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sábado, 31 de marzo de 2012

MANDALA DE LOS CINCO BUDAS (extracto)

CONOCIENDO LOS BUDAS

 
Introducción

Este  texto  es  un  capítulo  tomado  del  libro  “Meeting  the  Buddhas”  (Conociendo  los  Budas)
escrito  por  Vessantara,  un  miembro  de  la  Orden  Budista  Occidental.  El  libro  presenta  las
figuras de los Budas “arquetípicos” - es decir - Budas simbólicas sin necesariamente tener una
existencia  histórica.  Vessantara  evoca  nuestra  imaginación  para  llevarnos  a  concer  estas
figuras. El Buda Akshobya  que  conocemos  en  el  texto  presente es  uno  de  cinco  budas  que
componen el importante “Mándala de los Cinco Budas”.

Por  el  momento  sólo  tenemos  este  capítulo  traducido  pero  cuando  tengamos  más  los
pondremos en línea también.
www.librosbudistas.com

Akshobya



No puedes recordar cuanto tiempo llevas viajando, por mucho rato sólo has estado tú, tu balsa
y el mar. Es de noche, y navegas guiado por las estrellas. Por momentos, echando una mirada
hacia el universo, sientes como si la Tierra fuera tu balsa, conduciendo su curso a través del
firmamento hacia algún cielo por mucho tiempo buscado.

Conforme  avanza  la  noche  los  mares  se  vuelven  menos  turbulentos,  los  vientos  son  más
favorables  y  puedes  dormir.  En  tus  sueños,  eres  un  príncipe  en  busca  de  tu  reino,  una
sacerdotisa esperando a un mensajero, hay focos de luz brillante en un escenario vacío. Por un
momento  eres  el  foco,  tintineando,  brillante.  Eres  el  escenario,  infinito  en  posibilidades.
Entonces  una  figura  de  túnica  blanca  aparece  en  el  resplandor  del  escenario. Con  un  lento
gesto abre su capa por su pecho. Hay un universo dentro de su corazón.

Cuando despiertas,  la  luz del amanecer está  iluminando el  cielo y puedes  ver  tierra hacia el
este. Te diriges hacia ella a  través de un  tranquilo  y  suave mar hasta que eventualmente  tu
balsa entra a una bahía en calma. Las aguas  tranquilas  frente a  ti  reflejan el contorno de un
extraordinario  edificio. Es  un  palacio  hecho  de  cristal,  con  ventanas  elevadas,  y  altas  torres
incrustadas de zafiros. Está fuertemente construido y cimentado con vajras doradas.

Levantando  tus  ojos  de  los  reflejos  del  agua, miras  el  palacio mismo,  sus  puertas  son  dos
grandes semicírculos, los cuales se encuentran en una gran luna. Ellas también son de cristal
el cuál refleja el agua, tu balsa y a ti.

Mirando hacia adentro, ves las cosas como son, en su desnuda simplicidad. Te ves a ti mismo
en  ese momento,  sin  juicios,  sin  aceptar  o  rechazar  nada  -  eres  sólo  un  reflejo más  en  las
puertas de la luna.

Después de darte su mensaje, las puertas giran abriéndose. Estás entrando al reino del Buda
Akshobya (inmutable e imperturbable). Estás siendo admitido en su Tierra Pura, en donde todo
es un recordatorio del Dharma y una motivación en el camino hacia la iluminación.

Akshobya está sentado en el corazón de su reino, en un inmenso trono de loto azul, sostenido
por cuatro enormes elefantes. El cuerpo del Buda esta hecho de una luz azul profunda, el color
del cielo al anochecer en  los  trópicos. Tiene pelo oscuro, está vestido con  túnicas  ricamente
decoradas  y  sentado en una postura de  loto  completo. Todo  su cuerpo  irradia  luz. Su mano
izquierda descansa  totalmente  relajada sobre sus piernas. Sobre su palma sostiene un Vajra
dorado, hacia arriba.

Su mano derecha va hacia abajo, con la palma hacia adentro. La punta de sus dedos azules
apenas tocan el cojín blanco en forma de luna en el que está sentado. Hay algo que te habla
en su gesto. Es un llegar a casa, golpea el fundamento de la existencia, es la respuesta a todas
las preguntas. Toda su  figura  transmite  inalterable confianza. Está  tan  firme que nunca nada
podría alterar su postura.

Sonríe y toda la tierra comprende. La cualidad especial que transmite es sabiduría. Al entender
el significado de ese gesto, todos los habitantes de su Tierra Pura se convierten en sabios, y
entran una etapa  del camino a la Iluminación del cual no hay retorno.

