía rápida hacia la liberación.

SECCIÓN IV
1. El mantra es una expresión en sánscrito que el devoto o el meditador repite mentalmente, para proteger a la mente de pensamientos o sentimientos intrusos con potencial perturbador.
SECCIÓN V
1.  Tres kayas (Trikaya): Como suelo firme, son la esencia, la naturaleza y la expresión; como sendero, son el éxtasis, la claridad y el no pensamiento; y como goce, son los tres kayas de la Budidad. El darmakaya, que está libre de las construcciones elaboradas y dotado con 21 series de cualidades iluminadas; el sambogakaya, que es la naturaleza de la luz y está dotado con marcas perfectas mayores y menores, que sólo perciben los bodisatvas; y el nirmanakaya, que se manifiesta con formas perceptibles tanto a los seres puros como a los impuros.

2.  Samadi: Concentración meditativa que supera la diferenciación entre sujeto y objeto, uno de los siete factores de la iluminación. Tres corresponden al despertar de la mente (investigación de la verdad, energía y arrobamiento); tres al apaciguamiento de la mente (serenidad, concentración v ecuanimidad), y uno de equilibrio (atención) entre aquellos dos grupos.
3.  Mandala: Etimológicamente "centro y entorno". Representación simbólica gráfica del reino de la existencia de una deidad tántrica.

Simbología de la bandera del Tibet





El despliegue de colores y de componentes de la bandera nacional tibetana abarca todos los aspectos geográficos y religiosos del país: tanto el paisaje como las tradiciones, las costumbres y la organización política.
En su centro se alza un imponente pico nevado, representativo de la nación tibetana, conocida como Tierra Rodeada por Montañas Nevadas.
 Un cielo de azul oscuro (síntesis de los mandatos seculares y espirituales) es cruzado por seis fajas rojas que se expanden y representan a los ancestros del pueblo tibetano, seis tribus llamadas Se, Mu, Dong, Tong, Dru y Ra. La compenetración de las fajas azules celestiales y las fajas rojas representan la promulgación constante de las proezas virtuosas cumplidas históricamente para proteger las enseñanzas espirituales y la existencia secular a partir de las deidades específicas del budismo tibetano.
 Al tope de la montaña nevada, refulge el sol con sus rayos expandiéndose en todas direcciones, lo cual representa el disfrute simultáneo de la libertad, la felicidad material y espiritual, y la prosperidad de todos los hijos de esa tierra.
 Un par de indómitos leones de las nieves simbolizan la victoria absoluta del destino tibetano, donde lo físico y lo metafísico no tienen fisuras.
 La llameante joya tricolor que refulge en lo alto, simboliza la reverencia por las tres gemas preciosas donde se refugia la fe tibetana: el Buda, la Enseñanza (Darma) y la Comunidad (Sanga).
 La joya bicolor que aparece entre ambos leones simboliza la observancia de los principios morales en base a las tradiciones del Tibet, representadas fundamentalmente por las diez divinas acciones virtuosas y las dieciséis reglas morales humanas. El símbolo yin-yang representa al Darma.
 El marco amarillo de sólo tres lados representa el constante florecer de las enseñanzas del Buda en todas las direcciones y todos los tiempos (el color oro puro se refiere a la pureza del credo), y el lado abierto indica la apertura tibetana a enseñanzas que no sean explícitamente budistas.

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