En su corazón hay una sílaba hecha de una luz azul tenue - hum - símbolo de la integración de
lo individual y lo universal. De su corazón hace eco el mantra que personifica su sabiduría. Su
sonido llega a todos los rincones de su reino, suave y mesurado como el llamado de un gran
tambor: om... vajra...  akshobya...  hum.

El sonido del hum tiene toda la certeza inalterable con la cual un elefante pisa la tierra con su
pie sobre. Tiene  la misma cualidad  inalterable como  los dedos del Buda  tocando  la  tierra. Es
una estampa, un sello de la Realidad. Tal como una acción en un momento del tiempo, una vez
que el momento ha pasado, nunca podrá ser borrado o deshecho.

Viendo y escuchando todo esto, tu mente se vuelve absolutamente tranquila y en calma. Cada
momento es una experiencia total, la cual tu sientes completa y profundamente. No carece de
nada, está completa como está. Todo es sólo un perfecto reflejo en el espejo de tu mente.

AKSHOBYA Y EL CETRO DEL VAJRA

Ahora que hemos entrado al mándala y hemos llegado frente a frente con Akshobya (Mikyopa
en  Tibetano),  es  tiempo  de  aprender  un  poco más  sobre  él.  La  devoción  hacia  él  apareció
temprano en la historia budista y juega un papel central en varios Sutras Mahayana.

En el Sutra Akshobya Vyuha el Buda Shakyamuni describe la historia de Akshobya. Hace años
en una  tierra  llamada Abhirati  (regocijo  intenso) un Buda  llamado Vishalaksha encontró a un
monje que quería hacer votos para ganar la iluminación por el bien de todos los seres vivientes.
El  Buda  le  advirtió  que  ésta  sería  una  tarea  ardua  ya  que  para  lograr  su  objetivo  debería
renunciar todos los sentimientos de enojo. En respuesta, el monje tomó una serie de grandes
votos;  nunca  dar  paso  al  enojo  o  la  malicia,  o  premeditación  o  mala  intención,  nunca
comprometerse en la más mínima acción inmoral, y muchas otras. Durante eones sostuvo sus
votos de manera inalterable (akshobya en Sánscrito) y como resultado llegó a ser un Buda con
ese nombre y creó la Tierra Pura o Campo de Buda (Buddhakshetra en Sánscrito).

La Tierra Pura es una palabra que expresa la conciencia iluminada de un Buda. Surge a través
de  la  infinidad  de  acciones meritorias  que  ha  realizado. Es  un mundo  en  él  que  existen  las
condiciones  óptimas  para  progresar  rápidamente  en  el  camino  a  la  Iluminación.  Muchos
seguidores  del  Mahayana  centran  su  aspiración  en  renacer  en  una  u  otra  de  las  grandes
Tierras Puras descritas en los Sutras Mahayana. La Tierra de Akshobya se representa situada
al este de nuestro mundo, a una distancia impensable, y como la tierra en la cual él realizó su
primer voto, es llamada Abhirati.

La  descripción  que  he  dado  del  reino  de  Akshobya  en  la  introducción  a  este  capítulo  está
diseñada  para  sobresaltar  las  cualidades  con  las  que  se  le  asocia,  en  lugar  de  seguir  la
descripción  tradicional  de  su Tierra Pura. En  el Sutra Akshobya Vyuha, Abhirati  se  describe
como una  tierra en  la cual  los  jazmines y palmeras se mecen con el viento creando sonidos
celestiales que sobrepasan toda música mundana. Es un mundo en el cuál todos viven en el
regocijo  del Dharma,  abunda  la  comida  y  la  bebida,  no  hay  enfermedad  y  sus mujeres  son
hermosas, y “nunca sufren dolores de menstruación”. Lo más importante de todo, quien quiera
que  re-nazca  ahí  logra  el  estado  de  no-retorno  -  ellos  alcanzan  un  estado  de  desarrollo
espiritual en el cual la Budeidad está asegurada.

Tal vez el sutra más conocido en el que aparece Akshobya es “la Perfección de la Sabiduría en
8,000  líneas”.  Akshobya  es  una  figura  particularmente  importante  en  los  Tantras,  porque  al
igual que  todos  los Budas del mándala, no está solo. Akshobya es  la cabeza de una kula   o
“familia” de figuras espirituales. En su familia se encuentran muchas de las “deidades patrones
superiores”  (o  Yidams  como  se  llaman  en  Tibetano)  del  Tantra  Supremo.  Encontraremos
algunas de estas figuras en el capítulo veintidós. Aparte de la mayoría de estos yidams, otras
dos  figuras,  Vajrapani  y  Vajrasattva,  son  tan  importantes  que  tienen  capítulos  propios  (ver
capítulos catorce y veinte).

La  familia espiritual de Akshobya es  llamada  la  familia Vajra. El vajra  (en sánscrito, dorje en
Tibetano) es el simbólico diamante o  trueno diamantino. En el último capítulo encontraremos
una  muralla  de  vajras  circundando  el  mándala.  Akshobya  tiene  un  solo  Vajra,  como  cetro
diamantino, colocado recto hacia arriba en su palma  izquierda. Es un emblema de soberanía
que tiene Indra, el rey de los dioses en la tradición Indú. Sin embargo, es mucho más que sólo
un signo monacal.

El  acertijo  estudiantil  “¿Qué  pasa  cuando  una  fuerza  irresistible  se  encuentra  con  un  objeto
inamovible?”  tiene  una  respuesta  en  el Budismo Tántrico. Simplemente  funde  los  dos  juntos
para formar un vajra.

El  vajra  tiene  todas  las  cualidades  inmutables  de  un  diamante  –  tan  fuerte  que  nada  puede
cortarlo ni hacer una impresión en él. Al mismo tiempo es una fuerza irresistible. Es un pariente
oriental del trueno empuñado por Zeus y Atenea en la mitología Griega, y del martillo de Thor,
el dios de  las  tormentas en  la mitología Nórdica. Es el  trueno que puede destrozar cualquier
cosa que se cruce en su camino.

Para  el  Budismo,  es  la  realidad  trascendental  la  que  tiene  estas  inmutables  e  irresistibles
cualidades. Todo  lo mundano es mutable y cambiante. Por  lo que el vajra se convierte en el
símbolo de la realidad y de la sabiduría intuitiva que la conoce. El vajra se presta a sí mismo
para  nombrar  al Budismo Tántrico  -  el Vajrayana. Esta  es  la  clase  de Budismo  que  tiene  el
punto de vista de la Realidad Ultima como punto de partida. En casi todos los rituales tántricos
el lama sostiene un Vajra en su mano derecha. Muchas de las ofrendas en los rituales tántricos
también tienen un prefijo con la palabra “vajra”. Por lo que uno ofrece “Vajra flores” y etc. Todo
esto es un recordatorio para ver todo en términos de su naturaleza vacía.

El vajra estilizado utilizado en los rituales tántricos tiene cuatro partes principales. En su centro
hay una forma de huevo, representando la unidad primordial de todas las cosas antes de que
“caigan” en el dualismo. Emergiendo a cada lado de la forma de huevo hay flores de loto. Con
ellas nace el mundo de los opuestos, incluyendo los opuestos de samsara y nirvana, ignorancia
e  iluminación.  De  cada  una  de  las  protuberancias  sale  la  cabeza  de  un  animal  extraño,  un
makara. Esta es una especie de cocodrilo, cuya naturaleza anfibia indica el encuentro con las
alturas de  la conciencia y con  las profundidades de  lo  inconsciente. Entonces cada cabo del
vajra  se  ramifica  en  una  serie  de  puntas. Normalmente  hay  cuatro  en  cada  lado,  las  cuales
finalmente se reúnen en el tope  del  vajra.  Corriendo
verticalmente  a  través  de  todo  el  vajra  hay  otro  cabo.
Por  tanto,  si  uno  mira  el  final del vajra, lo que uno ve
es un arreglo en forma de  mándala,  normalmente
con  cuatro  rayos  alrededor  de  un  punto
central.

Se entiende que una punta del vajra representa las cualidades negativas que nos encadenan a
samsara, la otra las cualidades espirituales que nos liberan. El gran logro del Tantra es que su
perspectiva es lo suficientemente amplia para unir a las dos. Por lo que el mismo eje corre a
través de las dos mándalas. Para el Tantra incluso fuerzas negativas tales como odio o envidia
se  ven  simplemente  como  la obra  pura  de  la Realidad. Y más  allá  de  eso,  sugiere  que  hay
correlaciones entre las cualidades negativas y las de la Iluminación. Re-dirigidas, las energías
que  están  sujetas  a  la  avaricia,  orgullo  y  otros  estados  no  hábiles  pueden  ser  usadas  para
alimentar nuestra persecución de la Iluminación.

Para darle la mayor fuerza posible a este punto, el Tantra asoció cada aspecto de lo mundano
con una cualidad espiritual. Por ejemplo, viendo la tabla de correlaciones verás que Akshobya
está  asociado  no  sólo  con  sabiduría  sino  también  con  el  amanecer,  el  agua,  y  la  forma  e
incluso con el odio, ritos de destrucción y los infiernos.

El  Tantra  nunca  aprobaría  el  odio  dirigido  hacia  cualquier  ser  viviente. No  obstante,  el  odio
puede  ser  redirigido  y  usado  para  aumentar  nuestro  desarrollo.  Cuando  tenemos  una
experiencia de esta naturaleza, con frecuencia hay una especie de claridad, de fría precisión en
la  forma  en  la  cuál  vemos  los  errores  en  las  cosas.  Es  un  estado  totalmente  carente  de
sentimentalidad o vaguedad. Sólo tenemos que ver cuál es el verdadero enemigo. Una vez que
odiamos el sufrimiento y la ignorancia, y estamos determinados a destruirlos, esa energía nos
conduce a la Tierra Pura de Akshobya en lugar de llevarnos a los infiernos de la violencia y la
desesperación.

Examinar  las diferentes correlaciones con cada uno de  los cinco Budas, haría este  libro muy
largo. He señalado algunas de ellas al describir sus  reinos, otras puedes verlas y  reflexionar
sobre  ellas  en  la  tabla  de  correspondencias. Es  suficiente  que  veamos  la  idea:  que  para  el
Tantra  todo  es  un  recordatorio,  incluso  una  expresión  de  la Realidad. El  amanecer,  el  color
azul,  incluso un  vaso con agua,  todos pueden  traernos a Akshobya a  la mente. Cuando  ves
todo de esta forma, el mundo ordinario de  las apariencias empieza a convertirse en  la Tierra
Pura.

TOCAR LA TIERRA

Ahora que hemos aprendido un poco sobre Akshobya y el Vajra, es el momento de contestar
una pregunta. ¿Cómo apareció Akshobya? ¿Cómo es que surgió la tradición de meditar en él?
Todas  estas  figuras  de  Budas  y  Bodhisattvas  son  contactadas  a  través  de  la  meditación
profunda. Al retraerte del mundo de los sentidos, aspectos más profundos de la mente tienen la
oportunidad de llegar a ser conscientes. Todo el mándala es una expresión de la Iluminación a
través de símbolos. Más específicamente, la tradición de Akshobya tiene dos posibles fuentes
dentro de la experiencia meditativa. Estos son el meditar en el Buda histórico y la meditación
en  la  vacuidad.  Veremos  cada  una  de  ellas  a  continuación.  Ambas  nos  conducirán
profundamente dentro del pensamiento Budista.

¿Cómo  surgió  el Buda Akshobya  de  la meditación  sobre  el Buda  histórico? Como  veremos,
cada uno de  los cinco Budas del mándala personifica cualidades que posee Shakyamuni. Es
de esperar  ya que  la esencia de  la  Iluminación es  la misma en  todos  los  tiempos  y  lugares,
todos  los Budas  tendrán  las mismas  cualidades espirituales, aunque  tal  vez  las expresen de
formas  diferentes.  En  el  caso  de  Akshobya  hay  una  fuerte  conexión  entre  una  de  sus
cualidades  y  un  incidente  particular  en  la  vida  de  Shakyamuni,  conocido  como  el  incidente
“Llamar a la Diosa Tierra para que sea Testigo”.

Este no es un incidente histórico literal; aparece en la leyenda Budista. Eso no quiere decir que
no  sea  “verdad”,  sino que  intenta  transmitir otro nivel de  verdad, más  interior. Este  incidente
pasó en el momento en que el Buda estaba a punto de alcanzar  la  Iluminación. Dentro de  la
mente  del  futuro  Buda  un  drama  de  proporciones  cósmicas  se  estaba  desarrollando.  Es  el
drama psíquico que la leyenda intenta transmitir.

La leyenda describe a Siddhartha sentado bajo su árbol, luchando para lograr la Iluminación a
través  de  la  profunda meditación.  Su  tremendo  esfuerzo  pronto  llamó  la  atención  de Mara.
Mara  es  la  personificación  en Budismo  de  todo  lo mundano,  todo  ya  sea  dentro  o  fuera  de
nosotros  mismos,  lo  cual  nos  ata  a  la  rueda  de  la  existencia  condicionada.  Su  nombre
literalmente quiere decir muerte. Lo que menos quería Mara era que alguien escapara de su
reino  logrando  la  Iluminación, por  lo que  lanzó un gran ataque sobre  la  figura que meditaba.
Mandó ejércitos poderosos contra el Buda, enviándole un diluvio de piedras y armas. Continuó
meditando  tranquilamente y  todas  las  rocas,  lanzas, y  flechas,  tan pronto  tocaban el aura de
pacífica concentración formada alrededor de él, sólo se convertían en flores que llovían hacia
sus pies. Habiendo fallado para hacerle cambiar por la fuerza, Mara envió a sus hijas para que
trataran  de  seducirlo. Pero  el Buda  ni  siquiera  las miró. Simplemente  continuó  su  búsqueda
interior hacia la libertad.

Después de que estos crudos ataques habían fallado, Mara intentó con un truco. Se dirigió al
Buda y le dijo “Estás sentado en el asiento en el cual todos los Budas pasados han alcanzado
la  Iluminación. ¿Con qué derecho  te sientas  tú en ese  lugar?” La  leyenda dice que  todos  los
Budas logran la Iluminación en el mismo sitio, el vajrasana (el asiento del diamante), el cuál es
el primer punto en solidificarse fuera del torbellino en el comienzo de la evolución universal, y
será  el  último  punto  en  disolverse  y  desaparecer  al  final.  En  términos  de  nuestra  discusión
actual,  es  como  si  Mara  hubiera  dicho  “Te  has  sentado  en  el  mismo  centro  del  mándala.
¿Quién  eres  tú  para  atreverte  a  sentar  ahí?”  El  vajrasana  es,  probablemente,  una  pequeña
analogía al Asiento Peligroso en la leyenda de Arturo – sólo alguien de absoluta pureza puede
reclamarlo como propio sin caer en desventura.

El  Buda  contestó  “he  practicado  generosidad,  disciplina  ética,  y  otras  prácticas  espirituales
durante eones, por  tanto he ganado el derecho de sentarme aquí”. Pero Mara fingió no estar
satisfecho. Le dijo al Buda “¿Tú puedes decir eso, pero quién es tu testigo?” Si los esfuerzos
de  los  ejércitos  de Mara  y  sus  hijas  representan  las  últimas olas  de odio  y  avaricia  obrando
consigo mismo en la mente del Buda, entonces este incidente sugiere una última y sutil duda
propia. Tal vez el Buda mismo apenas podía creer lo que estaba a punto de alcanzar. ¿Por qué
él, de entre todos los hombres y las mujeres?

Su  respuesta  a Mara  fue  enfática.  El  no  dijo
nada.  Silenciosamente,  con  la  punta  de  los
dedos de su mano derecha, simplemente tocó
la  tierra.  En  respuesta,  del  suelo  frente  a  él
emergió  la Diosa Tierra. Ella dijo:  “Yo seré su
testigo.  Lo  he  visto  purificarse  a  sí  mismo
durante  eones  a  través  de  prácticas
espirituales”.  Esta  fue  la  respuesta  del  Buda.
Con  ella,  pudo  finalmente  liberarse  de  los
esfuerzos de Mara para disuadirlo, y continuó
su meditación  sin  obstáculos,  al  final  logró  la
suprema y perfecta Iluminación.

Fue  probablemente  a  través  de  la meditación
en este incidente de la vida del Buda histórico
que budistas yogins y yoginis hicieron contacto
con  el  Buda  Akshobya.  Contemplando  las
cualidades que mostró, viéndolas en su mayor
eficacia, llegaron a Akshobya. Hay mucho más
que  tan sólo el hecho de que Akshobya hace
el mismo mudra,  el mismo  gesto  expresando
una  cualidad  de  Iluminación  que  hizo
Shakyamuni  cuando  fue  retado  por Mara.  La
interconexión y la interrelación de pensamiento
y  símbolo  dentro  del  mándala,  son  muy
complejos. Vale la pena examinar este incidente y desenvolver los hilos más, para obtener una
idea de lo que está involucrado. Al explorar este ejemplo, lograremos una mayor percepción del
significado multidimensional del mándala como un todo.

Hemos visto que el Tantra trata de subsumir o incluir toda la existencia condicionada bajo un
aspecto  u  otro  del mándala.  Incluyendo  en  ésta  están  los  diferentes  niveles  posibles  de  la
conciencia  del  ser  humano.  Estos  aspectos,  niveles  o  formas  diferentes  de  funcionar  de  la
conciencia son conocidos como las vijnanas. Jnana es una palabra en Sánscrito que significa
conocimiento o sabiduría. El prefijo “vi” denota separación. Por tanto, vijnana es una conciencia
-  una  forma  de  conocimiento  -  la  cual  ha  caído  en  la  dualidad,  que  tiene  experiencia  de  sí
misma como un sujeto separado de un “mundo objetivo” el cual percibe.

En el sistema Yogachara del pensamiento Budista, normalmente se enumeran ocho vijnanas
(como en el último capítulo en donde las vimos asociadas con ocho comentarios del mándala).
En  el  Tantra  cada  uno  de  estos  era  atribuido  a  uno  de  los  cinco  Budas.  En  este  sistema,
Akshobya está asociado con la “alaya vijnana relativa”. Esta “alaya relativa” tiene una función
muy  importante,  la  cual  está  relacionada  con  un  problema  en  la  filosofía  Budista. Central  a
todos los aspectos del Budismo está la idea de que acciones tienen consecuencias. Acciones
hábiles  basadas  en  estados  mentales  como  amor,  sabiduría,  o  tranquilidad  tienen  como
resultado  futuras  experiencias  placenteras. Acciones  no  hábiles  basadas  en  avaricia,  odio  o
ignorancia, conducen al sufrimiento. Esta es la ley budista del karma .

Sin  embargo  los  pensadores  Budistas  se  enfrentan  con  un  problema.  ¿Cómo  es  que  una
causa,  tal como una volición hábil basada en generosidad en el presente, puede  traernos un
efecto placentero en el futuro? ¿Qué es lo que une a las dos a través del tiempo? Explorando
la mente en meditación  los Yogacharins  concluyeron que  todas nuestras acciones  y estados
mentales dejan una huella a un nivel profundo en  la mente. Estas huellas son como semillas
(en Sánscrito bija) que un día llegan a dar fruto cuando las condiciones son correctas. Así que
ninguno  de  nuestros  pensamientos  o  acciones  jamás  se  pierden;  son  preservados  en  un
profundo  nivel  de  la  conciencia  conocido  como  “alaya  relativa”.  La  palabra  alaya,  ya  hemos
visto significa almacén; incluso puede denotar un granero.

Ahora  estamos  en  la  postura  para  ver  una  conexión  más  profunda  entre  el  incidente  de
Shakyamuni  llamando  a  la  Diosa  Tierra  y  el  Buda  Akshobya.  Cuando  le  contestó  a  Mara
tocando  la  tierra,  Shakyamuni  está  señalando  el  hecho  de  que  él  está  listo  para  lograr  la
Iluminación porque las semillas de todas las acciones positivas que ha realizado durante eones
en el camino espiritual ahora van a fructificar.

Llama como su testigo a la Diosa Tierra, quien surge de las profundidades de su conciencia. La
tierra fielmente preserva  todas  las marcas de  todo  lo que ha pasado sobre ella. Pasando por
sus estratos puedes  reconstruir  su historia. Cada acción ha  tenido  su efecto. La  tierra es un
testigo mudo de las vidas y las luchas de todos los seres humanos. Lleva las cicatrices de su
construcción y destrucción. Alberga el polvo cuando el día ha terminado. La Diosa Tierra es un
símbolo de la “alaya vijnana”.

Todo esto se vuelve más claro si  leemos el propio  relato del Buda en el Canon Pali sobre  lo
que le pasó mientras estaba sentado bajo el árbol bodhi. Primero, dice, entró en concentración
meditativa. Esto corresponde a sobreponerse a  las  fuerzas de Mara. En dhyana, como se  le
llama a la concentración meditativa, vas más allá de las crudas fuerzas de atracción y repulsión
dentro de un estado de profunda calma. Después de esto, como vimos en el primer capítulo,
fluyendo en su mente, llegaron recuerdos de vidas previas. Recordó interminables nacimientos
con  detalles  de  la  forma  como  había  vivido  y  como  había  muerto  en  cada  uno  de  ellos  y
tomado  luego  un  nuevo  renacer  en  algún  otro  sitio.  Esta  descripción  psicológica  es,
seguramente,  lo  que  la  leyenda  del  Buda  llamando  a  la  Diosa  Tierra  para  ser  testigo,  está
expresando en el lenguaje más rico del mito.

Ahora  podemos  ver más  claramente  cómo  el  simbolismo  de  Akshobya  está  estrechamente
conectado con este aspecto histórico en la experiencia de la Iluminación del Buda. Al llegar tan
lejos,  empiezo  a  preguntarme  sobre  el  simbolismo  de  los  animales  den  Akshobya.  ¿Es
realmente una coincidencia que las “bestias reales” del reino del este sean elefantes, quienes
se dice que “nunca olvidan”? Aunque tal vez eso sólo sea un chiste de la naturaleza, lo que sí
es  cierto  es  que aún  tenemos  que  dar  un paso más para  descubrir  el  significado del mudra
Tocando la Tierra.

LA SABIDURÍA COMO UN ESPEJO

Para  hacer  esto,  necesitamos  considerar  el  simbolismo  de  los  elementos  en  relación  con
Akshobya. Con esta cualidad inmutable e inamovible, sentado en su trono de elefante, tocando
la tierra, entonces podrías asumir con confianza que su elemento es la tierra. No obstante, es
el  agua.  Después  de  que  has  estado  contemplando  el mándala  de  los  cinco  Budas  por  un
tiempo,  esto  no  te  sorprendería.  Como  sugerí  en  el  primer  capítulo,  el mándala  posee  una
unidad  orgánica  que  va  más  profundo  que  lo  racional.  Tratar  de  que  embonen  todas  las
conexiones en un esquema lógico es como tratar de meter a un gran elefante en una caja un
poco más pequeña que él. Siempre hay una alguna parte que no entra bien.

Sin embargo, hay una explicación racional para la asociación de Akshobya con el agua. Esto
nos conduce a la cualidad más importante de los cinco Budas. Cada uno de ellos personifica
una “Sabiduría” (en Sánscrito jnana) - una forma Iluminada de ver. Este es su primer mensaje.
Al meditar  en  ellos,  lo  que  en  realidad  estamos  tratando  de  hacer  es  darnos  cuenta  de  la
Sabiduría que es su esencia natural.

La Sabiduría  especial  que  encontramos  en  el  este,  a  través  de meditar  en Akshobya,  es  la
Sabiduría Como  un Espejo. Con  esta  sabiduría  vemos  todo  tal  cual  es,  imparcialmente,  sin
estar afectado. Sostén una rosa o una daga sangrienta frente a un espejo. El espejo reflejará
ambos  tal  cual  son,  no  hará  juicios  entre  los  dos  rojos,  queriendo  mantener  el  primero  y
escapar  del  segundo.  La  realidad  es  sólo  nuestra  experiencia  sin  ideas  añadidas.  La mente
refleja todo perfectamente, pero no está manchada por ello. Así como las aguas quietas de una
bahía pueden  reflejar perfectamente una balsa o un palacio, sin sentir ninguna necesidad de
escoger a uno por encima del otro. Es esta capacidad del agua de actuar como un espejo  lo
que la hace particularmente apropiada para Akshobya.

Vimos,  al  considerar  el  vajra,  que Akshobya  abarca  ambos mundos,  samsara  y  nirvana,  los
cuales,  después  de  todo,  son  el mismo mundo  visto  con  diferentes  grados  de  claridad.  Por
tanto él está asociado con la alaya vijnana relativa en estados puros e impuros. Antes de lograr
la  iluminación  uno  se  aferra  a  "objetos  externos",  reaccionando  a  veces  positivamente,  y  a
veces negativamente. Todo el tiempo, por tanto, ponemos semillas frescas dentro de la alaya
vijnana relativa. Creamos karma nuevo para hacer que la rueda del nacimiento y la muerte gire
hacia  el  futuro.  Hasta  lograr  la  Iluminación  la  alaya  relativa  es  el  nivel mas  profundo  de  la
mente, del cual podemos llegar a ser directamente conscientes (incluso eso requiere una gran
concentración  en  meditación).  Sin  embargo,  cuando  penetramos  en  la  Realidad  misma,
contactamos la alaya absoluta, “la conciencia inmaculada”, más allá del espacio y del tiempo.
Más allá de condiciones, la cual no conoce el sufrimiento.

El  contacto  con  la Realidad  tiene  un  efecto muy  profundo  en  la mente,  y  precipita  una  total
reorganización dentro de ella. Hasta ahora, sutil o fuertemente hemos estado bajo la influencia
de la conciencia de nuestros sentidos, atrapados en la lucha por sobrevivir en el mundo. Ahora
todo cambia, y ocurre lo que en el Yogachara es llamado el  paravitti - el “giro en el asiento más
profundo de  la conciencia”. De ahora en adelante nuestro centro psíquico de gravedad es  la
alaya absoluta. El contacto con la alaya absoluta nos cura de la ilusión de que vivimos en un
mundo  de  dualidad,  apartados  del mundo  externo.  Con  el  paravitti  percibimos  que  todo  es
producto de la “mente única”. (Esto es de acuerdo al punto de vista de la escuela Yogachara, la
cual también fue conocida como Chittamata o “sólo mente”).

El darnos cuenta de que la dualidad es un sueño afecta la alaya vijnana relativa. Cambia de ser
una  vi-jnana  (operando  desde  la  ilusión  de  sujeto-objeto)  y  se  convierte  sólo  en  jnana  –una
sabiduría  no-dual.  Específicamente  se  transforma  en  la  “Sabiduría  Como  Un  Espejo”  de
Akshobya. Una persona iluminada continúa actuando pero él o ella ya no crea karma. El karma
surge de la acción de un sujeto sobre un objeto. Viéndolo crudamente, tú empujas al universo y
tarde  o  temprano  el  universo  te  empuja  de  regreso,  pero  cuando  conceptos  como  “tú”  y  “el
mundo” han desaparecido, sólo queda una perfecta danza, sin entidades separadas rozándose
una con la otra, no hay fricción.

Ninguno de los reflejos en el espejo se adhiere a él, ninguno es repelido por él. El espejo nunca
reactúa,  no  reacciona,  siempre  se  queda  imperturbable,  inmutable.  Alcanzar  este  nivel  de
práctica en el cuál no se produce Karma nuevo, serenamente permitiendo al drama de la vida y
la muerte jugar su papel por última vez, has entrado a la tierra pura de Akshobya.

MEDITACIÓN EN LA VACIEDAD

Por  ultimo,  necesitamos  ver  brevemente  otro  posible  significado al  encuentro  con Akshobya.
Este  es  a  través  de  la meditación  en  shunyata. Como  hemos  visto,  este  término,  central  al
Budismo Mahayana y al Budismo Vajrayana, significa vacuidad. La esencia natural de todo es
shunyata. Cuando  leemos algunos viejos  libros sobre el Budismo Mahayana en  los cuales el
término es explicado pobremente, algunas personas tienen la impresión de que esta “vacuidad”
es una especie de nada. Dan la idea de que el Budismo es nihilista, y que shunyata es un tipo
de agujero negro al  centro de  su  filosofía, extrayendo  la  vida  y  el  color a  todo. Nada podría
estar más lejos de la verdad.

Shunyata,  esencialmente,  es  la  negación  de  la  idea  de  que  alguna  vez  podamos  capturar
nuestra  experiencia  en  palabras  y  conceptos.  Fuertemente  pegamos  etiquetas  a  efímeras
experiencias. Yo me llamo “Vessantara” a través de lo grueso y lo delgado, a pesar de todas
las variaciones en mis estados físicos y emocionales, todas las altas y bajas de mi conciencia.
Me acostumbro tanto a ser Vessantara que llego a pretender que representa una realidad fija,
la  cual  se  queda  permanentemente  atrás  del  flujo  de  mi  experiencia.  El  Budismo  niega  la
existencia de alguna entidad fija sin cambios, que permanece atrás de la experiencia. Todo es
shunyata,  exenta  de  una  naturaleza  fija.  Como  vimos  en  el  tercer  capítulo,  lejos  de  ser
negativo, este aspecto de la realidad hace posible un desarrollo infinito.

La comprensión de shunyata pone  todo en  la perspectiva adecuada. Vemos que  las cosas a
las que tememos y de las que deseamos son todas pasajeras e insustanciales, como reflejos
en un espejo. Entonces podemos dejarlas ir y venir, sin preocuparnos. La transición al mundo
de  shunyata  llega  cuando  empezamos  a  creer  en  nuestra  experiencia  directa  más  que  en
nuestros conceptos acerca del mundo. Nuestros conceptos están fijos y rígidos. Muy a menudo
tratamos de distorsionar o negar nuestra experiencia, para que quepa en la Cama de Procusto
de nuestras  ideas sobre el mundo. A  través de ello nos sujetamos a nosotros mismos, y nos
causamos interminables frustraciones.

Por  tanto,  cuando meditamos  en  shunyata,  podemos  llegar  a  la  experiencia  con  Akshobya.
Aunque  cada  uno  de  los  cinco  Jinas  (Budas)  está  asociado  con  un  aspecto  de  sabiduría,
Akshobya es particularmente quien  representa  la sabiduría en general. Por  lo que meditar en
shunyata  es  entrar  al mándala  por  la  puerta  de  cristal  del  este. Ahí  vemos  la  figura  de  azul
profundo  del  Buda  inmutable,  sosteniendo  el  cetro  diamantino  de  la  realidad  el  cuál  hace
pedazos  todas  nuestras  ideas  y  conceptos  sobre  ella. Al mismo  tiempo  que  la  punta  de  los
dedos de su mano derecha tocan la tierra, la tierra de experiencia directa, la cual es la única
cosa en la que cualquiera de nosotros puede finalmente apoyarse.
                    

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